Sebastian 𝐒𝐂𝐘𝐓𝐇𝐄; b. 14 | 11 | 1930. Shapeshifter; golden eagle. 𝙲𝚛𝚒𝚖𝚒𝚗𝚊𝚕 𝚙𝚜𝚢𝚌𝚑𝚘𝚕𝚘𝚐𝚒𝚜𝚝.

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Sebastian 𝐒𝐂𝐘𝐓𝐇𝐄; b. 14 | 11 | 1930. Shapeshifter; golden eagle. 𝙲𝚛𝚒𝚖𝚒𝚗𝚊𝚕 𝚙𝚜𝚢𝚌𝚑𝚘𝚕𝚘𝚐𝚒𝚜𝚝.

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"Lo tomaré como un cumplido". Difícil es caer en la trampa de las palabras cuando ya ha escuchado tantas. Los insultos no se tornan más creativos, el sarcasmo carece de mordacidad y las apreciaciones puntuales como esta, bueno, las acepta sin ofensa alguna, pues reconoce su veracidad. "Comería una marmota si me aportara algo diferente a las carnes convencionales". Concede sin dudar, mientras le echa un rápido vistazo a los alrededores y detecta cada representación de marmotas rodeándole. Es un poco agobiante, si se lo preguntan. "Peste bubónica". Responde, sin dejar espacio a la duda, imperturbable. "No hace muchos años una pareja y un adolescente en Mongolia murieron por comer carne cruda de marmota". Y entonces vuelve a mirarlo, sus ojos apenas denotando un atisbo de duda. "Se debería proceder con precaución cuando se trata de estos roedores, al parecer".
No refuta la respuesta. Encontrando concuerdo con sus palabras, asiente despacio. Poco efectivo resulta negar una realidad que forma parte de su naturaleza forzada. Tantas décadas no pudieron haber pasado en vano, y rechazar hoy día lo que es parte de una rutina, sería cuanto menos patético. "Ah, bueno. Pocas cosas pueden aportar algo diferente a lo que ya conocemos, la tecnología avanza y por ende, los descubrimientos también." Al menos no se ha ido por la tangente de la moral; o aquello habría sido un dolor de cabeza peor al producido tras intentar familiarizarse con los artefactos electrónicos modernos, los cuales, por cierto, todavía no termina por dominar siquiera. "De acuerdo. No habrá marmota para cenar esta noche." Sentencia, sin pizca de seriedad aun si el tono monótono de su voz no lo demuestra. Aprovechando el vaso desechable ahora vacío para usarlo como efecto de sonido, aplastándolo entre sus manos con un simple movimiento. "Tampoco es como que se me haya ocurrido consumir carne cruda." O tal vez sí, mas prefiere omitir ese detalle. "Aunque." Tras una pausa, donde hubo una considerable —y penosa— meditación sobre cómo redirigir la conversación, atreve a inquirir. "¿Siempre has sido así de aventurera? Para que poco te importe ser percibida como un monstruo."
entrecierra párpados levemente al observarle, mas no ofrece ningún tipo de réplica adicional. interés inicial se disipa tan rápido como excusa escapa de boca opuesta, como su único ápice de curiosidad, naciera de la ahora, confirmada, inexistente relación en línea de pensamiento. ' ¿no es ilegal comerlas aquí? ' o lo que sea, recuerda haber leído superficialmente algo al respecto. ' —o al menos tiene regulaciones especiales. ' bah, le daba igual. ambas opciones parecían una buena excusa para justificar la falta de interés esa clase de alimentos. ' eso le quita atractivo. ' o tal vez sí para quienes prefieran disfrutar de una comida exótica de forma ocasional. ella no lo disfrutaría, no puede ni quiere siquiera imaginar su sabor. ah, fingir reacciones humanas era agotador. ' ¿cuál si sería tu primera opción? '
"Supongo lo es, vi por ahí a los guardabosques dando cátedras incansables sobre la preservación de las especies." Tampoco le puede importar menos aquél discurso. Ni siquiera sabe si el roedor estelar realmente es uno en lugar de alguien y él está hablando de convertirla en almuerzo como si fuese nada. Permanencia en el centro del meollo, no obstante, es más porque la responsabilidad le pesa sobre los hombros, junto al diminuto esmero por reintegrarse a la sociedad. "Como todo animal, para ser consumido debe ser criado en un entorno controlado." Chasquea la lengua un par de veces, desviando la mirada de su interlocutora y apreciar una vez más la madriguera artificial. "En fin, ¿de verdad te interesa saber del tema?" Si bien su pregunta no busca ser un reclamo, la severidad con la que enuncia las palabras otorga la percepción opuesta. "Soy de paladar simple. Mientras sea comestible, cualquier cosa está bien para mí." Sincera. "¿Qué hay de ti?" Cuando menos, tiene la decencia de devolver la pregunta.
