Hacía ya un mes que no se veían por más de un par de minutos al día, parecía que Damian le estaba evitando. Aunque se encontraban en la torre de los Titanes por trabajo, Damian simplemente hacía como que no existía, como si esos casi dos años de relación no importasen porque Jon no obedecía cada una de sus palabras.
Sabía cómo funcionaba, Damian se enfadaba por algo (a veces con justificación, otras no tanto), le ignoraba por días hasta que Jon iba y le follaba hasta el cansancio. Era un juego ridículo, agotador, pero la expresión de Damian al ser sostenido sobre la cama con fuerza y abierto de piernas era mucho más de lo que podía pedir. Era el mismísimo cielo.
Pero no esta vez. Esta vez Damian cruzó la línea. No le importaba que le tratase como su perrito faldero, después de todo, sabía que le respetaba y quería, sólo que tenía esos muros alrededor de él que no le permitían expresarse con libertad. Siempre cuando Damian parecía bajar la guardia y dejarlo ver sus partes vulnerables, su carne herida, sus cicatrices, las sombras que aún le perseguían; algo ocurría que le hacía cerrarse de nuevo y con más fuerza. O como esta vez, alguien.
¿De pronto tenía una amiga desde antes que él apareciera?, ¿cuándo mierda? Jon creía ser el primero en entenderlo así, tal vez segundo después de Grayson, pero era él quien lo amaba con más pasión que su cuerpo podía soportar. Sin embargo, apenas aquella chica volvió, Damian parecía tener ojos sólo para ella.
Por supuesto que se quejó, exigiendo su tiempo como pareja, mas no pudo evitar sentir sus venas hervir cuando Damian le dijo con prepotencia que le dejase en paz.
¿Quería paz? Paz le daría.
Una llamada le sacó de sus pensamientos, y frunció el ceño al notar que era un número desconocido.
— ¿No vas a venir? — la descarada voz del mayor le descolocó, hablándole como si nada hubiera ocurrido.
Pensó en cortar y bloquear el número, mas suspiró hondo y respondió.
— ¿Número nuevo? — dijo con saña — ¿Por qué debería ir? Estás muy ocupado.
Damian, al otro lado de la línea, frunció el ceño y respondió con firmeza.
—TT. Creí que querías hacer algo por la fecha.
Jon rodó los ojos, y fingió indiferencia. Su pecho dolía ante sus propias acciones, pues tenía algo distinto en mente para ese día.
—No veo nada importante en mi calendario.
Damian gruñó y habló más fuerte.
— ¿Es una broma?, ¿todo por esa puta pelea? TT. No seas idiota…
—No me llames así — Jon le interrumpió con firmeza, mas Damian continuó.
—Tendré que sacarme las ganas con otra persona, entonces — dijo con crueldad. Jon apretó los dientes y contuvo la respiración. Sólo lo estaba provocando, poniéndolo a prueba, viendo cuán delicado era su amor por él. Vaya que le conocía.
Decidió ir por otra estrategia.
— ¿Ah, sí? — dijo bajando el volumen de su voz — ¿Vas a abrirle las piernas a alguien más? — rio bajo — ¿y crees que eso te dejará satisfecho?
Damian enmudeció por un instante, algo desconcertado. Gruñó, mas antes de que pudiese contestar, Jon prosiguió.
—Te sientes solo, ¿no, Damian? Sabes que nadie te haría lo que yo te hago, por eso me llamaste, quieres que vaya y te coja como siempre, pero no va a pasar.
Damian soltó un suave gemido, sin saber si era de queja o excitación, y replicó.
—Inseguro de mierda — provocó otra vez —, no eres el único que me puede hacer sentir bien…
—Pero no te hago sentir bien, Damian — interrumpió el menor —, te hago delirar. Te gusta sentirte sin control, lo sé, no soy tonto, te gusta pensar que te amo y jamás te haría daño, pero que puedo azotarte si me aprietas los botones correctos. Que puedo sostener tus muñecas con una mano detrás de tu espalda mientras te monto como un animal.
Damian jadeó y acercó su dedo al botón rojo para colgar, pero no se vio capaz.
—Pero no voy a hacerlo esta vez — espetó Jonathan —, me humillaste, me hiciste sentir que no tengo un lugar en tu vida, que soy reemplazable, así que ya no es mi problema.
—Pero Jon — replicó Damian, ahora con ese tono sumiso que tanto le costaba sacar, y que Jon tanto deseaba —, sabes que no quise hacerlo.
Su tono inocente, mezclado con malicia, hizo que sus pantalones se apretaran un poco.
—Basta — dijo el kryptoniano, aunque sin sonar convincente —, estás solo en esto…
—Pero te estoy esperando — susurró el mayor — en el sofá de mi departamento, sin nada puesto — Jon gruñó mas Damian sólo continuó —, estoy usando ese perfume de coco que te gusta tanto, ¿te hace sentir que me estás devorando?
Jon mantuvo el silencio, y notó como Damian sonreía desde el otro lado.
—Estoy con mis piernas a cada lado — dijo con calentura —, todo ese espacio vacío, Jonathan, caliente, húmedo, y tan vacío.
Jon apretó los dientes, conteniendo sus gemidos, Damian estaba ganando otra vez. Suspiró y, en un arranque, colgó el teléfono.
Pero claro, Damian era mucho más obstinado que eso.