Lilith Von Blutreich: vampira de 149 25 años. Nacida en Corea del Sur pero ha vivido toda su vida en Alemania. Hermana menor de los Von Blutreich, Klaus y Nacht. Directora general de la cadena de restaurantes The Gilded Lily, su familia también es dueña de la taberna Stags & Ale. Reside en Silverwade Heights.
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📍PUESTOS DE COMIDA — tiene un grave problema para decirle que no a la adorable anciana que está detrás de aquel puesto y que ha insistido prepararle una porción de su guiso 'especial' porque, en sus palabras, lo ha visto muy flaco. el primer cuenco pudo pasar, pero cuando la ha visto preparar una segunda porción, haoran sabe que ha llegado a su límite. "te cedo éste", dice a la primera persona que cae en su rango de visión. "yo ya estoy satisfecho..." ésa quizás es una mentira, pero nadie tiene que saberlo, ¿cierto? "si quieres, te pagaré lo que vayas a beber."
Se había acercado al puesto con la intención clara de comprar algo para su sobrino cuando el hombre se le cruza con el cuenco extendido, y basta una sola mirada para que su expresión se endurezca. "No lo quiero." responde de inmediato, cortante, sin considerarlo siquiera. "No confío en nada que un completo extraño esté repartiendo como si nada. Además, no te ves confiable." sentencia simplemente. Entonces dirige la atención a la anciana detrás del puesto, el tono cambiando apenas a algo más firme que hostil. "Una orden de poutine." tras eso, vuelve a mirar al masculino, los ojos afilados. "Y deberías dejar de ser tan influenciable. Te acaba de sacar dinero con una sonrisa y tú te dejaste encantado como si fuera magia." se cruza de brazos, seca. ¿Qué había sido? ¿Le recuerda a su abuela o algo así? Ridículo. "Eso no es amabilidad, es ingenuidad. La anciana te vio como un blanco fácil y tú le diste la razón."
huele bebida en mano y arruga la nariz, sin lograr descifrar qué acaba de pedir exactamente. ‘ ¿cuantas chances hay de que me intoxique bebiendo esto? ’ levanta el vaso para que observe junto con ella y dedica una sonrisa juguetona, seguro que nada malo sucederá, pero vaya que existen altas chances de que muera — — del asco.
"Tal vez muchas, no confiaría en nada de lo que están dando hoy." menciona, no sabes si ella habla enserio o no pero tampoco le importa lo suficiente, su mirada se mantiene en su celular, tecleando rápidamente respuestas que tenía pendientes de correos que había recibido del trabajo. "Tíralo si no lo quieres y ya, todo lo que están ofreciendo aquí se ve asqueroso."
frente a una pequeña mesa que exhibía algunas piezas de artesanía antiguas, essien observaba unos pequeños amuletos de arcilla resultado de algún taller por la celebración, antes de volver la atención al ruido de voces infantiles puestas en escena, muy a lo lejos. " dicen que las historias que cuentan en las obras son más antiguas que el pueblo mismo " habló más para sí. posteriormente, notó una figura más cercana. " ¿vienes por un amuleto? aleja las malas vibras ".
Se detiene frente a la mesa, observando las piezas con atención reconociendo algunas figuras al instante, el círculo en espiral que simboliza ciclos y retorno, las marcas entrelazadas usadas antaño para desviar la mala fortuna, y un pequeño símbolo de guardián doméstico pensado para proteger a los más jóvenes, su conocimiento sobre estos no es mucho, nunca le interesaron. Sus dedos se deslizan apenas sobre el borde de la madera de la mesa antes de girar el rostro cuando el masculino le habla. "No me serviría de nada." responde cortante. "A este punto, ningún ser puede ayudarme." las últimas palabras salen más bajas, casi inaudibles, pues eran más para ella que para el interlocutor. Tras un segundo de silencio vuelve a mirar los amuletos. "Aunque… dime cuál es el mejor en cuestiones de protección." pide después, tal vez a ella no le sirvan, pero... Sus sobrinos necesitarán toda la ayuda que puedan conseguir.
