Ella
—Y bueno… ¿podés estar solo?
—Boludo, ¿no te digo que le di un beso y sentí como si ya la conociera? Pero no de esta vida, sino… no sé. Como si la hubiera tenido guardada en algún rincóncito mío desde antes. El sabor de su boca… ya lo había sentido. Te juro. No sé cómo explicarte. ¿Nunca te pasó algo así?
—No… no, nunca. Igual vos tuviste más oportunidades que yo para investigar esas cosas. Ja, ja, ja...
—Sí, boludo, pero no se trata de eso. Ni siquiera era el cuerpo, ¿entendés? No era que tenía un re culo o unas tetas increíbles. Nada que ver en realidad. Aunque sí… tenía una sonrisa que parecía un piano y unos ojos que te hacían olvidar hasta de comp mierda te llamabas, no me los voy a olvidar nunca más en mi vida.
—Bahh que cursi!
—Pero bola, no era eso. No era el físico.
Era otra cosa.
¿Sabés qué me dijo la primera vez que se acostó en mi pecho?
Estábamos los dos desnudos después de coger. Ella estaba apoyada encima mío y yo ahí, mirando el techo como un bobo, pensando: “ya está, esta loca la conozco de otra vida”.
¿Y sabés qué me dijo?
Me dijo: “El olor de tu cuerpo ya lo conozco. Vas a pensar que estoy loca, pero te juro que lo conozco”.
Y yo me quedé quieto, con los ojos llenos de agua, pero haciéndome el macho, ¿viste? Entonces le dije: “Te iba a decir exactamente lo mismo. Pensé que me ibas a tratar de ridículo… pero no por el olor de tu cuerpo. Por tus besos”.
Y te juro que no sé cómo explicarlo.
Podés estar cuatro años, seis años con una persona, compartir una vida entera… y nunca sentir algo así. Nunca decir algo así. Yo no lo había dicho en mi puta vida.
Y tampoco creo que vuelva a sentirlo.
Porque no creo que el amor sea eso que dicen, esa cosa prolija que elegís para casarte como si estuvieras en un supermercado comparando productos. Como decía Cortázar… el amor no se elige.
El amor es un rayo.
Uno que te parte al medio en el patio cuando menos lo esperás.
¿
—Bueno... ¿y ahora? De que sirve todo eso?
Al final se querían. Ella te quería. Y seguro que vos todavía la querés eso seguro.
—Sí… de que sirve? Creo que el que no sirve ahora soy yo, pero no creo que se trate de aferrarse. Creo que a veces las cosas simplemente no se dan y uno tiene que aprender a vivir con eso. Seguir su vida, aunque duela. Espero que sea feliz (aunque sea por uno de los dos)
—¿Y si el amor no fuera algo que se pierde? Escuchame. ¿Y si fuera más como una capacidad?
—¿Cómo una capacidad?
—una discapacidad diría yo? Jaja dale contame a ver....
—Sí, boludo… como si fueras un recipiente. Y cada persona que amás te agranda un poco más por dentro. Como si cada vez pudieras contener más cosas. Más formas de amar.
Pensalo así: quizá no amás menos cuando aparece alguien nuevo. Quizá amás distinto. Y cada vez podés amar más que antes porque también sos más vos. Porque aprendiste cosas, porque sufriste, porque entendiste qué podés dar… y qué necesitás sentir.
Entonces cada amor queda ahí, ocupando una forma distinta dentro tuyo
—Sí… puede ser.
Pero no sé, boludo. La verdad es que no sé.
Porque al final de todo esto me queda un gusto amargo… y una sola pregunta.
¿Qué carajo es el amor?
— buee... pasame el mate que no estás cebando, y encima de frio ahora va a estar zarpado en dulce despues de tantas giladas.















