Esos días en que las dudas
son más largas que mis certezas,
y que entre estas últimas
conozco también que ninguna es cierta,
me da por caer en apacibles penas
enriquecidas por el sol de invierno brillante.
El agua por todas partes, de pronto;
de pronto, en las noches duermo poco.
Fue mágico el tren de pensamientos
que me llevó sin exactas guías,
que me trajo con cariño a la ciudad
lamentando mi propio espanto,
mis borracheras y la monotonía.
Espanto no de mí sino todo lo demás
.
Negándome a creer en la voluntad del tiempo
y despreciando todo lo que no perteneciera
a este caos y este momento:
el consuelo en medio del tedio.
Tan mínimo y despojado de ángeles,
¡qué injusta es la razón!
Poner los pies en el suelo
no siempre resulta de lo mejor.
Qué fantasía perfecta la infancia olvidada,
los rostros casi soñados de las criaturas con alas,
la dulzura sublime de ojos inclasificables,
al punto de las lágrimas esa belleza,
al punto de la locura aquello indescriptible.
¡Cómo vuelan ahora esos mismos ángeles
en el cielo cambiante de la ciudad!
Y en las calles me persiguen,
en el asiento de al lado,
en los juegos ruidosos y el letargo del domingo.
Al punto de la locura me deja aquello indescriptible,
Las dudas, más largas que las certezas,
tienen forma de ángel y aún su sombra
es imposible: no me alcanza la tinta
y me sobra todo el papel.