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Gustave Doré (1832–1883), “The Corpse Candles”
illustration from “The Days of Chivalry; Or, The Legend of Croquemitaine” by Ernest L’Épine (as Quatrelles), 1866
engraved by Heliodore Joseph Pisan (1822–1890)
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FUTBÓL MÉXICO 70
(MUNDIAL MÉXICO 1970)
Si bien, la historia de los Mundiales de futbol inició en 1930, en Uruguay. Para 1966 el Futbol evolucionó y, por lo tanto, los Mundiales también debían haber evolucionado.
Sin embargo, muchos de los que fueron testigos del Mundial de Inglaterra 1966 coinciden al asegurar que no fue así. El Mundial, después de más de tres décadas de historia, se parecía al primer Mundial de la historia, eso quiere decir que no había existido, hasta entonces, una evolución del futbol.
Pero el primer Mundial que se organizó en México fue el noveno en la historia y se organizaría en un México distinto al actual. Por el contexto, en ese entonces, se esperaba que la evolución del torneo se diera ahí.
Pero si la pregunta es por qué un servidor considera que era un tiempo y un contexto distinto, la respuesta es sencilla y se encuentra en el propio contexto histórico. Y es que, desde 1940 hasta el momento en que se inauguró la Copa del Mundo, México vivía una etapa de progreso económico, desarrollo industrial, estabilidad política y bonanza económica llamado El milagro mexicano.
El Producto Interno Bruto se elevó a un 6%, la clase media progresó, se redujo el índice de desempleo y el de analfabetismo. Digamos que, en ese sentido, hubo avances sociales significativos.
El crecimiento económico y social hicieron que el ciudadano mexicano promedio sintiera lo que es el aseguramiento de una calidad de vida y un aumento en dicha calidad. Pero tanta bonanza no podía pasar desapercibida para el desarrollo de mejores tecnologías en materia de telecomunicaciones en México, que, a final de cuentas fue algo muy importante a nivel intercontinental.
Se construyeron muchas instalaciones de telecomunicaciones, que, después llegaron a ser de interés público. Mientras, en términos de vialidades, la Ciudad de México creció porque, desde la regencia de la ciudad, se ordenó y se financió la construcción de vialidades, accesos, jardines etc.
Gracias al Milagro Mexicano y también en parte a la derrama económica que habían dejado los Juegos Olímpicos de 1968, en México se empezó a visualizar y materializar una infraestructura importante. Por eso se creó el sistema de transporte colectivo Metro, aeropuertos, carreteras, hoteles, mientras México, como país lograba, por primera vez en la historia, ser sede de los dos eventos deportivos más importantes: los Juegos Olímpicos de México 1968 y el Mundial de Fútbol de 1970, que, en aquel entonces no se llamaba así, sino que se llamaba Copa Jules Rimet, en honor al impulsor de la justa.
Incluso, muchos historiadores de México coinciden en llamar al Milagro Mexicano como la época de mayores aciertos llevados a cabo en la política económica de México. Pero lo que importa realmente es que eso también se aprovechó para modernizar y dar mantenimiento a las áreas deportivas ya existentes en aquel entonces y crear otras nuevas, teniendo como puntal, la creación del Estadio Azteca.
Lo único difícil fue la elección de la sede en la FIFA. Una elección que se peleó contra Argentina y que finalmente tuvo un resultado positivo para México, precisamente, gracias al contexto que se vivía en ambos países.
En Argentina se vivía una dictadura militar que quería lavarse la cara de una terrible realidad que se vivía en su territorio, para que el mundo se distrajera con algo bonito y emocionante como una Copa del Mundo o para mostrar una falsa cara de estabilidad en Argentina. Esto, lo detectaron varios miembros de la FIFA (cuando la FIFA tenía escrúpulos) les pareció incorrecto y, al mismo tiempo vieron que en México había muchas cosas que aprovechar, así que, México obtuvo la sede por eso, mientras que, más tarde, los miembros de la FIFA reconocieron lo sucedido y ocho años después le dieron la sede a una Argentina aún regida por la dictadura militar de Jorge Rafael Videla.
