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paige isn’t going to be in a uconn jersey the next time she plays
pipipi
just seen a tiktok that said next monday paige won’t be a uconn player anymore AND IM SICKKKKKKKK
Amor nostálgico
Fandom: Los Prisioneros Pareja: Claudio Narea x Lectora Femenina (María) Advertencia: Leve angustia
"Oh Donna"
Fandom: Los Prisioneros Pareja: Claudio Narea Joven! x Lectora Femenina (Daniela) Advertencia: Leve angustia

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No sabí cuánto odio a esos dos weones
Fandom: Los Prisioneros Pareja: Claudio Narea Joven! x Lectora Femenina (Rebeca) Advertencia: Infidelidad, angustia
Me da miedo que te aburrái de mí po’
Fandom: Los Prisioneros
Pareja: Claudio Narea Joven! x Lectora Femenina (Rebeca) Liceana!
Advertencia: Celos, inseguridades, pelea, leve angustia con reconciliación.
—Es todo por hoy —dijo la profe, cerrando el libro justo cuando sonó la campana del liceo.
Suspiré frustrada.
—¿Y a ti qué te pasa? —preguntó Sara.
La miré sin ganas, soltando un quejido. Estaba chata.
Hace algunos meses, Claudio me pidió pololeo y éramos relativamente felices. Él era lindo, divertido y me quería, pero el problema era que era demasiado celoso.
Anoche me invitó a una tocata que tenía con los chicos. Apenas llegamos, me dejó con la Sandrita y se fue a preparar el show. Mientras esperábamos, se nos acercaron unos cabros. Eran lindos, para qué mentir, pero a mí me gustaba mi moreno. Nos acompañaron durante todo el show, pero sin segundas intenciones. De entrada, con la Sandra les dijimos que estábamos pololeando.
Durante toda la tocata, sentí la mirada pesada de Claudio sobre mí. La razón era obvia: estaba celoso.
Cuando terminó el show, con la Sandra fuimos a donde estaban ellos. Miguel aceptó gustoso el beso de la Sandrita, pero cuando fui donde Claudio, simplemente me ignoró.
—Qué weón este Claudio —soltó Sara cuando terminé de contarle lo que pasó anoche.
—Me fue a dejar, ni un beso me dio. Solo me dijo "chao" y se fue —bufé.
—Tú igual, po’, lesa —me pegó un paipe en la cabeza—. Una relación se trata de comunicación. ¿Le explicaste?
Negué con la cabeza.
—No me dejó, oh. Lo intenté, pero me ignoró.
Ya habíamos llegado a la entrada del liceo.
—Ucha, Rebe —me dijo y me tomó del brazo—. ¿Querí ir a mi casa?
—No, me iré a la casa y trataré de llamarlo.
—¿A quién van a llamar? —preguntó una tercera voz.
Levanté la vista y vi a un cabro un poco más alto que yo, con una sonrisa confiada y el pelo medio pelirrojo. Me recordó a Sara.
—¿Y tú? —preguntó ella, sorprendida—. ¿No estabai en el sur, trabajando?
Mi amiga se separó de mí y lo abrazó.
—Rebe, él es Joaquín, po', mi hermano.
—Hola —sonreí y me acerqué a saludarlo—. Rebeca Pérez.
—Joaquín Villagra —respondió con un tono medio coqueto—. Venía a buscar a la Sara pa’ que vayamos a la casa —miró a su hermana y luego a mí—. ¿Tu amiga viene?
—No creo, se va a ir a su casa a llorar por el pololo —se burló Sara.
—Qué eri hincha pelota, Sara —la empujé y ella se rió. Pero su expresión cambió de repente, como si se hubiera acordado de algo.
—¡Dejé algo en el liceo! Vuelvo al tiro —salió corriendo de vuelta, dejándome sola con su hermano.
El silencio se instaló por unos segundos.
—¿Eri amiga de la Sara hace rato? —preguntó Joaquín, rompiendo la incomodidad.
—Algo así. Hicimos un trabajo juntas en primero medio y aquí estamos.
Él se rió.
—¿Y tú? ¿En qué trabajai en el sur?
—Estoy en el sector agrícola. Hago de todo allá.
Asentí. Se volvió a hacer otro silencio incómodo. Suspiré, desviando la mirada.
—¿Así que tení pololo? —volvió a hablar.
—Sí... supongo —me encogí de hombros.
—¿Cómo que "supones"? ¿Terminaron?
—No, son solo peleas tontas.
—Qué fome.
—¿Por qué?
Joaquín se acercó un poco y, por instinto, retrocedí dos pasos. Estábamos peleados con Claudio, pero no lo iba a gorrear.