sus ojos se pasearon sobre los souvenirs que colgaban en uno de los expositores metálicos; hasta que uno en particular obligó a detenerse. tomó la argolla entre sus dedos y meció el peluche, de izquierda a derecha: ‘ ¿esto se supone que es una marmota? ’ canturreó con gracia, justo cuando notó a alguien a su lado: ‘ no te parece un poco ¿abstracta? ’ era horrible, ¿quién en su sano juicio gastaría su dinero en eso? ‘ no me digas que ya te compraste una ’ o cualquiera de las otras basuras que estaban regadas por ahí.
rueda los ojos con evidente irritación antes siquiera de mirarlo, los dedos aún sosteniendo uno de los artículos mientras responde con frialdad. "Si no tienes intención de comprar nada, vete a molestar a otro lado." suelta sin suavizar el tono. "No tengo por qué darte explicaciones sobre lo que compro o dejo de comprar." su mirada se desliza un segundo sobre el expositor y luego vuelve a él. Por cómo va vestida y la expresión perpetuamente severa, no encaja en absoluto con la imagen de alguien cargando juguetes, peluches, adornos y todo tipo de marmotas y animales canadienses, pero aun así sigue escogiendo algunos más sin dudarlo, a sus sobrinos les gustaban, y eso era razón suficiente. Suspira suavemente "Se parece a ti, deberías llevártela."
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era demasiado temprano para eso (ignorando que ya pasa del mediodía). con un vaso de café en una mano y el cigarro en la otra, no hace mucho por participar allí donde las personas buscan inscribirse a algo. "¿vas a participar? porque luces como que te vendría bien ese día de spa, eh," señala con una sonrisa pendenciera, sin elaborar más, y señalando con un movimiento de su cabeza hacia donde está anunciado el premio mayor.
"Ah... ¿Es la hora de comentarios que nadie pidió?" su cuerpo se gira ligeramente hacia el masculino que le había hablado. ¿Cómo se le acercaba con tanto atrevimiento a decirle tal estupidez? Ugh, que molesto. "Porque parece que tú estás a un cigarro de que tus pulmones se colapsen, así que si fuera tú, me preocuparía menos por las apariencias ajenas y más por la mía." sin contar que es una completa tontería lo que le ha dicho, Lilith mantenía un ego elevando y orgullo fijo en cómo se veía.
' de todo lo que podrían adorar y celebrar... ¿eligieron una marmota? ' menciona el masculino, mirando con el ceño fruncido los puestos con todo tipo de productos que llevaban este animal. los humanos eran extraños, seres tan simples. ' como sea ¿cuáles de los peluches crees que le gustaría más a unos niños de cinco años? ' cuestiona, alzando dos de los peluches, aunque con accesorios distintos.
Observa los puestos con calma antes de responder, el ceño fruncido y la expresión cargada de un desprecio casi automático ante la mención. "Los humanos son completamente inútiles." dice sin problema, la voz plana, para ella es un hecho. Con Klaus ocupado con los niños, se permite recorrer el lugar, apartando peluches, juguetes y cualquier cosa que no haga ruido. Se detiene frente a los dos que el mayor sostiene y los examina. "Llévate uno de cada tipo, no seas tacaño." decide al final, seca. "A esa edad no saben lo que quieren hasta que lo tienen en las manos… y así evitamos peleas."
"sólo un poco, eh, o te darán ganas de hacer pipi y no veremos a phil" toma un vaso de chocolate, denso y bien lleno, que le acaban de dar de uno de los puestos. no le da tiempo a avisar a la pequeña de que el recipiente está ardiendo así que parte del contenido cae sobre un tercero "mi... miércoles" ante la cara de preocupación de su hija, nelson se pone por delante "ha sido mi culpa, estará medio dormida---puedes darme la factura del tinte" asegura, tomando de nuevo la mano de la pequeña, ligeramente enrojecida.