En 1950 la televisión había llegado a México, también se desarrolló como parte de esa campaña de desarrollo a las telecomunicaciones, pero, el nombre más importante de toda esa infraestructura en México era el de Emilio Azcárraga Vidaurreta. Después, heredó su emporio a su hijo, Emilio Azcárraga Milmo, quien fue un personaje muy importante en esta historia, porque fue él quien entendió una posible relación entre medios de comunicación y el futbol entendido como un espectáculo deportivo muy atractivo.
El proyecto de Azcárraga Vidaurreta era convertirse en una televisión a nivel global, con producción en español a nivel global y el futbol era parte de eso. Ese es el marco en el cual se confirmó la compra del Club de futbol América, que, más bien era un equipo de glorias pasadas y un proyecto muy ambicioso: la creación del estadio Azteca, con un diseño del arquitecto Pedro Ramírez Vásquez.
La construcción del estadio se inició cerca de 1962 y se terminó en 1966, de hecho, el presidente Gustavo Díaz Ordaz asistió a la inauguración, el 29 de mayo de ese año. Pero, no se dio acceso al público, para que todo fuese transmitido por televisión.
Más tarde en la Copa Jules Rimett de 1970, se puede decir que es el primer campeonato Mundial de futbol en el cual, hubo una intervención directa de la iniciativa privada, porque la iniciativa privada, prácticamente fue la organizadora de ese Mundial. Emilio Azcárraga y Telesistema mexicano fueron, por supuesto, los principales beneficiarios de todo esto.
El hecho, ya de contar con un sistema satelital en México en 1970 (Sistema satelital Morelos 1) permite una transmisión en vivo de mayor calidad y eso también masifica y amplifica la señal de televisión agregando mayor nitidez en la imagen que llegaría a más países en el mundo. Con esa misma nitidez, mucha más gente llegó a ver una ceremonia inaugural maravillosa que todavía era muy rudimentaria en la parafernalia, pero que es catalogada como muy bonita por quienes la vieron, además de colorida y simbólica. Una inauguración, donde se volvieron a ver los mosaicos coreográficos que ya se habían visto en los Juegos Olímpicos de 1968, pero que, aprovecharon la inauguración del Mundial de Futbol para darse a conocer a más países en el mundo, pero a color, porque ese Mundial fue el primero que se transmitió en la televisión a color.
Por otra parte, México ya había adquirido una postura pacificadora y pacifista ante la Crisis de los Misiles en Cuba y ante la Guerra Fría, ya había hecho que América Latina hiciera lo mismo con la firma del Tratado de Tlatelolco también, pero faltaba que adoptara una postura de diálogo y fraternidad. Se buscaba promover la imagen del país como la de un territorio donde el mundo se podía hermanar y olvidarse de sus propias diferencias expuestas entre el bloque comunista y el capitalismo y jugar futbol.
En México se podía dialogar, se podía alcanzar acuerdos de paz, pero también se podía jugar futbol y todos eran bienvenidos para tal efecto. Los primeros países a los cuales México dio una cálida bienvenida fueron países asiáticos, africanos y sudamericanos.
Israel era el primer clasificado al torneo, pero, en ese entonces, pertenecía a la AFC de Asia, así que fue el único equipo asiático que asistió, luego se registraron las clasificaciones de Brasil y Perú, pero, al mismo tiempo que Perú, la selección marroquí ganó su pase al vencer a la selección egipcia en la ronda clasificatoria de la Confederación Africana de Fútbol. Esto sirvió como una especie de reflexión, por parte del gobierno mexicano, para entablar relaciones internacionales con los gobiernos de algunos países como el gobierno israelí (con el cual no se tenía una relación bilateral) y para renovar o fortalecer las relaciones con los gobiernos de Perú, Marruecos y Brasil, que se habían roto desde la Segunda Guerra Mundial y el establecimiento del Panamericanismo en México.
Pero, además de todo lo anterior, países que ya tenían una buena relación con México, como Uruguay, que fue el primer país en firmar el Tratado de Tlatelolco, aprovecharon la ocasión para proyectarse mediante el futbol. Y la FIFA, al respecto de esto, estaba contenta, porque la inclusión de equipos asiáticos, afroamericanos y sudamericanos hacía que, de verdad, el torneo fuera un torneo Mundial, puesto que, en las anteriores ediciones, no había equipos asiáticos, no había equipos africanos y los equipos sudamericanos eran los mismos: Brasil, Argentina, Uruguay y Chile.
