Desalmado desarmado.
Cuando la espiritualidad pierde la batalla con la ciencia, lanza un órdago sin precedentes. Para tapar una mentira, nada como una mentira mayor. Algunos científicos trabajan para demostrar que Dios existe y en definitiva que tenemos un alma que trasciende a nuestra vida terrenal.
Hace algunos días, una alumna explicaba en mi clase el motivo que le hacía tener fe en la creencia religiosa que profesa. Explicaba que cada vez que alguien de su familia está enfermo, todos se reúnen a rezar con fe. Y que si lo hacen con fe la persona sana. Incluso ilustro su historia con un caso concreto en el que los médicos no daban crédito a la capacidad de recuperación del enfermo. No pude resistirme a plantearle: "Entonces, en tu familia nadie muere ¿no?". "Bueno hay algunas veces que aunque recemos con fe la persona no sana, porque no había nada que hacer" o "quizá porque no hemos rezado con la suficiente fe". Cumplimos entonces todos los patrones para generar creencias. Lo que podríamos llamar "método hipotético deductivo favorablemente inducido". Solo computamos los casos que apoyan nuestras teorías, mientras excluimos los otros por considerarlos un artefacto.
Últimamente me preparaba la respuesta para una eventual entrevista de trabajo en un colegio confesional, y como afrontaría el aspecto de la espiritualidad y mis convicciones entre las que destaca que no crea que Dios exista. "Le voy a ser sincero, básicamente porque no me gusta mentir, y no me gusta mentir no porque un Dios supremo vaya a castigarme, es porque pienso que un mundo mejor es posible. Y para lograrlo los valores morales de respeto a los demás y generosidad deben triunfar"










