La mirada perdurable de reflexión estética y social de Violeta Acuña, sobre un efímero (pero vivo) gesto que creé para Incandescencias con la intención de vivir y (des)archivar la (historia y el presente) de Asunción (Paraguay) sensorialmente. Abajo el texto.
El Colmenar III | Bitácora del zumbido | Incandescencias: Naranjera Pasajera
Noche 5. 19.08.25. Critica sobre el gesto de Natalia Santos por Violeta Acuña.
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violeta acuña y Plataforma Nómada
mar 12, 2026
Un atlas naranjal y deriva multi-sensorial atravesadas por el archivo histórico y del vagabundeo urbano.Naranjera Pasajera por Natalia Santos Vega | Incandescencias - 1° Ciclo de Artes Vivas | CCEJS | Registro fotográfico por Sara García.
Preámbulo
“¿Qué buscamos cuando encontramos?
¿Cómo llegamos cuando los hitos son imprecisos, invisibles?
¿Por qué sorprende lo que siempre estuvo allí?
➡️ Para hacernos estas preguntas Naranjera-pasajera (a la deriva) nos promete un recorrido por la psico-geografía del pasado, presente y ¿futuro? de Asunción, una ciudad que se debate entre la memoria de sus naranjos y flores y los signos del porvenir.🌿🍊”
Así rezaban los afiches de invitación a Incandescencias, 1° Ciclo de Gestos de Artes Vivas.
Las primeras cosas primero: el gesto no es menos que la performance. Ni en términos de rigor, ni de resolución, ni de formato.
Frente al uso local indiscriminado de la palabra, desde hoy en adelante me desmarcaré del uso para ubicarnos en donde siempre orbitó nuestro interés: las Artes Vivas, propiamente. Reiterando que no se remonta del teatro como alguna vez se preguntó (¿quizás lo relacionó esa persona con mi background?) Esta se sitúa mas allá de la “acción” performativa donde comúnmente se lo suele equiparar. Sumado a ello la diletancia en materia de rigurosidad investigativa, práctica y un cierto oportunismo para enunciar toda acción como performance art y así cooptar espacios y ganar cierta visibilidad (o afectos).
También mencionar del porqué me aventuro a escribir una critica. Es bien sabido la escasa cultura escritural y reflexiva local a nivel histórico y la falta de referencias teórico-prácticas en la materia. Sumado a ello las implicaciones que conllevan escribir una crítica. Frente a este panorama, probablemente se presenten sucesos muy aislados en los que pueda recibir alguna vez alguna idónea (más que idónea; sensible, respetuosa, certera, constructiva y estimulante) hacia mis trabajos, en especial los de artes vivas. Quizás me toque a mí misma (de vuelta) asumir el desafío, por lo menos sobre mi ciclo y programacion… mirándolo desde otra perspectiva, que mejor ?
Spoiler: Partiendo de estas premisas-manifesto, en una suerte de croni-crítica1 intentaré desmenuzar lo que fue el gesto de Natalia Santos.
Entre pa(i)sajes y lo hiper-gestual
Siguiendo su proceso desde el Colmenar, Natalia tiene un historial de vagabundeo y otro tipo de afectos de larga data con Asunción, específicamente con su Centro Histórico (abandonado en gran parte, en alquiler, en venta o en ruinas). Desde su anteproyecto y proceso en la edición 2.0 hasta su participación en la tercera, su trayecto ha sido consistente y enfocado, dejando claros precedentes de su interés y urgencia con las calles como contenedor de historias en constante tensión. Su primer gesto fue concebido originalmente en creación colectiva para la muestra y cierre de procesos en el 2024, junto con Charo Montesino, Lourdes Muriel y Elian Echagüe, siendo un resumen y sello ceremonial de ese círculo efímero ardiendo en curiosidad, preguntas a la deriva y a la apertura de lo imprevisto entre telepatías húmedas y acuosas. Desde el ICPA (espacio host para esa edición) hasta el borde del río Paraguay, bajo pleno sol y clima ideales, caminables, vivibles… atravesamos varios pa(i)sajes senso-temporales. Todo ese trayecto estuvo marcado entre peatonales destruidas y cubiertas de hollín; de elementos cítricos y ácidos. Para esta vuelta, con precisión vegetal histórica (podría animarme a definirla), Nata reformuló el gesto y navegó cartografías a su criterio y vagancia.Naranjera Pasajera por Natalia Santos Vega | Incandescencias - 1° Ciclo de Artes Vivas | CCEJS | Registro fotográfico por Sara García.