—Puede ser… ¿quién sabe? —preguntó con diversión. Negó enseguida.—No, en realidad me parecen horribles. Son feos, ratas gigantes. Ni siquiera si estuviera en una isla desierta, sola con esos roedores, probaría su carne.—Ni en su peor momento lo haría.—No tendrás castigo —añadió—, pero sí tienes mi curiosidad. ¿Has probado otro tipo de carnes? De esas más… especiales, las que solo se encuentran en ciertos lugares.—Asena había bebido aquel líquido rojo desde el momento en que tocó la inmortalidad; la comida había pasado a segundo plano.—¿Carne de caballo? —preguntó—. En algunos lugares es bastante común.
Agacha la cabeza por instinto, encontrando de pronto muy interesantes las ondas de vapor que emanan del vaso con café. Fechada para disimular la risa cargada de burla que amenaza por salir. "¿Eres así de apasionada con todo?" Por Dios, es un simple animal que, hasta donde sabe, no ha hecho más nada a parte de predecir el clima. Y sin embargo, ella dedica su tiempo a insultarlo cual enemigo mortal. "Depende a lo que catalogues como especial." Carraspea un poco, regresando a su habitual seriedad. Alzando la mirada una vez más, y observar al panorama frente a sí: un montón de personas con la cara de una marmota ordinaria plasmada en algún lado. "Viví varios años en Asia Central, ahí suelen comer carne de caballo, y en algunas comunidades nativoamericanas comen carne de zorro." Bueno, viendo el lado positivo. No le ha mirado con desdén. Aún. "Asumo no eres de estómago delicado para mostrar interés en el tema."
propuesta brindaba en la extranjera una plácida oportunidad para desenvolverse tal como en su tierra natal. juegos que se codeaban con su esencia mitológica, sentía la cola balancearse como un espectro a su espalda. la danza del engaño postulada en las actividades cuya simpleza ocultaban un manto de dificultad mayor. entre la mayor oferta, mayor era la indecisión. ' te propongo un trato ' inicia conversación con interlocutor cercano. rezuma en su tapado los vestigios de nieve caída, casi decorativos en el paño rojizo. ' podremos elegir competir en donde tú quieras, pero tendría que ganar el sesenta porciento de los tickets ' aclara, atenuando cualquier idea de equilibrio ' soy realmente una reliquia en los juegos de lanzamientos, solía ser una competidora en arco y flecha ' amasa mentira con suave curva en sus labios ' lo que sería una ventaja si lo piensas ' hace un ademán con la mano a la espera de cerrar el trato.
