RUINS, CHILD. Giada Scodellaro (Fitzcarraldo, 2026)
La presente muestra (traducida a partir de la edición digital de Fitzcarraldo Editions Localización y correspondiente a las pp. 63-65 de la edición de Fitzcarraldo) ha sido concebida como un ejercicio de fidelidad no solo léxica, sino espacial. Dado el grado de experimentación de la novela de Giada Scodellaro, más aún de este capítulo, se ha respetado lo más posible la disposición asimétrica del original: caja de escritura y los vacíos del original, cuya función rítmica es equivalente a la de la puntuación tradicional. Es crucial valorar esta forma también a nivel estético, pues se compromete con el significado de las ruinas, los escombros de una arquitectura textual paralela a la del contexto de acción. Por último, el vacío y las tabulaciones funcionan como una partitura rítmica que dicta las pausas de la conciencia, la espontaneidad del lenguaje hablado o del jazz; por ello, la traducción preserva esos silencios y cortes de palabra (como el «com-prende» de la p. 63) para mantener la tensión entre la imagen y el blanco de la página.
Consistencia terminológica:
—He mantenido «madres» y «mamás» tal como los ha distribuido o usado la autora pues ese juego entre lo biológico y lo afectivo es clave.
—El término «godmother» tiene un significado restringido por el código cultural descrito. Se trata de un grupo de mujeres afroamericanas (black life) y al hablar de aquella solo podía representarse su papel dentro del grupo con «matriarca». En español «madrina» evoca una estructura estrictamente católica y familiar. Aquí es una institución comunitaria laica. Es la «otra madre» que asume el cuidado, la protección y la transmisión de la memoria colectiva al margen de cualquier compromiso institucional o de sangre.
Como ha dicho la escritora Dionne Brand sobre la obra: «Giada Scodellaro writes us Black life watching Black life» (GS nos escribe la vida de los negros, observando la vida de los negros) en cuya redundancia pesa el valor de la autenticidad y su cualidad documental.
—He mantenido «gin rummy» la final de la muestra porque este juego de cartas es un pilar social de la comunidad negra de bajo poder adquisitivo de mediados de siglo XX en adelante.
Puntuación rítmica: He mantenido las comas y los puntos donde el texto "cae" en la página.
las letras de un alfabeto impresas con pétalos, ronchas de
un a b c, costuras invisibles o viejas cicatrices forzadas
una madre y una criatura, 1999, la actual criaturita y su futura
el centro? La vecina Sanaa es madre, una mamá. Ese
asume que cada uno es el centro del otro y com-
prende, también, que a ninguno de
ellos le queda otra alternativa. ¿Conocemos a la madre y
a la criatura, la criatura? sí, y
los vecinos, una ballena, una
asunto zanjado. Esa conexión que una madre
que tiene el bebé (nacido/por nacer) en general
da por sentada? ¿O no es verdad que
todo el mundo la reconoce?
fácil de comprender, ¡pero para una
centro, para su prole ser el centro
no significa necesariamente que
la relación sea saludable en
Tan solo es que se han involucrado de un modo
decisivo. Eso es todo, opino. No hay
otra explicación. No hay nada más
entre nosotros. Muchos no están
interesados en los hijos, en tenerlos
en reconocerlos o atenderlos
así que no pueden comprender– no podéis.
Siento decíroslo, pero habéis escogido una vida en la que seguís
siendo los de siempre, debo reconocer
que hay algo de resentimiento en esto que digo–
siento decíroslo, pero yo nunca lo habría hecho,
nunca. y una buena parte de arrepentimiento, oh, mi Gunn,
se las arregla como puede;
es un niño solitario. Pobrecito mío, jugando a sus juegos solitarios,
tan aburrido, tan aburrido, joder hundiendo
la burbuja de plástico con todas sus fuerzas,
es un problema; y ni siquiera me conoce, es demasiado joven
para conocer –me, excepto esa conformidad innata
de que esa figura materna no es la que él
en cuanto a mi, en cuanto a mi? Yo solo desearía volver a una
vida en la que no hay nada que desenlazar—una vida con las horas
Burle, Burle, Bur, bautizado Jackson Burle Erudite
Jackson–Jackson Jackson, JJ, un hombre que
solía trabajar de ceramista, alfarero, y aún lo es, vemos los pelillos
cerca de la boca, estamos tan cerca de
él, enfocando, un único plano y su piel es sublime, aunque
sus manos están condenadas por la artritis y
la psoriasis, resecas de tanto
crear en sus inicios eran objetos demasiado pesados para cargarlos–dos
enormes cuencos, enormes, demasiado
grandes recipientes, jarrones, marcos; entre muchas
otras cosas, muchas muchas otras cosas. Algunas
permancen en un cajón o en un museo. Pero él está
sin ataduras y a veces vive en la calle cuando
no está en pareja o con algún
amigo. Él acampa. No piensa en los
objetos, salvo si se los recuerda
alguno de sus hermanos, un
El olor de la resina le recordará, o
cuando vea la pieza en casa de Mo,
a la que me regaló a mi, a mi; y en ocasiones
soy yo quien se acuerda mientras
seco mis manos con papel absorbente, o con una
toalla de rizo–que me devuelve
de golpe a ese instante. Burle recuerda el
tamaño, forma, profundidad, en total lo que pesa
y el diámetro de cada pieza que ha hecho.
Burle está vivo, tiene amistades que le visitan casi a diario,
cada dos días. O a los que él visita
mujeres y hombres, los seduce a todos. El juega
juegos, espadas, dominó, gin rummy.
*Estudio de traducción de un fragmento de Ruins, Child, Giada Scodellaro (Fitzcarraldo Editions, 2026). Versión de Mara G. de Ozaeta.