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Desde los Dolores hasta Santa Clotilde

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Los personajes en el Beruti de 1900
En la historia de Beruti sobresalen tres lideres: Don José Guazzone (en los inicios, denominado el Rey del Trigo) fundo en 1935 la fabrica GIAT (ver el trabajo de Elisabteh Covino) y de otra parte fue uno de los primeros que puso en los áridos surcos de la pampa a los hombres rubios que venían del Piamonte. Pablo Juan Ronay dejo también sus huellas sobre todo otorgando a la vida del pueblo una mentalidad que paso por el deseo de progreso a la organización de las primeras instituciones deportivas y sociales. José Aldobrando Ciuccarelli completo el cuadro trabajando sobre todo en una dimensión cultural y evangélica que influyo profundamente en la identidad espiritual del pueblo. Los tres tenían en común una personalidad en grado de conducir detrás del propio estilo de vida a la comunidad y de indicar en (el bien y en el mal) un modelo a seguir. Guazzone hacia una sociedad que pasaba de campesina a industrial , Ronay fue pionero de la burguesía moderna que se identificaba con la produciòn y la inversión. El padre Ciuccarelli comunico aquel mundo religioso que fue siempre presente en la sociedad Argentina. Si hoy si realizara una radiografía de Beruti se puede ver muy claramente sus tres almas. Un pueblo rural con mentalidad industrial protegido por los cuatro costados por imagines de la Virgen María.
Los personajes en el Beruti de 1900 Entendemos aqui por personaje una persona singular que destaca por su forma peculiar de ser o de actuar. Juan Venturini : vestido de azul y gris era el canillita que anticipaba en alta voz los títulos de los diarios. Jose Maria Fernandez era un hijo de españoles que como todos los andaluces exageraba la realidad y confundía la ficción con la verdad agregando una dosis de fantasía. Tortona olvidaba sus penas lejanas en las cantina. Lucas y sus tiradores recordaba màs a Evaristo Carriego que a don Segundo Sombra. El boticario con la nariz roja, el medico comunista, el cura canonista que de la nada fundo un colegio secundario.
Oración a Santa Clotilde
Santa Clotilde, protege a Beruti. Pueblo de llanura, de cielo celeste claro y de horizontes abiertos.
Protege a Beruti que nació del sacrificio de los colonos, del trabajo de los obreros, de la siembra generosa de los campos.
Bendice a los niños, los jóvenes a los viejos. Conforta a los enfermos, concede paz a los muertos.
Santa Clotilde ilumina nuestro pueblo que sea para todos tierra de esperanza y de encuentro entre las gentes.
Amen
Lo queríamos tanto a Quique
Enrique Sartirana no fue solo un carpintero. Pertenecía a aquella generación que sentía más el bien de todos que el bien personal. Era inquieto, siempre en movimiento. Era común verlo subir y bajar de su camioneta. Fue un hombre de la calle en el sentido "positivo" era uno del paisaje y se lo notaba en todos lados. Dispuesto a gauchadas gratuitas capaz de poner el hombro cuando era necesario.
Quique amaba el campo, la laguna, los asados, los amigos. ! Ahí viene Sartirana! - decía - la gente y con el llegaba siempre un viento de joven alegría, un dinamismo que destruía la inercia y nos rescataba de la monotonía.
Poseía una voz grave, hablaba como caminaba, siempre veloz como si mil cosas importantes lo esperaran en la jornada. Sabia también escuchar, era curioso por todo aquello que no conocía, le gustaba el cine, el futbol, le interesaba la política y se preocupaba por el futuro de su país.
Fue sobre todo un Berutense que hizo mucho en el silencio, sin levantar banderas, sin escribir en Facebook y sin proclamar a los cuatro vientos cuanto quería a su pueblo. Integro casi todas las comisiones, se preocupo por las instituciones aùn por las más lejanas a sus simpatías personales. Era un hombre ordenado y prolijo atento a los detalles y por esto comprendía los limites, descubría los méritos y trataba de resolver los defectos.
Fue esposo y padre ejemplar. Supo aceptar las cruces de la vida manifestando el optimismo de los luchadores. Nunca lo escuchamos lamentarse.Conocia muy bien el arte de infundir coraje y elevar en el horizonte la esperanza.