Entre divagaciones y aburrimiento, merodea por el área de juegos cual fantasma del pasado, percibiendo cosas que, apegadas a la tradición, no cambian en lo absoluto; así hayan pasado cincuenta años o incluso más, todo evoluciona, y a su vez, permanece igual. Con la ansiedad de saberse rodeado de desconocidos, se lleva el segundo picadientes del día a la boca y comenzar el proceso de nuevo. Siendo irrumpido de sus pensamientos —y procesamiento— por una figura menuda. De mirada astuta y... algo más; indescriptible bajo su lógica. "¿Qué puede ser de tanta importancia como para... intentar negociar de esa forma?" Por tickets, especificamente. Habiendo esperado ese truco cuando de dólares se hablan, y no un simple medio para ganarse una cena gratis. Nunca fue del tipo apostador, pero, en sus tiempos solía ser un entretenimiento ocasional. "Te propongo algo mejor: competimos contra el otro y el ganador se queda con el setenta." Sugiere, con la serena confianza de quien sabe lo que hace. Extendiendo su brazo para sellar un acuerdo a la antigua. "Una sola ronda."

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sus cejas se alzan y sus ojos se agrandan sutilmente al notar que no existe un rastro de ofensa ni en las facciones ajenas ni en sus palabras. “ oh, ya veo... definitivamente eres todo un encanto, guapo. ” ¿era lo que realmente estaba pensando? no, pero sí lo considera ligeramente gracioso, tanto por la forma de abordarla inicialmente como por la displicente manera en la que tomó lo que, claramente, buscó ser un insulto. “ ¿cazar? ” los vocablos son expresados con un cierto desconcierto mientras sacude con delicadeza la cabeza de un lado a otro, trazando una negativa en el aire. “ ¿cazas por hobbie o eres uno de esos ermitaños extraños? ” la curiosidad es genuina, aunque no la expresa del mejor modo. “ no creo que podamos conseguir caimán en lunefall, lo probé en brasil, en un campamento. ” comparte; había sido uno de esos largos y aburridos viajes que su tía la obligaba a realizar cuando era pequeña. “ pero si te interesa la comida más... ” pausa, buscando la palabra adecuada. “ ...tradicional, tengo libres los jueves si deseas invitarme. yo no invito, cariño. ”
"Agradezco el cumplido, pero no hace falta mentir por convivencia." Al final del día, es perfectamente consciente su especialidad está lejos de ser la interacción humana sin motivo de por medio, y que la mujer le haya seguido el juego, es más una hazaña personal que otra cosa.
Por segunda ocasión, duda en responder. Titubeante, presiona los labios hasta convertirlos en una línea cargada de tensión. "Adivina." Le reta, considerando a su carácter lo suficiente perspicaz como para deducir la respuesta sin necesidad de alguna pista. "Aunque, me interesa saber tu definición de extraño. He escuchado ya a alguien llamarme hippie." Tampoco es que se pueda defender, si él mismo admite lo poco favorable que es vivir así. "Solía hacerlo por hobbie, hasta que en algún punto se volvió un estilo de vida." Cruza los brazos arrastrando aún la pereza en sus movimientos. Ojos fijos en el vaso humeante mientras escucha el relato. "¿Era un campamento normal, o también eres una extraña ermitaña?" Alza la mirada. Distraído de su cuestión inicial, observa el perfil de la morena con una ceja enarcada cuando escucha la sugerencia, y en esa ocasión, parece ir en serio. "Claro. Disculpa mis modales." Ademán intenta corregir su traspié. "Estaré encantado de invitarte a salir, si supiera tu nombre, como mínimo." Al menos no ha olvidado lo más importante. "Sebastian." Y extiende una mano, cual hombre anticuado.
‘ nunca sabes cuando pueden aparecer ’ como si se tratara de un fantasma, terminó riéndose al final de la frase. era de estas carcajadas amargas, casi irónicas. existía la ley de murphy, ¿no es así? todo lo malo que pueda pasar; pasará. como la existencia de la inmortalidad. ‘ uhm ’ llevó su índice hasta su mentón y lo golpeó un par de pesos, como si estuviese meditando realmente sobre la impresión que podría dar el rubio. era promedio, un ciudadano cualquiera. ‘ no, en realidad ’ ¿sería una fachada más? posiblemente. no se podía confiar en cualquier persona.
lo aprendió a la mala.
