Destruyen a la mujer más tranquila y después la llaman tóxica. Cuando en realidad lo único que hizo fue aguantar demasiado. La empujaron al límite una y otra vez hasta que explotó, y eso no es ser tóxica, es cansancio, es reacción. Ella llegó con ganas de amar, de construir, y tú la llenaste de dudas. Le mentiste, la ignoraste, la hiciste sentirse poca cosa. Y cuando ya no pudo más, cuando empezó a defenderse, la señalaste. Le dijiste loca, exagerada, problemática. Pero nunca te preguntaste cuántas veces la hiciste llorar en silencio. Así que no digas que cambió, porque no cambió, la rompiste tú. Y lo que ahora ves no es una mujer tóxica, es una mujer que se cansó de aguantar lo que no merecía.