Hombre de Fe. Cuantas veces en el silencio de la parroquia Santa Clotilde lo veía de rodillas conversando con Dios. Oraba con la cabeza baja casi con vergüenza como el publicano del evangelio. Me pedía siempre de rezar por su esposa y por su hijita Alejandra a la cual nunca olvidaba nombrándola con una ternura que no puede ser descripta con la palabra.
Quique fue también mi amigo. Lo digo con orgullo y con lagrimas en los ojos. Su ausencia la sentiremos todos los que queremos de verdad el pueblo. Sartirana, como Delponte, Di Lisio, Venturini y tantos otros se merece la gratitud de los berutenses y ciertamente (no tengo dudas) un lugar de privilegio en el cielo.
Balditarra Daniel (Especial para el Diario La Opiniòn)
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Un artículo sobre la ciudad de Trenque Lauquen.
Es un articulo del 2014 publicado por el diario La opinión
El Ferrocarril Sarmiento, tiene su origen en el ex Ferrocarril del Oeste. Dicho ferrocarril había sido el primero construido en territorio argentino: su inauguración tuvo lugar el 29 de agosto de 1857. En 1890, por iniciativa del gobernador Máximo Paz, el ferrocarril es vendido a la...
Germán Costanseau vivía en las afueras del pueblo. Se parecía mucho a los paisanos que Borges describe en “La intrusa”. Tenia ojos celestes y cabellos rubios, una piel muy clara que se enrojecía con el vino. El rostro era aquel de los franceses de los Pirineos del sur.
Su compañera se...

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Las cosas escondidas - Daniel Balditarra - especial para la opinión-
Me gustan las fotografías que realiza un joven de Beruti. Se llama Facundo De Lellis. Las fotos tienen alma en el sentido de profundidad y trascendencia. Tienen también afecto por su pueblo. Posee talento y tiene arte este muchacho y todos deberíamos darle coraje para descubrir lo que podría ser una autentica vocación.
El artista ve siempre algo que los otros ignoran, descubre cosas escondidas y las muestra al publico para que todos puedan admirarlas. La fotografía detiene la realidad, paraliza el tiempo y le da en algún modo la palabra. El pasado en la fotografía puede interrogar al presente y presentarse en el futuro. La foto como la escritura establece un dialogo con su interlocutor creando emociones y despertando preguntas. La imagen detenida es el tentativo faustiano de inmovilizar el devenir y fijar para siempre lo que fue para aquellos que hoy son y mañana serán.
Hay en las fotografías de Facu crepúsculos, están los colores del cielo, el sol que se pone ,la rueda de la vida que viene y se va pero también están las cosas que reciben esa luz de la naturaleza, están las calles, se ve el campo en su atardecer,las lagunas y el horizonte y por sobre todo aparece la argentina invisible, esa , que es gratuita pero que ninguno mira. Desde hace treinta años convivo junto a los jóvenes y estoy convencido que cuando uno descubre en uno de ellos talento y creatividad tiene la obligación de decirlo con voz clara para que con el pasar de la edad estas manifestaciones del genio humano no vengan olvidadas o catalogadas como "simples entusiasmos juveniles".
Algunas décadas atrás vivía en Beruti un joven fotógrafo que hoy se llama Beto Gallardo, en su estudio poseía una fotografía del "ministro Rodríguez".Era una foto en blanco y negro que mostraba el rostro de un anciano con gorra vasca y camisa blanca. También podíamos ver la boca, la mirada y las arrugas del viejo, en una palabra las cosas "interiores" que se esconden detrás de aquello que aparecía. Gallardo le regalo a las generaciones la vida interior del personaje,la picardía, la viveza, la malicia y la bondad de un hombre callejero que pertenecía a todos y a ninguno, una de las " radiografías " de aquel tiempo.
Pienso a los grandes fotógrafos latinoamericanos (Raota,Salgado) que supieron descubrir la pobreza y la violencia pero al mismo tiempo narrar con la imagen las causas de la injusticia, la fe y la soledad de las personas. Los que nacimos en pueblos chicos heredamos una capacidad de observación que va mucho más allá del fenómeno (que aparece) observamos el espíritu de los rostros, de las piedras, del mar y de la tierra. Cosas invisibles que escapan al ojo veloz del hombre económico de nuestros tiempo. Hay espectáculos que son gratuitos y es esto cuanto ve el artista y que también gratuitamente lo exprime y lo regala porque la belleza verdadera no tiene un precio.
