El cine y la psicología tienen una relación especialmente estrecha. No podríamos concebir las obras de grandes cineastas sin un análisis de los motivos que direccionan la conducta de nuestros personajes favoritos.
Siempre he pensado que muchas películas resultan ser una muy efectiva cámara de Gesell para los psicólogos: durante dos horas somos observadores del comportamiento de una determinada cantidad de personajes bajo un mismo entorno –llamémosle trama, para los objetivos de esta publicación-.
Por ejemplo, ¿qué hay del instinto asesino de HAL 9000 camino a Júpiter? Un no psicólogo se quedará con la noción de que la computadora simplemente se ha vuelto “loca” y asesinó a toda la tripulación para evitar que llegaran a Europa. Pero un psicólogo licenciado –o uno en formación- puede tener más de una teoría para comprender la conducta de HAL. Tal vez la computadora alcanzó un nivel tal de evolución, que simplemente empezó a cumplir con sus conductas consumatorias, tal vez HAL sólo quería sobrevivir. Tal vez HAL logró desarrollar un entendimiento superior que le permitió proyectar las consecuencias de que Dave Bowman en efecto llegase a Europa… Tal vez HAL en realidad salvó a la humanidad de un descubrimiento que ésta no está preparada a realizar.
En fin, tal vez lo que en realidad trato de decir, es que un psicólogo tiene las herramientas necesarias para disfrutar mucho mejor una película. Mucho mejor que cualquier otra persona que no se dedique a la cinematografía o a la psicología.
Pero el cine, en cambio, no ha entendido muy bien a los psicólogos, o al menos no tan bien como la psicología ha entendido al cine. En repetidas ocasiones, los que nos dedicamos a esta disciplina hemos detectado que constantemente se confunde la labor de la psicología con la de los psiquiatras, y si bien están estrechamente relacionadas, hoy sabemos que la conducta no sólo se centra en la patología. Hay películas donde el psicólogo –no psiquiatra- es retratado como esta figura que le dice al personaje qué hacer, qué decir y cómo comportarse, para posteriormente recetarle Diazepam. Todos sabemos que la psicología (y la terapia) no funciona de esa manera, bajo ninguna de las corrientes psicológicas.
Históricamente, el psicoanálisis –o más bien, el psicoanalista- es la pose preferida desde donde se aborda al psicólogo en el cine. El cine y la TV han estereotipado al psicólogo como este hombre viejo, con lentes y barba que se sienta frente al paciente -¡ni siquiera detrás!- para escuchar sus problemas mientras hace intermitentes anotaciones en una libretita. Si bien todavía no soy un partidario de la postura del psicoanálisis, también sospecho que muchos verdaderos psicoanalistas no han de estar completamente conformes con cómo el cine los ha retratado.
Si has leído hasta aquí, querido lector, sin saltarte lo que considero es una importante introducción, es momento de explicar esta breve lista y los parámetros que he escogido para realizarla. Aquí encontrarás títulos con psicólogos como protagonistas, y he cuidadosamente seleccionado aquellas que puedan resultar útiles, entretenidas y detonadoras de debate entre psicólogos. No hay de documentales en esta lista, algunas estarán basadas en figuras relevantes para la psicología pero debo recordar que todos los títulos a continuación pertenecen a distintos géneros, y debo admitir que las libertades artísticas son siempre bienvenidas en pos de lograr una buena historia. Lo que me lleva al siguiente parámetro: las cintas que encontrarás aquí son filmes que como cinéfilo y como psicólogo en formación recomiendo ampliamente. El acomodo de los títulos no es jerárquico y no es factor en la calidad de las cintas de la lista.
Experimenter (2015), de Michael Almereyda.
En 1961, el psicólogo Stanley Milgram llevó a cabo en Yale unos controvertidos experimentos, tachados de sádicos – en su momento- por sus críticos, en los que estudió cuáles eran los límites de la obediencia, y dónde comienza el libre albedrío. Milgram tuvo aportes tremendos para la psicología social, especialmente su perspectiva sobre la obediencia humana, los fenómenos de imitación y la curiosidad. Si bien hoy podemos asegurar que lo experimentos de Milgram no fueron para nada “sádicos”, sí podríamos debatir y reabrir la eterna disyuntiva ética de la utilidad de la experimentación con humanos.
Su investigación más famosa se originó a raíz del juicio a Adolf Eichmann (el criminal de guerra nazi que alegó obediencia debida en su defensa durante su juicio en Israel). Aparte, la película está narrada en primera persona e incluye técnicas audiovisuales que más bien corresponden al teatro y no al cine, elemento que le da un interesante plus a la cinta.
Freud: The Secret Passion (1962), de John Huston.
John Huston es una figura muy menospreciada de la cinematografía norteamericana del siglo XX, sus largometrajes incluyen créditos como actor, guionista y director junto a otros grandes nombres como Marylin Monroe, Humphrey Bogart e incluso Orson Welles en su infame obra magna The Other Side of the Wind.
Aquí, Huston dirige y protagoniza una de las pocas películas que han captado la precisión histórica de uno de los periodos más interesantes de la vida de nuestro querido Sigmund Freud. Debo aclarar que no se trata de un biopic –una película dedicada a la vida entera de alguien- sino una cinta que gira en torno a la profunda relación de Freud con el doctor Breuer, y el complejo proceso que significó la desaparición de la hipnosis y llevó a su sustitución por el método de asociación libre.
No voy a mentir, es una película lenta y larga para el gusto de algunos. Pero sin duda puedo asegurar que retrata efectivamente los conflictos interno que muchos libros han expresado que Freud sufría, conflictos que posteriormente lo llevarían a desarrollar el análisis de los sueños, otra de las principales aportaciones del austriaco al psicoanálisis.
Analyze This (1999), de Harold Ramis.
¿Quién dice que ser psicólogo no puede ser divertido? Una de las comedias más recordadas de Billy Cristal y Robert DeNiro, en aquellos años cuando aún actuaba y no sólo se interpretaba a sí mismo. Si bien esta historia tuvo suficiente material para generar una secuela, la divertida cinta de Harold Ramis (director también de Ghostbusters y Groundhog Day) es un claro ejemplo de lo complicado que algunas terapias pueden ser. Aquí, DeNiro es un violento mafioso que repentinamente, comienza a sufrir ataques de ansiedad y su característico carácter estricto empieza a ser cuestionado por sus rivales y compañeros de la mafia. Una vez que, a regañadientes y a escondidas, acepta la idea de comenzar una terapia con un psicólogo poco profesional y con afinidad al ridículo. La dupla genera una relación que revelará las debilidades del psicólogo y los secretos más íntimos del gángster, aunque sea a punta de pistola.
Toc Toc (2017), de Vicente Villanueva.
La cinta española basada en la obra de teatro homónima es una comedia que tal vez sólo resulte igual de hilarante para aquellos dedicados a la psicología, en especial, a la psicoterapia. Aquí, un grupo de pacientes coincide accidentalmente a la misma hora en el consultorio de un eminente psicólogo, todos ellos comparten el poseer un trastorno obsesivo compulsivo. Lo interesante comenzará ante un inesperado retraso del psicólogo, quien al no llegar a tiempo, obligará a sus pacientes a esperarle intentando mantener a raya -o no tanto- sus manías, impulsos, convulsiones, obsesiones y rituales.
Si quieren ser testigos del interesante retrato que Villanueva (cineasta detrás de cintas como Eres y Lo Contrario al Amor) hace de la figura del psicólogo, deberán esperar al interesante y un tanto inesperado giro hacia el final de la película.
Verónica (2017), de The Visualistas.
Lo que para la audiencia promedio pretende ser, esta cinta mexicana de suspenso es en realidad una comedia para los psicólogos, especialmente para aquellos dedicados al psicoanálisis. Si bien no podemos menospreciar a la cinta por el lado técnico -¡aparte de que es el único título mexicano en la lista!-, en el aspecto narrativo el psicoanálisis en una terapia fallida es el pilar de la historia.
Para aquellos psicólogos o estudiantes que quieran revelar momentáneamente su narcisismo frente a su familia, amigos o pareja, Verónica es la película perfecta. La cinta es un claro ejemplo de todo lo que un psicólogo no debe hacer, desde claras violaciones al código ético hasta falla de kínder a la hora de ejercitar la terapia. Si un día se sienten con ganas de criticar a otro psicólogo, bien pueden encontrar su catarsis con esta película.
Eso sí, la fotografía y las actuaciones no son malas, y es claro que los guionistas leyeron lo básico de la historia del psicoanálisis (los psicólogos identificarán rápidamente las referencias), y el giro de tuerca del final puede resultar inesperado para algunos, pero no debemos olvidar que la película es tan, tan mala desde el ángulo psicológico, que resulta un interesante ejercicio para recordar el porqué debemos hacer bien nuestro trabajo.
OJO: No confundir la cinta con La posesión de Verónica, película española de Netflix estrenada el mismo año.
The Unsaid (2001), de Tom McLoughlin
El código ético del psicólogo es uno de los primeros temas que los psicólogos abordan en su formación, y desafortunadamente, uno de los primeros que muchos rompen o ignoran en la práctica. La cinta de McLoughlin (cineasta mejor conocido por telefilmes y uno que otro churro por ahí y por allá) lidia con las implicaciones poco agradables que conlleva el no respetar el código ético en cualquier labor del psicólogo.
Andy García es aquí un brillante psicólogo cuya vida profesional y personal va bien, hasta el día que su hijo se suicida trágicamente. Tres años después, encontramos a un Michael Hunter semi-retirado, que vive de los libros que publica, y que de vez en cuando da alguna que otra conferencia. En una de ellas encuentra a una ex-alumna suya que se encarga de un centro de jóvenes con problemas. Ésta le propone tratar a Tommy, un adolescente con un terrible secreto del pasado que no quiere revelar. Así, ambos, paciente y médico, deben enfrentarse a los demonios del pasado. Pero mientras Michael saca a la luz los terribles secretos del chico, los acontecimientos que rodean su tratamiento amenazan con destruir todo lo que es apreciado por Michael. La puedes ver completa aquí.
The Silence of the Lambs (1991), de Jonathan Demme.
Si bien nunca es textualmente mencionado que Clarice Starling (interpretada por Jodie Foster, en el aún que considero su mejor papel en toda su carrera) sea psicóloga, si podemos saber que es una joven y brillante recluta del FBI que aspira a estudiar las ciencias del comportamiento para aplicarlas en la caza de peligrosos asesinos seriales.
Si no has visto la película, sin duda te has perdido de uno de los thrillers más emocionantes de la historia, y si ya la has visto, recomiendo ampliamente que apliques tus conocimientos de la disciplina en la relación que Starling establece con el psiquiatra Hannibal Lecter, quien ahora confinado a una celda de alta seguridad, guiará –muy a su enfermizo estilo- a la gente Starling a la captura del famoso Buffalo Bill, responsable del secuestro y muerte de varias adolescentes.
En lo personal, creo que Hannibal Lecter es uno de los personajes mejor psicológicamente construido en películas, series, y originalmente en libros. Por ejemplo, considero que Hannibal es una serie de TV que todo psicólogo y psiquiatra debería ver completa, pero eso sin duda, lo dejaré para otro artículo.
Si tienes más títulos que pudiesen ser agregados a esta lista (o razones por las cuales algún título deba ser retirado de la misma), ¡házmelas saber!
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Después de navidad y mi cumpleaños, la noche de Oscars es mi fecha favorita del año.
Ha llegado el momento de compartirles mi opinión sobre 8 de las nueve nominadas al máximo honor fílmico de la temporada. Debo hacer notar que la única cinta que no figura en la siguiente lista es Phantom Thread, de P.T Anderson, ya que es la única película que escapó a mi revisión este año.
8.- Get Out
Tal vez la única cinta que sí, me gustó, pero no me encantó lo suficiente para competir en esta categoría. Dejando mis opiniones aparte, la película es muy entretenida y te mantiene en un inteligente e inusual suspenso durante hora y media, detonando una historia a partir de un problema racial eterno que existe en Estados Unidos. Tal vez al no estar realmente conectado con dicho problema social, la cinta no generó en mí un impacto mayor. Estar entre las nueve finalistas será su mayor premio.
7.- Darkest Hour
Una cinta hecha a la medida para Joe Wright y para Gary Oldman. Por un lado tienes a un director que ha desarrollado una envidiable capacidad de transportarte a épocas lejanas, pero que con sus personajes tan bien escritos y desarrollados, te sitúan en situaciones que se basan en esencias universales y sobretodo, atemporales. Sus tramas están llenas de relevancia y siempre con un trasfondo tan vigente, ocupando al amor, la traición y la pasión de manera inigualable en sus guiones. Por el otro, tienes a Gary Oldman, que con su interpretación del gran Churchill ha alcanzado un nuevo nivel y ha elevado su propio estándar de calidad. Sin duda la oportunidad perfecta para llevarse su primer Oscar.
6.- The Shape of Water
Lo que más me encantó de la cinta fueron sus personajes. Tan reales, tan cálidos y tan… ¿defectuosos? Del Toro nos entrega un cuento de hadas lleno de tintes góticos y pasajes oscuros, pero estupendamente combinado con escenas muy eróticas y diálogos muy honestos. Del Toro es un maestro para contar un historia simple, y llevarla a un nivel súper complejo, pero siendo siempre fiel a su esencia narrativa. The Shape Of Water me hace fantasear con lo que podría hacer Guillermo si algún día se propone hacer una película de verdadero y despiadado terror, me hace preguntarme si algún día veremos el lado no tan romántico y optimista de nuestro querido compatriota.
5.- The Post
Spielberg puede hacer una obra maestra en tan sólo 9 meses. Urgido por lanzar esta cinta a los cines, el proceso desde la escritura del guión hasta el corte final duró menos de un año, lo cual es bastante raro para una película con la magnitud que siempre tiene una obra del maestro Steven. La historia debo confesar, comienza muy, muy lento. Sin embargo, la relevancia de la trama, la libertad de prensa y la publicación de documentos gubernamentales polémicos, no podría estar más presente en la actualidad. The Post es una película valiente que en sí misma es una declaración anti-Trump, pero en un aspecto demasiado específico y tremendamente importante. Spielberg quiere decirnos que la prensa debe ser la primera línea de batalla ante gobiernos corruptos y la primera opción de expresión democrática. Ese tipo de mensajes no es fácil de plasmar en imágenes.
