Salió de esa sala de la casa aún con los ojos y los oídos bien atentos a cualquier cosa que se acercara a ella. Un paso, otro, otro… ¿y garras? No, pisadas de animal, posiblemente un perro. Alguien con su animalito había entrado para que defecara ahí, og. Y entonces vio al perro dirijirse a ella al trote, y no pudo evitar hacer un puchero; era tan cuco — Awww, mírate cosota — le acarició las orejas y este se colocó a dos patas para apoyarse en ella, pero Nía agarró las patas como si fuesen manos y empezó a jugar. Fium, fuera preocupaciones. Justo entonces los pasos se acercaron, y ella sonrió — ¿Es tuya esta monada?
Una amplia, además de divertida, sonrisa curvó la comisura de sus labios al ver como el gran animal igualaba la altura de la chica en cuánto el mismo se echó encima suya, queriendo nada más algo de juego y diversión—. Totalmente mío —aseguró entre pequeñas risas, notando como al perro realmente le había agradado la chica—. Vaya, parece ser que le has gustado bastante. Y mira que le dije que tenía que dejar de ligar con tantas chicas, aunque por lo que veo el muy macho no se corta ni un pelo —bromeó, acercándose a la castaña tan solo unos pocos centímetros para observar más de cerca el espectáculo dado frente a sus ojos.