En ese momento es cuando la FIFA se da cuenta de que el Mundial en México podía ser un parteaguas en la historia de los Mundiales y, si bien, no podía celebrarse un partido entre Alemania Federal y Alemania Democrática, porque Alemania Federal no clasificó, si se podría tener árbitros de ambas naciones en el mismo torneo, así que, el partido inaugural de México frente a la Unión Soviética fue pitado por Kurt Tschenscher de Alemania Federal (a quien le dieron un balonazo y le tiraron el silbato los soviéticos)y la final por Rudi Glökner de Alemania Democrática. Esto sería considerado como la primera grieta del Muro de Berlín, por muchos alemanes que, desde entonces, anhelaban la caída de tan inútil esperpento.
El Mundial de 1970 fue el primero en el que se utilizó el sistema de tarjetas para sancionar las faltas de los jugadores. La tarjeta amarilla para amonestar al jugador y la tarjeta roja para expulsarlo; el mencionado arbitro Kurt Tschenscher de Alemania Federal fue el primero en usar dicho sistema y el primer jugador en ser amonestado fue el soviético Kaji Asatiani, por derribar a Javier Valdivia; no se utilizaría la tarjeta roja, sino hasta el Mundial de Alemania 1974.
México también tenía un punto de vista muy personal sobre esto, porque el Mundial de 1970, no obstante que era posterior al tórrido año de 1968 y a pesar de que eran los tiempos de un fuerte autoritarismo proveniente del partido político que ocupaba el poder (el Partido Revolucionario Institucional). El punto de vista de México era, más bien un sentir de la sociedad y ese mismo sentir dividía a la propia sociedad mexicana entre los que creían que México estaba para lograr grandes cosas y los que creían qué no, pero, afortunadamente, los primeros eran más.
Con respecto a la selección mexicana de futbol, el pensamiento era distinto al actual, porque se creía en ellos y se tenía la esperanza de que se lograrían grandes éxitos en el torneo. Actualmente es algo preocupante, se siente como si no hubiera realmente un equipo y la decepcionante eliminación en la fase de grupos del Mundial de Catar es una herida que parece permanecer intacta en la historia del futbol mexicano, pero en 1970, el sentimiento era de esperanza, porque nunca antes, México había sido sede del Mundial de Futbol.
Lo importante es que, a partir de entonces y en adelante, la selección mexicana decidió acoger al estadio Azteca como su hogar. Un hogar donde no siempre los resultados deportivos fueron halagüeños, pero la afición mexicana siempre supo apoyar a su equipo.
Ahora bien, el estadio Azteca también fue mudo testigo de la alta exigencia que se tenía en la preparación técnica y física de la selección mexicana. El director técnico Raúl Cardenas era un gran conocedor del futbol internacional y ya tenía experiencia en Mundiales, porque participó en las selecciones que representaron a México en Suiza 54, Suecia 58 y Chile 62 y le había encargado la capitanía del equipo a Gustavo Peña, quien era un aguerrido defensa central.
Ambos personajes eran fervientes creyentes en lo escrito por el general Zún Tzu en El arte de la guerra y también creían con mucho fervor y confianza que lo mismo se podía aplicar esas enseñanzas en cualquier ambiente de competencia como lo es el deporte. Sin lugar a dudas, la enseñanza del libro de Zun Tzu que más apreciaron ambos personajes fue la de la disciplina como secreto para tener un ejército invencible, pero ellos lo aplicaron, no para un ejército, sino para un equipo de futbol que logró lo que nunca antes se había logrado.
Técnica mente lograron tener una gran defensa que mantuvo la portería en ceros hasta el partido de cuartos de final. Mientras la media cancha corría y eso lo sabía muy bien el técnico nacional, por lo cual, les exigía más porque eran jugadores que hacían de todo.
Esa preparación también se desarrolló en el extranjero, porque la iniciativa privada invirtió mucho dinero en ello. Se hicieron giras por Europa, Sudamérica, se le ganó al Brasil de Pelé en el Maracaná. Pero un enemigo, a pesar de que le fue bien en esos partidos a la selección mexicana, sacó su verdadero rostro y ese enemigo es: la prensa mexicana.
