Vivo frustrada
Sí, vivo frustrada. Enojada. Decepcionada de mí misma. Triste.
Llevo cuatro meses sin encontrar trabajo y, aunque intento mantenerme positiva, hay días en los que simplemente ya no puedo.
Durante semanas, mi rutina era despertar, postularme a vacantes e intentar aprovechar mi tiempo libre. Y así, día tras día. Pero llega un punto en el que todo se vuelve enfermizo y agotador. Me postulo y me postulo, y no recibo un solo call back. Otras semanas, simplemente no hacía nada. Mi cuerpo no tenía energía. Me costaba levantarme, concentrarme o siquiera sentir ganas de empezar el día. Y vivir así me hacía sentir tan mal... tan mediocre.
Hace poco me inscribí a clases de ejercicio. Al menos eso me obliga a moverme, a salir de casa, a sentir que estoy haciendo algo por mí. Pero, aun así, sigo sintiéndome perdida. Sigo sintiéndome en pausa, como si viera a todos avanzar mientras yo estoy detenida, congelada.
Hace cuatro semanas tuve la tercera entrevista de un proceso de selección. Salí tan feliz. De verdad pensé que, por fin, esa oportunidad iba a ser para mí. Sentía que podía aportar muchísimo y, por primera vez en mucho tiempo, recordé mis fortalezas profesionales. Mi mente empezó a llenarse de ideas, imaginé proyectos, imaginé cómo sería volver a trabajar y me emocioné.
Pero pasó una semana. Luego dos. Después tres. Y nada.
Le escribí un mensaje breve a la reclutadora, solo para saber si había alguna actualización, aunque fuera para decirme que el proceso ya había cerrado. Pero tampoco obtuve respuesta.
Hoy ya es la cuarta semana desde aquella última entrevista y, en mi cabeza, eso significa que ya no hay oportunidad. Que estoy fuera del proceso. Pero mi corazón insiste en recordar lo bien que me fue ese día y todavía se aferra a la esperanza de que quizá no todo esté perdido.
Y eso también duele.
Porque es la única oportunidad en la que realmente he logrado avanzar durante estos cuatro meses.
La búsqueda de trabajo es mucho más desgastante de lo que imaginaba. Cada día que pasa me siento un poco más insegura. Cada mañana me pesa levantarme porque siento que no tengo una razón clara para hacerlo. Cada semana que pasa es una semana más sin recibir una llamada. Y cada mes es un mes más desempleada.
Intento conectar con otras partes de mi vida. Sé que no todo gira alrededor del trabajo. Lo sé.
Pero el trabajo era un pilar muy importante para mí. Me daba estructura, propósito, retos, seguridad y confianza. Y ahora que no está, siento un vacío enorme.
Solo quiero volver a encontrar un lugar donde pueda crecer, aportar y sentirme útil otra vez.
Solo quiero encontrar un buen trabajo.












