soloncly:
es cuando no obtiene oposición ni freno de parte de mayor que sonrisa se ensancha apenas un poquito más, alegría creciendo al saber que existe aún cierto vínculo a compartir. no es que el actual le desagrade, mil y una vez ha dicho ya que con ser su amiga sería más que suficiente, pero mentiría si no dijera que fantasea con subir escalones de relación desde que labios se rozaron; por eso es que, a la par que primera canción cesa y segunda empieza a sonar en auricular, dedos que sólo corrían mechones pasan a buscar acariciar mejillas, tacto delicado y lento como si buscara explorar suavidad de dermis. liability de lorde quizás no la representaba tanto cuando desconocía de desamores pero aún así intención de intérprete, incluso propia, eran más importantes en contexto que lírica en sí. melodía se vuelve banda sonora de escenario que en realidad es silencioso para el afuera, porque cualquiera que entrase sólo vería anatomía de ambas recostadas a oscuras, se perdería de magia que realmente ocurría conectadas por sincronía de música sonando. y por un momento, huellas que son curiosas empiezan a desplazarse de más, pulgar delineando labios, orbes que viajan desde sostenerle la mirada hasta poder apreciar cada facción en la que se detiene a explorar con dígitos. de pronto se va a mover, cuerpo buscando acortar aún más distancia entre ambas, reacomodándose en almohada buscando no mover audífono del oído de ninguna para entonces sacar a relucir verdadera intención cuando cercanía es tanta que narices se rozan, gesto que ni ella pensó que tendría la iniciativa de tomar. “queenie…” susurra porque no quiere interrumpir voz de cantante con propia, pero muerde carnoso inferior medio nerviosa con seriedad en rostro que la caracteriza, “no me beses,” es osada al soltar y hasta provoca pequeña sonrisa en propias facciones por atrevimiento. quizás es ese su vago intento por hacerla reír con declaraciones que no cualquier día se escucharían de su boca, o quizás es que está probando sus propios límites, porque caricias jamás cesaron y cercanía es demasiado peligrosa.
instrumental de piano cesa y da paso en su lugar a nueva melodía, una que reconoce casi al instante pues pertenece a una de sus intérpretes favoritas. las cuatro paredes que ahora refugian a ambas han sido escenario infinidad de veces de sus momentos más sensibles. le es difícil enfocarse en la letra de la canción, dígitos recorriendo su rostro erizando toda su piel. «por dios, cora. ¿qué estás haciendo?», piensa. esta vez celestes vuelven a encontrarse con su rostro, fijándolos en facciones ajenas. aire queda atrapado en sus pulmones cuando menor acorta las distancias, incluso cuando dice su nombre. qué bien suena cuando es cora quien lo pronuncia. sus labios se separan apenas, y por un segundo de verdad cree que va a besarla. suelta risita nerviosa y niega levemente, como si de pronto papeles se hubiesen invertido. ‘wow. ¿ahora vas a usarlo en mi contra?’ bromea, aunque sí es cierto que la ha tomado por sorpresa. con curvatura aún presente, son sus dedos los que ahora recorren facciones contrarias, dejándolos caer para dejar una caricia en su cuello y luego pequeño trazo en su clavícula. recién ahí percibe que canción está llegando a su fin, aunque duda que alguna de las dos realmente haya estado prestando atención el último minuto. ‘una lástima, porque lorde era el soundtrack perfecto’ añade como al pasar, aunque sabe muy bien lo que acaba de decir. y necesita agregar algo más, porque ahora se lo ha tomado personal: ‘y a mí no me importaría si tú quieres besarme’