—Eri linda. Pensaba invitarte a algo antes de que me vaya.
Me quedé sorprendida con su declaración, pero antes de que pudiera responder, Joaquín fue empujado bruscamente hacia atrás.
Ya sabía quién era.
—¿Qué weá te creí? —espetó Claudio, fulminándolo con la mirada.
Joaquín apenas se estabilizó tras el empujón, lo miró con una media sonrisa burlona.
—¿Y tú quién eri? ¿El paco de la Rebeca?
—Soy su pololo, imbécil.
—Ah, el pololo celoso —soltó Joaquín con sorna—. Se nota.
Claudio le iba a responder con los puños antes que con palabras, pero lo detuve, tomándolo del brazo.
—¡Claudio, basta!
—¿Tú creí que podí venir a jotearla así como así? —le gruñó Claudio a Joaquín, sacudiéndose de mi agarre.
—No la jotée, solo le hice un cumplido. Es culpa tuya si andai con los celos a flor de piel.
Claudio no se aguantó más y le lanzó un combo directo a la cara. Joaquín cayó al suelo con la boca ensangrentada.
—¡Conchetumadre! —gruñó el pelirrojo, limpiándose con el dorso de la mano antes de lanzarse contra él.
Ambos terminaron forcejeando en el suelo. Yo no sabía qué hacer, pero de repente sentí que alguien me tomaba del brazo. Era Sara, que había vuelto del liceo y tenía la cara desencajada.
—¡¿Pero qué mierda están haciendo?!
Intentamos separarlos, pero la bronca de Claudio era más fuerte. Joaquín se defendía, pero no parecía realmente interesado en pelear, sino en seguir provocándolo.
—¡Claudio, para la weá! —grité, empujándolo con todas mis fuerzas.
Él se detuvo al escuchar mi voz, respirando agitado. Sus ojos seguían encendidos de rabia.
Joaquín se reincorporó, escupiendo al suelo.
—Tení problemas, compadre.
—Ándate a la chucha —masculló Claudio, pasando una mano por su cara antes de girarse hacia mí—. Y tú...
No terminó la frase. Me miró fijamente, como si intentara decir algo pero no supiera cómo.
—Hablamos después —dijo finalmente, dándose media vuelta y alejándose.
Lo observé irse, sintiendo un nudo en la garganta.
—Tení que hablar con él, weona —murmuró Sara.
Asentí. Era verdad. Ya no podía seguir evitando esto.
Cuando llegué a la casa, me encerré en mi pieza sin decir nada. Estaba chata.
No sabía si tenía rabia, pena o qué, pero tenía esa sensación en la guata que no me dejaba tranquila.
Me tiré en la cama mirando el techo. No podía sacarme de la cabeza la mirada de Claudio cuando se fue. No era solo enojo… había algo más, algo que no supe leer en el momento.
Suspiré. Tenía que hablar con él.
Me levanté de golpe y fui al teléfono del pasillo. Marqué su número con los dedos temblorosos.
Uno… dos… tres tonos.
—¿Aló? —su voz sonaba seria.
—Claudio… —murmuré.
Silencio.
—¿Qué querí?
Fruncí el ceño.
—Hablar contigo, po’.
—¿Ahora querí hablar?
—¡Ay, no empecí! —bufé, pasándome la mano por la cara—. Nos vemos en la plaza en diez minutos.
Y corté antes de que pudiera decir algo más.
Cuando llegué a la plaza, Claudio ya estaba ahí. Estaba con la chaqueta de mezclilla, los brazos cruzados y la mirada fija en el suelo. Me acerqué con el corazón latiendome en la garganta.
—Hola… —dije con cautela.
Levantó la vista y al darse cuenta de que era yo se levanto rápidamente del banco.
—¿Te gusta ese hueón?
Puse los ojos en blanco.
—Claudio… no me gusta.
—Pero te dejó toda embobada con su tonito canchero.
—¡Ay, no hueí! —me crucé de brazos—. ¿Sabí lo que me da rabia? Que en vez de preguntarme, te enojai solo y me ignorai como si yo tuviera la culpa de algo.
—Es que me da rabia, po’ —murmuró, rascándose la cabeza—. Me carga la idea de que venga cualquier hueón a joteártela como si fuerai cualquier mina.
—Claudio, no soy "cualquier mina" y lo sabí.
No dijo nada. Se quedó mirando el suelo, pateando una piedra con la punta del zapato.
—Es que… —suspiró—. Me da miedo que te aburrái de mí po’, Rebe.
Me quedé en silencio. No esperaba que dijera eso.
