Más Allá del Orgullo y el Pasado (Choi Young Do x Lectora)
Fandom: The Heirs.
Pareja: Choi Young Do x Lectora femenina.
Advertencias: Leve angustia.
La vida nos prepara para cientos de momentos que enfrentaremos. Nos enseña a superar lo difícil, lo doloroso, lo complicado, pero también a disfrutar los momentos felices, agradables y cálidos. Nos entrena para afrontar cualquier situación.
Young Do y yo nos conocimos en el último año de secundaria. Mis padres habían hecho un trato con el dueño de los hoteles Zeus, ya que mi padre era un desastre en los negocios y, de no ser por el acuerdo con el señor Choi, habríamos perdido todo. Así llegué a Corea, con apenas 17 años, para casarme con el heredero de Hoteles Zeus, Choi Young Do.
Al principio fue difícil, no tanto por las diferencias culturales o de idioma, sino porque nuestras vidas eran negociadas sin nuestro consentimiento. Sin embargo, a pesar de estar comprometidos por negocios, sentí una conexión con Young Do desde el primer momento. Él era especial. Cuando lo conocí, venía de una decepción amorosa y llevaba siempre una actitud provocadora, como una coraza para protegerse. Pero con el tiempo, rompí esa barrera y descubrí al verdadero Choi Young Do.
Pasaron los años, y finalmente nos casamos. La empresa de mi padre fue salvada y absorbida como una filial de Hoteles Zeus, saldando así todas nuestras deudas. Pero lo más valioso que gané fue al hombre que siempre había querido. Nos considerábamos amigos, aunque yo tenía sentimientos profundos por él. Sin embargo, él negaba sentir algo más, hasta que un día, después de un largo viaje fuera de Seúl, me sorprendió con una velada especial. Esa noche me confesó que me amaba y que había negado sus sentimientos por miedo, pero al tenerme lejos, comprendió que no podía vivir sin mí.
A partir de ese momento, nuestro matrimonio dejó de ser solo un arreglo y se convirtió en un vínculo de amor. Tuvimos una segunda boda, íntima y significativa, rodeados de amigos y seres queridos. Desde entonces, Young Do se abrió más, compartiendo conmigo sus recuerdos, su relación con sus padres, su enemistad con Kim Tan y hasta su dolorosa historia con Eun Sang. A pesar de haber estudiado juntos, casi nunca habíamos cruzado palabras hasta entonces.
Ahora, casi quince años después, aquí estamos, con nuestra hija Sue, de catorce años. Somos felices, pero parece que la vida no nos había preparado para esto. Al menos no había preparado a Young Do.
—¡No! —la voz de mi esposo retumbó en la sala.
—Papá… —murmuró Sue—, él me gusta. Sé que...
Pero Young Do la interrumpió.
—Puedes enamorarte de quien quieras, excepto de ese bastardo de Kim Sung.
—Young Do —lo detuve, pero él continuó con una mirada firme.
—Nuestra empresa no tiene relación con Empresas Jeguk, y no la tendrá por esta relación —se levantó y se encerró en su oficina.
Suspiré al verlo huir de sus problemas. Sabía que habíamos trabajado mucho en eso, pero esta situación era diferente. Era comprensible que estuviera molesto; su única hija, su niña, estaba enamorada del hijo de su antiguo rival, Kim Tan. Escuché el portazo de Sue cuando subió corriendo a su habitación, y por primera vez, la casa quedó en completo silencio.
—Ajumma —llamé a la ama de llaves—, lleva un té calmante a la oficina de mi esposo y pídele a JiA que prepare algo especial para cenar.
Subí lentamente las escaleras y toqué la puerta de la habitación de Sue.
—Amor, ¿puedes hablar conmigo?
—¡No! —gritó desde adentro—. Sé que tú tampoco apruebas mi relación con Sung.
Suspiré. En el fondo, no deseaba involucrarme con esa familia, pero sabía que no podía imponer mis deseos sobre los sentimientos de mi hija. Young Do y yo habíamos prometido no interferir en los asuntos del corazón de Sue.
—Hablemos, ¿sí? Quiero entenderte y después hablar con tu padre.
Escuché un crujido de la cama y luego la puerta se abrió ligeramente.
—No estaba cerrada con llave, mamá —me dijo, con el rostro bañado en lágrimas. Le sonreí y sequé sus lágrimas con suavidad.
—Lo sé, pero quería que fueras tú quien abriera.
Nos sentamos en su cama. Ella se abrazó a mí, hundiendo su rostro en mi pecho como cuando era pequeña. Pasaron varios minutos en silencio hasta que, al fin, habló.
—¿Por qué es así, mamá? ¿Por qué no puedo quererlo?
Suspiré antes de responder.
—Las rivalidades nunca son buenas, y siempre le he dicho eso a tu padre. Pero no olvida lo que pasó con Tan —expliqué.
—Pero eso fue hace años…
—Lo sé, mi vida, pero aún queda una herida en el corazón de tu padre. Eres su tesoro, lo más preciado que tiene, y él solo quiere protegerte. Teme que alguien te lastime, como a él lo lastimaron.
Ella me miró con la misma intensidad en la mirada que Young Do había tenido aquel día cuando me contó su historia. Después de calmar a Sue, bajé hacia la oficina de Young Do. Abrí la puerta y lo encontré tecleando en su computadora, inmerso en papeles.
—¿No habíamos acordado que nada de trabajo en casa? —me acerqué y me senté a su lado.
—Estoy ocupado, cariño —respondió sin mirarme. Lo observé por un instante y noté que solo estaba revisando correos y documentos que podrían esperar.
