mientras sostiene aquella manta por uno de los extremos, para ayudar a acomodarla sobre el verde césped, la inicial sensación de desconcierto se va transformando en genuina alegría, de esa que sientes cuando eres pequeña y recibes un regalo que te encanta, o te dan una noticia que emociona —allí donde la sorpresa se mezcla con la ternura, algo que inevitablemente se traslada hacia ese momento. recibe ayuda que contrario ofrece al momento de sentarse sobre la manta, cuidando de no torcer demasiado su tobillo con algún movimiento en falso para no provocarse ninguna incomodidad. porque sí, dolor ya era casi inexistente en la diaria, pero aún restringía ciertos movimientos o ejercicios, ya que realmente quería volver a bailar cuanto antes fuese posible. músico acomoda aquello que ha estado comprando durante el día y luego, para nueva sorpresa, extrae botella de champán y dos copas, algo que provoca risita ligera ; misma se prolonga durante unos segundos luego de oírlo. “¿bromeas? —no tenía idea, ross, créeme.” lo último que creyó es que caminata por ferias y mercados terminaría justo allí, frente a hermoso paisaje, escuchando el murmullo portugués a lo lejos casi cual si se tratara de un arrullo. marrones se pierden en facciones ajenas hasta anclarse en su mirada, porque detenerse allí siempre es necesario. pétalos se parten para desestimar agradecimiento casi a instante, porque realmente considera que roscoe no tiene nada que decir al respecto, ¿en qué circunstancia se negaría a ir a una cita con él? no se trata de un favor, sino de un deseo que ella también comparte ; pero él sigue hablando y algo dentro suyo le dice que en ese momento, necesita hacer silencio y escuchar aquello que brota de labios masculinos con naturalidad que embriaga. latidos poco a poco se aceleran, escucha el retumbar cual eco en los oídos y respiración flaquea por un instante, palabras la llevan hacia una realidad que no esperaba, porque incluso aunque sorprendida, no es tonta y sabe exactamente que es lo que viene después, pero por algún motivo, pareciera ser que lo realmente importante, roscoe ya lo dijo. si pasa unos segundos en silencio no son más de cinco, o seis, pero en ese momento mano viaja hacia rostro contrario, acuna con cuidado, pulgar se desliza apenas por comisura del labio. “¿si quiero esto?” retórica anticipa la respuesta, por supuesto, énfasis a pesar de murmuro suave, privado para ambos. está claro que no se refiere únicamente a la palabra, al título, que se refiere a ellos dos. “roscoe… te quiero a ti, de una manera en la que creía imposible,” de esa manera que relatan en historias de amor, cuentos de fantasía, comedias románticas. porque vaya si en ese momento no eran un jodido cliché… y le encantaba. mano se desliza, apartándose de su rostro hasta ir a parar sobre su pecho. caer por ti, él dijo, recuerdo le arranca una sonrisa. “ —yo he estado cayendo por meses, larson, ¿vas a atraparme o qué?” nerviosismo palpita en el alma, en el cuerpo, en la voz, pero hay algo mucho más fuerte que lo opaca por completo.