4.- Dunkirk
Chris Nolan es mi director favorito, y de verdad me duele un poquito en el fondo de mi alma el que su peli no haya sido mi favorita definitiva este año. Fácilmente Dunkirk y Darkest Hour podrían ser la misma película. La primera situada en el campo de batalla, retratando la desesperación de miles de hombres abandonados en la lucha por su libertad –y la de todo un continente- y la segunda desde una perspectiva completamente política ero igual de definitoria para el mundo entero. Dunkirk nos estrega imágenes inolvidables, una mirada de un genio a uno de los eventos más horribles de nuestra historia, tal vez no su mejor película, pero sin duda la más honesta de su carrera.
3.- Three billboards outside Ebbing, Missouri
Que una cinta haga que quieras a personajes buenos, que hacen cosas muy malas, es el primer signo que estás ante algo diferente. La película es una historia muy triste, llena de secuencias que te hacen preguntar si realmente lo que dices es lo que quieres decir y especialmente, si has dicho todo lo que querías decir en el momento adecuado. Una trama que lidia con aspectos tan delicados como el luto, la violencia y el amor de una forma completamente realista, cruda y sin rodeos. Frances McDormand nos vuelve a demostrar el pedazo de actriz que es, y Sam Rockwell ha por fin encontrado la cinta que lo llevará muy lejos.
2.- Lady Bird
Una película que me encantó de principio a fin, simplemente fantástica. Greta Gerwig ha sabido balancear su realización fílmica con sus propias perspectivas y experiencias, llevando la trama a sentirse casi como una autobiografía, pero en formato de diario personal que estamos autorizados a revisar. Los diálogos entre la madre y la hija y los estupendos personajes secundarios hacen de Lady Bird una cinta única y muy disfrutable. Los giros de tuerca y las decisiones que toman los personajes son los que hacen de la película una experiencia de lo más interesante y conmovedora.
1.- Call me by your name
Van a pasar 30 años y me seguiré acordando del día que ví Call me by your name. En la vida de un cinéfilo, existen fechas que se vuelven inolvidables, y son los días más especiales los que se generan no por una película, sino por cómo viste esa película. La cinta por sí sola es una obra de arte, utiliza la música y sus versos de manera brillante, las imágenes son casi-edénicas y las actuaciones son brutales. Con diálogos que te llegan al corazón, es una cinta de amor homosexual que no tiene problema en llevar al heterosexual a verdaderos momentos de excitación, la pupila de cualquier sexo se dilata con esas escenas, y si no es así, pues seguramente no eres humano. Le debo tanto a esta película, y en tan poco tiempo me trae tan buenos recuerdos que me hace recordar lo mucho que el cine, como arte, te puede brindar. Me hace recordar que siempre, siempre, el más puro amor y la más cálida atracción se encuentran en los lugares y momentos más inesperados.
Camino a Marte: Una nueva razón para creer en el cine mexicano
¿Qué tanto debes ver para poder creer?
Seré franco: Sólo me metí a ver esta cinta porque Tessa Ia la protagoniza. Sin ninguna otra expectativa o motivo para dedicarle hora y media de mi vida a esta cinta, debo admitir que salí gratamente sorprendido de la sala de cine. De la nada, me encontré con una cinta divertida, fresca y técnicamente muy bien lograda. Camino a Marte es una película de Humberto Hinojosa Ozcariz (I Hate Love, Oveja Negra) y protagonizada por Camila Sodi, Tessa Ia y Luis Gerardo Méndez, un actor de los consentidos de las nuevas audiencias mexicanas.
Aunque existe cierto debate sobre en qué genero colocar al filme, claramente percibí la trama como una delicada mezcla entre drama y comedia romántica, con una pizca de innegable feeling road-trip. La ciencia ficción aportada aquí por el personaje de Méndez es un plus que la cinta ocupa para darle un brillante twist a su historia, un elemento que compone el mayor encanto de la película. Camino a Marte nos presenta a Emilia (Ia), una joven chica que se fuga de su estancia en el hospital con su mejor amiga (Sodi), juntas tomarán la carretera con el afán de desconectarse del mundo y olvidarse de sus problemas. En el trayecto, ambas se toparán con Mark (Méndez), un misterioso hombre que afirma ser proveniente de otro planeta.
El ensamble de los tres actores, que representan a la nueva generación de histriones que estarán protagonizando las marquesinas en los años por venir, es fantástico. Oscariz logra con sus actores, en especial con Sodi e Ia, una dupla que transmite eficazmente el espeso mensaje narrativo que sus personajes fueron diseñados para emitir. Ambas actrices se logran despojar de su evidente belleza física para darle paso a su atractivo emocional, a su lado vulnerable y a su capacidad actoral que ninguna había podido demostrar en su filmografía previa (particularmente Sodi, quien ya tiene más películas en su haber). Por el lado de Luis Gerardo Méndez, es muy satisfactorio comprobar que es un actor con mucha más habilidad que la demostrada en sus papeles de Chava Iglesias o Javi Noble, personajes que lo habían encasillado por un buen tiempo. En Camino a Marte, Méndez nos entusiasma pensando que sus futuros papeles serán cada vez más complejos, cada vez más difíciles de interpretar. Si bien los diálogos de Mark no son los mejores, es su actuación la que sin duda se roba el show y la más interesante de la película.
La trama es exageradamente sencilla, e incluso me podía aventurar a escribir que la película juega “a la segura”, es decir, no lleva a sus personajes a lugares extremos o a decisiones completamente inesperadas. De hecho, la cinta es muy predecible y la última media hora es una crónica de un final anunciado. Lo interesante de Camino a Marte, es la forma en cómo decide contar ése final que se ve venir a leguas. Es aquí donde se deben destacar los discretos efectos visuales, que al ser pocos y muy bien logrados, cumplen su función narrativa y ayudan a que los últimos minutos de la película sean muy, muy emotivos. Es precisamente el final de la cinta lo que más me ha gustado, y sin duda uno de los mejores desenlaces en el cine mexicano moderno.
La importancia de cintas como Camino a Marte se puede categorizar en dos aspectos muy relevantes para la industria cinematográfica mexicana. El primero, que cada vez nuestras películas –especialmente aquellas producidas gracias a estímulos fiscales- tienen una mayor calidad técnica, una mejora que es visible y que las audiencias agradecerán, incluso, de manera inconsciente. El segundo, y más importante, es que nos encontramos ante una película mexicana con suficientes recursos de distribución que no se trata de una comedia romántica. Agradezco infinitamente que Camino a Marte haya llegado a un circuito comercial porque podría ser punta de lanza para todas esas producciones de drama que se ven eclipsadas por comedias nacionales de muy mala calidad (tipo Cómo cortar a tu patán o Me gusta pero me asusta). Eventualmente, es éste tipo de cintas las que nos volverán a llevar a ganar Óscares, es este tipo de filmes los que las audiencias deben darles una oportunidad. Camino a Marte podrá no ser una película perfecta o del agrado de todos, pero sin duda es una bocanada de aire fresco para la industria de cine mexicano comercial.
Ridley Scott y todos los fans estamos tranquilos y orgullosos.
Los cinéfilos de todo el mundo deberíamos estar agradecidos. Estamos vivos en un momento del tiempo donde podemos ir a cualquier cine y encontrar una película de Blade Runner en nuestras carteleras. Al momento de escribirlo, ni yo me la creo, pero es cierto, el universo que alguna vez fue protagonizado por Rick Deckard ha vuelto para una nueva generación.
Esta vez es Denis Villeneuve (Sicario, Arrival) el responsable de dirigir una de las secuelas más polémicas y debatidas que han existido. ¿Cómo chingaos se atreven a tocar un clásico como Blade Runner? Lo que logró el gran Ridley Scott es insuperable, más allá de cómo trascienda 2049, la película original marcó un antes y un después no sólo en la ciencia ficción, sino en el nivel filosófico que una cinta pueda o no tener. Quién sabe qué sería de nuestra cinematografía de ficción si Scott no hubiese creado esa joya magnífica hace 35 años. En fin, hoy no estamos para hablar del pasado, hoy les quiero contar la maravillosa experiencia que tuve al ver la nueva película de Ryan Gosling y Harrison Ford.
Nadie puede negar que Villeneuve es el director del momento. Desde Enemy, pasando por Prisoners y OBVIAMENTE la fantástica Arrival, el canadiense viene enrachado y ha sabido impregnar su estilo narrativo y visual en todas las películas que ha realizado. Pero incluso un cineasta con sus credenciales se vió intimidado por el encargo de llevar a pantalla grande un guión que continuaba una de las historias más complejas que hemos visto en el cine.
En primer lugar, el gran acierto que tiene el director es no tratar de crear una cinta que todos puedan entender. ¿A qué me refiero? Si no has visto Blade Runner original, puede que entiendas vagamente la trama, pero no disfrutarás 2049. A diferencia de muchas secuelas recientes de clásicos de cine del pasado, Villaneuve da por hecho que ya has visto la primera película y desde el primer minuto se sumerge en el oscuro y nostálgico futuro que Scott creó hace tres décadas. Por eso, querido lector, si aún no ves el filme original, recomiendo ampliamente que lo hagas antes de ir al cine y comprar tus boletos para 2049.
Una vez inmersos en la trama, otro gran acierto de Villeneuve es que al menos para esta cinta, renunció a su estilo visual para adaptar por completo la estética de Ridley Scott. Vamos, ¡en momentos es hasta difícil pensar que no la dirigió él! La atmósfera creada por la fotografía de Roger Deakins es digna de premio Óscar, la decadencia y su contraste con la imparable tecnología es exquisito, creando no una secuela, sino más bien una extensión de la trama original con algunas décadas de diferencia. De manera increíble, esta nueva película nos ofrece una experiencia que nos hace sentir que nunca vimos Blade Runner completa, sino que sólo tuvieron que pasar 35 años para que pudiésemos realmente acabar la historia inspirada en la obra de Phillip K. Dick.
La elección del casting es también de mención honorífica. Ana de Armas aporta esta frescura emocional que en algún momento nos dio la hermosa Sean Young, creando la compañera perfecta para un Ryan Gosling que si bien no es físicamente camaleónico, posee una extraña capacidad de cambiar su semblante en cada película, adaptándolo a la carga dramática que tienen sus personajes. Aquí, interpreta a K, un Blade Runner que se encontrará con una impactante revelación del pasado que lo obligará a ir a lugares inesperados. Harrison Ford es fantástico una vez más como Deckard, y ni qué decir de Jared Leto, cuya corta, pero vital participación, dota de un misterio e inquietud a cada escena que protagoniza.
Otro importantísimo aspecto que la nueva película debía cumplir exitosamente es el musical. La inconfundible partitura de Vangelis de la original se transformó en una trama auditiva por sí sola, con un característico toque electrónico que absorbía esta onda futurista que envolvía esta triste historia de amor. Ahora, es el gran Hans Zimmer quien nos otorga un estupendo, BRILLANTE score, que nos transporta no al futuro, no al pasado, sino a un momento especial de nuestra vida cinéfila, donde nos percatamos de la valiosa fortuna que es ser un humano. Aquí es donde la cinta se torna algo especial. De una manera indescriptible, que de verdad no puedo explicar, la esencia melancólica de la cinta original no sólo se conserva, sino se multiplica. Blade Runner 2049 no es una película de acción. Es una historia de amor y desencanto, es un cuento que nos enseña lo hermoso que es tener la habilidad de amar, la fortuna de recordar y de vivir. Es sin duda, la película que se llevará el 2017. Y recuerda, si ves a la gente salirse de la sala, es porque Denis Villeneuve ha logrado lo imposible: hacer que soñemos con ovejas eléctricas.
Recientemente conocí a un nuevo amigo. De las personas más inesperadas, pude conocer alguien que me inspira lo que quiero ser de grande: un cinéfilo de tiempo completo. “El cine es primero, mi buen Pablo”, me dijo. Hoy le hice caso y abandoné mis actividades para dedicarme a ver la polémica mother!, de uno de los directores que si bien no es parte del club de mis favoritos, he visto todas sus películas y siempre ha hallado la manera de impactarme.
Debemos dejar muy en claro que esta película no es un blockbuster ni mucho menos una cinta de corte comercial, esta es una rara obra cinematográfica de autor que culebreó en el estrecho negocio fílmico y consiguió un estupendo presupuesto y un aún mejor distribuidor. Como primera nota me gustaría destacar la valentía de Paramount por levantarle buzz a una película que realmente lo necesitaba, sin importar que estuvieran los nombres de Lawrence o Bardem en el póster. Aronofsky está demostrando con esta película que es uno de los privilegiados cineastas que pueden hacer cine de autor a gran escala, y eso damas y caballeros, es dificilísimo. Tal vez sólo nombres como Refn, Nolan y Trier pueden presumir de la misma hazaña.
¿Pero qué tan lejos quiso ir Aronofsky esta vez? Demasiado, demasiado lejos. A estas alturas, debemos ya aceptar que nuestro querido Darren no hace películas para las audiencias, ¡a él le vale madres lo que piense el público! Aronofsky hace películas para él mismo, que él concibe, él escribe ¡y sólo él entiende! ¿Y saben qué? Está bien.
Un hábito que todos los cinéfilos debemos cambiar es ir a ver una película de un director aclamado y esperar exactamente más de lo que ya hemos visto de él o ella. Aceptémoslo, muchos entramos a ver mother! con la vaga esperanza de volvernos a impactar como con Requiem for a Dream o Pi. Eso no va a suceder. Debemos estar abiertos a las nuevas ideas que este tipo de cineastas nos quieren contar y agradecer que estamos vivos para presumir que estamos yendo al cine a disfrutar una película de Darren Aronofsky.
¿Estoy defendiendo la película? No, para nada. La cinta se me hizo muy entretenida en la primera media hora, pero después de eso, debo confesar que los encuadres me asfixiaron y la edición me desorientaba, pero sin duda ésa era la intención de Aronofsky. Aquí tal vez vaya demasiado lejos, pero me atreveré a escribir que Darren ocupó el mismo recurso narrativo visual que ha hecho característico al trabajo de Xavier Dolan, donde los encuadres 1:1 hacia los rostros de los personajes te permiten exaltar emociones sobre las acciones. Es muy interesante como el personaje de la guapa Jennifer Lawrence se convierte de principio a fin en el eje visual y dramático de la cinta, sonará raro, pero son contadas las películas que tienen a un protagonista tan relevante. Si te dan ganas de volver a ver mother! te podrás percatar que la cámara siempre está adyacente al cuerpo de Lawrence, ya sea para enfocarla o para darnos las tomas POV.
