En este tiempo abundan frases que suenan tiernas, pero que no provienen de la Palabra de Dios. Una de ellas es: "Somos las princesitas de Cristo". Aunque suele decirse con buena intención, la pregunta importante no es si una expresión nos hace sentir especiales, sino si refleja fielmente lo que Dios ha revelado.
Sorprendentemente, el Nuevo Testamento nunca llama a los creyentes "príncipes" o "princesas" de Cristo. En cambio, una de las palabras más usadas para describir nuestra relación con Él es "esclavos" (doulos), es decir, personas que pertenecen por completo a su Señor.
El apóstol Pablo comienza varias de sus cartas diciendo:
Pablo, siervo de Jesucristo - Romanos 1:1
La palabra traducida como "siervo" es doulos, cuyo significado más preciso es "esclavo". Lo mismo hacen Santiago (Santiago 1:1), Pedro (2 Pedro 1:1) y Judas (Judas 1). Ninguno vio ese título como una humillación, sino como el mayor privilegio de su vida: pertenecer completamente a Cristo.
¿Por qué? Porque Jesús nos compró con Su sangre.
《 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios 》 - 1 Corintios 6:20
Ya no nos pertenecemos. Nuestra vida, nuestros planes, nuestros deseos y nuestro tiempo tienen un nuevo Dueño.
《 Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame 》 - Lucas 9:23
El llamado del evangelio no es a engrandecer nuestro ego, sino a rendir nuestra voluntad. Cristo no vino para convertirnos en el centro de la historia, sino para reconciliarnos con Dios y hacernos vivir para Su gloria.
Esto no significa que Dios no nos ame profundamente. Al contrario. Precisamente porque nos ama, nos adoptó como hijas (Gálatas 4:4-7), nos hizo coherederas con Cristo (Romanos 8:17) y derramó sobre nosotras una gracia inmerecida. Pero la adopción nunca elimina el señorío de Cristo. Seguimos siendo hijas amadas y, al mismo tiempo, esclavas voluntarias de un Rey bueno, santo y perfecto.
Paradójicamente, la verdadera libertad no consiste en vivir para nosotras mismas, sino en pertenecer a Cristo. Jesús dijo:
《 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres 》 - Juan 8:36
Libres del pecado, pero no independientes de nuestro Salvador. Hemos sido liberadas del cruel dominio del pecado para servir con gozo al Señor.
Hermana, la cultura nos anima a buscar títulos que alimenten nuestra autoestima. Pero el evangelio nos llama a encontrar nuestra identidad en Cristo y a abrazar con gozo el privilegio de ser Suya. No necesitamos un título más atractivo que el que la Escritura nos da. Ser esclava de Jesucristo no disminuye nuestra dignidad; la eleva, porque pertenecemos al Rey que entregó Su vida por nosotras.
Que nuestro mayor anhelo no sea ser tratadas como "princesitas", sino vivir cada día como esclavas fieles, obedientes y agradecidas de Aquel que nos compró con Su preciosa sangre.
¿Has pensado alguna vez cómo cambia tu manera de vivir cuando recuerdas que ya no te perteneces a ti misma, sino a Cristo?