“¿Me veo interesado?” Elevó la ceja y ocultó un bostezo con la palma. A Dario se le dificultaba dormir durante el inicio de los fines de semana. ¿Y quién demonios dormía si tenía eventos y fiestas a las cual acudir? El significado de la palabra socialité pocos lo comprendían. “Si es tan importante, tienes toda la semana para ir con mi asistente y/o secretaria a pedir una cita y luego con mucho gusto te atenderé en la oficina. Por ahora sólo quiero tomar mi americano antes de que mi cerebro explote. ¿Por favor?” Sonrió casi forzado y le dio una calada al cigarrillo que mantenía en una de sus manos. Bonita la forma en que las personas decidían arribarlo. ¿Qué acaso tomar el desayuno tranquilamente era un délito?
Sven apretó sus labios, y, por debajo de la mesa, también su puño. Si fuera por él, aquel imbécil estaría con el cuchillo o tenedor enterrados en la garganta, sin embargo, dado que estaban en un lugar público, tuvo que hacer uso de toda la paciencia que no poseía, pero que podía inventar a la perfección. “Ya. Bueno, resulta que no tengo toda la semana. Verás, nosotros, la plebe, también tenemos ocupaciones.” Comentó burlón, pues el tipo hablaba como si se tratase del mismísimo presidente. Por otro lado, Sven pertenecía a una de las familias fundadoras, por lo que estaba claro que su tiempo también era reducido. “No robaré demasiado de su valioso tiempo.” Aseguró. Vale, ser de la familia fundadora le importaba una mierda, pero de algo tendría que servir en ese momento.

















