Orion pax yandere x reader (final neutral: libre? )
El techo no colapsó. En lugar de un derrumbe total, una explosión de plasma azul fundió la puerta principal. No eran Decepticons, sino un comando de rescate de la resistencia de Iacon que buscaba recuperar archivos vitales antes de la caída.
Cuando el humo se disipó, Orion Pax se puso en pie, protegiéndote con su cuerpo, con su rifle cargado. Pero no disparó. Frente a él estaba Ironhide, con los cañones humeantes.
—¡Pax! —rugió el veterano—. ¿Qué haces aquí abajo? El centro de mando ha sido evacuado. ¡Tenemos que sacarte a ti y a los datos ya!
Orion no se movió. Sus ópticas pasaron de ti a Ironhide. La lógica de su obsesión chocó con la realidad: si se quedaba, ambos morirían, pero si aceptaba el rescate, el mundo volvería a verte.
—Ella está herida —mintió Orion, su voz recuperando esa calma manipuladora—. No puede caminar. Los Decepticons dañaron sus sistemas motrices.
—Nosotros nos encargamos —dijo un médico de campo acercándose.
Orion se tensó. En un movimiento rápido, te cargó en sus brazos, apretándote contra su chasis con una fuerza que te dejó sin aire.
—Yo la llevaré —sentenció—. Ella no confía en nadie más para su seguridad.
Durante el escape por las calles en llamas de Iacon, Orion no te soltó ni un segundo. Para el resto de los Autobots, él era un héroe rescatando a una víctima civil. Para ti, el horror apenas cambiaba de escenario.
Al llegar a la base secreta, Orion fue aclamado por su valentía. Pero esa misma noche, mientras todos celebraban haber sobrevivido, Orion entró en tu nueva habitación médica. Se acercó a tu litera y te mostró un pequeño chip que había arrancado de la consola central de la resistencia.
—He modificado tus registros médicos oficiales —susurró, sentándose a tu lado—. Ahora dice que tu condición es irreversible y que cualquier contacto con otros sparklings o soldados podría causar un colapso en tu sistema.
Te acarició la frente con un dedo frío.
—La guerra me ha dado una excusa perfecta. Ahora no solo soy tu archivista, soy tu enfermero, tu guardián y tu único contacto con la realidad. Ironhide cree que soy un héroe... y yo solo soy alguien que cuida lo que es suyo.
Orion Pax ahora es una figura clave en el mando Autobot, lo que significa que pasa ciclos enteros en reuniones de estrategia. En esos momentos, te deja bajo la "vigilancia" de los reclutas más jóvenes. Hoy, el destino te ha enviado a Bumblebee.
El pequeño explorador amarillo entra en tu cuarto médico con un cubo de energon y una sonrisa digital. Él no sabe nada de la cirugía forzada ni de las mentiras de Orion; para él, eres un paciente herido que su ídolo, el gran Orion, rescató valientemente.
—Hola —saluda Bee con un pitido amistoso—. Orion dice que hoy estás un poco mejor, pero que no debes intentar hablar para no estresar tus circuitos de voz.
Aprovechas que Bee se acerca para dejar el cubo. Con un esfuerzo sobrehumano, estiras tu mano y sujetas su brazo. Tus ópticas parpadean en un código de auxilio que los exploradores conocen bien: EXTRACCIÓN INMEDIATA.
Bumblebee se congela. Sus antenas se agachan y mira tu mano.
—¿...Auxilio? —susurra Bee—. Pero Orion dijo que aquí estabas a salvo de los Decepticons.
Tiras de él con desesperación. Logras señalar el panel de tus piernas, donde las marcas del láser de Orion aún son visibles, no como heridas de guerra, sino como cortes de precisión quirúrgica. Bee es joven, pero no es tonto. Escanea la herida y sus ópticas se abren de par en par.
—Esto no lo hizo un cañón de fusión... —murmura Bee, horrorizado—. Esto es... una desconexión manual.
En ese momento, el sensor de proximidad de la puerta vibra. Orion está regresando.
—¡Bee, escúchame! —logras emitir en un susurro ronco—. Sácame de aquí. Ahora. O no volveré a ver la luz.