‘ ¿tienes un repertorio peor que una marmota muerta? ’ levantó ambas cejas con una sorpresa inexistente, en algún punto de su vida aprendió a reflejar emociones que no llegaba a sentir. no sabía si fue antes o después de que su corazón se detuviese. ‘ no lo sé, no soy tan sórdido, no suelo pensar en cómo atemorizar niños ’ aunque era un chiste, sonó demasiado serio para ser una confirmación. ‘ por cierto, casi lo olvido, asher — un gusto ’ en medio de la frase, le ofreció su mano para estrecharla. ‘ ¿llevas muchos festivales de la marmota en el cuerpo? ’
"Asumo no estás rodeado de infantes en tu día a día." Y él tampoco, en realidad, pero suena más convincente decir se trata de una cuestión de experiencia que de instinto, el estar siempre pendiente del entorno. Aunque tampoco ve necesidad en mentir, no obstante, son las advertencias de la Alcaldía sobre la protección de los turistas quien le frena a hablar con su usual cinismo. Asintiendo en silencio cuando recibe una respuesta satisfactoria, esa nimia negativa le resulta suficiente para saber que, por el momento, sus esfuerzos no pasan en vano.
"Yo hubiera apostado que un conejo tiene más impac—" El sonido de un resollo le hace girar la cabeza. Sin percatarse de que, a sus espaldas, un niño de no más de cinco años ha escuchado la conversación. Lo sabe por la mirada atónita que comienza a cristalizarse hasta romper en llanto. "Ups." Es lo único que atina a decir, mientras observa a la criatura salir corriendo hacia quien supone es su progenitora. "Bueno, Asher, me haz puesto en un aprieto." Mas no se inmuta ante a la expresión furiosa de la madre, y en cambio, le devuelve el saludo al pelinegro. "Sebastian. Y creo está de más decir es mi primera vez festejando a una marmota." Confiesa. "Espero no haberte arruinado esta... encantadora festividad."
es sombra masculina que provoca que pare de remover unos pocos adornos. unas velas, runas con palabras que ni ella entiende pero qué se supone que son potentes y un mechón de pelo de tabatha. este último, siempre ha sido como un amuleto. evita virar los ojos ante esa frase que ha escuchado ya por ¿quinta, sexta vez? "no, tesoro" le reprende, como si estuviera hablando a un infante cuando, quizás, compartan edad "el destino es como un piedra que de repente notas en tus zapatos ¿cómo llegó? no se sabe. pero ahí está" remueve sus labios ante el supuesto cumplido "¿siempre tan galán con las mujeres? seguro que mojas el churro espléndidamente" rompe al fin el rostro de querubín y antes de que pueda sacar la cantidad, alza la mano y sonrisa venenosa se cuela en sus pétalos "mi tarifa ha subido---es que, no te lo tomes a mal, pero he presenciado una maldad insólita en ti. y he de curarme en espanto. 35, cariño" le reprende, para darle golpecitos al tarro "y si no te gusta, nadie te mandó a venir... ¡ah, no! ¡fue el destino!" le replica, con ojos claros claramente en llamas.
Una leve tensión en la mandíbula se manifiesta inconsciente, invisible para quien no preste suficiente atención, pequeño tic el cual pasa desapercibido. No le causa gracia el tono usado por la joven, tampoco hace por refutar. Lo cierto es, que Sebastian ni siquiera cree en el concepto otorgado al destino, significados subjetivos para darle un poco de sentido a algo del que jamás se sabrá la respuesta. Igual a la pelirroja, tachándola de estafadora sin mayores rodeos. "No sé de qué me estás hablando." Si acaso, le frustra más el lenguaje coloquial que cualquier otra cátedra de temas sin sentido. Mojar el churro... ¿qué diablos se supone significa eso? "Osas a hablar sobre mi maldad cuando estoy más que dispuesto a ayudar a una pobre alma en caridad." La apunta con dedo acusatorio. Desistiendo ante la obvia tomada de pelo, rebusca entre sus bolsillos el dinero faltante para poder depositarlo en el tarro empañado y finalmente, tomar asiento hasta quedar a la altura de la mujer. "Te dejo cincuenta, a ver si logras hacer algo más que solo ver mi destino." Cruza los brazos sobre la mesa, descaro total. "Y no intentes pasarte de lista o me encargaré de ser tu piedra en el zapato."