¿Pero cómo interpretar una película así de rara, así de caótica? Hay que buscar el orden en el caos, tal y como lo propuso la ópera prima de Aronofsky. Muchos analistas coinciden en una interpretación: la trama es una alegoría bíblica. Bardem es Dios, Lawrence es la madre Naturaleza, Harris y Pfeiffer son Adán y Eva y sus hijos son Caín y Abel; las multitudes en la casa: la humanidad. Hay varios elementos que confirman esta teoría y otros tantos que la desacreditan.
Aronofsky es abiertamente ateo, y al menos esta película es una clara visión del cineasta sobre Dios. Se trata de una figura ausente en los momentos más desesperados, omnipotente y muy imprudente, que tiene como prioridad a la humanidad y no a la madre naturaleza. ¿Recuerdan la herida del personaje de Ed Harris cuando está vomitando? Sí, está en la costilla. El matrimonio visitante es expulsado de la casa después de violar el único espacio que les prohibieron visitar, y el posterior altercado de los hijos es una metáfora perfecta del conflicto entre Caín y Abel. Aún así, hay varios cabos sueltos en la trama que no concuerdan, como el líquido amarillo que ella toma o la llamada al 911.
En fin, debo concluir que pondría a mother! junto a la otra infumable de Darren, La Fuente de la vida. Ambas películas que trascienden nuestro razonamiento y que sólo el propio director podría explicar. Con este tipo de trabajos, sólo nos queda fantasear con lo que hubiera sido una película de Batman con Aronofsky como director, y ansiar el siguiente proyecto del siempre polémico Darren.
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Guía de supervivencia para el cineasta principiante
Los cineastas somos raros. Somos especímenes que no se encuentran fácilmente, somos personas que el 80% del tiempo estamos dialogando con nosotros mismos y fabricando historias en nuestras cabezas. Estamos siempre al pendiente de lo que nos dicen, de las escenas que vemos en la calle, nunca sabemos qué nos puede ser útil para el guión que estamos escribiendo.
Nuestra generación de cineastas cuenta con herramientas que le permite desarrollar habilidades no sólo propias del director, sino también de guionista, editor, técnico de sonido e incluso actuación. Y eso está muy bien. Pero, sin importar cuantos diplomados tomes, talleres asistas o licenciaturas de cine acabes, hay cosas que un rodaje te enseña y no podrías aprender de otra manera.
Por eso reuní aquí 6 aprendizajes que obtuve durante la realización de mis tres primeros cortos, cosas que hubiera matado por saber con anticipación si tan sólo hubiera sabido el desafío que implica rodar un corto ó una película. No importa que yo esté haciendo trampa, pero si eso evita que tropieces en lo mismo que yo, entonces este post habrá cumplido su objetivo.
1.- Viste correctamente.
Yo sé que tu vestimenta no es la mayor de tus preocupaciones un día antes de rodar, pero debería. TÚ eres el director, eso implicará que gente ajena a tu producción buscará al líder para aclarar dudas, para buscar promoción. Que no te agarren con chanclas y playera floreada, sí, es importante andar cómodo, pero siempre presentable y bien peinado. No te digo que vayas con traje todos los días, pero un buen mentor me dijo “Viste como si fueras a recibir a Audrey Hepburn en tu set, y como si tuvieras que subirte a pintar una ventana al momento siguiente”.
2.- Escucha sugerencias, pero no ejecutes todas.
Si es tu primer corto, es muy probable que todos te bombardeen con ideas magníficas de cómo rodar la siguiente escena, pero no es obligatorio que las lleves a cabo. Siempre debes estar atento a lo que tu crew te sugiere, a veces hay ideas que salvan tiempo o dinero, pero no olvides que la historia es TUYA Y SÓLO TUYA. Tu visión debe enriquecerse, no diluirse.
3.-Aprende a delegar.
Cuando se inicia en el negocio es normal contar con muy pocas personas en tu crew, no te preocupes, es aquí donde debe entrar en juego tu liderazgo. Si eres el director pero al mismo tiempo piensas en qué les vas a dar de comer, el lente que vas a ocupar o si la locación no encuentra el permiso que pediste hace semanas, tarde o temprano te estresarás y tu corto se verá afectado. Trabaja con tu personal (poco o mucho), pero no quieras hacer todo tú. Es imposible. Verás que repartiendo actividades, todos se mantienen ocupados y tu mente más enfocada.
4.-No manejes dinero en el rodaje.
Tiene mucho que ver con el punto anterior. Busca en tu crew a una persona de confianza y encárgala de los asuntos monetarios, que sea ella la persona que se encargue de conseguir bebidas, materiales que se deban comprar en el momento o pagar transportes, cada producción tiene gastos en locación. Si tú produces, sólo pide los cambios y tickets al final del día, no es recomendable que estés manejando dinero cuando estás concentrado dirigiendo.
5.-Cuida cuerpo y mente.
Como en cualquier profesión, procura llegar siempre bien comido, hidratado y despejado. Al estarlo tú, cuida que tu crew también lo esté, no sabes lo incómodo que resulta trabajar con hambre, es VITAL que mantengas a tu personal en las mejores condiciones, así, su rendimiento será mucho mejor, te lo aseguro.
6.-No es una dictadura.
Con el tiempo, descubrirás lo más valioso de un rodaje: la gente. Recuerda que antes de dirigir cámaras, debes aprender a dirigir personas: la forma de pedir las cosas, expresar claridad de ideas e indicaciones es crucial para un director. Tu staff agradecerá trabajar con alguien abierto a escuchar, comprensivo y paciente. No quemes naves, haz contactos en tu producción actual que te puedan ayudar en la siguiente.
¿Qué opinas? Yo siempre he pensado que, irónicamente, el director es la persona menos talentosa de un crew. El verdadero talento de un cineasta es tener la capacidad de unir diferentes personalidades, diferentes métodos de trabajo en un solo proyecto, y eso queridos amigos, es lo que hace a un cineasta, una rara y hermosa criatura.
El Anuncio, cuento de Soledad Puértolas con prólogo de Pablo Cuevas.
Del proyecto Historias Cortas para Pesadillas Largas.
P R Ó L O G O
por Pablo Cuevas
Hay películas, canciones y libros que, si eres capaz de permitirlo, marcan tu vida de una manera muy especial. Tal y como los olores de una fragancia te pueden recordar a una persona, siempre he pensado que el arte -en cualquiera de sus formas de expresión- es igual de poderoso para poderte transportar momentáneamente a instantes específicos de tu vida. A mí me sucedió con un libro que un día, entre los estantes en la casa de mi padre, encontré y devoré en tal vez menos de tres días.
El Espejo de Tinta es un libro muy, muy extraño. O al menos a mí me gusta considerarlo así. Me gusta poder presumir que dicho libro lleva viviendo conmigo más de 20 años y jamás lo he vuelto a ver en una librería o feria del libro. Me encanta sentir como si tuviera la única copia del mundo en mi repisa. Los lectores adictos a las páginas impresas, creo, entenderán a la perfección mi obsesión.
En los primeros años de los ‘90, algún brillante editor se dió a la tarea de reunir cuentos cortos de horror escritos por diferentes periodistas y novelistas españoles, un país que irónicamente, tiene poca o nula producción literaria en este género. Y es irónico, porque la lengua española es una de las cosas más hermosas que pudiese existir, y es casi inconcebible que después de varios cientos de años, el escritor hispano haya tenido tanto recelo de acercarse a las historias de lo oculto.
El Espejo de Tinta es un parteaguas creativo en mi vida. Si bien yo tuve claro mi objetivo de ser cineasta desde muy pequeño, no fue hasta que leí este libro que encontré la primer hisotria que realmente no podía ignorar y activó en mí el hermoso sentimiento que todo cineasta debe tener al iniciar un proyecto: querer contar una historia a la mayor cantidad de gente posible. Así fue como en el ya lejano 2013, adapté Si tú me dices ven (de Antonio Muñoz Molina), uno de los cuentos más impactantes que contiene El Espejo de Tinta. Posteriormente, y ya con más experiencia, me atreví a trasladar a formato de cortometraje, uno de los cuentos más espeluznantes que he leído en mi vida: La Muerte Mientras Tanto, de Ignacio Martínez de Pisón. Incluso hoy, a un año de haber dirigido Mátame si quieres (así se tituló la adaptación), existen matices que quedaron pendientes y no suelto la idea de convertir al cuento en una película de larga duración algún día.
Pero hay un tercer cuento. Uno que no ha sido adaptado y que ha despertado en mí tal fascinación que no dudo pronto pueda tener la oportunidad de crear un guión a a partir de él. Releyendo el libro, me encontré con El Anuncio, de Soledad Puértolas. Es una obra magnífica de apenas once páginas. Sin mentirles, yo creo que ya van como siete ocasiones que lo leo y no ha sido hasta la última, donde he podido descifrar, muy acorde a mi imaginación, el retorcido y espeluznante descenlace que oculta.
El Anuncio me cautiva por diferentes razones. La primera: Ángeles, la protagonista. Soledad escribe a nuestra heroína de una manera impecable. Es inteligente, está ocupada todo el tiempo y disfruta y casi anhela, estar sola. Ángeles, entonces, ha descubierto uno de los placeres más menospreciados de la vida adulta: disfrutar de la propia compañía. Es precisamente ahí donde Puértolas decide inyectar una dosis perfecta e incómoda de horror.No hablar con extraños. Así de simple. ¿Pero que sucede cuando tu vida, tu trabajo, te fuerza a confiar en gente que sabes, es malvada?
La segunda: la atmósfera. Puértolas empieza su relato como una suave y acertada caricia, pero conforme los párrafos avanzan y su historia se torna más compleja, las manos de Puértolas dejan de acariciarte el pelo para descender lentamente a tu cuello, y muy, muy mesuradamente, empiezan a apretar hasta asfixiarte. Puértolas no tiene miedo en hacerte saber lo que los personajes recuerdan, sienten o piensan. Eso hace a Ángeles mucho más cercana, y cuando vas desempolvándo más información, más te importa Ángeles. La gran regla del terror: haz que tu audienca se preoupe por tus personajes, y luego, mátalos.
En un esfuerzo por compartir esta magnífica historia, y tal vez más en beneficio propio que en el común, PabloCuevasFilm ha transcrito textualmente el cuento de Soledad Puértolas, para que en algún momento, no sea sólo yo quien busque en la web esta bella pesadilla.
Puértolas, nacida en Zaragoza en 1947, reside actualmente en Madrid. Cuentos y artículos suyos han aparecido en diversas revistas. Ha publicado El bandido doblemente armado (Premio Sésamo de Novela 1979). Una enfermedad Mortal (relatos, 1983), Burdeos (1986) y Todos Mienten (1988), obra que ha confirmado el lugar preferente que ocupa esta autora en la nueva narrativa española.
Cuevas, nacido en en Veracruz en 1995, reside actualmente en Ciudad de México. Guionista y director de tres cortometrajes. Actualmente se encuentra trabajando en el guión de su primer filme, “Historias Cortas para pesadillas largas”.
@PabloCuevas_
E L A N U N C I O.
Cuento corto de Soledad Puértolas. Extraído de “El Espejo de Tinta”, Editorial Grijalbo, 1989.
-Está muy bien-, dijo Ángeles, después de recorrer con la mirada la sala atestada de muebles-. Pero le voy a pedir un favor. ¿Podemos cambiar la mesa de sitio? No soporto las puertas a mis espaldas.El hombre se encogió de hombros.
-Estoy deseando conocer a la señora-dijo Ángeles.El hombre volvió a encogerse de hombros.
-Ella misma la llamará en cuanto regrese-dijo-. Le gusta mucho el teléfono.
Por unos instantes, el hombre miró fijamente a Ángeles, como su esperara su opinión.Ángeles dijo:
-A mí también. No sé qué haríamos sin teléfono.
Y en aquél momento sonó, en otro cuarto, lejos. Nadie contestó.
-Es de la casa de al lado-dijo el hombre-. No vive nadie. Pero siempre suena a estas horas.
Seguía sonando, cada vez más lejos, cuando llegaron a la puerta de la calle. Ángeles se despidió del hombre, que se quedó allí, ante la puerta abierta, hasta que Ángeles dio la vuelta a la esquina.
Se detuvo en un par de tiendas, y fue andando, atravesando el parque, hasta su casa. Quería comenzar el nuevo trabajo cuanto antes. Quería tener las tardes ocupadas. Salir de casa después de comer y volver al anochecer, lista para tomar algo de cena, poco, y acostarse. Quería tener la vida llena, muy organizado. Las mañanas estaban resueltas, y afortunadamente, para siempre. Un puesto en la administración no significa un gran sueldo, pero sí seguridad. Es para toda la vida. Las tardes las ocupaba para hacer traducciones, informes, llamadas por teléfono en busca de pequeñas ocupaciones suplementarias. Ser la administradora de una señora de gran fortuna era una buena ocupación. Esos asuntos le interesaban. Llevada por la satisfacción, dio una pequeña patada a la rama que, arrancada o caída de un arbusto, había quedado allí, en medio del sendero. Pero todavía tenía aquél ruido dentro de la cabeza: el teléfono de la casa de al lado. Algo absurdo, esa llamada. Todos los días a la misma hora en una casa deshabitada. Hay gente rara, maníacos.
Durante un tiempo, alguien había llamado a su casa equivocadamente. Una voz chillona de mujer que preguntaba por Natalia. Perdone, decía la mujer, aumentando el volumen de su voz. Y colgaba. Llamaba a unas horas extremas. A las seis de la mañana, a la una de la madrugada. Esa llamada siempre interrumpía en sus sueños, sobresaltándola. ¿Por qué llamaría a esas horas? Natalia debía ser una mujer que trabajaba mucho, que pasaba el día fuera de su casa, y tal vez la de la voz chillona, estentórea, era su madre, o su tía, alguien que repentinamente quería dar con ella. Y colgaba el teléfono enfadada, con ella, con Natalia y con el mundo entero. Era una mujer insoportable. Tal vez Natalia huía de ella.
Al cabo de dos días, llamó la señora. Había hablado con ella antes, cuando concertaron la cita. Reconoció su voz, una voz bien modulada, casi acariciadora. Dijo:
-Sentí mucho tener que ausentarme el otro día. Le dije a Gerardo que le enseñara el despacho. Sí, ya sé que lo hizo. Es una habitación agradable, ¿verdad? Pero falta lo importante: me tiene que ver a mí. Nos tenemos que gustar.