Bumblebee entra en pánico, pero su instinto de héroe gana. Te carga rápidamente, apenas logrando salir del bloque médico por el conducto de ventilación de carga cuando Orion Pax entra en la habitación.
Desde los brazos de Bee, escuchas el grito de Orion. No es un grito de dolor, es un rugido de sistema colapsado. El sonido de su rifle de iones disparando contra las paredes resuena por todo el pasillo.
—¡¿DÓNDE ESTÁ?! —brama la voz de Orion, ahora distorsionada por la furia—. ¡CIERREN LA BASE! ¡NADIE SALE DE AQUÍ!
Bumblebee corre más rápido por los túneles de servicio de Iacon, esquivando patrullas.
—Tranquila —te dice Bee, su voz temblando—. No sé qué está pasando con Orion, pero te llevaré con alguien que pueda ayudarte... lejos de él.
Bumblebee sabe que Orion controla las cámaras, las puertas y los registros de toda la resistencia Autobot. Solo hay un lugar en Cybertron donde la autoridad de Pax no vale nada: el Sector de Humo, las cuevas volcánicas donde los Dinobots han establecido su territorio salvaje.
El viaje es un caos de adrenalina. Bee te dijo que en su radio interna, Orion ha dado la orden de captura, tachándote de "sujeto con virus de datos contagioso" para que nadie se atreva a tocarte.
—¡Aguanta! —pía Bee mientras salta por un precipicio de metal fundido—. ¡Casi llegamos!
Al fondo de la caverna, una silueta colosal se alza. Grimlock ruge, su forma de T-Rex mecánico echando chispas por las fauces. Bee se detiene en seco, dejándote con cuidado sobre el suelo de piedra negra.
—¡Grimlock! ¡Ayúdame! —suplica Bee—. Orion... Orion se ha vuelto loco. Le hizo daño a esta civil. ¡La quiere encerrar!
Grimlock se inclina, su pesada respiración caliente te golpea la armadura. Escanea tus piernas soldadas, tus puertos sellados. Su procesador es simple, pero su instinto es infalible.
—Pax... no ser líder. Pax ser... coleccionista —gruñe Grimlock con una voz que hace vibrar tus sensores—. Grimlock no gustar jaulas. Grimlock destruir jaulas.
De repente, una luz azul intensa ilumina la entrada de la cueva. Es un vehículo de transporte pesado, blindado y silencioso. La puerta se abre y Orion Pax baja lentamente. No trae soldados; ha venido solo. Su armadura brilla bajo la luz de la lava, y sus ópticas están fijas en ti con una intensidad que te hace querer desaparecer.
—Bumblebee, apártate —dice Orion, su voz es un susurro gélido que resuena en toda la caverna—. No entiendes la fragilidad de lo que tienes delante. Esa civil necesita mantenimiento. Mi mantenimiento.
—¡Tú le hiciste esto! —grita Bee, poniéndose delante de ti—. ¡Tú le quitaste la transformación!
Orion da un paso, ignorando las armas de Bee. Mira a Grimlock.
—Grimlock, entrégamela. Te daré acceso a los depósitos de energon del Sector 7. Todo lo que quieras. Solo dame lo que es mío.
Grimlock da un paso al frente, haciendo que el suelo se agriete. Se transforma en su modo robot, enorme y brutal, y desenvaina su espada envuelta en llamas.
—Pax hablar mucho. Pax oler a miedo —sentencia el líder Dinobot—. Aquí no haber archivos. Aquí solo haber fuerza. Si querer “trofeo"... pasar sobre Grimlock.
Orion Pax aprieta los puños. Por un momento, ves en sus ojos que está dispuesto a empezar una guerra civil con tal de recuperarte. El "buen" archivista ha muerto; ahora solo queda un cazador que no aceptará un "no" por respuesta.
El calor de la lava y el zumbido de los cañones de Orion crean una atmósfera asfixiante. Ves a Bumblebee temblando, con su arma apuntando a su ídolo, y a Grimlock rugiendo, listo para desatar una carnicería que destrozará el refugio de los Dinobots.
Sabes que Orion no se detendrá. Si tiene que reducir a chatarra a la mitad de la resistencia para recuperarte, lo hará y luego escribirá en los archivos que fue un "daño colateral necesario".