Estaba inclinada hacia su sobrino, hablándole en voz baja cuando el movimiento brusco y el calor en el aire la alertan, reaccionando de inmediato al interponerse entre el niño y el chocolate hirviendo, dejando que el líquido caiga sobre su abrigo negro, el impacto la hace tensar los hombros, pero no emite sonido alguno, sólo baja la mirada un segundo para evaluar el daño antes de alzar el rostro lentamente hacia el culpable, los ojos encendidos de irritación. "Es ridículo cómo nadie aquí puede hacer una sola cosa bien." dice con frialdad absoluta, sacudiendo apenas la tela, donde la mancha apenas se distingue y el tejido casi no ha absorbido nada. "Tu dinero no sirve de nada en este momento." continúa, la voz baja pero afilada, clavando la mirada en él. "Lo que sí serviría es que pusieras atención. Es irresponsable dejar que una niña maneje líquidos así de calientes como si nada pudiera pasar." aprieta de suavemente la mano de su sobrino, colocándolo ligeramente detrás de ella, protectora "La próxima vez, piensa un poquito."
( ♡ ) Husmeando por los locales de souvenirs y recuerdos.
"¡Aww, qué preciosa!" Elevándola justo sobre su cabeza, sostiene una adorable marmota de peluche y, como si se tratara de lo mejor que ha visto en el día, la contempla, casi con cariño genuino. "Me encanta esta porque tiene un sombrerito. Pero creo que esa de allá—" Señala con el mentón, inclinándose suavemente hacia un costado. "Es incluso más linda. ¿La ves? Porque tiene un listón como el mío. ¿A que somos un par de ternuritas?".
Frunce el ceño de inmediato, la mandíbula tensándose ante la efusividad ajena, gira apenas el rostro para observarla con una mezcla de hastío y juicio antes de hablar. "¿Tienes algún tipo de maldición encima?" pregunta con frialdad, ladeando la cabeza. "Porque te ves mucho más vieja de lo que actúas, y esa actitud no puede pertenecerle a alguien que tenga más de doce años." bufa con desdén y rompe el contacto visual para inclinarse sobre el puesto, moviendo algunos peluches, todos estaban horribles, pero seguramente a sus sobrinos le gustarían. Algo que no haga ruido… algo que no los convierta en un espectáculo, difícil, todo esto se veía ridículo. Finalmente toma un par, los observa un segundo más y murmura. "Seguro hasta lamentaste no poder participar en ese desfile ridículo ¿no?"
Se encontraba en una zona abrigada del lugar. Jamás había sido sencillo para él tolerar los extremos climáticos; entonces hacía lo que le daba paz mental, buscando una bufanda en la tienda de souvenirs. Se estaba mirando en el espejo a ver qué tal le quedaba cuando notó una mirada curiosa; disimula un poco hasta que es inevitable molestar un poco a quien se encuentra allí. "Si quieres, podemos compartir la bufanda y tomarnos una foto". Sonríe, anticipando la reacción ajena.
La pelinegra estaba mirando su celular, atendiendo algunos puntos de la cadena de restaurantes, pero después, frunce el ceño en cuanto percibe la mirada, girando el rostro lentamente hacia el masculino con una expresión malhumorada. "Si te acercas un centímetro más de lo debido" dice sin alzar el tono, los ojos fijos en los suyos "Me aseguraré de que esas manos no vuelvan a servir para tomar fotos, ni para sostener una bufanda." ladea la cabeza. "Te lo prometo."
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"Estás hermosa, no tienes por qué estresarte... ¿Te sientes incómoda?" pregunta mientras que está agachado frente a su hija, pues no había querido ni terminar el desfile con su traje de marmota que le pidió. "¿Verdad que se ve linda?" le pregunta a una persona cercana, ya que la niña parecía tener algo de vergüenza. "Igual, podemos ir por algo de comer, no estás obligada a seguir con esto si no quieres." le asegura, sonriente, mientras que vuelve a pararse, ahora con la niña en brazos. "Ah... Creo que no recuerdo por dónde está la comida ¿sabes en qué dirección están?" vuelve a preguntarle a la persona.