-Estoy segura que me va a gustar.
-Yo también.
-¿Cuándo puede venir?
-Si usted quiere, puedo ir esta tarde, Tenía que salir y no me cuesta nada acercarme hasta su casa.
-Esta tarde me viene mal. ¿Qué le parece mañana? ¿A las seis?
-Muy bien. También puedo, Naturalmente.
Perfecto. Tengo muchas ganas de conocerla. Hasta mañana, Ángeles.
La persona que correspondía a esa voz era, sin duda, tan agradable y dulce como la voz. Educada, cordial, cálida. Era estupendo conocer gente nueva, era alentador. El horizonte del mundo se ensanchaba. Ángeles se puso a limpiar la casa y elevó el volumen de la radio. Conocía algunas de las letras de las canciones. Abrió la ventana y limpió los cristales, que brillaron al suave sol de la tarde. Regó las plantas. La vida de una chica soltera no es tan mala. Siempre hay sorpresas. Siempre puede haber sorpresas.
Ordenó el armario. Estaba contenta con su ropa. ¿Cómo sería la señora? Dulce nombre: Mercedes Osorio. Dulce voz. Sabía lo que iba a ponerse.
Y, al fin, llegó la hora. A la cinco y media de la tarde se encontraba en mitad del parque, entre viejos, niños, criadas y novios. Por la tarde proliferan las parejas de novios. Frente a la verja, se detuvo: había andado deprisa y era demasiado pronto. Se sentó en un banco, junto a dos mujeres mayores de mirada aburrida y hablar incesante. Hablaban de hijas casadas. Ninguna de ellas escuchaba a la otra. La hija de una tenía una habilidad especial para las tartas, la hija de la otra arreglaba zapatos. Se había comprado una máquina, un aparato especial. Quitaba y ponía tacones y tapas; y teñía, desde luego. La mujer elevó su pie derecho. Mira, este zapato me lo ha arreglado ella. La otra no lo miró. Tartas de limón, de frambuesa y una muy rara, de nueces y esa fruta nueva, ¿kiwis? ¿cakis? Pero era buena, era buenísima. El día que la vuelva a ver te traeré un trozo. Merece la pena. Es rara, desde luego, pero fina.
Ángeles se levantó. Por un momento, ellas la observaron. Podía ser su hija, llena de habilidades, entregada a su vocación. Admirada por su marido, sus hijos, y su madre, que habla de ella para asirse a algo mientras toma el sol del invierno en un banco del parque.
Entró en el portal, algo nerviosa, con un resto incontrolado de seguridad. Se había vestido bien, pero nunca se sabe. Los gustos de otros son un enigma. Tenía ganas de agradar a esa señora de voz tan dulce y nombre tan distinguido.
Fue Gerardo quien le abrió la puerta. Seguía con su mutismo, su mirada indiferente, su traje muy usado y cepillado, de un negro verdoso.
-Sígame usted- dijo con la voz cansada.
Atravesaron el pasillo mal iluminado y entraron en el despacho que ya conocía Ángeles. Gerardo señaló la mesa, sobre la que reposaban unas carpetas.
-La señora ha tenido que salir, pero volverá antes de las ocho. Me ha encargado que le diga que puede empezar usted con su trabajo. Aquí están todos los papeles.
-Le pedí que cambiara la mesa de sitio- dijo Ángeles.
Gerardo se volvió desde la puerta y se encogió de hombros.
-Es una mesa muy pesada- dijo.
-Tal vez entre usted y yo…_ dijo Ángeles.
-Bien- dijo Gerardo-. Ahora vuelvo.
Se fue y cerró la puerta detrás de sí. El tenue eco de sus pasos se fue perdiendo al otro lado de la puerta.
No había nada que Ángeles pudiera hacer excepto estudiar esos papeles. Abrir esas carpetas y empezar a leer y clasificar los documentos: escrituras, hipotecas, préstamos, acciones. De eso se trataba, de ver lo que poseía la señora Osorio, de comunicarle exactamente lo que podía gastar, de qué modo podía ganar más dinero o ahorrar, si le convenía vender una finca o era preferible arrendarla, cómo podía conseguir mayores deducciones de Hacienda. Orobelmas que ella había estudiado, y que inmediatamente absorbían sus cinco sentidos. Allí estaban los papeles; pues adelante.
Examinó la mesa. Podía ser de roble. Una mesa de estilo español, de patas retorcidas y travesaños de hierro forjado. Intentó levantarla. Imposible. Parecía estar clavada al suelo. Miró hacia atrás. Aquella puerta, ¿adónde daría? Presionó el picaporte y empujó. Estaba cerrada con llave.
Se sentó en la silla de cuero, detrás de la mesa. La encajó en el hueco de la mesa en busca de una postura más cómoda. Miró por detrás de su hombro: la presencia oscura de la puerta estaba allí, un poco a su derecha. Ni siquiera veía el picaporte. Se levantó y llevó la silla al otro lado de la mesa. Pesaba mucho, pero podía con ella. Volvió a sentarse. Ahora estaba enfrente de la puerta cerrada. Parecía inofensiva. En cambio, no veía la puerta por donde habían entrado ella y Gerardo. Las pisadas de Gerardo apenas hacían ruido. Si en cualquier momento entraba, la asustaría. Pero al menos, ésa puerta estaba más lejos. Podría sentir el ruido que hiciera al abrirse antes de ver a Gerardo. Se levantó, fue hacia la puerta y la abrió. Fue como empujar una nube. Ni pesaba ni hacía ruido. Ninguno. El picaporte se deslizaba suavemente. Se asomó al pasillo, ahora totalmente oscuro. Tal vez Gerardo tenía órdenes de ahorrar electricidad. Silencio denso. Una de las puertas de la derecha correspondía a un cuarto de baño, según le había informado Gerardo el primer día; del resto no sabía nada.
Todo estaba ya investigado, todo lo que podía investigarse. Había que concentrarse en los documentos. Quería poder estar en condiciones de decir algo a la señora Osorio cuando llegara. Eso le causaría buena impresión. Abrió las carpetas y empezó a estudiar su contenido.
El timbre del teléfono la sobresaltó. Venía de la pared de la izquierda. Probablemente, de la casa de al lado. Nadie contestó. El teléfono sonó largo rato. Miró el reloj: las seis y media.
Y ya no volvió a mirar el reloj. Los papeles absorbieron todo su interés. Repentinamente, supo que alguien estaba allí, a sus espaldas. Giró el cuerpo con rapidez, sin poder dominar un pequeño grito. Era Gerardo, que la miraba en silencio.
-Me ha asustado-dijo Ángeles-. Estaba muy concentrada.
-Son las ocho. Ha llamado la señora y me ha dicho que no la espere. Se va a retrasar.
-No me importa quedarme un rato más.
-La señora dijo que pude marcharse-dijo, inexpresivo-. La llamará mañana. La acompañaré hasta la puerta.
Gerardo seguía allí, inamovible.
-Podríamos cambiar la mesa de sitio ahora.
-Se lo diré a la señora. Es ella quien debe decidirlo.
Ángeles guardó los documentos en sus carpetas, se levantó y se puso el abrigo. Siguió a Gerardo a través del pasillo. Ahora iluminado por lámparas de débiles bombillas, hasta la puerta de la calle. Se despidieron.
Otro día sin conocer a la señora,. Pero se sentía interesada por los documentos que había estudiado y eso desvió momentáneamente su atención. Las posesiones de la señora Osorio estaban desperdigadas, pero era rica. En un manuscrito se explicaba el origen de esas posesiones y los lazos familiares de Mercedes Osorio, Había heredado de sus padres, de una hermana y de un tío soltero. Tierras en el norte-pinares-, terrenos en Vitoria y en Madrid, y acciones en diferentes empresas. Ángeles disfrutaba sintiéndose entre las vidas de los otros, en los entresijos, entre los bastidores. S i lo que la señora Osorio quería era vivir mejor, lo podría hacer. Con todo aquello, si no aparecía un documento contradictorio, se podía vivir muy bien. No le resultaría muy difícil organizar esa fortuna de forma que se pudiera aprovechar al máximo.
Pero tanto retraso para ese encuentro. Y ese hombre silencioso, Gerardo, que se deslizaba por el pasillo oscuro. Y la mesa delante de la puerta. Y el teléfono que sonaba en la casa de al lado, deshabitada. Todas las casas tienen su misterio. Y las mujeres solteras, con herencias, se suelen rodear de gente de apariencia sospechosa. Todo el mundo cobra una apariencia sospechosa al lado de una dama rica y solitaria. A poco que se indague, en todas las casas ocurren cosas extrañas. Pero era agradable el anochecer en el parque. Sentía el aire frío en su cara. Aspiró profundamente.
Ángeles durmió aquella noche de un tirón. Fue el timbre de teléfono lo que la despertó.
-¿Natalia?- preguntó una voz chillona.
-Usted sabe de sobra que aquí no vive ninguna Natalia- miró el reloj: eran las seis de la mañana- ¿Cómo se le ocurre llamar a estas horas?
-No cuelgue, por favor. Natalia vivió ahí, de eso estoy segura. ¿Desde cuándo vive usted en esa casa?
-No le voy a contar mi vida, lo siento. Si Natalia vivió aquí, se fue. Le agradecería que no volviera a molestarme.
-Espere, por favor, usted puede ayudarme. Déjeme que le explique. Soy su madre. Hace meses que la estoy buscando. No sé nada de ella. Le dije que me llamara, estuviera donde estuviera. No me importa lo que haga. Pero que me llame.
-Lo siento, no sé nada de Natalia. No la conozco. Deje de llamarme, por favor.
Colgó. Volvió a la cama. Intentó dormir un poco, pero no pudo. A las ocho se levantó. A las nueve estaba en su despacho. A mitad de la mañana recordó la breve conversación que había tenido con la madre de Natalia y dudó de ella. ¿Se había producido realmente? Resultaba extraño: Haber esperado todos esos meses para decirle que estaba buscando a su hija, y aquella voz tan segura de que Natalia estaba allí. Había algo raro. ¿No lo habría soñado? La señora Osorio llamó por la tarde.
-No sabe cuánto sentí lo de ayer- dijo suavemente- estuve visitando a una vieja amiga. No había forma de salir de su casa. Me estaba poniendo nerviosa, créame. Sabía que usted me estaba esperando. De todos modos, le dejé las carpetas encima de la mesa para que empezara a trabajar. Ya me dijo Gerardo que estuvo hasta las ocho. Dígame, ¿sacó alguna impresión de todo ese desorden?
-No quiero precipitarme, quiero examinar los documentos despacio, pero son interesantes – repuso Ángeles-. Hay que estudiar cada caso. Pero soy optimista, no está usted en la ruina, si eso es lo que pregunta. Y estudiaremos la forma de hacer una declaración de renta razonable, desde luego.
La dulce voz se quebró en una dulce risa al otro lado del hilo telefónico.
-Me encanta usted –dijo-. Habla con sinceridad. Estoy deseando conocerla. Me parece que nos vamos a llevar muy bien. Siempre me lo pareció.
-Me hubiera traído las carpetas a casa para seguir estudiando los documentos, pero como no estaba usted, no me atreví. Si le parece bien, la próxima vez que vaya, me las traigo.
-Hablaremos de eso-dijo la señora con un tono conminatorio en la voz-. ¿Qué día de la semana le parece bien para venir? Tal y como acordamos, vamos a establecer un día fijo. He pensado en los martes.
-De acuerdo, ningún problema. Los martes.
-Entonces, hasta el próximo martes. La espero a tomar café.
Era viernes, de forma que tenía el fin de semana de por medio. Hubiera debido de traerse los documentos, aunque el tono de la señora Osorio se había endurecido mínimamente cuando ella había expresado esa idea. Pero ese fin de semana no tenía nada que hacer y en realidad se había llenado de curiosidad. Pero la señora había dicho el martes. No era cosa de llamar e insistir, A muchas personas les ponen nerviosas la gente que insiste.
Ángeles se pasó el sábado y el domingo prácticamente fuera de su casa. Los últimos fines de semana había tenido trabajo, de forma que hacía tiempo que no salía. Sus amigas la recibieron encantadas. Al fin sales del encierro, dijeron.
No comentó con nadie su nuevo trabajo. Sólo se hablan de las cosas cuando están funcionando.
El domingo comió sola en casa. Se preparó una bandeja con la comida y se sentó frente a la televisión. A las tres y media sonó el teléfono. Una voz chillona, desagradable, tomó la palabra rápidamente.
-No cuelgue, por favor. Soy la madre de Natalia. Necesitaba hablar con usted. Tengo que encontrar una pista, No ha podido irse así como así.
-Comprendo su preocupación, pero le aseguro que no se nada de su hija.
.Hay tantos peligros hoy en día para una chica joven. Déjeme visitarla, déjeme ver dónde vivía.
-No adelantaría anda, no tengo nada que ver con su hija. Ni siquiera la conocía.
-Dígame dónde vive, por favor, sólo tengo el teléfono. Quiero conocer la casa.
-Lo siento-murmuró Ángeles mientras colgaba. Una mujer insaciable, la madre de Natalia. Quería verla. La sola idea de dar su dirección a una persona desconocida la estremecía. ¿Cómo pensaba que se la iba a dar? Una idea absurda, incomprensible.
No comentó la llamada con nadie; quería borrarla de su mente. Fue al cine y llegó tarde a casa. Y el lunes a las nueve de la mañana ya estaba en la oficina. Otra semana empezaba, con su rutina y sus pequeñas sorpresas.
La tarde del martes llegó. A las cuatro en punto, Ángeles presionó el timbre de la puerta de la casa de la señora Osorio. Apareció Gerardo. Como de costumbre.
-Creo que la señora me está esperando- dijo Ángeles con decisión.
-La señora se ha tenido que acostar. Me ha dicho que le sirva el café en el despacho. Luego se levantará para verla, cuando se encuentre mejor.
Otro aplazamiento. Pero esta vez, la señora Osorio se encontraba en casa. Eso era un paso más. Ángeles siguió a Gerardo por el pasillo en penumbra. Cuando llegaron a la puerta del despacho, él la abrió y se apartó, para que ella entrara. Y, sin decir nada cerró la puerta y se fue.
