—Debes renunciar a tu diosa y adentrarte en la larga noche para poder venir conmigo, para poder estar juntos —explicó, con un tono tan suave y apacible que apenas dejaba entrever las punzadas de maldad tras sus intenciones—. Si no lo haces por voluntad propia, entonces no tendré más opción que llevarte como rehén.
Porque, quisiera o no, se la iba a llevar con él.
—Elige ya, Edelweiss: morir bajo la luz o vivir en la oscuridad.
Había dos caminos, pero solo una respuesta.
Aleria, me cuesta respirar. Me cuesta respirar desde que regresé a la vida. Volví a ti buscando que me alejaras de Seldrae, y me alejaras del recuerdo de Azriel. Me recibiste aunque no tenías que hacerlo, y he hecho lo posible por servirte fielmente en agradecimiento.
Debiste amar inmensamente a Varoth esos años en secreto. ¿Todavía lo sigues amando, desde lejos? ¿Te alcanza el sol desde donde te escondes? ¿Lo sientes cerca cuando brilla en lo alto del cielo? Espero que me entiendas entonces, cuando te digo que lo mismo ha sido Azriel para mí.
Deberías entenderme mejor que nadie. Tú sabías lo que significaba caer por Varoth. Lo que podría causar. Lo que terminó causando. Nadie mejor que tú puede entender el amor que yo siento, y si has visto en lo profundo de mi alma, sabrás que no soy tan fuerte como para renunciar al amor que le ha dado sentido a mi vida desde que llegó.
Mira lo que ha sido de mi sin él. Y mira cómo ha vuelto. Si es el único capaz de decidir cómo será mi muerte, tan sólo es reflejo de lo necesario que es en mi vida. Sin él, Aleria, yo no soy nada. Sin mí, él no está completo. Puedo sentir su alma más perdida que nunca, y sé que me necesita como yo a él. Así lo quiso el destino. No se puede renunciar a lo que ya fue escrito.
—No es sólo Aleria—el lamento en mi voz es palpable, asustado entre líneas por no poder darle un sí tan definitivo como reclama mi corazón. Por eso me sostengo de sus hombros, acariciando para mantenerlo apacible—Seldrae tiene mi alma. Si me alejo demasiado del agua, si no le doy almas...—¿Sería Lúnnera capaz de hacer lo que tú no has podido? Aleria, perdóname, por favor. Pero necesito recuperarla. Esta vida que llevo no es... No puedo—Tengo miedo, Azriel—mi confesión se derrama de entre mis labios como la cascada más alejada de nosotros, y mi cuerpo busca más de cerca su calor hasta esconderme en su pecho—Ya nada es mío. No tengo nada, a nadie. Sólo te tengo a ti.
Tú me acogiste desde que tengo memoria. Crecí en tus Santuarios y recé bajo tus altares. Eres parte de mi como mi alma es mi vida. Pero tanto ha cambiado en el último año. Seldrae terminó de arrebatarme todo lo que era, y no quise admitir que con cada alma que entregué me sentí más alejada de ti. La conexión que una vez me unió plenamente a ti se ve tan apagada, y ya no te escucho...
Hice todo lo que pude, Aleria. Si puedes todavía escucharme, lo sabes; sabes que he hecho todo lo posible por volver a ti. Pero él regresó primero. Él me encontró, y en sus ojos me he visto revivida. Mi resurrección es ahora, entre sus brazos. Espero que lo entiendas, porque el único camino que puedo tomar ahora es al lado suyo.
Espero que me perdones, porque es a nuestro amor al que le he rezado, y la unión de nuestros cuerpos es el templo en el que he fundado la religión para toda mi vida.
—Te elijo a ti, Azriel. A través de la oscuridad, estaré contigo.