La prensa mexicana dudaba de que la Selección mexicana tuviera el valor y el conocimiento necesarios para repetir esas victorias en la Copa del Mundo. Eso solo agregaba presión a los futbolistas y no aseguraba el derecho de libre pensamiento y ejercicio de la opinión pública en la afición mexicana, todos tenían que pensar como pensaba la prensa mexicana, pero, al parecer no les resultó.
Entre tantas historias que la misma prensa difundió y que puede haber miles en la Selección Mexicana, destaca la de Alberto Onofre, un jugador de las Chivas Rayadas del Guadalajara. Él era un jugador muy completo en el que se tenían grandes esperanzas, lo mismo hacía buenas mancuernas que remataba a gol directamente, pero, en uno de los entrenamientos se fracturó una pierna y con esa fractura se cayeron las ilusiones de la afición mexicana.
La fractura se le atribuyó a que la cancha estaba húmeda y empezaba a llover. No entrenaban con tacos de futbol, sino con tenis, eso, según la teoría, provocó que un jugador se resbalara con la lluvia, tras haber hecho un recorte a Nacho Basaguren y se llevase a Juan Manuel Alejandrez de corbata.
Ahí, Onofre se fracturó la tibia y con ello, México perdió el cincuenta por ciento de sus posibilidades de ganar el Mundial. Alberto Onofre tuvo que ser operado y así perderse el Mundial de Futbol, aunque, los medios de prensa dijeron que él pidió que lo operaran con la playera de la selección porque, no quería dejar de apoyar al equipo mexicano, ya que, según él, la defensa del honor estaba en juego.
Esto forma parte de la retórica del héroe en desgracia, del héroe que cae, pero que le va muy bien a ese tipo de discursos románticos que se acuñaron en la década de los 50 y los 60. Claro que, ese discurso tuvo un eco en la prensa de los 70 pero, cambió, brevemente, ya cuando inició el torneo y cuando los resultados empezaron a ser distintos.
Todo articulado con la idea de portarse bien, ser obedientes y pensar que todo el mundo iba a poner sus ojos en México. Y no solo sobre la selección, si no en la afición y la gente.
Por otro lado, en las entrañas de la estructura del Estadio Azteca, con 110,000 aficionados y la manera en que se cimbra ese estadio y en ese momento en el cual, México, por primera vez, fue país sede y por segunda vez también era considerado como blanco de los reflectores del mundo. Para cualquiera, ese momento es de un impacto extraordinario, el de la breve ceremonia de inauguración y finalmente el partido inaugural ente las selecciones de México y la Unión Soviética, que fue un partido muy disputado en el medio campo.
Fue un partido muy parejo, muy peleado y sobre el cual, se dijo en la prensa de difusión masiva, que los soviéticos habían hecho su primer movimiento táctico antes de que iniciase el partido. Porque, para la ceremonia inaugural y el desfile de las selecciones que participaron, los soviéticos mandaron a la cancha a todos sus jugadores suplentes y para el partido los cambiaron por su plantel titular.
Pero fue México, el equipo que más cerca estuvo de anotar, incluso, Horacio López Salgado tuvo una gran oportunidad en el primer tiempo, con un remate de cabeza que fue directo a las manos del portero Anzor Kavazashvili. No obstante, el marcador quedó 0-0.
Pese a no tener un buen debut de la Selección Mexicana, el ánimo de la afición nunca decayó, tanto así que el diario El Heraldo de México llevó un equipo de artistas para que animasen a los jugadores en el centro de capacitación donde estaban entrenando para su siguiente partido contra El Salvador. Eso sirvió, según las palabras del portero Ignacio Calderón (a quien apodaban El Cuate) para aliviar un poco, la presión que comenzó a recaer sobre los jugadores mexicanos, tras el nada favorable debut en su propia casa.
Pero eso mismo no sirvió para aliviar la presión que se ejerció sobre Raúl Cárdenas, quien fue criticado en otros diarios como El Esto u Ovaciones, sobre todo, por no incluir en la alineación a un veterano de los Mundiales e ídolo de la afición mexicana como lo era Enrique Borja. Algo que se le criticó durante el partido inaugural, por parte, también, de la afición mexicana que, con una rechifla, por parte de varios aficionados, para presionar al director técnico a que incorporase en un cambio a Enrique Borja, pero, Cárdenas nunca lo incluyó, algo que hasta la fecha es un misterio.