Allí estaba la mesa, en su lugar, de espaldas a una puerta y delante de otra. Sobre ella, las carpetas y una bandeja con el servicio de café. La silla volvía a estar en su lugar y Ángeles decidió sentarse sin cambiarse de sitio. La puerta a sus espaldas estaba cerrada con llave, pero por la otra entraría Gerardo, o la misma señora Osorio, y, sin duda, se llevaría un buen susto. Pero hoy se sentía más dispuesta a aceptar las cosas como estaban. Hablaría luego con la señora. De momento, a trabajar.
Los documentos no presentaban muchos problemas, pero había que ponerse ya manos a la obra para aclarar los puntos confusos de cada caso. Y todavía quedaba por mirar la última carpeta, que reunía papeles diversos: cartas familiares, facturas, alguna postal, alguna foto. Debía de haber sido escrita hacía tiempo, porque la letra estaba borrosa. Leyó:<<Señora de edad con relativa fortuna sin parientes próximos necesita administrador. Buena presencia. Sexo femenino>>. Era el anuncio del periódico. Pero no, no era ése. No sabía si lo había guardado, pero lo tenía que comprobar. Buena presencia. Sexo femenino. Estaba segura de que en el anuncio que había leído en el periódico no decía eso. Recordó: cuando había llamado, la voz dulce de la señora había dicho: <<Así que es usted una mujer. Me gusta que las mujeres trabajen. Y la verdad, para mí es mucho más cómodo entenderme con una mujer. Las mujeres cogemos las cosas al vuelo. Los hombres son mucho más torpes>>. Algo así.
Raro aquel trozo de papel gastado, tal vez el borrador del anuncio. ¿Cuándo habría sido escrito? ¿Había habido otros anuncios anteriores? Con la vista un poco nublada y las manos temblorosas, guardó la nota en su bolso. Lo comprobaría, se lo enseñaría a alguien. Tal vez pudiera averiguar cuándo había sido escrito. La señora le había dicho que había puesto el anuncio en el periódico porque no tenía a quién recurrir. Su administrador de toda la vida había muerto. Era un hombre mayor y muy desorganizado, pero ella lo había mantenido casi por caridad. Y a era hora de poner en orden todo porque los últimos años de la vida hay que pasarlos bien.
Oyó un crujido a sus espaldas, algo al otro lado de la puerta. Se puso de pie de un salto y miró el picaporte. Juraría que se había movido, aunque la puerta continuaba cerrada. Alargó la mano para comprobarlo y en ese momento vio a Gerardo al otro lado de la mesa.
-Siempre me asusta usted-dijo Ángeles-. Creí escuchar un rido detrás de la puerta.
-Está cerrada con llave. La única que tiene llave es la señora y está en el dormitorio. Me ha pedido que le diga que puede ir a verla.
Ángeles asintió, todavía sobresaltada. Sonó el teléfono de la casa de al lado. Miró el reloj. Eran las seis y media. Nadie lo cogió. Gerardo no hizo ningún comentario.
Otra vez salieron al pasillo en penumbra, dieron una vuelta a la izquierda, salieron a otro pasillo. Gerardo golpeó una puerta y la abrió. Dejó pasar a Ángeles; volvió a cerrar la puerta.
Ángeles no vio nada, sólo la mancha blanquecina de la colcha de ganchillo sobre la cama. Un raro olor. Se acercó un poco a la cama. Una mujer muy mayor, con rostro cadavérico y una mueca horrible, se incorporó y extendió los brazos, huesudos, descarnados. Ángeles retrocedió hacia la puerta y agarró el picaporte, pero no pudo abrirla. Estaba cerrada. Quiso gritar y no pudo. Empujó la puerta con toda la fuerza de su cuerpo, pero algo falló en su interior. No tenía fuerzas. Su cuerpo era de algodón.
Poco después, estaba de nuevo en e despacho. Recostada en una butaca. Una mujer hermosa y pálida, de uso cincuenta años,, le sostenía un pañuelo húmedo sobre la frente.
-Se ha desvanecido- dijo una dulce voz que Ángeles reconoció inmediatamente-, cuando yo entré por la puerta de atrás usted se desmayó. Di unos golpecitos para no asustarla pero nadie me contestó. Se había quedado dormida. El caso fue que cuando yo entré, usted levantó la cabeza, me miró con horror y se desmayó. ¿Soy tan terrible?
No era horrible. Era hermosa. Su mano derecha, muy blanca y delgada, se posó sobre la suya. La otra seguía sosteniendo el pañuelo sobre su frente.
-Parece usted una joven muy sensible-dijo. Me gustan las personas sensibles. Sufre más, pero también disfrutan mucho más. Yo sé mucho de eso.
-Tengo una sensación rara-dijo Ángeles, e intentó ponerse en pie, apartando de sí a la señora Osorio, pero las piernas se le doblaron. Se dejó caer sobre la butaca.
-No se esfuerce-dijo la señora-. No tiene muy buen aspecto. Es mejor que descanse. Puede quedarse a dormir. Le dejaré uno de mis camisones y le prepararemos el cuarto de huéspedes. Le llevaré algo de cenar, algo ligero, no puede irse así. Me siento responsable de su malestar. Soy yo quien la ha asustado.
Volvió a coger su mano. Ángeles la apartó.
-No puede ser-dijo débilmente, pero con energía-. No puedo quedarme. Muchas gracias. Ya me encuentro mejo-se puso de nuevo en pie-. Ya puedo levantarme.
-Como quiera. Pero entonces la acompañaré hasta su casa. Pediremos un taxi. No me lo discuta. No voy a dejarla ir sola.
Pulsó un timbre y en seguida apareció Gerardo.
-Voy a salir un momento, Gerardo. Voy a acompañar a la señora a su casa. Tráigame el abrigo, por favor. Y el bolso. Están encima de mi cama.
Gerardo asintió y desapareció. Ángeles había enmudecido. Quería salir de la casa cuanto antes. Avanzó por el pasillo con las piernas temblorosas y el corazón palpitante. Miró hacia el pasillo de la izquierda. Era exactamente igual al que había visto en sueños, si es que habían sido sueños. Al fin, la puerta de la casa se abrió y vio la calle. La señora caminaba a su lado, con el abrigo puesto y con el bolso colgado de su brazo. Con su mano libre, la cogía protectoramente por el codo. Estaba saliendo de una pesadilla. Nunca volvería a aquella casa. Subieron al taxi. La señora preguntó:
-¿Dónde vive, Ángeles?
Ángeles dio su dirección como una autómata y el coche se puso en marcha.
Miró hacia abajo. Su mirada se posó sobre los pies de la señora. Unos zapatos pasados de moda. Muchas señoras mayores llevan zapatos pasados de moda. Y ropa pasada de moda. Pero aquellos zapatos negros eran demasiado viejos y demasiado grandes. Y, de repente, algo se movió en su corazón: le había dado su dirección, la había dicho en alta voz. Recordó la llamada de la madre de Natalia: le había pedido su dirección y ella, cautelosamente, había colgado. No se puede dar la dirección a personas desconocidas. Y se vió a sí misma bebiendo el café en el despacho de la señora Osorio. Tenía un sabor raro. Sin duda, habían puesto algo en él. No era lógico encontrarse tan mal. Estaba al borde del mareo. Iba a perder el conocimiento. ¿Qué harían con ella?
Abrió la portezuela del coche y se lanzó a la calzada. Sintió la mano de la señora agarrada fuertemente a su brazo, tirando de ella, pero luchó y venció. En el fondo de su mente, en la oscuridad de la noche iluminada por ráfagas de luz, oyó ruidos de coches que frenan y patinan. Gritos. Nada más. El denso, profundo, eterno silencio.
El dato más relevante que todo espectador debe saber antes de disfrutar Jackie en cines este fin de semana, es que se trata de un filme con una premisa cien por ciento estadounidense, dirigido por un cineasta cien por ciento chileno.
Sí, cuesta creer que una cinta basada en uno de los pasajes más turbios y recordados de la política americana sea dirigida por un cineasta que viene de adaptar el periodo más oscuro de la vida del inmortal poeta chileno. Neruda, una producción latina cuya distribución en salas ha dejado mucho qué desear, pero que ha recolectado excelentes críticas destacando el desempeño del elenco, Luis Gnecco y Gael García Bernal los principales.
Pablo Larraín ha públicamente declarado que para realizar una biopic de manera acertada, él prefiere no adaptar toda la vida del protagonista, sino estudiar su trayectoria personal, profesional; y a partir de ahí, escoger atinadamente el mayor periodo de crisis que ésta haya tenido que superar. Y en el caso de Jackie Kennedy, ése periodo son los días posteriores al asesinato de su esposo, el Presidente.
Son los momentos de crisis, los de adversidad, los que permiten aflorar la verdadera identidad de una persona. Sus virtudes, sus defectos y sus más grandes miedos. No hay mejor manera de conocer a una persona. Larraín no podía tener más razón. La película atinadamente evita mostrar el momento exacto del asesinato, y prefiere mostrarnos las inseguridades previas de Jackie, al no realmente saber cómo encarnar la figura pública que ahora es, y el turbulento paso de emociones al que debe encarar una vez que su esposo muere.
Si pensábamos que Natalie Portman no nos podía sorprender después de Black Swan (dirigida por Darren Aronofsky, quien ahora produce y supervisa a Larraín en Jackie), esta cinta nos tapa la boca. Portman personifica a una mujer frágil, puesta en una situación en la que ninguna mujer quiere pensar, y menos cuando se es la Primera Dama de los Estados Unidos. Su manera de caminar, el tono de su voz y la profundidad de su mirada son increíbles, y ojalá sean suficientes argumentos para que se lleve a casa el Oscar en la próxima entrega.
La interpretación del elenco secundario es buena, pero es inevitable no sentirlos un tanto opacados por la actuación de Portman, una pequeña falla en la historia que podría ser justificada por la manera en que esos personajes están escritos. La fotografía a cargo de Stéphane Fontaine es preciosa, su trabajo previo es garantía de una imagen incomparable y que ya hemos podido disfrutar en producciones como Elle y Metal y Hueso.
En el último viernes previo a la entrega número 89 de los Premios de la Academia, Jackie es sin duda la mejor opción en las salas de cine mexicanas. Dirigida por Pablo Larraín, estelarizan Jackie Natalie Portman, Billy Crudup y Peter Saasgard. Abre en cines mexicanos este 24 de febrero.
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Debo admitir que en un principio me opuse a la iniciativa de la Academia de extender su categoría de Mejor Película a un número de hasta diez posibles nominadas; encontré la idea un tanto innecesaria y definitivamente equivocada. Aunque ha probado ser un arma de doble filo, generando filmes ganadores que tal vez no merecían del todo el galardón, acertó en abrir la ventana de distribución a pequeños e interesantes ejercicios cinematográficos de los cuales no nos enteraríamos si no tuviesen esa afortunada nominación.
Un claro ejemplo de lo anterior es Machester By The Sea, de Kenneth Lonergan (You Can Count On Me). Una película que pasó por todas las dificultades conocidas para llegar a nuestras pantallas. El guión estuvo guardado y empolvándose durante un par de años, Matt Damon (quien terminó acreditado como productor) no encontraba ni director ni protagonista para sacar adelante el proyecto y finalmente, ya en post-producción, Casey Affleck tuvo problemas legales al ser demandado por acoso sexual, asunto que aún no concluye de todo y es el tema tabú en la categoría de Mejor Actor, donde también compite.
Irónicamente, son precisamente este tipo de películas, las que más sufren para ser realizadas, las que eventualmente mejores resultados cosechan a la hora de iniciar la temporada de premios. Y no es para menos, si no estuviera La La Land o Moonlight, Manchester By The Sea tendría grandes posibilidades de ganar el máximo reconocimiento el próximo febrero veintiséis.
Lo que realmente me cautivó de este pequeño filme es la honestidad de su guión. Editada de manera inteligente, la cinta te revela a unos personajes mucho más complejos de lo que su apariencia pudiese transmitir a la audiencia, y conforme avanzan los minutos, los protagonistas se vuelven entes más reales, más defectuosos.
La trama gira en torno a Lee Chandler (Affleck), un amargado conserje cuya rutina es súbitamente interrumpida por la triste noticia del fallecimiento de su hermano. En un giro inesperado, el testamento ubica a Lee como guardián de su sobrino Patrick (Lucas Hedges), idea a la que Lee se opone rotunamente.
Sólo con la premisa, Manchester By The Sea nos ubica en un ambiente incómodo, repulsivo; y tal como Lee se rehúsa a aceptar la idea de ser el protector de un menor, la narrativa transmite el sentimiento a la audiencia, haciendo que se pregunte si es una historia que deberían o no presenciar. He ahí la genialidad que distingue a la cinta de las otras ocho nominadas, la cinta evoca una extraña intimidad.
El ensamble histriónico es memorable, Lucas Hedges se perfila como un gran talento y es reconfortante ver a Kyle Chandler y Michelle Williams de vuelta en papeles poderosos, lo suficientemente bien escritos para que puedan impregnar su capacidad en ellos. Pero es Casey el que simplemente se roba la película. Su interpretación es mágicamente trágica y gradual, entiende los distintos estados de ánimo por los que su personaje deberá pasar y las atrocidades que le suceden, no nos queda más que agradecer al destino por no haber dejado que Matt Damon protagonizara.
Destaca el dato de ser la primera cinta nominada a los Oscar que será distribuida por una compañía de streaming, Amazon, una empresa que si bien cuenta con gran popularidad en la batalla del binge watching en EU, no tiene la fama global que su competencia Netflix posee. Aún así, también hizo posible que viésemos El Demonio Neón, otra de las joyitas del 2016.
Manchester By The Sea (titulada de esa forma por ser la ciudad donde se desarrolla la trama) es una cinta triste. No te sientas mal si al salir de la sala estás deprimido. Si es así, entonces Kenneth Lonergan habrá cumplido su propósito.
CALIFICACIÓN - 4/5
Manchester By The Sea es dirigida por Kenneth Lonergan, actúan Casey Affleck, Lucas Hedges, Michelle Williams y Kyle Chandler. Estrena el 17 de Febrero en salas de cine mexicanas.
Mis comentarios sobre la nueva entrega de Star Wars.
Es increíble ver cómo Hollywood funciona, y lo es aún más la manera en que responden sus audiencias ante los grandes blockbusters que llegan a nuestras pantallas todo el tiempo. Si comparamos, el buzz mediático generado por El Despertar de la Fuerza fue gigantesco al lado del que logró Rogue One, ya en sus últimos días de campaña promocional antes de su estreno el pasado 16 de diciembre. ¿Cómo logró entonces Rogue One convertirse en una piedra angular del universo fílmico warsie, cuando era una cinta que muchos fans menospreciaban y de la cual no se esperaba mucho? Está precisamente la clave de todo: la expectativa.