Así que con un esfuerzo agónico, arrastras tu cuerpo inmovilizado por el suelo de piedra volcánica, interponiéndote entre los misiles de Orion y el pecho de Grimlock. El sonido del metal rozando la roca chirría en toda la cueva.
—¡Basta! —tu voz sale quebrada por los altavoces dañados—. ¡Orion, detente!
Pax se congela al instante. Sus ópticas se dilatan, enfocándose solo en ti. El arma en su mano baja unos milímetros, pero su chasis vibra con una energía inestable.
—Apártate, mi chispa —dice Orion, y su voz suena extrañamente dulce en medio del caos—. Ellos no entienden. Creen que te estoy lastimando, pero solo yo sé cómo repararte. Solo yo tengo los esquemas de tu arquitectura original.
—Si das un paso más, Orion... me apagaré —amenazas, colocando tu mano sobre tu propio panel de energía expuesto—. No dejaré que destruyas a los únicos que intentaron ayudarme. Si los tocas, forzaré una sobrecarga de mi núcleo. Me perderás para siempre. No quedará nada que archivar.
El silencio que sigue es absoluto. Orion Pax, el robot que siempre tiene un plan de contingencia, se queda sin palabras. Su procesador procesa la variable: Tenerte rota/muerta vs. No tenerte.
—No lo harías... —susurra él, pero al ver la determinación en tus ópticas, da un paso atrás. Su rostro se contorsiona en una mueca de agonía—. Te he dado todo. Te he protegido del fin del mundo. ¿Y prefieres la extinción que estar a mi lado?
—Prefiero ser nada a ser un objeto en tu estante, Orion.
Orion guarda su arma, pero no hay derrota en su mirada, solo una paciencia infinita y aterradora. Mira a Bee y a Grimlock con un desprecio soberano.
—Quédatela, Grimlock. Por ahora —sentencia Pax, dándose la vuelta hacia su transporte—. Pero recuerda esto: la guerra es larga. Las alianzas se rompen. Y tú... —te mira una última vez— ...tarde o temprano, tu sistema fallará. Y cuando necesites la única pieza que te falta para volver a ser tú misma, recordarás que yo soy el único que la tiene.
Orion sube a su nave y desaparece en la oscuridad de los túneles superiores. Has ganado tu libertad, pero a un precio terrible: ahora eres una refugiada permanente en las entrañas de Cybertron, custodiado por los Dinobots, sabiendo que en algún lugar de la superficie, el futuro Optimus Prime está sentado en su escritorio, esperando el momento exacto en que tengas que volver a él.
Han pasado varios ciclos solares. En las profundidades del Sector de Humo, la vida es dura. Los Dinobots son protectores leales, pero toscos. Grimlock te ha construido una plataforma de recarga con restos de naves Decepticon, y Bumblebee te visita a escondidas siempre que puede, trayéndote cubos de energon de alta calidad que roba de los suministros centrales.
Sin embargo, tu cuerpo sigue sufriendo. Sin los componentes de transformación que Orion te arrancó, tu sistema de enfriamiento falla constantemente. Te has convertido en una leyenda urbana entre los soldados: "El trofeo perdido del Archivista".
Un día, Bumblebee llega más pálido de lo habitual. Sus puertas tiemblan.
—Él... él ha cambiado —susurra Bee, sentándose a tu lado—. Ya no se hace llamar Orion Pax. El Consejo le ha entregado la Matriz de Liderazgo. Ahora es Optimus Prime.
Un escalofrío recorre tus circuitos. El archivista obsesivo ahora tiene el poder de un semidiós y el mando de todo un ejército.
—Ha dado una orden directa a todas las unidades —continúa Bee con voz quebrada—. Dice que la guerra se está perdiendo y que debemos evacuar Cybertron en una nave gigante llamada El Arca. Pero... ha puesto una condición para que los Dinobots suban a bordo.
No necesitas que termine la frase. Lo sabes.
—Quiere que me entreguen —dices tú, mirando tus manos metálicas aún soldadas—. Es el precio de su salvación.
En ese momento, la cueva retumba. Pero no es lava. Es el sonido de propulsores pesados. Optimus Prime no ha enviado a un escuadrón; ha venido él mismo, ahora con una armadura roja y azul imponente, mucho más grande y poderosa que antes. Su presencia emite un aura de autoridad que hace que incluso los Dinobots retrocedan un paso por instinto.