Con Borja sucedió lo inexplicable, porque, pese a que él era un jugador que metía 20 goles por temporada, había metido 24 en la temporada anterior al Mundial del 70. La teoría era que el técnico consideraba que había mejores delanteros que él, al menos cinco, entonces, parecía oportuno no convocar a Borja, quien, según el director técnico, no estaba en su momento, sin embargo, hubo presión para mantener a Enrique Borja, así que Borja se pasó todo el Mundial de 1970 en la banca.
El segundo partido contra El Salvador, fue el 7 de junio de 1970 y México lo ganó 4-0 con un doblete del cabo Valdivia, lo cual, revivió las menguadas esperanzas para calificar a cuartos de final (porque no se jugaban los octavos de final). Luego vino el juego contra Bélgica que fue muy parejo, pero México comenzó a dominar desde el principio, porque, a como estaban las cosas, uno de los dos equipos iba a ser eliminado, así que había que hacer lo que fuera.
Pero los belgas, al parecer, se tomaron muy a pecho lo de la calificación y a los 15 minutos de juego cometieron un penalti al derribar, una vez más, a Javier Valdivia. El jugador que lo cometió fue Jean Thissen y 2 minutos después y Gustavo Peña el que lo cobró a favor de México.
El partido terminó con el marcador de 1-0 a favor de México y algarabía estalló en todo el país. México habría llegado a cuartos de final por primera vez en su historia, por lo cual, enloquecidamente, la afición mexicana festejó por toda la ciudad, durante toda la noche, pero, en especial, lo hizo en un punto: La Columna de la Independencia, en Paseo de la Reforma.
Había una alegría necesaria y un punto de liberación que, probablemente tenía que ver con cierta contención y miedo, debido a que no terminaba de olvidarse lo que había sido el año de 1968, que, si fue el año en que se designó a la Ciudad de México como sede de los Juegos Olímpicos, pero también fue el año de la represión política contra el movimiento estudiantil y la Matanza de Tlatelolco.
El contexto político de 1970 todavía seguía siendo de temor, no gustaba de concentraciones masivas, restringía libertades individuales, penalizaba la disolución social, la manifestación, criminalizaba el derecho de sociedad. Pero el Mundial de 1970 en México supuso un oasis o un respiro de todo eso y hubo oportunidad de salir a las calles y festejar en la avenida principal de la capital de un país con un régimen temeroso de las concentraciones masivas de gente.
La década anterior a 1970 fue un momento de profundas implicaciones de transformación social y de emerger de la juventud en toda su heterogeneidad, como un factor social. Una de las cosas que parece que la juventud mostro con más fuerza, en ese momento, era su derecho a la libre expresión, incluyendo su derecho a criticar y disentir. Además, querían formar parte de las discusiones, parte de las decisiones, algo que en un régimen como el de Gustavo Días Ordaz, no veía con buenos ojos, le era incómodo.
La sociedad mexicana estaba silenciada, no se podía hablar de política y pese a la estabilidad política, la sociedad mexicana no podía dejar de creer que dicha estabilidad se había logrado mediante la represión y la violencia. De hecho, se pensó que no había posibilidad de que México fuera sede de un evento deportivo masivo después de los Juegos Olímpicos, por eso, el Mundial de 1970 fue organizado por la iniciativa privada y al ser designado el país como sede, fue un balde de agua fría para la sociedad, pero fue un balde que cayó bien, porque fue visto como un desahogo de los años anteriores de represión.
Ahora bien, ya que se estaba organizando el Mundial, ni la iniciativa privada, ni la sociedad ni nadie esperaba que la selección llegase a los cuartos de final y mucho menos que clasificara a la siguiente ronda teniendo el primer lugar de grupo. Sin embargo, clasifico y sucedió algo extraño y eso extraño fue que la selección mexicana no jugo el partido de cuartos de final contra Italia, en el Estadio Azteca, sino en la Bombonera de Toluca, Estado de México.
