12 cosas que he aprendido al llegar a los 30
Ya soy una treinteañera más. Ya he pasado la frontera entre la juventud y la madurez, y comienzo esa nueva etapa en la que tienes que dejar de ser tan niña para empezar a ser más adulta. Esa en la que las locuras parece que se van relajando en aras de una vida más tranquila y apacible.
Esa en la que quedarte de farra hasta las 6 de la mañana te parece una barbaridad. Pero no por la idea en sí, sino porque a las 3.00 tus pies ya te están pidiendo tregua y de repente no puedes evitar dejar de bostezar. (Y porque tu límite de alcohol en sangre ya no es el mismo que antaño. Y las resacas. Malditas resacas).
Esa en la que empiezas a cuestionarte si tu ropa es la más adecuada para la edad que tienes. (¿Qué problema hay con los crop-top?).
Esa en la que empiezas a cuidarte más y te planteas apuntarte a un gimnasio. (Gim-¿qué?).
Esa en la que apartas de tu menú semanal las hamburguesas del McDonald’s y empiezas a añadir raciones de pescado, en la que dejas la Coca Cola solo para ocasiones “especiales” y en la que te empiezas a notar más los efectos de lo que llaman “la boina de Madrid”.
Esa en la que empiezas a entender lo que de verdad es importante en la vida. Y esa en la que por fin aplicas esas lecciones que antes entendías pero que, quizá, no valorabas tanto. Esas enseñanzas que, a partir de ahora, se convertirán en los auténticos principios que regirán tu vida.
Hay que soltar lastres que impidan continuar. Todo aquello que nos hace daño porque sí y que no aporta nada a la existencia. Amores estancados, amistades desgastadas, dolor por lo perdido. No merece la pena mantener sujeta una cuerda que quiere, y necesita, soltarse. Déjala y libérate del dolor. ¡Qué ganas de cargar con peso de más en la maleta!
Las cosas son como son...
Hay cosas que, por mucho que quieras, nunca podrás cambiar porque simplemente no están a nuestro alcance. No tenemos varitas mágicas ni máquinas del tiempo que nos hagan retroceder para enmendar errores o situaciones que nos molestan y/o duelen a día de hoy.
¿Que no te gusta? Probablemente no, pero tienes dos opciones: o lo aceptas o te amargas. Yo ya, por fin, opto por lo primero. The show must go on!
Me he dado cuenta de que estoy formada por pequeños “yo” que conviven en un mismo espacio. No todas las “mini-Beas” me caen bien, es más, a algunas desearía echarlas de una patada porque son muy pesadas. Pero son parte de mí, así que aprendí a escucharlas, a comprenderlas y a ayudarlas con el simple fin de quererme más a mí misma y ser feliz. Odiar ya solo una parte de ti es odiarte a ti mismo.
No importa lo que piensen los demás si tú te quieres. Dejar de preocuparse por lo que opine el resto es la clave para empezar a sentirse mejor con uno mismo y para ser auténtico y genuino. No siempre gustarás a todo el mundo, así que, a quien no le guste, que no mire. Y a otra cosa.
La felicidad está en las pequeñas cosas.
Conversar con una amiga en el portal de tu casa durante más de 3 horas. Unas cañas un domingo por la tarde. Hacer el idiota con tus amigos. Una maratón de series. Una sesión de fotos absurdas. Un desayuno al sol o una noche lluviosa en casa con un bol de palomitas. Un día de compras. Ir al cine a la sesión golfa. Un paseo por el Retiro. Noches de verano en el centro de Madrid. Un beso, un abrazo, un “te echo de menos”, un guiño de complicidad. Cada momento tiene algo de especial y sólo uno es capaz de darle el valor que tiene.
Todo el mundo conoce eso tan “grillao” de “don’t worry be happy”. Estará muy visto, pero es una verdad universal. No te preocupes por cosas que no pasan y que no tienen por qué pasar. Intenta ver las cosas desde el lado bueno, que, aunque creas que no, seguro que lo encuentras. Saca las fuerzas de debajo de las piedras e intenta afrontar la vida con una sonrisa, aunque ésta te putee. Estar agobiado impide saborear los momentos. La vida es corta. ¡Sonríe!
Viajar no es gasto, es inversión
Viaja, viaja, viaja. No solo para añadir un destino más en tu lista o marcarlo con una X en un mapamundi. Viaja solo o con quien sea, pero por lo que más quieras, ¡viaja! Experimenta, enriquece tu bagaje cultural, prueba sabores distintos, huele, mira, observa.
Reúne anécdotas, experiencias, algo que contarle a tus hijos, sobrinos, padres y amigos...como aquella vez que casi os quedáis en tierras alemanas porque os confudisteis de aeropuerto, cuando hiciste pipí en unos baños con forma de huevo en Londres o cuando en Praga os alojasteis en un hostal que estaba encima de un club de striptease.
