"Lo que fuimos y lo que soy ahora". C. M.
Te sigo añorando demasiado, y estos pensamientos, que emergen desde lo más profundo de mi corazón, me han arrancado lágrimas incontables. No puedo evitar imaginar lo que pudo haber sido: ese viaje juntos, aprendiendo más el uno del otro, compartiendo nuevas experiencias que el tiempo jamás podría borrar.
Pero el destino, con su mano invisible y sabia, decidió que lo nuestro tenía un final, y ese final llegó hace tiempo. Hoy, mientras dejo atrás el dolor, me revitalizo al reconocer mis propios fallos. No supe priorizarme, y aunque me duele admitirlo, tarde o temprano este desenlace era inevitable.
Comprendo ahora que en tu corazón siempre tuvo el anhelo de partir, de buscar horizontes más allá de nosotros. Hubo momentos en los que el enojo me cegó, momentos en los que sentí que me engañaste con sueños compartidos que nunca fueron reales: una vida juntos, un viaje que jamás llegó. Pero sé que buscar culpables o aferrarme al rencor no sirve de nada. Sólo me queda agradecerte por haber estado en mi vida mientras duró.
Estoy reencontrándome con quien solía ser: la persona que cantaba, que escribía, que dibujaba y paseaba por museos en busca de inspiración. De ti me queda ese deseo por explorar, por viajar, por soñar con estudiar de nuevo en tierras lejanas. Me queda el aprendizaje de que siempre hay nuevos amigos por encontrar, personas interesantes y almas bondadosas que enriquecen el camino. Gracias por las enseñanzas que, aunque envueltas en dolor, han dejado una huella imborrable en mí.
"¿Qué enseñanza importante has encontrado en un adiós que dolió?