—¿Por qué pensai eso? — mi tono se volvió una poco mas suave al escuchar eso. Él se encogió de hombros — amor…
—No sé — me interrumpio — A veces siento que te merecís algo mejor. Después pasa una weá como esta y me pongo más hueón de lo normal. — me reí y lo abrace por la cintura, en primera instancia no me devolvió el abrazo, pero finalmente cedió.
—Erí un celoso de mierda… pero te quiero, Claudio. — mi voz sonó amortiguada por la chaqueta que llevaba
Me miró sorprendido, pero después bajó la cabeza con una sonrisa tímida.
—Yo igual te quiero, Rebe — dejo un beso y apoyó su mentón en mi cabeza. —¿Me perdonai? —preguntó en un tono más suave.
—Si me prometís que la próxima vez hablai antes de ponerte a agarrarte a combos con el primer hueón que me mire.
—Voy a tratar… pero no prometo milagros.
Negué con la cabeza, pero sonreí.
—Ya, ven pa' acá, tonto.
Se acercó y me besó. Sus labios eran cálidos, familiares, como si en ese momento todo lo malo del día se esfumara.
Nos quedamos abrazados en la banca, con la brisa de la noche envolviendonos. Tal vez íbamos a seguir peleando, pero lo que tenía con Claudio valía la pena.
Hellou chiquillas, volví con otro one shot. Si les gusta dale corazon y si no, no me funes. TKM a todas, muak
No me weí
Fandom: Los Prisioneros
Pareja: Claudio Narea Joven! x Lectora Liceana!
Advertencia: Déjenme en paz, solo queria saber quien cantaba cierta canción y me obsesione con una versión que ya no existe.
Después de un largo día de liceo y de pasar la tarde con mis amigas, volví a mi casa. Pasé a comprar cosas para la once, ya que mis papás llegarían de la pega cansados y quería hacerles algo rico de comer.
Cuando llegué, me pareció raro que el portón estuviera medio abierto. Siempre lo cerramos con llave cuando no hay nadie. Pensé que tal vez el Miguel ya había llegado, pero algo no me cuadraba. Demasiado raro.
Saqué la llave de mi bolso y abrí la puerta principal.
Apenas entro, me encuentro con una escena que me revuelve el estómago: Claudio, sentado en el sillón, con una mina encima. Daniela. Me cargaba esta mina. Llevaba meses detrás de mi hermano y sus amigos, y ahora la encontraba aquí, en mi casa, en esta situación.
"¿Qué chucha está pasando aquí?" solté sin poder evitarlo.
Ella frunció el ceño y me miró con desdén. "¿Y vos quién eri? ¿La mamá del Claudio o qué?".
Solté una risa amarga. "Soy la dueña de casa, wueona. Y parece que nadie me avisó que venían a convertir mi living en motel".
Claudio suspiró, pasándose la mano por el pelo. "Rebe, el Miguel me prestó la casa. Te avisó, ¿o no?".
Levanté una ceja. "No me avisó ni una hueá. Ni siquiera hablé con el Miguel hoy".
Daniela me miró con cara de pocos amigos. "Mira, cabra chica, si tení un problema, háblalo con tu hermano".
Y ahí se me hirvió la sangre. "Mira, linda", sonreí de manera sarcástica, "si querí estar con este wueón, al menos hacelo en tu casa. Porque en la mía no".
Daniela me lanzó una mirada asesina, pero Claudio no dijo nada. Solo se rascó la cabeza, incómodo. Como si no supiera qué hacer.
"Ándate", le dije firme a Daniela. "Y llévate tu dignidad de paso".
Ella se fue echando humo por las orejas, tirando un portazo. Me quedé ahí, en silencio, mirándolo.
La puerta sonó y vi cómo Claudio suspiró, dejándose caer en el sillón.
"¿Pa’ qué suspirái tanto?" lo reté.
"Ya, déjame", me respondió en un tono enojado.
"¿En serio, Claudio? ¿Y así querí que te tomen en serio?".
"No es pa' tanto, Rebe. No pasó nada". Me miró con esos ojos tan lindos que tiene.
Ya po, Rebeca, contrólate.
"No pasó nada porque llegué yo", le espeté, cruzándome de brazos. "Pero dime, ¿qué wueá? ¿Pa’ qué traí minas aquí si sabí que igual alguien puede llegar?".
Claudio me miró con una mezcla de vergüenza y molestia. "Pensé que tenía la casa hasta las seis. Miguel me dijo que estaba todo bien".
"No me avisaron ni una wueá", repetí, con rabia.
¿Qué sentirían ustedes si la persona que llevan mucho tiempo enamorada la encuentran de esa manera? ¿En tu casa, en tu sillón?