Eso fue un misterio durante el resto del siglo XX, hasta que se revelo que fue el gobierno de Gustavo Días Ordas quien ordeno que la selección mexicana se trasladase a jugar a Toluca por si llegaba a pasar, así, si la selección vencía a Italia, el festejo se haría en Toluca y el gobierno se libraba de la concentración masiva de gente en la Ciudad de México. El gobierno se había asustado con la espontanea celebración en la Columna de la Independencia y no quería pasar otro susto, entonces el gobierno quiso apagar el tradicional festejo en la Columna de la Independencia.
En Toluca, si la selección mexicana ganaba, se tendría que realizar una reunión espontanea en Toluca y ahí habría más maniobrabilidad, cosa que no se conseguiría en la Columna de la Independencia. Si había problemas, no se iba a poder controlar a la gente.
La desestabilización del cambio de estadio, y la tensión política generada por el festejo de la Ciudad de México, pusieron de nervios a la Selección Mexicana, pese a ello, José Luis Gonzales fue el primero en anotar en ese partido. Pero, de inmediato los italianos igualaron el marcador, en un gol polémico porque, aparentemente, habría existido una mano de Riva, pero todo fue inútil, los italianos eliminaron a México por un marcador de 4-1.
México sufrió el mismo destino que ya habían sufrido la URSS y Perú en manos de Uruguay y Brasil y se adoptó la frase que el jugador argentino Alfredo Di Stefano dijo en 1953:
Jugaron como nunca y perdieron como siempre.
El técnico Cárdenas, metió de cambio a Borja en ese partido, pero ya eras demasiado tarde, México jugo, simplemente mal; llegaba a gol, pero no pudo anotar más que un solo tanto en todo el partido. Siendo una selección que todos consideraban buena, se deshizo por errores técnicos, de competencia, pero, aun así, la afición, haciendo una especie de corte de caja, evaluó el desempeño del equipo mexicano como bueno.
México nunca había pasado a tales instancias, además, el equipo mexicano estaba conformado por verdaderos ídolos como Borja, Fragoso, Calderón, Díaz, Peña y todos ellos eran queridos de la afición mexicana. Lo populares que eran y el hecho de haber pasado a cuartos de final por primera vez, fue lo que redujo, considerablemente el escarnio popular y de la prensa mexicana, contra la Selección.
México perdió en Toluca (algo que nunca ha vuelto a suceder en la historia del futbol mexicano) y, más que coraje, la afición mexicana sintió tristeza, porque sentían que su equipo se había hundido en el segundo tiempo, tal y como lo reflejó el periódico La Jornada en uno de sus titulares. Pero, seguramente, el más contento por eso fue el presidente Gustavo Díaz Ordaz, porque no había nada que festejar en la Columna de la Independencia ni en ninguna otra parte del país. Ahora bien, en el momento en que el equipo mexicano pierde contra Italia se instaura otra tradición mundialista en la afición mexicana, que es adoptar al equipo brasileño como propio. Literalmente, México se convierte en Brasil.
México había sido eliminado e Italia, obviamente, tenía que continuar, pero lo hizo sin pensar que iba a ser protagonista de un partido inolvidable, a tal grado que fue llamado el partido del siglo. Su rival había cobrado venganza, porque en el Mundial de 1966, en Inglaterra, el equipo local le había arrebatado la copa en la final que se jugó en el Estadio de Wembley con un gol fantasma y sentían que los ingleses les habían robado.
Pero cuatro años más tarde, en el estadio Nou Camp de León, ingleses y alemanes se volvieron a ver las caras en el partido de cuartos de final, era la revancha para Alemania y por eso el partido fue muy parejo. En Wembley, los ingleses anotaron primero, pero en León, fueron los alemanes, la venganza empezaba a consumarse.
Inglaterra logró empatar el encuentro, tuvieron que irse al alargue, donde Gerhard Müller anotó el gol que le daría la victoria a Alemania, misma que no pudo obtener en Wembley. La venganza estaba consumada y el campeón destronado, eso le da una gran alegría a los jugadores y a los aficionados alemanes.
El 17 de junio de 1970, en el Estadio Azteca se suscitó el segundo partido de semifinales. Ya Brasil había vencido a Uruguay en Guadalajara por un marcador de 3-1, otra venganza de lo ocurrido en 1950 en el Estadio Maracaná, pero faltaba un semifinalista que saldría del mejor partido del futbol que se recuerde en la historia; el de los también semifinalistas Italia y Alemania.