⭒⠀⠀⠀⠀' casi todo tendría buen sabor si se prepara bien . ' expresa sin prisa , enderezandose a consciencia luego de un buen rato estando quieta , propio vaso de cartón vacío hace ya unos minutos . ' o eso me han dicho . ' adhiere , aunque es obvio que solo intenta enmendar los alcances de primera oración , con una sonrisa ladina . ' aqui no lo harás . al menos no hoy . '
Arruga la nariz, ladeando apenas su cabeza hacia un costado en señal de desapruebo. "Difiero de ello, pero tampoco soy la persona adecuada para opinar al respecto." Por muchos años, la comida no fue más allá de una simple necesidad biológica. Sin condimentos ni sazones, siendo hasta recién que vuelve a experimentar lo que es un platillo de calidad, y sin embargo, no sabe cómo sentirse al respecto. "Tampoco es que me apetezca probarla en este preciso instante." Aclara. Porque en efecto, el roedor está lejos de ser parte de sus preferencias. "¿O es que me has visto la cara de hambreado?"
Escuchó las palabras del contrario y frunció el ceño.—¿Marmota? Wow —respondió—. Ni siquiera en mis peores épocas creo que algo así se me habría cruzado por la cabeza.—Negó con suavidad.—No. Créeme que ni en mis peores pesadillas pensaría en algo así. Prefiero mil veces comerme mi propio brazo.— Tal vez su vida —inmortal— tenía ventajas, pero incluso en los momentos más brutales del hambre, su religión y su cultura marcaban un límite claro.
Arquea una ceja, confundido, por la reacción tajante ante una simple pregunta. "¿Qué hay de malo en ello?" Antes de juzgar, prefiere indagar. Así, por lo menos, tendrá la decencia de criticar con justa razón si la respuesta resulta lo suficiente absurda. "No me digas es un animal sagrado para ti." Desconoce de dónde puede provenir. Habiendo conocido varias culturas regidas por diversos dogmas; sus conocimientos, pese a ser vastos, tienen un límite que parece haber sido alcanzado en ese preciso instante. "Espero mi castigo no sea grave, si ese es el caso."

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‘ no me interesa. ’ responde con frialdad y confusión entremezcladas, ¿por qué habla sobre comer marmotas en una celebración que tiene a una como protagonista? un tanto retorcido, y lo piensa ella, que es el monstruo. ‘ ¿quieres asustar a los niños? ’ frunce el ceño, palabras sobre una posible receta perfecta no le tientan, quizá antes sí le hubiese interesado (no), pero actualmente tiene hambre solo por una cosa.
Observa a la mujer de soslayo, ojeada rápida que busca no juzgar, pero sí memorizar facciones contrarias; junto a una mueca de algo cercano a la... ¿pena? "Qué mal." Suspira, solo para brindar otro trago a su vaso con café. Y en estado pensativo, da la conversación por terminada. Su comentario ha sido mal visto, y no le recrimina, tampoco le importa; demasiado acostumbrado está ya a pasar mañanas en silencio. Sólo él y su monólogo interno. "No hay niños cerca de mí, a menos que tengan un oído súper desarrollado, estoy lejos de ser una amenaza." Asegura, señalando con descuido a los alrededores. "¿O es que te he asustado a ti, mejor dicho?"
*entre los souvenirs y recuerdos.
"vamos, amigues" remueve las cartas de tarot con la misma ligereza de su antigua mentora. no, en vano, se pasaba horas viendo cómo le sacaba los cuartos a los desesperados "estoy segura de que una marmota no puede competir con el poder de los astros--¿o tienen miedo por conocer su destino?" deja ambas manos acunando su rostro; falso semblante de inocencia que (por supeusto) sólo mira por su propio interés de sobrevivir y que no la echen del piso.