Porque sí, me gustaba el Claudio. Me gustaba caleta.
Suspiré y tomé la bolsa con cosas para la once. Lo miré y él me miraba de vuelta, avergonzado y frustrado.
Claro, si lo dejaron caliente.
"¿Te quedai a tomar once?" pregunté.
Él se rió y me volvió a mirar.
"Yo caliento el agua, tú ve a cambiarte", me dijo.
Estábamos poniendo la mesa mientras algo sonaba en la radio. No habíamos hablado desde la incómoda situación.
Metía el pan al horno cuando solté una pequeña risa al acordarme de lo que pasó hace rato.
O sea, hace como media hora estaba súper enojada y dolida, pero ahora me daba risa sus caras.
"¿De qué te reí?", preguntó. Me giré para verlo y elevé una ceja.
"De ti po’", volví a reír. "¿De verdad pensaste que ibai a salir ganando?". Vi cómo su cara se puso roja y frunció el ceño.
"Ya deja de webearme". Me volví a reír. Él me miró molesto, pero después empezamos a reírnos los dos.
Estuvimos un largo rato riéndonos y luego nos quedamos en silencio nuevamente.
"Hace rato que ya no hablábamos así", dijo, cesando su risa.
"Sí, supongo", respondí melancólica.
Con Claudio no hablábamos tanto como hace unos meses o años, ya ni me acuerdo.
El porqué es simple.
Le había dicho que me gustaba hace un tiempo y él me rechazó, por el simple hecho de ser la hermana menor de su amigo y compañero de banda.
Fue humillante para mí, porque le había comprado un disco nuevo de Kiss y unos dulces que eran sus favoritos. Gaste mis ahorros para nada.
Desde ese día, me alejé de él. Solíamos ser buenos amigos.
"¿Fue porque te dije que no me gustabaí?", preguntó.
Lo miré, sin saber qué decir.
Claudio suspiró y se pasó la mano por el pelo, mirando hacia otro lado. "Rebe, yo... No es que no me gustarai".
Sentí que mi corazón se detenía un segundo.
"¿Ah?", solté, entre confundida y enojada.
"No es que no me gustarai", repitió, con voz más baja. "Es que... eri la hermana del Miguel. ¿Cachái lo complicado que sería eso?".
Lo miré sin parpadear. ¿Me había rechazado solo por eso? Sentí rabia y algo parecido a esperanza al mismo tiempo.
"O sea que... ¿me rechazaste por Miguel y no porque no sentíai nada?", pregunté con voz más baja.
Claudio me miró y luego bajó la vista. "Sí".
Me mordí el labio, sintiendo cómo la adrenalina subía por mi pecho. "Eri un saco de hueá", solté.
Claudio levantó la vista, sorprendido, y luego sonrió. "Sí, un poco".
Nos quedamos en silencio un momento. Algo en el ambiente cambió.
Tomé aire y me acerqué un poco más. "Pero si ya la cagaste... capaz que te dejo arreglarla".
Su sonrisa se desvaneció. "¿Cómo?".
Me encogí de hombros. "Vo' cachái".
Claudio tragó saliva y, después de un segundo de duda, se inclinó hacia mí.
Y esta vez, no lo detuve.
Decidí hacerme cargo de la situación y lo bese con ganas.
Sus labios sabían tan bien como pensaba, sentía un leve sabor a nicotina, pero no al punto de ser desagradable, si no, algo rico.
El beso, poco a poco empezó a ser más desesperado, ahora era yo la que estaba sobre él en el sillón, sus manos estaban debajo de mi blusa tomando mi cintura con desesperación. Moví mis caderas levementes, sintiendo algo debajo de mi *guiño guiño* el Claudio soltó el sonido más rico que había escuchado en mi vida.
"Rebe" suspiro una vez que nos separamos, le sonreí dejando un beso en sus labios para bajar a su cuello.
Si esto sería de una sola vez, lo aprovecharía hasta donde diera nomas.
"¿que está pasando aquí?" sentimos una tercera voz en la entrada de la casa.
Era el Miguel con el Jorge, en la entrada de la casa.
Conche-tu-madre
"¿eraí tu la mina que este weon se iba a comer?" preguntó el Miguel enojado y el Jorge estaba que se cagaba de la risa.
Ahora era al revés los papeles.
Hola amigues del Tumblr, no me juzguen, solo que mi cabeza tenia esta idea en mente y salio esto. Avisen si les gusta, porque tengo mucho contenido para subir.
Más Allá del Orgullo y el Pasado (Choi Young Do x Lectora)
Fandom: The Heirs.
Pareja: Choi Young Do x Lectora femenina.
Advertencias: Leve angustia.