—Tu hija… —le tomé el rostro— necesita a su padre.
Me miró, y sus ojos, siempre tan duros, se suavizaron al encontrar los míos, recordándome al joven de 17 años que había conocido.
—Lo sé… solo que… —suspiró sin terminar la frase.
Me senté en su regazo y lo rodeé con mis brazos.
—Tienes miedo —completé por él, y él asintió.
—Cuando nació, prometí que nadie la dañaría. Prometí que le daría la luna si me la pidiera. Me prometí que jamás sería como mi padre…
—Cariño… —acaricié su rostro para darle fuerzas—. No eres tu padre, nunca lo serás. Eres un hombre maravilloso y un padre increíble. Entiendo tu deseo de protegerla, pero ambos prometimos que no intervendríamos en los asuntos del corazón de nuestra hija, ¿recuerdas?
Nos abrazamos durante un largo rato, hasta que nos llamaron para cenar. Esa noche, aunque Sue no bajó a cenar, le envié su plato, sabiendo que necesitaba su espacio.
Días después, partí a Busan para atender un proyecto benéfico, dejando a Young Do y Sue en casa.
Al regresar de mi viaje a Busan, sentí una mezcla de nervios y esperanza. Sabía que dejar a Young Do y a Sue solos había sido arriesgado, pero también confiaba en que mi ausencia los ayudara a reflexionar. Al abrir la puerta de casa, noté algo diferente en el ambiente, como una ligera paz que no sentía hacía semanas.
Mientras colgaba mi abrigo, escuché risas y voces que provenían de la sala. Al asomarme, vi a Sue y a Young Do sentados en el suelo, con una caja de fotografías antiguas entre ellos. Ella sostenía una foto de nosotros de cuando era pequeña, y él la miraba con una mezcla de amor y nostalgia.
—¿Papá? ¿Esta soy yo? —preguntó Sue, señalando una foto en la que ella sonreía con la boca llena de pastel durante uno de sus cumpleaños.
—Así es, mi niña —respondió Young Do, suavizando su voz—. Siempre has sido mi pequeña traviesa, llena de vida y risa.
Observé desde la distancia, sin querer interrumpir. Sue sonrió y, después de una pausa, miró a su padre con ojos sinceros y brillantes.
—Papá… quiero que sepas que Sung es alguien especial para mí. Yo sé que es difícil, pero también quiero que sepas que me hace feliz —le dijo, con la vulnerabilidad propia de un primer amor.
Young Do respiró hondo, y vi cómo su rostro reflejaba el conflicto que aún llevaba dentro. Pero al ver la ternura en la mirada de Sue, algo en él cedió. Extendió la mano y tomó la de ella, entrelazando sus dedos.
—Sue… siempre he querido lo mejor para ti, y creo que por eso temía tanto verte crecer. Me asusta que alguien pueda lastimarte, como a mí me lastimaron en el pasado. Pero, si este chico es importante para ti… —hizo una pausa y soltó un suspiro profundo—, entonces creo que es hora de que también yo deje el pasado atrás.
Sue sonrió con emoción contenida y lo abrazó con fuerza. Young Do cerró los ojos, como si en ese abrazo pudiera dejar ir cada miedo y cada herida del pasado. Fue un momento de sanación, de reconciliación no solo con su hija, sino también con él mismo.
Decidí entrar y caminar hacia ellos. Al verme, Young Do me sonrió, y en su mirada vi algo más profundo: la gratitud de un hombre que había encontrado la paz a través de nuestra familia. Me acerqué y tomé su mano, y él me atrajo suavemente para que me sentara a su lado.
—Gracias —murmuró, solo para mí, mirándome a los ojos—. Gracias por darme una familia y por hacerme un hombre mejor.
Acaricié su rostro, recordando todo lo que habíamos superado juntos.
—Eres tú quien nos ha dado tanto, Young Do. Nuestra hija tiene la suerte de tener a un padre como tú —le respondí, y le regalé una sonrisa. Su expresión se suavizó, y al instante se inclinó hacia mí y me dio un beso, un beso lleno de amor y de promesas silenciosas. En ese momento supe que, sin importar los desafíos, siempre seríamos fuertes juntos.
Sue carraspeó y nos miró, avergonzada pero sonriendo al mismo tiempo.
—Por favor, no se pongan románticos en frente de su hija adolescente —bromeó, rompiendo el momento y haciéndonos reír a ambos.
—Es solo que… —Young Do la miró con ternura—, quiero que recuerdes que tu madre y yo siempre estaremos aquí para ti, pase lo que pase.
Esa noche cenamos juntos como hacía tiempo no lo hacíamos, entre risas y bromas que hacían olvidar cualquier rastro de tensión. Era como si un nuevo capítulo en nuestra familia estuviera comenzando, lleno de amor y de comprensión.
Más tarde, cuando Sue se retiró a su habitación, Young Do y yo nos quedamos en la sala, hablando de los días difíciles que habíamos vivido y de los sueños que aún queríamos cumplir juntos.
—Te prometo que siempre estaré aquí, apoyando lo que necesitemos enfrentar juntos —me dijo con sinceridad, tomando mis manos entre las suyas.
Sonreí, apoyando mi cabeza en su hombro mientras sus manos entrelazaban las mías, y en ese instante, sentí que, después de tantos desafíos, habíamos encontrado finalmente nuestra calma.
Hola, este es mi primera historia despues de años sin hacer o publicar una. Espero que les guste tanto como a mi, amo escribir de mis amores platonicos de mi adolecencia <3














