Por primera vez en la vida admitÃa que necesitaba trabajo con urgencia, ya estaba harta de tener que depender de la estúpida de su tÃa, asà que habÃa aceptado la oferta de unirse al grupo de bailarinas del bar que hace dÃas iniciaba su reapertura. Según el gerente, el lugar necesitaba chispa para atrapar clientes y la estrategia perfecta era tener mujeres bonitas y sensuales que deslumbraran la noche con sus bailes exóticos, la paga era buena y bailar era un talento oculto que ésta tenÃa, asà que todos salÃan ganando. Era el primer ensayo y aún faltaban varias horas para éste, pero Claire se encontraba en un callejón pequeño contiguo al bar, ensayando algunos pasos que de la nada habÃan surgido en su cabeza, sin percatarse de que alguien la observaba a lo lejos, hasta que se dio vuelta y dio un respingo por la presencia tan repentina de ésta.— ¡Oh por Dios! —murmuró para ella misma, respirando acelerada por el susto que habÃa recibido.
Corrió al callejón más cercano y se deshizo de su máscara. Una noche más, otro tonto sin dinero que pretendÃa irse sin pagar. Para su mala suerte se habÃa hecho tarde y habÃa mucha gente, asà que tuvo que correr al primer callejón que encontró. Se despojó de sus ropas negras, quedándose en camiseta de tirantes y unos pantalones cortos que llevaba debajo, y lo metió todo en una bolsa que llevaba con ella, junto al arma. No se habÃa dado cuenta de que habÃa alguien más hasta que escuchó un suspiro y una demanda a Dios. — ¡Tu vida, menudo susto! — porque sÃ, se habÃa asustado. Miró con claridad, y pudo distinguir a Claire. — ¡Hey, chica! ¿Qué haces aquà en el callejón?Â












