Detective Pease. Segundo capítulo: la bruma del valle
Podía sentir la humedad, el ardor en mis pulmones. Tal vez había vuelto al valle, donde la bruma confunde los sentidos, donde tu alma se pierde entre la oscuridad y el abismo.
La presencia del bosque siempre vuelve a por ti, tal vez no la veas en los primeros días después de la huida pero si estás marcado volverá a atacar tan pronto como pongas un pie en aquel infierno terrenal que considera su casa.
¿Que era lo que veía en cada pesadilla? ¿Lo que se escapaba a su percepción, en los rincones oscuros de su limitada percepción visual humana? Podía sentir su presencia, era un rey entre los plebeyos animales muertos escondidos como carroña entre ramas y árboles milenarios, entre riachuelos y rocas cubiertas de hiedra venenosa...
Cuando el cortisol en sangre sube la tendencia es sentir un cambio de temperatura corporal; como a su vez el cerebro se pone en alerta por una subida de adrenalina generalmente no somos capaces de percibir esta sedación ante la temperatura. Pero lo había vivido, en aquella ocasión podía sentirlo, en su presencia la sangre había dejado de bombear adrenalina por cada célula. Algo en el organismo sabía que sentir no era una opción ante aquel ser, la mejor alternativa era anestesiarse, aliviar el dolor ensordeciéndolo. Un ardor recorría mi pecho, pero no se limitaba a arder, podía sentir como se entumecían los dedos y al paso de aquella llama interna caía en una profunda experiencia lisérgica. La realidad era menos tangible, posiblemente el símil más parecido sería el comportamiento de los líquidos; estos al descender la temperatura pueden llegar a mostrar la forma que plasman del recipiente que los ha contenido durante la congelación. Pero como es sabido al subir la temperatura la forma desaparece, te das cuenta de que nunca hubo forma, o bien era subjetiva.
Sumido en aquella realidad difuminada solo podía considerar dos salidas, huir o disfrutar de mi compromiso con la muerte. Puesto que desconfío del amor y aborrezco los compromisos excepto si su naturaleza es de carácter profesional preferí correr, luchando contra mis instintos sometidos a la brujería de la bruma.
¿Que garantías tenía después de aquello de que la realidad iba a permanecer siempre tangible? Solo había vuelto a la normalidad de nuevo por el cambio de medio, al fin al cabo el cambio solo puede venir de un cambio mayor.
Súbitamente recuperé la sensación de normalidad, no estaba en el valle, estaba en mi habitación, aún sentado en la cama y sudando a mares. Aquello no había sido un sueño, ¿tal vez me estaba volviendo loco?
El ardor en los pulmones se disipaba pero era innegable que había sido testigo de una manifestación de pánico, o tal vez de una alucinación.
¿Los muros de la realidad siempre habían sido así? ¿Estaba la realidad por cambiar?
Si era así tendría que venir un cambio mayor a llamar a la puerta.




















