Primera despedida, segunda despedida
Nuestra primera despedida, esa sin saber que sería la última, jueves, afuera de mi casa, tu coche blanco, mis polvorones, las mentiras blancas y las negras también, besos húmedos, caricias apasionadas, abrazos al aire, beso en la cabeza y una promesa. El miedo, el destino, la razón, las decisiones, la costumbre, Dios, todo, yo, él, las náuseas, el miedo, de todos elijo el miedo. Un adiós por mensaje, lágrimas, duelo, terapia, incertidumbre, intentar continuar, continuar.
Nos debimos quedar con el primer adiós.
Segunda despedida, mensaje un año después, lunes, una semana de posparto, mi vulnerabilidad, junto a unos ojos nuevos e inocentes que me miraban llorar, que no entenderían, nadie lo haría. Tus palabras, palabras que merecía, palabras que no merecía, insultos, insultos bajos, no debiste volver, yo no te llamé, nunca lo hice.
A veces quisiera grabarme con fuego tus palabras, las últimas, aquellas hirientes. Me merecía el reproche, me merecía el reclamo, no me merecía el insulto. Rompí una promesa y tu rompiste tu propia imagen en mi cabeza. Me llamaste puta aunque el adiós ya estaba dado, ese es nuestro adiós, el segundo, el último, el que no tiene vuelta atrás.
Nos debimos quedar con el primer adiós.

