La convocatoria citaba 18.00hs, tarde-noche de invierno paraguayo pasado por agua. Insistí(mos) en llevar a cabo la presentación a pesar de la constante llovizna. Arrancó en el salón de exposiciones del CCEJS sentada, detrás de un enorme mural amarillo con varias definiciones de lo que comprendería la “Ciudad Poscolonial” y sus ejes sobre la modernidad, modernidad pirateada, mito, residuo y flujos migratorios. Lo de Nata contrastaba con esa prominente nube de grandes ideas pos industriales con el presente, el gesto, el focus en su elemento, en lo efímero del momento y lo permanente de museo, superpuestos entre algunos anécdotas con aire nostálgico “Mi papá me enseñó a pelar, y nunca aprendí y pulir la naranja hasta que no queden filtros” dijo, si mal lo recuerdo. Sobre la marcha pelaba naranjas, que luego las repartió a los presentes (la que me entregó no tuvo ningún filtro, pude absorberla sin ninguna pérdida, caso contrario cuando nos compartió cuchillos e intenté pelar una… esa es otra historia pegajosa). Comprometida en su tarea, iba vestida de camisa y pantalones blancos con turbante a juego (haciendo alusión a la indumentaria del titulo mismo), aplicando sus conocimientos de cómo entrar en carácter o rendirle homenajea un personaje, que en este caso interesa más como experiencia encarnada que como representación. Al son corría en audio un ensayo in-extenso narrado por una voz femenina generada por IA sobre la historia de la Naranja en Paraguay en sus diversas ciencias: botánicas, sociales, políticas, económicas, geográficas y hasta gastronómicas. Si bien el texto es rememorado en fragmentos por quien les escribe, su extensión misma ayudó al gesto a tomar fuerza e ir marcando su intencionalidad, capturando nuestra atención y alterando la atmósfera en una extrañada, intermedial y adrenalinica nube, como generan las artes vivas.
Por si no fuera suficiente información entrecruzada, al final de la repartición de sus naranjos el audio narrado llegaba a su fin, y Nata nos pidió escanear cuatro códigos QR en distintos formatos antes de pilotarnos a su ruta (Se me ocurre llamar a este segmento hiper-gestual2). El primero contenía una encuesta3 sobre recolección de datos del participante para rellenarlo en el momento o en otros tiempos, incluso:Estamos buscando a la Asunción de los naranjos y las flores. Este es el instrumento de relevamiento de datos para caracterizar esos árbolitos que a veces ni vemos... y que nos podrían hacer recordar. El segundo4 nos direccionaba a un portal de fotografías analógicas (e intervenidas con color), el tercero5 nos redirigía a un articulo breve de la pagina oficial de la municipalidad de Asunción “La Naranja Hai” y el último a un video de la musica “Naranjera” de los Tres Sudamericanos. Es evidente la tekhné periodística de la performer, que insiste desde su oficio y nos invita a navegar desde diferentes aproximaciones sobre un mismo elemento que eligió abrirnos. Con ellas, nos desplegaba un panorama espacio-temporal distinto con una intencionalidad similar y la Naranja como un nodo entre ellas.Tipo / Técnica: Fotografía Fuente: Miller, Leo E. In the wilds of South America. New York, C. Scribner's Sons, 1918
El gesto no termina en la acción presencial: se ramifica. Los QR no funcionan como material adicional sino como capas operativas que expanden la deriva hacia el archivo, el dato, la encuesta y la memoria colectiva en construcción.