La vampira aparece a un costado del dúo sin anunciarse, el abrigo oscuro desentonando con los colores del festival, llevando a su sobrino de la mano mientras sus ojos recorren primero a la niña, luego a su hermano. "Está incómoda porque la convertiste en un espectáculo con patas." dice en voz baja, fría, inclinando la cabeza hacia la pequeña "Aunque sí, se ve linda, eso no estaba en duda." asegura, un rastro de sonrisa aparece por sus labios. El niño aprieta su mano y Lilith se permite un único gesto suave al acomodarle el gorro, para luego volver a clavar la mirada en Klaus. "Y no recuerdas dónde está la comida porque llevas media hora dando vueltas como un tonto." añade, señalando con el mentón. "Es por allá, cerca de los puestos de sidra caliente. Bastante obvios." aprieta un poco más la mano del niño "Si no quieren seguir, no siguen. No necesitan demostrar nada. Mucho menos aquí... Llevémoslos a comer."
¡Alguien atendió el Llamado del Velo! De acuerdo con nuestros registros, se trata de LILITH VON BLUTREICH, miembro de les VAMPIR, quien ha decidido fijar su residencia en SILVERWADE HEIGHTS. Los habitantes de 𝐋𝐔𝐍𝐄𝐅𝐀𝐋𝐋 no le calculan más de 25 AÑOS y encuentran su parecido con KIM YOOJUNG una curiosidad imposible de ignorar.
MAR, la alcaldía de 𝐋𝐔𝐍𝐄𝐅𝐀𝐋𝐋 se complace en darte la bienvenida a nuestro Santuario. A partir de este momento cuentas con 48 HORAS para enviar la cuenta de tu residente pero, si necesitas más tiempo, no dudes en contactar a nuestros anfitriones. ¡Esperamos que disfrutes de tu nuevo comienzo!
FUERA DE PERSONAJE
Seudónimo: Mar
Edad: 28
Pronombres: Femeninos
País y zona horaria: México
Triggers: noncon, abusos de cualquier tipo e incesto.
¿Permitirías a la administración usar a tu personaje a lo largo de la trama y/o en caso de unfollow?: Sí
¿Algo más?: No.
DENTRO DEL PERSONAJE
Rostro reservado: Kim Yoojung.
Cupo laboral (opcional): EN09.
Nombre del personaje: Lilith Von Blutreich.
Edad (real y/o aparente) y fecha de nacimiento: Aparenta 25 años. Nació un 20 de Noviembre, hace 149 años.
Vecindario donde reside: Silverwade Heights.
Especie: Vampir.
Naturaleza (completa según el caso):
Vampire - ¿Está a favor o en contra del uso de Complejo B? En contra.
Personalidad (puede ser un breve párrafo o un listado de rasgos positivos y negativos):
Es una vampira de temperamento contenido, frío en la superficie y turbulento en lo profundo. Aprendió desde muy temprano que mostrar emociones era una debilidad dentro del clan, por lo que desarrolló una disciplina sobre sus gestos, su voz y sus reacciones. Habla poco y rara vez se permite actuar por impulso. Disfruta del sufrimiento humano, es su versión de justicia. Cada grito, cada súplica, es para ella una restitución simbólica de lo que le fue arrebatado. No mata rápido si no es necesario. Prefiere prolongar la conciencia de sus víctimas, obligarlas a sentir el peso de su propia fragilidad, como ella sintió el peso de perder su futuro. La crueldad es su lenguaje más honesto. Su moral no se rige por el bien y el mal, sino por la lealtad y la coherencia interna, desprecia la hipocresía del clan, desprecia la ingenuidad humana y se desprecia a sí misma por no haber podido morir aquella noche en Alemania.
Su sadismo nace de una envidia corrosiva. Envidia a los vivos por su derecho a cambiar, a envejecer, a tener hijos, a morir cuando llegue el momento. Esa envidia se transforma en odio activo: no soporta verlos desperdiciar aquello que a ella le fue negado. Por eso hiere, por eso humilla, por eso destruye. Rechaza el afecto porque lo asocia a debilidad, pero es ferozmente leal con quienes reconoce como suyos. No sabe amar sin dominar, no sabe proteger sin estar dispuesta a matar. Su código moral es simple y brutal: quien pertenece a su círculo es intocabel, todos los demás son recursos, castigo o alimento.