Visto a la distancia, el Episodio VII de J.J Abrams está lejos de ser una mala película, pero así como a Bryan Singer con Superman Returns, hubo un momento en el que, personalmente, la nostalgia finalmente nubló a Abrams y entregó una trama con demasiadas similitudes a Una Nueva Esperanza, pero que finalmente cumplió con revitalizar una de las sagas más rentables de la historia del cine.
Rogue One llegó en un contexto dramáticamente diferente. La cinta arribó finalmente a nuestras carteleras en un escenario donde ya todo filme de acción está construido con una narrativa que permita hacer diez películas más con los mismos personajes. Rogue One es excelente porque termina. Es una película perfecta porque está pensada como una trama cerrada, bien contada y que sabe cuál objetivo quiere lograr.
Puede que al principio su ritmo narrativo sea un tanto lento, pero Gareth Edwards se las ingenia para tener a su espectador emocionado, a pesar de que éste ya debe saber el funesto final de los protagonistas en la pantalla, tal y como si fuera una peli basada en hechos reales, tal y como si fuera una película bélica de Vietnam o la Segunda Guerra Mundial.
Uno de los aciertos enormes de Edwards con Rogue One es la manera en que decidió contar la historia. El tipo no tiene miedo de sacrificar por varios minutos las panorámicas llenas de efectos visuales (que más tarde ocupará efectivamente en la batalla de Scarif) y optar por tener en el corte final escenas dramáticas y cargadas de acción retratadas con la cámara al hombro. Es precisamente ése tipo de decisiones que hacen a éste filme una joya dentro del canon de Star Wars. A eso, sumémosle un impecable final que se las arregló para tener varios inolvidables cameos y un Darth Vader matando gente sin piedad.
Querido George Lucas: Las mejores películas de Star Wars son exactamente las que no dirigiste tú.
Rogue One, dirigida por Gareth Edwards (Godzilla), con Felicity Jones (Inferno), Mads Mikkelsen (The Hunt) y Diego Luna (Y Tú Mamá También). Ya en cines.
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Black Mirror es terror puro. Y el terror es el punto máximo de la desesperación.
Durante el live feed en twitter de las pasadas elecciones presidenciales de EEUU, hubo un tweet que se me quedó grabado: “¡Ya detengan este episodio de Black Mirror!”. El comentario me resultó tan irónico con atemorizante: Donald Trump presidente de la nación más poderosa del mundo, sin duda parecía una sátira proveniente de un guión de la aclamada serie.
Cada día nuestro mundo se vuelve más loco, y tendemos a culpar a los agentes externos por nuestros problemas, la política, la tecnología, la conectividad. Cosas que ayer eran innovadores beneficios hoy son detonantes de los conflictos más intensos. Hemos llegado al límite en el que nuestras relaciones personales cobran mayor o menor importancia dependiendo a lo que publiquemos o no en nuestras redes sociales. Pocos podemos aceptar que el problema del mundo, somos nosotros. He ahí el encanto de Black Mirror.
Iniciada en 2011 por en Channel 4 en Reino Unido, Charlie Brooker creó una serie de historias con una temática común: un futuro distópico donde la tecnología y su –mal- uso definirían nuestra vida cotidiana. Algunos definen a Black Mirror como futurista, pero personalmente no creo que sea así. Aunque hay varios episodios que se valen de tecnología aún no disponible para desarrollar sus tramas, en esencia, la raíz de cada episodio siempre se basa en los peores defectos que tenemos como sociedad, como seres humanos. La curiosidad, el sexo, la inmortalidad y nuestro propósito en la vida son siempre cuestionados en cada capítulo, magistralmente realizados. Sin importar si tú consideras que el futuro sea dentro de 30 años, o dentro de 15 minutos, es imposible terminar de ver un episodio y no quedarte pensando en el sillón durante un buen rato.
La reciente adquisición de Netflix de la serie ha permitido a sus creadores dar un salto cuántico y mejorar drásticamente la calidad de cada episodio. A diferencia de las pasadas dos temporadas, donde había episodios que impactaban mucho más que otros, la tercera parte es simplemente BRUTAL. Cada capítulo contiene una historia única y realmente cautivadora, pasando por todas las emociones, Black Mirror es precisamente eso, un espejo negro en el que nos reflejamos como persona, pareja, familia o incluso país. Sus creadores saben que no importa cuántas advertencias tengamos, los humanos no aprenderemos de otra manera más que cometiendo errores, algunos de ellos, fatales.
Cada trama encierra un funesto final que, a pesar de estar consciente como espectador de lo que está por suceder, el morbo te impide apagar la TV. Puede sonar exagerado, pero hay que reconocer cuando una serie o película logra ese nivel de entendimiento con su audiencia.
Un elemento que hace atractiva a Black Mirror es que sus tramas no están lineal o narrativamente conectadas, cada episodio tiene su historia y sus personajes, por lo cual no es necesario que veas todos los capítulos. A continuación, te dejo una sinopsis de los mejores para que tengas suficiente material para engancharte.
1.- The National Anthem
Causa de una serie de eventos y amenazas, el Primer Ministro Británico es obligado por un terrorista a mantener relaciones sexuales con un cerdo…en TV abierta. ¿El amor a la patria –y a las encuestas de aceptación- será suficiente motivo para que el líder político se rebaje? Éste fue el primer episodio de la serie.
2.- Be right back
Protagonizado por Hayley Atwell (Agente Carter), la trama sigue a una joven y desesperada viuda, quien al no resistir más su duelo, acepta descargar una app que le permitirá “hablar” con su difunto esposo.
3.- The Waldo Moment
¿Cansado de los políticos y sus mentiras de siempre? Entonces puedes votar por Waldo, un irreverente y odioso dibujo animado para que te gobierne. Piénsalo bien antes de votar sólo por una #TT.
4.- San Junipero
Uno de los episodios visualmente más impactantes de la serie. En San Jupitero, una pareja de guapas chicas se conoce en un bar, y después de su primer encuentro, ni las décadas o las barreras del espacio-tiempo podrán romper el muy especial lazo que tienen entre ellas.
5.- Playtest
Buscando la manera de tener dinero para comprar un boleto de avión, Cooper acepta ser parte de las pruebas de un videojuego inmersivo de última generación. Deberá encerrarse en una extraña mansión y enfrentarse a sus peores miedos…sin importar qué forma tomen.
Deadpool está oficialmente nominado para competir en la categoría de ‘Mejor Película Comedia ó Musical’ en los Golden Globes del 2017. ¿Un triunfo para todo el género de superhéroes?
Como cinéfilo y cineasta, despertar en la mañana con la anterior noticia supone un muy buen augurio para la industria, un salto cuántico en los límites de los criterios dentro de la temporada de premiaciones, que era ya necesario desde hace varios años. Fue finalmente la Asociación de Prensa Extranjera la primera institución mediática que se “atrevió” a nominar a una película de superhéroes en sus categorías principales. Cierto, no es la primera vez que un filme de éste género está presente o incluso es ganador de un premio importante, pero jamás habíamos presenciado una peli de éstas en la categoría de mejor película.
Lo más cerca que nos habíamos encontrado fue aquella -triste- ocasión en la que Heath Ledger fue galardonado póstumamente por su magistral interpretación del Joker en “The Dark Knight”, y una que otra nominación en los Oscars en categorías ‘menores’ como edición, sonido y efectos visuales.
Seré claro, Deadpool no fue totalmente de mi agrado, pero debo reconocer que me encantó la manera en que FOX decidió arriesgarse, y llevar a las pantallas una historia abismalmente diferente a lo que habíamos visto de Marvel en el cine. Más allá de la famosa clasificación R que se le otrogó en su momento, Deadpool triunfa en ser divertida, sangrienta y visualmente diferente, algo que se agradece infinitamente en una época donde TOOODAAAS las pelis de Marvel se ven y se escuchan igual. Creo que está justamente ahí el detalle que hizo de “Deadpool” una producción tan exitosa.
Es una verdadera lástima que Tim Miller no estará de regreso para dirigir la segunda parte, ya confirmada, de lo que seguramente será la piedra angular de las siguientes producciones que FOX tenga planeadas de Marvel. Esto debe ser una llamada de atención para todos los estudios que tengan en sus manos los derechos de algún superhéroe. Warner y DC deben seguir intentando descifrar el balance perfecto para cubrir los números de taquilla y los números de la crítica, pero ya no tienen tantos intentos disponibles. Por su parte, creo que la alerta aquí va más dedicada para Disney, que si bien ha reinado en crítica y taquilla en los últimos años, es evidente una falta de imaginación visual y sonora en sus producciones, y una vez más, comienza a notarse cuando se presiona al director en turno para que su filme ‘quepa’ en su universo compartido.
Ya vimos que si el estudio otorga al director libertad creativa para brindar al personaje las condiciones óptimas para que su historia sea buena, cosas como los universos compartidos, los millones de dólares y ahora, los grandes premios, vendrán solos.
Si filmes tan geniales como The Dark Knight o Spider-Man 2 (la de Sam Raimi) en su momento no fueron nominados, podemos pensar que fue por un muro en el criterio de las premiaciones que esta mañana, gracias al mercenario bocazas, ha sido finalmente derribado.
Del proyecto “Historias cortas para pesadillas largas”, de Pablo Cuevas.
I
Es hora de que nos movamos rápidamente a una de esas casas acogedoras de nuestros tiempos, allá en el pequeño pueblo irlandés de Limerick, donde tendrá lugar uno de los más escalofriantes hechos que estamos dispuestos a revisar.
La casa de la cual te hablo, querido lector, era más bien vieja, lo cual no le impedía poseer su cierta belleza que los años aportan a algunos afortunados inmuebles. La estructura estaba bien cuidada y sólo había rasgos de su antigüedad por ahí y por allá. Contrario a lo que se pudiera pensar, el interior del hogar resultaba bastante iluminado y ventilado, nada podía revelar a simple vista el porqué sus arrendadores durasen tan poco tiempo en la estancia. La propiedad tenía un aspecto rústico y se elevaba en una pequeña loma a las afueras de la ciudad, un tanto alejada de las demás viviendas aledañas, dando la imposibilidad de tener algún vecino. La encargada de la administración de aquellas casas era la señora Andújar, una mujer argentina exiliada hace tiempo ya, solterona y simple de pensamiento. Acostumbrada a la rutina, la mujer se sorprendió ligeramente cuando un joven español ya entrado en los veinte llegó con suficiente dinero para arrendar la casa por lapso de seis meses. Aquel hombre se llamaba Ricardo y tenía un aspecto sano, de mente abierta y aún soñadora. Sus prendas eran sencillas pero bien cuidadas, de tez morena y bastante alto, arribó con su atiborrada mochila que parecía contener ser sus únicas pertenencias. Aunque la posibilidad de saber aún más de aquel extranjero le azaró a la señora Andújar, prefirió ser igual de indiferente que con los demás huéspedes y se limitó a proporcionar cortantemente la información que el joven Ricardo requería.
El ibérico se interesó particularmente en la vivienda que a pesar de su antigüedad y poco mantenimiento, lucía tranquila y misteriosamente atractiva por dentro. La señora Andújar tenía malas experiencias con esa casa, sus temporales huéspedes solían aguantar alrededor de una noche (a veces ni a eso llegaban) cuando su pago de renta excedía en demasía ese tiempo. Por más que la mujer argentina inquiría en saber más acerca de la huida de sus casuales clientes de esa vivienda, nunca pudo descifrar nada por más que inspeccionaba la casa después de cada uno de esos altercados. Obviamente, este tipo de incidentes no eran advertidos para los nuevos interesados, y aunque supiera que la ocupación de aquel lugar sería por algunas cuantas horas, sabía muy bien que algún dinero iba a pescar. Para cuando Ricardo tocó la puerta de la señora Andújar el día se encontraba en pleno crepúsculo, explicar los motivos del joven fue breve y aunque la mujer ya no acostumbraba dar recorridos en sus propiedades a esas horas, la insistencia del muchacho la obligó a ponerse sus pantuflas y salirse de su casa. Rápidamente buscó las llaves frontales de sus casas en una mohosa caja en su habitación y llamó a Misifú (su única compañía, un gato gordo y café) para que la acompañase. Salieron de aquella casa y el muchacho optó por seguir a la mujer con su mochila en hombros y poniéndose un ligero suéter, el cielo estaba densamente nublado y se podía pronosticar una dura tormenta para la noche. A través de una angosta empedrada vereda que servía de banqueta para las propiedades, caminaron a buen paso hasta llegar al final de esas viviendas. El camino seguía la loma, que dejaba avistar a lo lejos al pueblo más cercano, y a la derecha, se elevaba un pequeño montecito que sostenía a la casa adonde nuestros dos personajes se dirigían.
Con el afán de no parecer grosero, Ricardo hizo un intento inútil de conversación cuando faltaban unos cuantos metros para la puerta de la casa. -Me imagino que tendrá muchos clientes en esta parte del año, el otoño se presta mucho para viajar a este tipo de pueblecitos- exclamó. -Los suficientes- la mujer respondió- aunque usted es mi único cliente por el momento… ¿un cigarrillo?- dijo gravemente sacando una cajetilla de un bolsillo de su roída bata. -No gracias- dijo el joven -lo trato de dejar- haciendo un ligero ademán de agradecimiento. -Hace bien, estas cosas matan. Aquí es, entre por favor-. Los dos entraron en la vivienda acompañados de un incómodo rechinar de la puerta principal, Ricardo dedujo que la casa recibía muy pocas veces mantenimiento, si es que alguna vez lo recibía. La señora Andújar lo guió a través de las polvorientas habitaciones con la mayoría de muebles cubiertos con sábanas, lo cual hacía que las estancias luciesen algo extrañas. A la entrada del lugar se abría un espacioso recibidor con una chimenea vieja en medio de la pared izquierda inmediata. Un arco a la derecha se abría y daba paso a un comedor (o al menos eso pensó Ricardo, pues observó una larga y vieja mesa con 4 sillas desordenadas junto a la misma), justo en frente de esta sección se abría un gran ventanal con vista al porche, lo cual facilitaba la vista del lejano pueblo y los tejados de las casas cercanas. Después de aquel lugar se abría un pequeño espacio que podría servir como cocina, el pasillo por donde se accedía a esta habitación continuaba hasta dar con unas escaleras de caracol que llevaban a una segunda planta. Al subir, se daba con otro amplio corredor que a sus lados mostraba las puertas de las muchas recámaras que la casa guardaba. La señora se limitó a decir que todos los seis cuartos eran iguales con una ventana y cama incorporadas. El baño se encontraba en la séptima puerta del corredor, siendo ésta la última habitación.
