ÂżDĂłnde quedĂł?
Donde quedĂł la emociĂłn que a mi me daba, cuando veĂa en tu mirada ese poquito de amor…
Donde se fue ese deseo de tocarte y de sentirte, de dejarme y soltarme y mi cuerpo compartirte.
La pasiĂłn ya se ha apagado, y si digo la verdad no podrĂa asegurarte que existiera en realidad.
Que duro es para uno mismo darse cuenta de que el amor tantas veces lo inventamos como nuestra salvaciĂłn, no lo sientes, no lo vibras, pero te aferras a el, como si existiera el miedo de sin amor perecer, ese miedo inexplicable a la horrible soledad, quedarse sin unos ojos donde podernos mirar.
Pero creo es más terrible el engañarse, el mentirse y el mirarse en unos ojos que vacĂos de verdad visten, que no nos inspiran nada por más que nos engañemos y por más que pretendamos que de amor estamos llenos.
Que traiciĂłn para uno mismo tantas veces cometemos, para no sentirnos solos, soportamos, no deseos.
No deseo besar tu boca pero me creo que sĂ, mo deseo mirar tus ojos más prefiero sea asĂ, no deseo tenerte cerca, no deseo tocar tus manos, más me engaño y me entretengo creyendo que es lo que quiero.
A mi la venda maldita, se me cayó de los ojos y de pronto me di cuenta, que no eres de mis antojos, 1ue tu cuerpo no me enciende, ni tus ojos me alimentan, que prefiero no engañarme aunque todo esto me duela, prefiero seguir descalzo aunque el camino sea duro, prefiero andar sin zapatos, que caminar con los tuyos, no me quedan, no me entallan, son muy chicos para mi.
Por que el amor que yo busco nunca lo he de hallar en ti, tĂş no puedes darme aquello que me despega del suelo, para que seguir fingiendo, mejor vete, y vete lejos.
Que si yo siento tus manos, y si en tus ojos me veo, puede ser que no me aguante y entonces siga mintiendo.
Yo no se que pasarĂa, pues es más fuerte el temor, no me quiero quedar solo, arrumbado en un rincĂłn, y aunque yo ya me he jurado nunca más volver a ti, puede ser, que sin quererlo, mi alma entregue en el fingir.Â
Odin DupeyrĂłn.

