Al final, muy en el fondo, Lilith es una criatura profundamente nostálgica. Extraña la fragilidad humana, la posibilidad de envejecer, de tener hijos, de desaparecer algún día. Esa nostalgia se transforma en un resentimiento silencioso que la vuelve distante, incapaz de aceptar afecto con naturalidad. Rechaza la cercanía emocional, pero es ferozmente leal con aquellos a quienes permite acercarse. No sabe amar sin dolor, no sabe confiar sin reservas, pero si llega a entregar su lealtad, lo hace de forma absoluta, incluso si eso significa enfrentarse a su propio clan o condenarse a sí misma.
Fuera de su sadismo, es una figura de autocontrol obsesivo. Es meticulosa con su entorno, con su apariencia y con sus rutinas. Detesta la improvisación y desconfía de quienes viven guiados por el impulso. Prefiere los espacios silenciosos, los hábitos repetidos y las decisiones frías. No es una vampira caótica, es estructurada, paciente y extremadamente consciente de cada una de sus acciones. Tiende a analizar a las personas como objetos, seres sin valor. La espontaneidad la incomoda, le recuerda todo aquello que ella ya no puede permitirse.
En lo emocional, la pelinegra es una criatura profundamente cerrada. No sabe expresar afecto sin sentirse vulnerable, y la vulnerabilidad le resulta intolerable. Rechaza el consuelo, evita hablar de su pasado humano y utiliza el sarcasmo o la frialdad como barreras constantes eimpenetrables. Sin embargo, bajo esa dureza existe una necesidad no resuelta de pertenecer. Anhela estabilidad, aunque no se permita admitirlo. Con Natch y Klaus muestra una versión más suave de sí misma, sigue distante, irónica, pero protectora hasta el extremo, hasta con un toque de humor. No sabe cuidar sin controlar, ni preocuparse sin volverse posesiva. Su mayor miedo no es morir, sino volver a perder un hogar, por lo que se aferra a los pocos vínculos que conserva con una lealtad casi enfermiza, incluso cuando finge que no le importan. A pesar de ser la menor de los tres, suele ser la más intensa y la que se preocupa más.
Historia (apartado opcional. pueden ser datos relevantes sobre el personaje, por ejemplo, su vida antes de llegar a Lunefall, ¿cómo fue que sintió El Llamado?, ¿cuánto tiempo lleva en el pueblo?, quizás algunos datos curiosos sobre elle…)
TW: Menciones de asesinato.
Lilith Von Blutreich nació como Shin Seo-yeon, tercera hija de una rama menor de la nobleza de Corea del Sur. Su infancia transcurrió entre protocolos, educación privada y un futuro cuidadosamente planeado por su familia, sin grandes tragedias ni pasiones desbordadas. No era una joven infeliz, pero tampoco particularmente ambiciosa. Soñaba con una vida sencilla dentro de los márgenes de su posición: elegir por sí misma, viajar, amar sin que su apellido dictara cada decisión. A los veinticinco años, durante su primer viaje a Europa, jamás imaginó que ese desplazamiento marcaría el final de su existencia humana.
La noche de su llegada a Alemania fue breve y definitiva. Mientras caminaba junto a su familia hacia el lugar donde se hospedarían, fueron atacados por miembros del clan Von Blutreich en una cacería ritual destinada más al entretenimiento que a la necesidad. Sus padres y acompañantes murieron en cuestión de minutos. Seo-yeon fue la única que no fue desangrada hasta la muerte. El líder de la partida, Fürst Albrecht Von Blutreich, decidió convertirla, no por compasión ni por afecto, sino por vanidad: su linaje, su belleza y su estatus humano eran una adición digna a su colección de engendros. Al despertar, le fue arrebatado su nombre y reemplazado por uno nuevo. Desde entonces, sería conocida como Lilith.
Sus primeros años como vampira estuvieron marcados por el rechazo absoluto a su nueva naturaleza. Fue relegada a los rangos más bajos del clan como una Blutdienerin, sin privilegios ni tutela verdadera. Odiaba la sed, odiaba la inmortalidad y odiaba su cuerpo congelado para siempre en los veinticinco años. Durante décadas, se negó a aceptar lo que era. No aprendió a disfrutar de la caza ni a celebrar su condición. Mataba por rabia, no por placer ni por hambre. Cada humano que moría bajo sus manos era un recordatorio de la vida que había perdido y de todo aquello que jamás podría recuperar.