Se detiene frente a la pelirroja, con postura recta y ambas manos resguardadas en los bolsillos de su abrigo. Se permite el tiempo suficiente para contemplar la baraja con el escepticismo asomando en sus ojos sin intención de ser ocultado. "¿No es el destino sino algo que decidimos por nuestra cuenta?" Le sorprende, sin embargo, descubrir que algo tan arcaico como el tarot ha logrado sobrevivir el pasar de los años. "Aún así, te ves más confiable que el roedor." Y procede a sacar un billete del bolsillo. "¿Mi futuro vale sólo diez dólares? Temo no me gustará escuchar la respuesta si es el caso."
inclina un poco la cabeza al escucharlo, luego deja escapar una sonrisa suave. ' no suelo experimentar con diferentes carnes ' admite con tranquilidad. ' mi dieta es… bastante restrictiva a un solo tipo de comida. ' añade, sin entrar en detalles, a pesar de sentir cierta familiaridad con persona que le acompaña, no sabe si sus sentidos le están haciendo una mala jugada a este punto ¿qué tantos cambiaformas puede tener este pueblo? desliza la mirada alrededor, hacia los puestos, los peluches, los niños corriendo con gorros de marmota, su hija incluida, vuelve a mirarlo con una leve mueca amable. ' de todas maneras ' comenta en voz baja ' quizá no sea lo mejor mencionar algo así cuando hay tantos niños cerca ¿no cree? están muy emocionados con la marmota. sería una pena arruinarles eso. '
"¿Eres vegetariana?" La cuestión sale de forma espontánea, sin oportunidad para meditarla o al menos suavizar su voz tajante. Habiendo escuchado lo mismo en conversaciones previas, no le evoca sorpresa alguna. Sin embargo, su desconfianza hacia los demás le insta a preparar un argumento ante la mínima posibilidad de reclamo. Las cadenas alimenticias existen por algo... "Qué va." En cambio, decide renegar por algo distinto. "Olvido lo susceptibles que pueden llegar a ser." Frena el impulso de señalarles cual criaturas ajenas a sí, aunque, para Sebastian, dicho pensamiento no está tan retirado de la realidad. "Festival termina en desastre absoluto por culpa de una imprudencia." Usa su mejor voz de locutor. Encabezado imaginario se ha materializado en el aire tras terrible noticia. Patético. "Ahora queda esperar si el invierno permanece o las flores comienzan a crecer." Bebe de nuevo. "¿Qué prefieres?"
imposible contener sorpresa que cuestión genera, así como ese superficial alzar de cejas que la deja en evidencia. ' ¿ves tantas marmotas alrededor y se te ocurre hablar de comerlas? ' indaga sin más, quizá hasta entretenida por forma en que interlocutor ha relacionado asuntos. ' nunca la probé. ' ni lo haría, aunque falta de interés no se ve ligada a rechazo por una exótica experiencia culinaria, sino a una dieta que difiere de la regular. ' no la encontraría atractiva, ¿tu sí? '
"Fue lo primero que se me vino a la mente." Admite. Vergüenza es una emoción lejana a experimentar en ese momento, al menos, cuando se habla de la forma tradicional. Pudiendo asemejarse más a una incipiente incomodidad tras haber olvidado cómo interactuar con otras personas —si es que siquiera se les puede llamar así— sin delatarse a sí mismo. "Son animales poco... cómo decirlo, comunes." Trata de excusarse, solo para disipar el intento con un sorbo de café. "¿Esa falta de atracción tiene algún motivo particular o...?" Encoge los hombros. No es su problema. "Pero es una forma divertida de plantearlo. En lo personal, no sería mi primera opción a escoger."
