Podemos dejar que llegue la tarde y acomodarnos en el viejo sillón de mi sala, recostarme sobre tus piernas y escuchar alguna de tus historias que nos hagan morir de risa, jugar con tu cabello y convencerte de que yo podría ser el bueno. Pienso que deberías venir un domingo a la mañana y dejar que pasen las horas, almorzar rico, dormirnos un rato, algo de cine en la cama, caguamas en la banqueta, ver el atardecer abrazados y, si quieres, hasta chilaquiles te preparo en la madrugada”.
“Un domingo en la mañana”.
-Emmanuel Zavala