Con el paso de las décadas, su ira dejó de ser fuego y se convirtió en hielo. Sin fe en el clan y sin esperanza de redención, Lilith se volvió disciplinada hasta la severidad. Entrenó su cuerpo inmortal con constancia, aprendió a ocultar sus emociones y a sobrevivir dentro de un sistema que despreciaba. No destacó por carisma ni por ambición política, sino por su eficiencia implacable, su obediencia y su capacidad para ejecutar órdenes sin vacilación. Tras casi setenta años de servicio, fue elevada al rango de Blutjägerin, un título menor que reconocía su utilidad, aunque sin otorgarle acceso real al poder.
A pesar de su ascenso, los líderes del clan nunca dejaron de vigilarla. Sabían que Lilith no había jurado lealtad sincera, que jamás había abrazado la ideología del Blutreich ni aceptado su naturaleza vampírica. La consideraban obediente, capaz y peligrosamente inestable si se le permitía anclarse demasiado a su pasado humano. Por ello, su progreso fue siempre controlado, limitado y supervisado.
En la actualidad, ciento cuarenta y nueve años después de su muerte, bebe solo lo necesario para mantenerse fuerte, entrena a diario y cumple sus deberes sin entusiasmo ni orgullo. Se alimenta de humanos no por hambre, pero por envidia pura, envidia sus cuerpos que envejecen, su capacidad de elegir, su derecho a morir, sobre todo, el poder de tener hijos y linaje. Nunca intentó regresar a Corea del Sur, convencida de que solo encontraría allí el espectáculo lento de la muerte de aquellos que una vez amó. Permaneció en Alemania, donde su pasado no puede alcanzarla, atrapada entre el desprecio por los vivos, el odio hacia su clan y la nostalgia de una vida que jamás podrá volver a tocar.
Con el paso del tiempo, un llamado inexplicable comenzó a manifestarse en su interior, una presión constante en su corazón, que no funcionaba hace más de un siglo, que no provenía del clan ni de sus superiores, sino de un lugar lejano que no podía nombrar. Ese impulso invisible terminó llevándola, junto a dos hermanos de clan, hasta un pequeño pueblo de Canadá llamado Lunefall. Natch y Klaus eran vampiros mucho más antiguos y poderosos que ella, con una fe casi intacta en el orden del Blutreich, y fueron quienes la adoptaron de manera informal hacía ya un par de décadas, intentando enseñarle a aceptar su nueva existencia sin odio. La relación entre ellos siempre fue difícil: Lilith desconfiaba de su devoción al clan y rechazaba el afecto que le ofrecían, es incapaz de creer que aún merece algo parecido a una familia. Nunca los culpó por su conversión, pues sabía que no habían tenido parte en ella, y los conoció mucho después de su muerte humana. Aun así, pese a su frialdad constante, les guarda una gran lealtad y, si llegara el momento, no dudaría en protegerlos incluso a costa de sí misma.
En Lunefall, Lilith se vio obligada a enfrentarse a una humillación distinta, el Complejo B, un sustituto de sangre humana impuesto por el estricto gobierno local para proteger a los mortales de depredadores como ella. Mientras permaneciera en aquel territorio, los vampiros tenían prohibido alimentarse de humanos y debían subsistir exclusivamente de esa sustancia regulada, estéril y carente de toda emoción. Para Lilith, aquello era una afrenta directa a su naturaleza y a su odio. Detestaba el sabor muerto del Complejo B, detestaba la contención forzada y detestaba, sobre todo, que se le negara incluso el derecho a castigar a los vivos por aquello que ella había perdido. Sin embargo, fueron sus hermanos quienes la convencieron de obedecer. No por respeto al gobierno de Lunefall, no tenían ninguno, pero querían ver qué sucedía ahí y qué era lo que los llamaba. Aunque cada ingesta le recordaba que estaba siendo domesticada, Lilith aceptó las reglas, por lealtad hacia los únicos dos vampiros a los que aún era capaz de llamar, en silencio, familia.
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