Los italianos llegaron al Mundial dirigidos por Feruccio Valcareggi y capitaneados por Giacinto Facchetti y vistiendo su típico uniforme azul, cuya camiseta es mejor conocida como Azzurra. Mientras que, los alemanes eran dirigidos por Helmut Schön, capitaneados por Uwe Seeler y traían a uno de los mejores jugadores alemanes que esa nación ha tenido en su historia (junto con Rudi Völler, Jurgen Klinsman, Miroslav Klose, Oliver Bierhoff y Emanuel Neuer) y me refiero a Franz Beckenbauer.
Al principio Boninsegna puso adelante al equipo italiano, lo que puso muy nerviosos a los jugadores alemanes, pero, su capitán era un veterano que ya había jugado en el Mundial de Inglaterra y sabía que lo mejor era la calma, así que calmó a los jugadores y les recordó que ellos eran especialistas de luchar contra la adversidad. Sin embargo, la jugada más recordada de todo el partido fue una jugada sucia que tuvo lugar en el segundo tiempo.
Pierluigi Cera, para defender su área, derribó, al filo del área grande al ídolo de los alemanes: Franz Beckenbauer, pero ni el público habituado a los excesos teatrales ni el árbitro peruano-mexicano Arturo Yamasaki se dieron cuenta de la gravedad de la lesión de Beckenbauer. Se había dislocado un hombro, pero sus compañeros estaban muy ocupados exigiendo un penalti, mismo que no les fue concedido, solo se marcó tiro libre, lo cual, enojó a los alemanes, pero, una vez mas, su capitán logró calmarlos.
De nada sirvió el tiro libre, Alemania no pudo empatar con eso el partido, sino con una brillante jugada de Karl Shnelinger, quien pasó el balón a Jürgen Grabowski y este anotó en los últimos segundos, lo cual, condenó el partido al alargue. Se confirmaba lo dicho por el capitán alemán; los alemanes eran especialistas en luchar contra la adversidad.
Todo el tiempo extra sirvió para que se jugara un futbol de una calidad inolvidable, pero Beckenbauer era el que iba a dar la nota, robarse las miradas del mundo entero y los flashes de las cámaras al reingresar al terreno de juego y jugar los tiempos extra con el hombro dislocado y el brazo pegado al cuerpo. Nada le importó, él insistió en jugar y jugó dejando una imagen que debería ser ejemplo de valentía y lealtad para muchos jugadores en la actualidad. Ambos equipos hicieron gala de gran calidad futbolística, los goles cayeron 2 para Italia y 1 para Alemania y con el que habían anotado en tiempo regular, el marcador era un 3-2 inimaginable. Hasta que el capitán alemán da esperanzas a su equipo poniendo las cosas 3-3.
No obstante el sube y baja en el marcador tuvo un final cuando el sustituto Gianni Rivera remató una pelota aérea y puso el 4-3 en favor de Italia a segundos del final, mismos que la atención de todos se centró en el árbitro Yamasaki y Müller lanzó un último y desesperado ataque alemán, pero la victoria italiana fue inevitable. En recuerdo de las emociones generadas en ese encuentro, el arquitecto Pedro Ramírez Vásquez, el empresario Roberto Cañedo y el propietario del estadio Emilio Azcárraga Vidaurreta acordaron poner una placa a la entrada de Estadio Azteca, donde Italia consiguió su pase a la gran final en El Juego del Siglo.
Alemania tuvo que conformarse con disputar el partido por el tercer lugar contra Uruguay, partido que ganó con el marcador de 1-0. Pese a la tristeza de no haber podido calificar a la gran final, los jugadores alemanes salieron al campo y tomaron una bandera mexicana para dar la vuelta al campo de juego, a modo de agradecimiento por la hospitalidad del pueblo mexicano y también a modo de expresar que esperaban a México cuando el Mundial se celebrase en Alemania 1974.