Después de echar un vistazo a las diferentes recámaras, Ricardo quiso ver el estado del baño, pero la luz natural era ya insuficiente y el final de aquel pasillo estaba ya sumiso en la más oscura penumbra. Pidió saber dónde estaban los interruptores de la luz eléctrica, a lo que la señora Andújar respondió -Por el momento no hay luz eléctrica, por la ubicación de esta casa, no es rentada a menudo. Mañana haré que se reinstale la corriente para que pueda ser usada de inmediato por usted.-dijo mientras bajaban a la primera planta -En ese caso no hay problema,-dijo cortésmente- no tengo lugar para quedarme esta noche, así que no será un inconveniente dormir sin luz el día de hoy- La señora Andújar se sintió incómoda al respecto, no quería que su único cliente pasase su probable única velada en aquella casa a oscuras. -No es necesario que se quede aquí hoy, puede dormir en otra de las casas si gusta- inquirió algo nerviosa. -Insisto, señora. Me quiero acostumbrar a esta vivienda, pasaré un largo rato por acá. A menos que me esté protegiendo de algún susto…- inquirió dibujando una ligera risa en su rostro.
Andújar se dejó de rodeos y contestó -Para nada. En ese caso déme el dinero de su alquiler y mañana a medio día usted contará con corriente eléctrica-. Ricardo sacó una buena cantidad de dinero de su mochila y pagó la renta para medio año, después se despidió de aquella tosca mujer y cerrándose la puerta de la entrada, se quedó completamente a oscuras en aquella polvorienta casa. Ricardo se había convertido en un hombre sin complejos, así que decidió descansar del viaje que había efectuado yéndose a dormir más temprano que lo habitual en alguna de las habitaciones superiores. Antes de instalar sus pocas pertenencias en alguna, quiso asearse. Penetró en la ya dominante oscuridad del final del pasillo y dio fácilmente con la vieja puerta del sanitario, que se encontraba un poco trabada. Tratando de abrirla delicadamente, tomó la cerradura con fuerza y empujó con su hombro derecho. En los pocos instantes que hacía esto, divisó una forma rectangular en la angosta pared que daba final al pasillo. Dió algunos pasos y palpó esta forma que sobresalía en relieve del resto del concreto, tenía la impresión de que sería un cuadro o algo parecido a un retrato, pues esperaba encontrarse algún cristal si se trataba de alguna ventana oculta. Sin duda era un marco, cuya imagen no lograba descifrar debido a la densa oscuridad de la noche. De pronto, un relámpago iluminó la pared en su totalidad y Ricardo se encontró con un rostro malévolo sonriéndole y mirándole fijamente. El joven se hizo hacia atrás por la imagen que acababan de asimilar sus pupilas mientras que el estremecedor sonido del trueno lo hacía volver a la oscura realidad.
II
Para cuando Ricardo terminó de entender lo que había ocurrido, se sintió ridículo tendido en el piso y con el corazón tan acelerado. Sus ojos se había topado bruscamente con una de las obras de arte más importantes de la humanidad, al fondo del pasillo, La Gioconda de Leonardo Da Vinci sonreía en la oscuridad. Fue uno de esos curiosos momentos donde el hombre tiene la capacidad moral de reírse honestamente de sí mismo. Una ligera carcajada salió de la garganta de Ricardo, sintiéndose ahora más reconfortado. La tormenta que se avecinaba había estallado por fin, Ricardo se incorporó rápidamente para lavarse la cara en plena oscuridad y encontrando todo a tientas. Sentía cómo sus pupilas se adaptaban lo máximo que podían a aquellas condiciones. Sintió algo de hambre y se dirigió a la habitación que había escogido y buscó una manzana que en algún lugar de su mochila había metido. Se la comió rápidamente y tiró los restos en el bote junto a su cama. Aunque no le pasaba por la mente ni un mal pensamiento sobre algo sobrenatural en aquellas habitaciones tan cercanas a él, tampoco quiso bajar a la primera planta hasta que fuese de día. Contrario a lo que una vieja casa a oscuras en plena tormenta facilite pensar, Ricardo no tuvo ningún problema para quedarse dormido.
Sin saber cómo llegó ahí, él estaba sentado en esa larga mesa en la cual se había fijado antes en la entrada. Las otras tres sillas estaban ahora mejor acomodadas, una para cada lateral y otra en el opuesto sitio donde Ricardo estaba sentado, con una pequeña diferencia… había alguien sentado en ella.
Un estremecimiento le recorrió el cuerpo, su piel se erizó cual gato asustado. Quiso proferir cualquier sonido que liberara su tensión, pero fue incapaz, le faltaba el aire. Quería salirse de ahí corriendo, en cualquier dirección, sólo salir de ahí. Tampoco pudo. El bulto permanecía aún ahí, inamovible; Ricardo esperaba que en cualquier parpadeo despareciera, pero no fue así. Estaba ahí, justo enfrente de él, poco a poco se aclaraba mejor aquella silueta…algo decía… si, algo salía de una voz casi imperceptible. Justo cuando Ricardo, inmovilizado por unas cadenas invisibles, alcanzaba a entender alguna de las palabras que aquella voz emitía, el sonido de la lluvia y los truenos ahogó aquél débil susurro.
La silueta era ya muy definida, una delineada cabeza estaba observándolo, parecía una figura femenina, con las manos juntas apoyadas en la mesa. Un rayo pareció caer justo en el jardín frontal y su luz penetró por la ventana descubierta enfrente del comedor. Ricardo quiso llorar de miedo, su desesperación era total, quería esconderse, quería vomitar, quería retorcerse… pero todos sus sentimientos internos eran contenidos por su propio cuerpo, sin poder hacer nada… sólo mirar el escalofriante ente que estaba enfrente de él. La luz del relámpago pareció ser eterna, pudo ver a aquel repúgnate ser delante de él con la peor claridad… sí era ella… ¿pero cómo? “¡Dios! ¡Es… la… Mona Lisa!”.
Aquel rostro estaba serio, pálido, como si estuviese esperando algún acontecimiento durante una larga existencia, y cuando se presenta, simplemente no lo cree. La mujer parecía lo más real posible, Ricardo sentía que se desmayaba, pero una escalofriante realidad lo obligaba a mantenerse lúcido. La mujer vestía igual que su doble en aquel retrato, sus ojos parecían saber cada pensamiento de terror de Ricardo, y peor aún, parecía disfrutarlo. Con una sobrenatural agilidad, empezó a treparse a la larga y rectangular mesa, como si fuese una repugnante araña que se acerca amenazante a su presa, que encuentra ahora inútil retorcerse… pues hasta eso le es imposible. Ricardo tenía náuseas, sentía las gotas de sudor cayendo de su rostro, las piernas y las manos, y un líquido más ligeramente viscoso salía de una de sus fosas nasales. La mujer estaba cada vez más cerca, y de a poco su particular sonrisa iba forjándose en sus secos y cuarteados labios. Seguía mirándolo. Algo portaba en sus manos, pero aún imperceptible para las pupilas de Ricardo, totalmente poseído por la impotencia mental y física. La mujer se acercaba cada vez más y de pronto, se detuvo, dudosa y extendió la mano cerrada a Ricardo, la abrió lentamente y dejó caer sobre la mesa algo bastante absurdo e inesperado: los restos de una manzana.
La Mona Lisa pareció adivinar la primera reacción de Ricardo al ver lo que tenía en sus manos, y como si fuese parte de una broma mortal, una risotada espeluznante de aquella mujer hizo que los relámpagos y los truenos siguiesen su curso. Unos golpes secos e intermitentes sonaron. Una corriente de aire gélido hizo que Ricardo perdiera finalmente el conocimiento, siendo lo último que viera unos ojos penetrantes que se divertían viéndolo caer.
III
Despertó. Ricardo se encontraba jadeando en su recámara, la cama estaba empapada en sudor. Se sentía mal, su cabeza daba vueltas y parecía tener fiebre. De pronto, y recobrando el sentido de las cosas, experimentó ese rápido alivio que sentimos al saber que todo ha sido una pesadilla, ¿pero en verdad aquellas imágenes que habían sido tan vívidas, habían sido sólo un mal sueño? Ricardo se empeñaba en pensar que sí, no se atrevía a poner un pie en el suelo, y este torbellino de pensamientos era formulado mientras tenía la vista fija en el húmedo techo. De pronto, unos golpes secos e intermitentes, idénticos a los del final de su sueño, lo pusieron de nuevo en alerta. Estaban tocando a la puerta. Se incorporó tan rápido como pudo. Se sintió mareado al primer momento en que estuvo de pie. Sintió náuseas y buscó el bote de basura, lo encontró vacío y vomitó ruidosamente dentro de él, hubiese querido ir al baño a acicalarse, pero la persona que tocaba parecía haber estado esperando por mucho tiempo. Salió de la recámara y miró hacia la derecha, ahí estaba la pintura, sin ningún aparente cambio en su rostro. Tal cual como siempre ha sido. Bajó lentamente –¡Ya voy!- vociferó molesto. No dirigió su mirada a otro lugar de la primera planta que no fuese la puerta. La abrió rápidamente y se encontró con los negros ojos de un gato gordo y café. Era Misifú cargado de su dueña, la señora Andùjar. -Al parecer la oscuridad no lo ha tratado del todo bien- dijo la mujer con un tono más bien burlón. -No estoy de humor señora, ¿qué se le ofrece?- inquirió Ricardo. -Nada en especial, sólo avisarle que la corriente eléctrica esta reinstalada.- Andújar se fijó detenidamente en el rostro español, que dijo -Muchas gracias, se lo agradezco en verdad- a lo que Andújar respondió -Lo que sea,- dijo retirándose ya del porche- que tenga buen día y, límpiese la sangre de su nariz- .
Un estremecimiento recorrió el cuerpo de Ricardo. No pudo ni despedirse de la mujer. Cerró de un portazo y se recargó de espaldas a la puerta. ¡La sangre era aquel líquido viscoso que percibió salir de su fosa nasal durante aquel episodio de terror! Bueno, recordó que hay ciertos elementos de la realidad que son proyectados en nuestros sueños, sí, ¡eso debía ser! ¿o no? Como una espeluznante sombra deslizándose, sintió como el recuerdo de una idea llegaba lentamente a su cerebro y todo parecía colocarse en terrorífico orden. ¡Había vomitado en bote de basura vacío! ¡No había restos de su manzana en él!
Dio unos temerosos pasos hacia el comedor, sabía que lo que encontrara en aquel lugar sería definitivo para confirmar o desmentir sus sospechas. Volteó. Observó. Si, las sillas estaban ordenadas en los extremos, el asiento de cabecera estaba tirado en el suelo, y una mancha de humedad se extendía junto a él. Se llevó la mano a la boca, su asombro y su pavor eran desmedidos. Su mirada se levantó de a poco… y los restos de una manzana podrida se esparcían por toda la mesa. Un grito de profundo horror rompió el silencio de aquella casa.
Nada se supo del joven español que llegó a Limerick en aquel otoño. La señora Andújar jura haberlo visto yéndose caminar aquella mañana con rumbo opuesto al pueblo. Dejó su mochila en la habitación que eligió y la señora Andújar limpio el desorden que había hecho. “Algún maldito drogadicto ilegal”, pensó. Si vas por aquellas escondidas tierras la encontrarás tan amargada como siempre y acariciando a su gato gordo. En cuanto a Ricardo, es obvio que se largó. Algunos lo podrían catalogar como un acto cobarde, aunque otros lo podrían llamar una muestra de prudencia. ¿Para qué asustarse innecesariamente? Después de todo, tal vez muchos de nosotros no seamos tan valientes.
IV
Por azares del destino nos internamos de nuevo en aquella casa en las afueras de Limerick. Es de noche y abrimos juntos la puerta de aquella oscura estancia, vemos a nuestro alrededor habitaciones ahora más que conocidas. Subimos las rechinantes escaleras de caracol y llegamos a un desolado corredor. Hacemos caso omiso de las puertas a nuestros lados y nos centraremos en llegar al final del corredor, donde ya sabemos lo que vamos a encontrar. Caminamos temblorosos cuando nos imaginamos con lo que nos podríamos topar a medio camino. Pero no hay incidentes. Sacamos una pequeña lamparita y la levantamos para mirar temerosos el cuadro que está justo enfrente de nuestros rostros. La Gioconda está ahí, tan quieta y misteriosa como siempre. Si acaso… su sonrisa está ligeramente más marcada esta noche.
Ver una película es un ritual más complejo del que aparenta ser. Dependiendo a nuestro estado de humor y la cantidad de tiempo que tengamos, sentarnos a ver una película -ya sea en el cine o en nuestro hogar- significa estar dispuesto a ingresar durante dos horas a un mundo ajeno al tuyo y donde literalmente, todo puede suceder. Ya dependerá de cada película qué tanto nos haga envolvernos en su trama.
Sin embargo, hay algunas ocasiones, y son contadas en la vida, donde ver una película se convierte ya no en un pasatiempo y más bien en una experiencia. Pierdes la noción del tiempo y para cuando termina te das cuenta de lo impactado que te quedaste, y aunque te cueste admitir que el filme te encantó, también muy internamente sabes que jamás volverás a ver esa cinta.
Ya sea por su crudeza visual, carga emocional o conexión personal, aquí te doy 10 ejemplos de producciones que por excelentes que sean, basta con verlas una vez para que las recuerdes toda la vida.
10.- La Dama del Alba, de Emilio Gómez Muriel.
¿Como es posible, que una película que fue filmada hace 66 años, siga siendo una de las producciones más escalofríantes que jamás se hayan realizado en México? Una cinta que prueba ser el ejemplo de cómo una obra audiovisual puede resisitir el paso del tiempo y trascender en el mismo. Aquí, se nos presenta la historia de una misteriosa -y hermosa, por cierto- dama de negro que llega a pedir posada a la casa de una familia en duelo. Con una fotografía estupendamente lograda, la cinta logra transmitirnos de manera incómoda la creciente inquietud que va creciendo en el ánimo familiar al tener a tan extraña presencia dentro de la casa. No necesitó de complicados efectos especiales ni nada por el estilo, simplemente un guión poderoso (basado en una popular obra de teatro hispana) y actuaciones memorables por parte de Marga López y Emilio Tuero. Puedes demandarme si la última toma de la peli no te da escalofríos... cuando la veas comprenderás.
