En el transcurso de nuestra vida encontramos personas que llegan a nuestra vida, así como llega la lluvia, despacio, haciendo un poco de ruido en lo más profundo de nuestro corazón. Y de esta manera llegaste tú, tan sutil, tan delicada, con esa calma que empieza a cambiar todo internamente. Desde ese punto en mi vida, en mis pensamientos más profundos, busco restos de lo que aún permanece. Porque ahí estás, y esa sensación de pensarte me lleva mucho a quedarme despierto mirando al cielo, mientras cae la noche. En cada atardecer, imagino tu voz pasando en mi habitación, con esa intensidad, viva, y me llevan a tener ese deseo de volver a habitar en ese lugar, donde existíamos sin dañarnos a nosotros mismos. El corazón tiene esa maldita costumbre de convertir a ciertas personas en refugios. Uno tiene la sensación de que ama todo lo que le pertenece a la otra persona, cuando en realidad lo que uno realmente ama es la capacidad que le permite a uno descansar y poder sobrellevar las cosas de una mejor manera. Contigo, cada silencio compartido era algo increíble. Podíamos quedarnos quietos, tranquilos, durante horas y aun así ocurrían cosas que jamás había experimentado. El tiempo respiraba un poco lento, las heridas de aquello que no había sanado se perdían mediante el paso del tiempo, hasta la tristeza parecía disiparse para no interrumpirnos. Tengo la certeza de que por eso te extraño tanto, de esta manera tan absurda, tan íntima, tan imposible de explicar, como esas sensaciones que en algún momento tuve ya no existían cuando coexistíamos alma con alma. En muchas ocasiones me gustaría volver únicamente para esconderme otra vez en tu piel, tener esa sensación de alguien que regresa al mar, después de haber pasado un tiempo sobreviviendo, con lo único que podía tener. Porque siempre hubo algo de ti que lo fue todo para mí, esos abrazos, esa mirada inquebrantable, o simplemente tu manera de existir, de ser tú con toda tu razón de ser, que me hacía sentir encontrado. Y por alguna razón uno pasa toda su vida entera buscando eso; alguien que nos encuentre, nos acepte, nos ame con todo su ser, incluso cuando intentamos desaparecer.