Daniel Balditarra - Milán Italy
Acá en Beruti - Relato de Diego Tiseira
“¿Pusiste las moneditas?. Dale, dale, que ya viene”. El hombre invita a la nena a concretar el desafío. Y la nena, puño cerrado de nervios, lo mira y no le contesta. Camina hacia las vías despacito y se sienta en el andén. En este lugar, hasta la noche llega en silencio. Envuelve al pueblo con nuevos olores y luciérnagas que se meten en los ojos de los chicos. ¿A qué hora viene?. De un lado y del otro de la vía se acomodan los vecinos, con la mirada clavada allá, en una luz que no viene. No están todos. Esta noche juega Boca en el Bar de Giat. Y la previa se hace con partidas picantes de truco. “Hoy no pienso sacar fotos” dice Irma, que en unos días estará en el mismo lugar para recibir a su hijo que vive en Buenos Aires. “Era la salida que teníamos antes, veníamos a la Estación a pasear, a ver quién se iba” recuerda. Y como quien recibe un llamado de urgencia, da media vuelta y se dirige en soledad hacia la luz que no viene. Y anuncia: “Creo que viene”. ¿A qué hora viene?. La calma se empieza a romper de a poco. Aún en este denso silencio, hay una tensión que nos abraza a todos. Como la vibración del tren, pero sin tren. Como el amor que no se dice. Allá viene. El señor de bigotes invita a todos a que sigan su dedo, que señala a la luz que no viene. Allá viene. Insiste. Y procura ser el responsable de que los chicos salgan de las vías. Es un auto. Mirada pícara, la chica que desde hace un rato sube y baja del andén con dos niñitos, le rompe la ilusión al señor de bigotes, que se ríe, aún con el dedo en el aire, señalando allá. Es un auto. Y de repente algo pasa. El silencio se quiebra definitivamente. Es como si el nene hubiera sacudido un hormiguero con el palo que sostiene. Y las hormigas corren, gritan, dan vueltas en círculos. Algo pasa. El instante antes de gritar un gol. La última mirada de un beso. Una sensación de victoria. ¿Pusiste las monedidas?. Dale, dale, que ya viene. Y la nena, que ya siente el cosquilleo en el cuerpo, abre su puño. Y cuenta: una, dos, tres, cuatro, cinco. Son muchas, grita el hombre. Un peso con ochentaicinco. Con esa plata nosotros mañana compramos el pan, le dice. Y ahora parece que es cierto. Allá viene la luz, sacudiendo árboles y pueblos. Cada vez más grande. Explota el hormiguero. Goles y besos. Ganamos. Por las cinco moneditas pasan los estudiantes que se van, una sonrisa de ojos extraviados, una chica que saluda porque la saludan los de abajo. Mirá la Mary. Santillán también viaja. Debe venir de Trenque Lauquen, conjeturan los de abajo. Un peso con ochentaicinco aplastado por los sueños de los argentinos, por otra conquista. Una Victoria y un amor han quedado fundidos en la vía esta noche cálida. Acá en Beruti.
Tiseira Diego (Periodista)
Radio Waden, la Radio Libre
Waden esta loco. Eso sostenían en el pueblo. Waden era jefe en el correo y vivía en la parte de atrás del edificio donde había instalado una antena para sus audiciones de radioaficionado. La cuestión era que transmitía a cualquier hora y que la fuerza de sus ondas entraban por todos los transistores de Beruti.
La voz del jefe se escuchaba en el cine durante las funciones y alternaba con el ingles de Lee Van Cleef, los spaghetti western de Sergio Leone y los gestos de Luis Sandrini. Todos sabían de Radio Waden - ¿escuchaste al jefe ? - decían - ¿oíste cuanto dijo de su suegra? , y !el chiste que contó anoche!!.
Ahora no había teléfonos móviles, las FM pertenecían al futuro, las radios de la capital llegaban siempre con un fondo de descarga y LU11 era la única emisora del oeste. Por primera vez en aquel pueblito de fabricas y campos sin confines la voz libre y potente de radio Waden difundía comentarios entre anécdotas verídicas y pavadas inventadas.