Por otra parte, Edson Arantes Do Nacimento Pelé, mejor conocido como O Rey Pelé estuvo a punto de no participar en el Mundial de 1970, porque, un director técnico, de apellido Saldaña, no lo quería en el equipo, pero fue destituido por un escándalo de apuestas y, gracias a ese hecho, Mario Lobo Zagalo llegó a la dirección técnica de la Selección de Brasil y él si quería a Pelé en la delantera. Todo porque Mario Lobo Zagalo no hacía honor a su apellido, porque realmente era un zorro de los mundiales, era un icono inmortal de la Copa del Mundo y sabía que, la portería, con el arquero Félix estaba segura, sin embargo, en la delantera, Tostao necesitaba un gran compañero y ese no podía ser otro más que Pelé.
Pelé tuvo su debut en el mundial de Suecia 1958 y con ello irrumpió en la historia del futbol internacional trayendo a cuestas una historia muy enternecedora y 17 de edad (para efectos prácticos). Tras el mundial del 58, Pelé tuvo un segundo mundial, que fue el mundial de Chile 62, en el que refrendó su titulo mundial Brasil, pero él se lesionó en el segundo partido, así que no estuvo en la final.
El mundial de Chile fue un fracaso para Brasil, al haber sido eliminado por Portugal, pero Pelé quería volver a un mundial, así que lo vuelve a intentar para Inglaterra 66, donde Brasil tuvo la peor participación de su historia. Quedó eliminado en la fase de grupos, una vez más por Portugal, pero, Pelé seguía necio con participar en la Copa del mundo.
Sería el Mundial de México donde la carrera de Pelé, que había tenido un despliegue luminoso, tendría un cierre luminoso. Burló a tres rivales, hizo pases magestuosos a Rivelino, Tostao le hizo pases maravillosos también, jugó sabiamente al futbol con Carlos Alberto y eso hizo que, durante el partido, Brasil siempre estuviera adelante. Borinseggna hizo lo suyo, por eso anoto el único gol de Italia, pero ya era muy tarde, el gol de Pelé había dado inicio al carnaval de goles de Brasil, que jugo un mundial que terminaba donde había iniciado: El Estadio Azteca. El marcador final fue de 4-1 que fue considerado de exquisitez por la afición mexicana, misma que invadió el campo de juego, dos minutos antes de que acabase el partido, por lo cual, el árbitro tuvo que correrlos.
Hubo un ambiente extraño en México durante y después del mundial pero ambiente giraba en torno a la figura de quien entregó la copa Jules Rimett a Carlos Alberto, el capitán de la selección brasileña: Gustavo Díaz Ordaz.
Era un ambiente de alegría porque el equipo que había adoptado la afición mexicana, tras la eliminación del equipo mexicano, había ganado. Perlé, quien recibió la copa de su capitán, para dar la vuelta olímpica se había ganado el corazón de los mexicanos que, prácticamente en segundos lo desnudaron a él y a su capitán y le quisieron poner un sombrero de charro que nunca llegó a acomodarse.
Pero el ambiente extraño lo era porque el jubilo se mezcló con el repudio hacia una saliente presidencia del país que en la historia de México se marcó como una administración manchada de sangre en Tlatelolco. Una administración a la que poco le importó el hecho de que, la Ciudad de México, se convirtiera en un carnaval brasileño.
Todo en la ciudad era cláxones, trompetas de plástico, trompetas reales, panderos, gente cantando e intentando bailar samba como dios les dio a entender y vitoreando a Brasil. Incluso, muchos especialistas y gente que vivió todo eso afirma que México se convirtió en Brasil por unos minutos y que eso fue realmente inolvidable.
Ese sombrero de charro que nunca llegó a acomodarse en la cabeza de Pelé, fue, no obstante a eso, la imagen más icónica del Mundial de 1970. Pero el Mundial de México fue, en muchos aspectos, un ideal de invitación a lo que el futbol pueda seguir deparando, algo que ahora parece muy difícil, porque, al parecer, el propio deporte se ha convertido en un negocio. Lejos de sumergirnos en una nostalgia en la que todo tiempo pasado fue mejor, que nos permite aquilatar la diferencia de lo que se vivía en aquél entonces y lo que se vive hoy, también hay que advertir las similitudes. En esa medida, hay que tener un dialogo temporal y seguir construyendo un acervo de historias que es lo que finalmente regala el deporte a nuestra vida.
Source: FUTBÓL MÉXICO 70

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