Y por supuesto, si tienes la oportunidad, vive la inigualable experiencia de residir en el extranjero. Aunque estés poco o mucho tiempo, allá donde estés formará parte de ti siempre.
La comparación envidia es la ladrona de la felicidad
Dicen que “las comparaciones son odiosas”. Y en realidad lo son. Pero cómo no vamos a compararnos con el vecino, si vivimos en un mundo en el que nos medimos por los requisitos que cumplimos, la cantidad de cosas que poseemos, las cualidades y defectos que tenemos, el número de likes que nos dan en Facebook o el de seguidores que leen nuestras cosas en Twitter.
Ahora intento servirme de la comparación sólo para mejorar e incentivar mi motivación, para conseguir lo que de verdad quiero y no para desear lo ajeno con mala sangre. La envidia es signo de frustración e insatisfacción con uno mismo y eso sí que es el verdadero ladrón de la infelicidad.
La clave está en avanzar y seguir tu camino sin mirar por dónde va el de al lado.
Ya hablaré de esto con calma, pero resumidamente:
No hay nada tan liberador que tener la sensación de que puedes sentirte a gusto sin la necesidad de estar con alguien. Por fin, eliminar la dependencia emocional y valorar la soledad. Evitar el sentimiento de estar incompleto si no hay nadie a nuestro lado. Eres el único que va a vivir contigo siempre, así que conócete, a veces no hay mejor compañía que uno mismo. Y si te sientes bien contigo, podrás sentirte bien con otra persona.
No tienes que dar grandes pasos. Un café a media tarde con la simple compañía de un libro, una sesión de cine un miércoles (a 3.90€ la entrada, no hay excusa), ir a correr y, si quieres dar un paso más, lo que hemos dicho antes, ...¡viaja!
Nada es infinito, todo cambia
La vida es un cambio constante, tanto para bien como para mal. De nada vale planear tu vida con un cronograma si no sabes lo que te va a esperar mañana o el mes que viene. Tú cambias y tus circunstancias cambian (muy Ortega y Gasset esto).
Que si estás mal no tengas prisa por estar bien. Nadie te persigue, así que emplea el tiempo que necesites para curarte. He sufrido enfermedades, tanto físicas como emocionales, y he aprendido que todo acaba pasando, o al menos, relativizándose. Que lo que ves hoy como un muro infranqueable mañana sólo será un bordillo con el que no tropezarás. Que uno es fuerte aunque no lo crea. Que uno aprende a vivir con lo que le echen.
Y que, si estás bien, disfruta del momento mientras puedas. Ante todo, ahorá sé que lo importante es tener paciencia, que cada cosa tiene su momento y que hay que afrontar y disfrutar (si se puede) de lo inesperado que está por llegar.
El amor no se busca, se encuentra
Como la piedra en el camino. Es muy típico, lo sé. No puedo hablar por los demás, sino por lo que yo he vivido, y esto es lo que la experiencia me ha enseñado. Y es que...qué os voy a decir... Yo, que siempre buscaba una posibilidad, ya fuera en las redes o entre copas, poniendo mi mejor cara, usando mi mejor maquillaje y luciendo ese modelito que tanto adoro, al final el amor siempre me ha llegado despeinada, con ropa de calle (e incluso con la más hortera), con el maquillaje corrido y en el momento más inesperado. Vuelvo a decirlo: disfruta de lo que está por venir.
Olvidar los conflictos y huir de las personas tóxicas
Esta es una de las últimas cosas que he aprendido a base de palos. De repente me he cansado del mal rollo, de las personas egoístas, de las que se quejan, de las que les invade la desidia y el desinterés, de las que sólo ponen excusas, de las que siempre piensan mal y de manera negativa y de aquellas que sólo buscan el enfrentamiento porque sí. Esas personas que, como diría el dicho, son como la gata Flora: “Si se la metes grita, si se la sacas llora”. No queremos eso, gracias.
Rodéate de gente que te aprecia y que tiene tiempo para ti. Stop amargura!
Lo más importante de este mundo es el cariño y el amor de las personas que te rodean
La máxima principal que no dejaré de repetirme. Me ha costado tiempo darme cuenta pero ya me lo dijeron en su día: “ten en cuenta a quien te quiere de verdad”. Odio tener que arrepentirme por tratar menos a quienes debería tratar más y mejor porque son lo más valioso que tengo.
Aprende a valorar cada comida de domingo, cada fiesta de Navidad, cada cumpleaños, cada reunión, cada conversación, y saca el máximo provecho de cada instante. Un consejo: Inmortalízalos. En un futuro, lo recordarás y lo agradecerás.
Con esto y mucho más empiezo mi nueva andadura. Mi madre dice que fue la mejor etapa de su vida. Los amigos que ya llegaron me dicen que nada cambia y aquellos que ya los superaron hace años afirman que es el momento en el que te llegas a conocer de verdad y a formar tu auténtico “yo”. Yo, desde el punto de salida, quiero pensar que esta nueva etapa me traerá tantas cosas como la anterior. Más y mejores.