9.- Enemigos Idénticos, de Dennis Vlleneuve
A punto de terminarme por vez primera mi lista de películas pendientes en Netflix, una buena noche se me ocurrió escoger esta para ir avanzando. Recuerdo haberle puesto play como a la una de la mañana, y también recuerdo que al terminar la película,tuve que intentar dormir con la luz prendida. Esta producción está basada en el cuento “El Hombre Duplicado”, del genial José Saramago, y si bien es una adaptación libre del mismo, no deja de ser una de las cintas más inquietantes con las que jamás me haya topado. La trama sigue a un aburrido profesor que encuentra a su doble físico una noche mientras ve una película que le recomendaron. Intrigado por la misteriosa coincidencia, en su búsqueda -alimentada por su ocio- por encontrar a su gemelo se encontrará con eventos un tanto desagradables.
Se trata de un filme bastante ambiguo, donde prácticamente todo lo que ves puede interpretarse de varias maneras y donde se encuentran metáforas por todos lados. Tal vez no haya una manera “correcta” de resumir la historia, pero lo que más me gustó fue el giro inesperado en los últimos treinta minutos, donde el terror psicológico se vuelve casi insoportable y se ve culminado con una espantosa escena final -¡Dios, de escribirlo y recordarlo me dan nervios!- que nadie ve venir y te deja con muchas más preguntas que respuestas.
8.- Oldboy, de Chan-wook Park
Es sin duda la mejor película que ví en 2015, que no es del 2015. No sé como pude vivir 12 años sin haber visto esta obra maestra de la violencia visual. Aquí descubrí que no es precisamente el derrame de sangre lo que asusta o impacta a una audiencia, sino los motivos que lo generan. Una cinta de acción que contiene secuencias memorables con un ritmo y edición explosivos, acompañados de una trama que no deja de retarte para que le sigas la pista y seas sorpendido e intrigado cada 15 minutos. El libreto de Park, Chun-hyeong Lim, Jo-yun Hwang acierta en no tener piedad con sus personajes, llevando a cada uno de ellos al extremo, lleva al espectador a tratar de taparse los ojos ante la insoportable sensación de no querer ser cómplice del funesto -pero justo- final.
Oldboy contiene mi final inesperado favorito.
7.- El Exorcista, de William Friedkin
A menos que seas de esos cinéfilos a los que nada los asusta -e incluso así, debes reconocer que esta peli es punto y aparte en el género-, la obra de Friedkin es una de esas que tienes que ver (así como suena, por obligación) una sola ocasión e irte caminando lentamente después de. Más allá de los efectos o terror gráfico que muestra el pietaje, El Exorcista se mantiene en el Top por un elemento que suele fallar en las producciones contemporáneas: el factor emocional. Estamos hablando de una historia universal, la maldad se presenta en todo y en todas partes, depende de cada uno cuánto de esa maldad deja entrar en su vida. El Exorcista me hizo darme cuenta que nunca está de más creer en algo, y no ir por la vida nada más sobreviviendo y pensando que uno es incorruptible, porque no lo es.
6.- Trainspotting, de Danny Boyle
Elige vida. Más clara la enseñanza de lo que considero el mejor trabajo de Danny Boyle a la fecha (y vaya que me gustó Steve Jobs) no puede ser. Este filme contiene en su trama y personajes las 6 emociones humanas universales: ira, alegría, disgusto, tristeza, sorpresa y miedo. Se trata de darse cuenta finalmente uno no puede poner el destino propio en manos de alguien más, sin importar cuánto lo queramos. Renton es el reflejo del ser interior que todos tenemos, aquél que dice que sí a las adicciones y acepta todo lo que prudentemente estamos acostumbrados a rechazar. Renton fue la manera de Danny Bolye de expresar lo bajo que podemos caer, e incluso así, inlcuso en el el baño más asqueroso de todo Reino Unido, podemos sacudirnos y levartarnos de nuevo. No hace falta verla más de una vez para llevarte tatuado en tu memoria a Ewan McGregor siendo escupido por un inodoro.
5.- Pi: El Orden del Caos, de Darren Aronofsky
Aronofsky es uno de los pocos cineastas que pueden llevarte al interior de la mente de sus personajes. Literalmente. Se puede decir que en esta producción el aclamado director deja ver su constante onsesión por el psique humano, sobre todo lo increíble que el cerebro puede crear.. y destruir. ¿De qué sirve ser una calculadora humana cuando no puedes ni entablar una plática con niguno de tus vecinos? ¿De qué sirve ser el más inteligente del edificio si no puedes ni cruzar mirada con la chica que te gusta? Los encuadres cerrados de Aronofsky sumados con la estupenda mezcla de sonido, hacen de cada minuto una experiencia casi asfixiante, donde vemos la travesía de un hombre por descubrir un patrón matemático que existe, pero que está oculto en el mundo cotidiano por una razón. Otra peli con final abierto, donde como espectador puedes elegir que versión de desenlace te gusta más. Al menos eso nos concede Darren, ¡gracias!... supongo.
4.- La Naranja Mecánica, de Stanley Kubrick
Ok, seamos honestos: sólo la he visto dos veces, y la última fue sólo por tarea. Pero la primera ocasión que Stanley Kubrick llegó a mi vida fue cuando ví La Naranja Mecánica a los 11 años, con mi mamá a un lado tratando de explicarme uno que otro suceso que me era aún ajeno. ¡Es una esputenda película en todo aspecto, no hay más! Pero lo anterior no es sinónimo de que la puedas ver una y otra vez. Lo violencia desmedida con la que Alex está acostumbrado a vivir llega aun nivel brutal, en ambos actos de la historia. Ya sea en el lado donde Alex es quien la ejerce, o cuando es víctima de la misma. Hay tanta crudeza en esta trama, que no es difícil explicarse porqué en algunos países las proyecciones de este filme están aún prohibidas.¿La mejor de Kubrick? Eso está a discusión, pero sin duda cuando se trata de hablar de sexualidad reprimida, no hay producción que se le compare. No te culpo si te sentías incómodo cuando te auto-descubrías tarareando Spinning Around poco tiempo después de verla por primera vez.
3.- Irreversible, de Gaspar Noé
La única película que en toda mi vida, ha generado sentimientos tan opuestos: estar totalmente conectado con la historia, manteniéndome al filo de la butaca, pero al mismo tiempo deseando con todas mis ganas que llegaran los créditos finales. Es realmente una experiencia estresante y abrumadora ver Irreversible, pues desde la narrativa visual que Noé aplica en TODA la cinta (editada para que comience en el final y termine en el principio), la música, fotografía y actuaciones, está todo puesto para que no te levantes en la hora y media que dura. Se trata de una no muy complicada historia donde seguimos a una pareja inmersa en una caótica noche en París, donde al ser la mujer brutalmente violada, se desatan eventos espeluznantes.
La gente en festivales y en funciones por igual, no aguantaba la película e incluso fue denominada como la cinta que más hizo abandonar la sala a sus espectadores. Al haber incluso personas desmayadas y vomitadas en las proyecciones, se reveló que los primeros 30 minutos contienen un efecto de sonido casi inaudible emitido a 28 hertz -similar al producido durante un terremoto-, puesto a propósito para ayudar a crear una sensación de náusea y vértigo. De verdad, es un logro del que puedes estar orgulloso si has visto este excelente filme completo.
2.- La dolce vita, de Federico Fellini
Si eres un amante del séptimo arte tarde o temprano tendrás que ser testigo de una de las películas sí, más icónicas el cine italiano, pero también de las más espesas. Fellini nos presenta la alocada vida de un extravagante periodista de Roma, que se encontrará con todo tipo de gente y vivencias en sus caminatas nocturnas en busca de material para escribir. Sí, es complicado aguantar las tres horas de excesos y libertinaje, pero al final resulta ser una película perfectamente balanceada y con postales irrepetibles dentro de la historia del cine. Con una sola ocasión que la veas, será suficiente para recordar a Anita Ekberg bañandose en la Fuente de Trevi para siempre.
1.- El Séptimo Sello, de Ingmar Bergman
No es que sea insoportable como para verla de nuevo, es que simplemente mientras más piensas en lo que acabas de presenciar, y el significado va entrando a tu cabeza, mejor prefieres quedarte con esa partida de ajedrez gaurdada en la memoria. Bergman nos traslada a los oscuros tiempos de la Pste Negra para ser testigos de cómo un caballero que va de regreso a casa, se topa con el adversaio final: la muerte. Pero antes de llevarlo consigo, ésta le concede una última partida de ajedrez, donde los misterios más recónditos de la existencia humana van saliendo a flote.
Cada fotograma que conforma El Septimo Sello podría ser enmarcado y puesto en un museo, es increíble como Bergman se ayudó de una fotografía insuperable para contar la historia del eterno deseo humano de saber todo acerca de los temas más incómodos, y de las indeseables respuestas que no queremos escuchar pero en el fondo todos queremos encontrar.
Y justo cuando crees que el viaje está terminado, tus ojos se hallan frente a la toma más aterradora de todas: la muerte y sus víctimas bailando siniestramente a contraluz en la colina.
Es tiempo de compartir la música de estos genios de L.A
Cuando haces películas, videos musicales o cortometrajes, existe en tí una rara ansiedad por hacer que el mayor número de personas vea tu trabajo, tantas, que llegue el momento donde no puedas controlar quién visualiza tu labor y el momento en que lo hace. ése momento donde tu video en YouTube tiene de la noche a la mañana 5,000 visitas, lo cual te hace pensar que 5,000 extraños se han animado a darte un click.
Me imagino que algo parecido pasa en el mundo de la música, tus melodías se vuelven tan populares, que realmente ya no sabes en dónde ponen tus canciones y con qué finalidad. No creo que Jamie Lefler y Robert Cepeda pensaran cuando componían "Hungry Hearts", que el escritor de esta nota la pusiera en su iPod cada vez que va camino al cine donde trabaja.
Descubrí a DWNTWN al mismo tiempo que encontré a una de mis películas favoritas de toda la vida: Drive, de Nicolas Winding Refn. Buscando en YouTube artistas como College y Electric Youth (quienes aparecen en el soundtrack) abrí la sugerencia de la música de DWNTWN. Casi un año después, me considero su más ávido fan mexicano.
Si necesitas una prueba, o algún tipo de garantía de que su música merece una revisada, sólo basta escuchar su versón de la ya clásica "Good Life", de OneRepublic.
¿Acaso no es lindo, tener tu artista favorito, que parece nadie conocer más que tú, e irle enseñando tu descubrimiento a tus amigos, poco a poco? Así me ha sucedido con estos chicos, de quienes no sólo me agrada su música, sino el magnífico trabajo que han hecho con sus videos musicales, que logran proyectar la misma energía que sus canciones. ¿Mi favorito? Sin duda See My Eyes.
Aún desconodcidos en México, sí, pero no podía dejar pasar la oportunidad de hacerle su artículo a esta agrupación que está volviendo loco a Los Angeles, la ciudad que, no por coincidencia, es la capital de mi pasión: el cine.
Cuando haga mi película, ya sé a quien encargarle el tema musical.
Haz contacto con DWNTWN, aquí. You won't regret. #fact
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¿Hasta dónde las actuaciones son más importantes que el guión?
Creo que no soy el único que piensa que los Oscars del presente año lucen como una de las entregas más reñidas y parejas de los últimos tiempos, presentando nominados que reúnen las características necesarias para llevarse la codiciada estatuilla y haciendo más difícl escoger a un favorito. Sin embargo, la Academia tomó una decisión que hasta el día de hoy, luce más bien como un impedimento para saber qué pelis nominadas a la mejor del año, se merecen realmente la oportunidad de competir y cuáles figuran sólo por ser de la autoría del cineasta consentido del momento.
Esto de poder tener hasta 10 títulos completamente distintos entre sí compitiendo para Mejor Película llega a ser frustrante cuando cintas como American Hustle llegan a ser consideradas. No estoy escribiendo que sea una mala producción o que sea un bodrio, pero simplemente no tiene lo necesario para estar en la terna. Si bien David O. Russell nos había encantado con Silver Linings Playbook y The Fighter, su más reciente obra dista mucho de generar el mismo impacto en las audiencias, llegando a parecer que es el resultado del capricho de juntar a determinados actores en la misma historia. Si algo nos enseña el pasado fílmico, es que muy pocas veces funciona el tener juntos a los histriones más populares de la temporada compartiendo la pantalla.
No puedo negar que Christian Bale y Jennifer Lawrence son por mucho -demasiado, quizá- lo más rescatable de American Hustle, y aquí ocupo el término "rescatable" para aclarar que si bien su desempeño es extraodinario, de una u otra manera ya sabíamos el talento que ambos poseen y no es suficiente para que la trama levante. Sí, el humor y los gags son bien elaborados, pero al final es un guión que no decide cuál es su protagonista o la trama que realmente quiere explotar a fondo.
La selección musical es genial, y como siempre, agradezco que Jennifer Lawrence haga al menos de una escena inolvidable, pero al fin y al cabo, American Hustle no es nada del otro mundo.
The good thing about goodbyes, is the promise of a reencounter.
With time, is cool to know -and feel- that a shortfilm is going to be good if you know who is the director and the people involved, even before you watch it. This is exactly what is happening with Cyrus Trafford, an interesting and talented actor who has an awesome capabilty to find the right team to get his films done.
Minnestoa Moon is, the way I see it, the most personal work of Trafford, it uses a simple conversation to create an emotional link between the audience and the character, just like a play does. It's about two mates who will take different paths soon, and maybe this is the last time both will be able to share a beer.
The breaking point is an argument started by the possibility of joining the army, and fighting wars that aren't really theirs. This is how this two friends begin to show their real nature, and how personalities can collide, explode and then ammend each other. This relationship framed in 11 minutes is completely organic, showing the script was well written.
It's outstandinf Moment2Moment Pictures has given the tools to make a succesful work of production, the costume design and illumination are appropiate. If I had to find defects in Minnesota Moon, I would only enlist the camera motion, which become predictible and tiring at moments.
However, I can honestly say it's one of the best shortfilms I've seen in a while, and makes me to look forward to more Moment2Moment creations.
Rating - 4.5/5
@PabloCuevas_
Please, watch "Minnesota Moon" right here.
Pablo Cuevas Film @pablocuevas - Tumblr Blog | Tumlook