"¿se las comen?!" es lo primero que pregunta, mostrándose tan alarmada como suena tan pronto como escucha aquellas palabras. normalmente no tendría problema con las dietas humanas. sabe que todo ser en la existencia cumple un propósito, pero hay algo en el hecho de que incluyan a ese animal, en particular, que de inmediato provoca que algo se agite en su interior. "y... ¿sabes si se comen a las chinchillas?" tiene que preguntar. porque, con todo lo que le acaba de decir, ciertamente le parece que él podría saber más al respecto.
Arruga el entrecejo, cierto fastidio asomando que intenta disimular tan pronto se da cuenta. Está siendo un tosco sin motivo. "Y a los conejos también, ¿esos no te dan pena?" Pero, ¿de dónde ha salido ella? No es que sea cruel, al menos, Sebastian no se considera del tipo que hace maldades por mero placer, mas su impaciencia a todo aquello que considera tonterías, resulta en el factor terminante para sepultar su patético intento de entablar una conversación. "En fin... como dije: en ciertas regiones del país." Opta por corregir. Tratando de sonar menos severo tras un bajo suspiro. "Nadie va a secuestrar a tu chinchilla para hacerla estofado." Hace una breve pausa, dubitativo. "¿Cómo se llama?"

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Un atisbo de molestia comienza a delinear sus facciones, la expresión facial rígida y la mirada aburrida de una mujer que no disfruta en demasía los eventos extravagantes ni repletos de gente. Pero los valora, por mero respeto cultural o como se le deba llamar. "¿Hay alguna razón por la que debería?" De soslayo, dirige su atención brevemente hacia el hombre e introduce ambas manos en los bolsillos del abrigo. "¿Tiene alguna propiedad especial? ¿Es más rica en nutrientes? ¿Un afrodisiaco? ¿Razones ritualísticas? ¿Algo?" Aunque parezca burlona, en realidad, esta es la pieza de conversación más decente que ha tenido en el día. O, al menos, lo será si obtiene una respuesta mínimanente interesante.
Aturdido por el bombardeo de preguntas, resulta difícil contener la expresión inquisitiva que le dirige a la pobre alma inocente que ha interceptado su pregunta. Pero en lugar de apresurarse en contestar, se permite meditar las posibles respuestas por unos cortos segundos; imitando el gesto contrario al esconder la mano libre en el bolsillo de su chaqueta y probando por segunda vez el café amargo. "Te hace ver como un monstruo que come animalillos tiernos." Responde sin más. El semblante sereno desencaja con el disparate recién dicho. "No debe existir una razón más allá del instinto de supervivencia, y si la hay, temo está fuera de mi conocimiento." Admite, y en esta ocasión, el desánimo es evidente. "Si lo manejamos al revés, ¿hay alguna razón por la que no deberías?"
un dato curioso que no solicita es arrojado por el rubio, a quien observa con una ligera sonrisa en su faz. “ me encanta cómo pasas de la somnolencia profunda a darme una lección de gastronomía salvaje en un solo sorbo de café. ” responde, con el sarcasmo evidente en su tono de voz. sin embargo, luego de obtener ella misma algo de cafeína, decide añadir: “ no he comido marmota, pero sí he comido caimán... ” relata. “ ...sabe a pollo mezclado con pescado blanco, ¿lo has probado? ” arquea ambas cejas, esperando a que su interlocutor demuestre si su estómago es tan intrépido como su charla.
Encoge los hombros, tomando el comentario impropio como un cumplido. Porque sí, le ha causado una pizca de gracia, aunado al descaro de quien ha olvidado lo que es interactuar con personas tras años en aislamiento absoluto. "Es parte de mi carisma." Le devuelve con tono calmo. Indiferente a lo que puede ser un posible insulto. La sonrisa floja asomándose cuando, pese a, le sostiene el tema de conversación. "Me temo que no." Termina confesando, dudando por un par de segundos en revelar más información de la necesaria. "No es el tipo de animal que suelo cazar... pero si me invitas a probarlo un día, no negaré la propuesta." Sugiere, volviendo a dar otro trago a la cafeína.