White Noise (Anestesiada)
La madrugada en la que terminamos no lloré y tampoco tuve ganas de hacerlo. Me fui a dormir llena de rabia, creà que el mismo enojo me provocarÃa las lágrimas. Solo quise gritar y abrazarte hasta que cambiaras de opinión, pero también sentÃa el impulso de lastimarte. Porque, si mi cariño no logró que te quedaras a mi lado, tal vez la violencia te harÃa despertar de esa fantasÃa en la que habitas.Â
Te dije adiós y quise desaparecer en ese instante, aún asÃ, al dÃa siguiente esperaba un mensaje tuyo diciendo que te habÃas equivocado y todo habÃa sido un mal sueño. TodavÃa no he recibido ese mensaje. Mientras esperaba, quise poner en pausa la vida, y entonces encendà la televisión. Fue todo lo que hice en los dÃas siguientes, ver esa misma serie que he visto más de cinco veces.
De cuando en cuando tomaba el teléfono, buscando una señal para escribirte, y hasta el dÃa de hoy no ha llegado ninguna que me inspire a hacerlo. Todo el fin de semana lo pasé postrada en cama, esperando un indicio para romper el contacto cero, o tal vez que aparecieran las lágrimas o el arrepentimiento. Sin embargo, solo estuve molesta, mirando la televisión con prepotencia, sin reÃr, sin llorar. Solo querÃa regresar a cuando éramos tú y yo en esta cama, mirando el televisor.
Otra vez dormà con el alma destrozada, deseando omitir el resto de mi vida sin ti. Pero por la mañana, a la luz del alba, la alarma comenzó a sonar y, para mi mala suerte, no tuve éxito en desaparecer. Comencé el dÃa con la pretensión de ignorar todo a mi alrededor, y, como siempre, la realidad golpeó. Me puse de inmediato a mi labor, pues el mundo avanzó de prisa y no tuve tiempo de preparar mi nueva fachada.
La jornada terminó lenta y abrumadora, pero, a manera de mantener el equilibrio después de mis dÃas de oscuridad, todo salió a pedir de boca. Sentà una dicha que hacÃa mucho no experimentaba. De pronto, el aire era ligero y mi corazón estaba en paz. No pensé en él ni por un segundo. Su recuerdo y su amor se esfumaron de un dÃa a otro, y en los dÃas que siguieron continué sin recordar que tenÃa roto el corazón.
Perderse siempre me resultó sencillo, solo basta con dar un paso equivocado y nunca retornar. Cuando reconozca que este es el camino equivocado, será imposible identificar dónde estuvo el error. La vida siguió apresurada y los dÃas grises cada vez eran más frecuentes. Comencé a reÃr y llorar de nuevo, y habÃa algo que dolÃa, pero no alcanzaba a comprender que era.
Una tarde, tu foto apareció frente a mà y tardé un par de minutos en procesar quién era el hombre al que veÃa tras la pantalla. ParecÃa mentira que alguna vez planeaste compartir tu vida conmigo hasta la muerte. En ese momento intenté obligarme a llorar por la absurda nostalgia de lo que jamás iba a ser, y no lo conseguÃ. Será que me acostumbré tanto a perderte que, cuando por fin te marchaste, solo sentà un alivio al saber que nunca más volverÃas.