Optimus camina hacia la entrada de la cueva. Su máscara de batalla se retrae, revelando ese rostro que alguna vez amaste, pero ahora sus ópticas brillan con una determinación absoluta.
—Grimlock —la voz de Optimus es ahora un trueno de mando—. El planeta está muriendo. El Arca parte en un ciclo. No dejaré que mi gente perezca en este pozo de fuego.
—¡Grimlock no dar a (t/n)! —ruge el líder Dinobot, encendiendo su espada.
Optimus ni siquiera parpadea. Mira por encima del hombro de Grimlock, directamente hacia ti, donde estás oculta en las sombras.
—No vengo a pelear, Grimlock. Vengo a recoger lo que me pertenece por derecho y por destino —dice Optimus, extendiendo su mano hacia ti—. Cybertron va a quedar a oscuras. Si te quedas aquí, serás chatarra congelada en el vacío. Si vienes conmigo al Arca, te daré la cura. Tengo tu T-Cog original guardada en una cápsula de éxtasis justo al lado de mi trono de mando.
Se hace un silencio sepulcral. Bumblebee te mira con súplica, Grimlock espera tu orden. Optimus no se mueve, su mano sigue extendida, ofreciéndote la libertad física a cambio de volver a su jaula de cristal, esta vez en las estrellas.
—Tú decides —dice Optimus, y por un segundo, ves un destello de aquel archivista en su sonrisa—. ¿Prefieres morir libre en un mundo muerto, o vivir para siempre bajo mi protección en el universo que vamos a conquistar?
Miras la mano extendida de Optimus Prime. Es una mano diseñada para sostener el destino de una especie, pero para ti, solo es una tenaza que busca asfixiar lo que queda de tu espíritu.
—No, Optimus —tu voz suena firme por primera vez en eones, resonando en las paredes de obsidiana—. Quédate con tu cura. Quédate con tu Arca. Prefiero ser polvo en un planeta muerto que una reliquia en tu nave.
El rostro de Optimus se endurece. Sus ópticas azules parpadean, procesando una variable que su lógica no puede aceptar: el rechazo total. Por un segundo, parece que va a tomarte por la fuerza, pero Grimlock da un paso al frente, haciendo rugir su motor, y Bumblebee se planta a tu lado, con los cañones cargados.
—Pax no ser Prime aquí —sentencia Grimlock—. Aquí solo ser... metal frío.
Optimus retrocede lentamente. Su máscara de batalla se desliza sobre su rostro, ocultando cualquier rastro de emoción, dejando solo al líder calculador.
—Entonces, que así sea —dice Optimus, y su voz es un trueno distante—. Me voy a las estrellas para asegurar el futuro de nuestra raza. Pero recuerda esto... Cybertron no se destruirá hoy. Se quedará frío, oscuro y vacío. Y mientras mi chispa siga latiendo, sabré que estás aquí abajo, atrapada en una tumba de hierro.
Se da la vuelta y sube a su transporte. El Arca despega pocos megaciclos después, una lanza de fuego que rasga el cielo agonizante de Cybertron, alejándose hacia un planeta llamado Tierra.
Millones de años después...
Cybertron es un desierto de metal silencioso. Los Dinobots entraron en un modo de estasis profunda para conservar energía, formando un anillo de guardianes de piedra alrededor de tu cámara. Tú también estás en estasis, con tus sistemas al mínimo, soñando con un cielo que ya no existe.
De repente, una señal de frecuencia ultra-baja llega desde las estrellas profundas. Es una señal encriptada que solo tu procesador puede decodificar. Es un mensaje automático que se repite cada siglo, enviado desde una base en la Tierra.
"Sigo vigilando tu señal de energía desde aquí, mi chispa. El universo es pequeño, y el tiempo es infinito para alguien con mi paciencia. Algún día, el Arca regresará a casa... y ese día, los archivos finalmente estarán completos."
Has ganado tu libertad, pero Optimus Prime ha convertido el universo entero en una sala de espera. Estás sola en un planeta muerto, pero en el rincón más oscuro de la galaxia, alguien sigue contando cada uno de tus latidos.