Atlas fructum
El segundo segmento se desarrolla a la deriva, partiendo de iteraciones y links de dirección. Durante el recorrido Nata nos redirigía constantemente, sin perder de vista una ruta implícita. Su propuesta de ideas e información fueron abundantes, pero aclaró que no todo debía activarse de inmediato o durante el trayecto.
Al ritmo y en loop de Los Tres Sudamericanos, nos invitó a acercarnos a los árboles y percibir las diferencias de aromas y texturas entre hojas y flores, observando cómo cada especie manifiesta estrategias de supervivencia particulares. Había didáctica en el gesto, pero sin caer en una guía turística o escolar: se sentía la presencia de la performer sin ser ella el centro de la expedición.
Como transeúnte y también vagabunda, las calles de Asunción me resultan hostiles: hay un peligro latente que se acrecienta sobre todo en la noche, que nos empuja a pasar rápido y en lo posible no parar. Me sigue resultando igual de significativo el caminar en grupo y ver a un grupo caminar, avanzando con personas no necesariamente familiares es aún más potente. Una expedición, salir en manada, encontrar un ritmo en común con mal clima y a contracorriente como actitud subversiva.
Lo más resaltante de este segmento es el gesto y su concepción misma, encontrando una sutil diferencia entre un gesto en la calle a un gesto de la calle, y este es el punto fundamental del ejercicio como de su presentación. Estamos acostumbrados a entender e intervenir la calle como un escenario abierto y espacio detonante, pero aquí la operación es contraria: abrirse a lo que la calle nos da.
Esto conecta directamente con la consigna del Colmenar 2.0 en sus laboratorios Atopías y el de Telepatías Húmedas, donde implicaron derivas.
Más allá de actuar desde el ego e interferir un espacio, el gesto propone hacer evidente el redescubrir la calle. Si la curiosidad está bien calibrada y nos permitimos detenernos, esos elementos sutiles, insignificantes, imprevistos y perecederos —o no, son contenedores de un rico material de archivo.
Eso es lo más trascendente del gesto de Natalia Santos: no se trata de llevar cosas al espacio público, ni de erigirse como centro por sobre toda pregunta, sino de desplegar los materiales que la calle nos ofrece y dejar a las preguntas emerger, dejando entrever las capas de hollín, pensamientos plasmados en el concreto y residuos volátiles que esconde la ciudad en dirección opuesta al trajín de los tiempos y la decadencia sociopolítica. De forma y a primera vista puede resultar una idea muy sencilla, pero sofisticada en su operación y ejecución.
El gesto de Natalia Santos es accesible, sensible, audaz, multisensorial e intermedial. Invita a detenerse, abrir los sentidos y acercarse al entorno desde la investigación y la libertad. Se aleja de la espectacularidad y del trendy performativo, articulando intención, contenido y escucha.
A través de sus naranjos y flores, Nata nos invitó a habitar la ciudad desde otro plano; en medio de la peligrosidad, con actitud de pandilla y curiosidad consciente: a adentrarnos en un oasis cítrico de un desierto estructural.
Texto por Violeta Acuña
1
Termino inventado para resaltar el carácter híbrido del ensayo.
2
Pensé en crear esta noción a partir de algunas categorías teóricas clásicas como “metatextual” que podría entenderse para el caso de “Esto es una Boda. El Desmontaje” o “hipertextual”. Según ChatGPT, pueden pensarse desde esa misma lógica… pero trasladadas al gesto.
Hiper-gestual podría entenderse como:
Un cuerpo que acumula códigos distintos en simultáneo.
Un gesto que contiene memoria de otros gestos culturales.
Una acción que dialoga con repertorios previos.
3
Encuesta “Narajera-Pasajera” por Natalia Santos