La potencia de radio Waden interrumpía Correo Radial donde la gente se dedicaba canciones y se saludaba por el cumpleaños. Narran algunos que por esto lo fajaron al jefe y le prohibieron hablar durante la hora de la siesta.
Fueron los años de los bastones largos por entonces Pereira ponía un televisor en la cantina y en los días que soplaba el viento del sur se veían los canales de Buenos Aires; fue también el tiempo en que Waden se marcho del pueblo y lo perdimos en las distancias de nuestra tierra. En la memoria colectiva se quedaron sus bandas largas, sus comentarios esporádicos, sus discursos cotidianos que se colaban por todas partes, su simpatía y su informalidad que rompía la monotonía con algo diferente y original.
En los pueblos pequeños cuando alguien se distingue por una característica que rompe los cánones "normales" automáticamente esta persona recibe un apodo: "el loco" desde don Quijote hasta hoy el tiempo convierte lo común en olvido y salva la locura que resiste a tumbas y generaciones.
Llegaron a Beruti "otros" jefes, funcionarios que ordenaban cartas y vendían estampillas mientras interpretaban telegramas con el tic tac del telégrafo. Waden los representa a todos por la genialidad de su antena, por su voz metálica que sin pedir permiso se filtraba en el éter revolucionando un pueblo extraño que poseía sirenas y tranvías hechos necesariamente para volar porque las calles no tenían rieles y eran todas de tierra.
Balditarra Daniel (recuerdos de Beruti)
Camilo y los 60 – Daniel Balditarra – especial para la opinión.
A un Beruti de media edad pertenecía Camilo Taverna. Teníamos una casa con zaguán desde donde María Scribanti veía pasar el tiempo. En los veranos todas las tardes tenían olor a tierra regada y la plaza delante de la iglesia lucia mosaicos grises entre pinos y cipreses.
Alrededor de las seis traían en su silla de ruedas a Camilo, lo dejaban delante del mercado de Luceri que siempre ocupado entre tomates, lechugas y papas evocaba las glorias de la academia de Avellaneda. Después alguno empujaba a Camilo hacia el club Giat y aquel cruzar del invalido por la vereda otorgaba al pasar de los días un sentido de paz.
La silla de Camilo era elegante, de color gris con ruedas altas y rayos lustrados, adelante tenia dos palancas que permitían al hombre frenar y controlar los movimientos. También eran parte de aquella armonía el ruido de las bochas, la mesitas dispuestas en el patio delante de la cantina y los anuncios de la propagadora que iniciaban casi al crepúsculo.
Así Camilo esperaba la noche rodeado de amigos que compartían un gancia con hielo y limón masticando siempre cuadraditos de queso y aceitunas. En otra mesa Lucas en su solitaria sordera leía un diario mientras Osvaldo Champán se movía entre helados y bebidas. Saleme y Neiroti jugaban con los tacos sobre el paño verde del billar.
Veranos de la década del sesenta, de fuertes calores y sequías, con miles de sapos debajo de los faroles y de cielos extraordinariamente estrellados. De aquel paisaje hecho de quietud y de silencio Camilo era parte. De todos amigo, de la gente un hijo protegido. Fueron los tiempos de las estrellas de Giat, los años en que llegaron los tranvías cuando Cacho Cardosi Leia la epístola en la Iglesia y Rosita Lasca vendía papel glasé.
Un día improvisamente Camilo se marcho del pueblo y todo aquel clima cambio. Las mesitas en el patio del club ya no fueron tantas, la casa de Ronay fue vendida y se quedo abandonada, la verdura de Juan Luceri desapareció. Saleme falleció mientas trataba de inventar una carambola en el billar.
Se fue Camilo y con el se fueron los años 1960 los mismos que por todas partes estaban inventando una nueva juventud. Se fue el tiempo de los iracundos, de los Beatles y los Rolling Stones. Se quedo allí el Fiat de Raúl Dilisio, La Studebaker de Julio Casaubon, la primera adolescencia y aquel perfume que venia del campo y que cruzando la plaza nos ofrecia gratuitamente la felicidad.
Balditarra Daniel (Recuerdos de Beruti)
Apuntes para una Filosofía de Beruti En todos estos años escribí mucho sobre Beruti, no siempre mis escritos fueron bien leídos y quizás por esto poco comprendidos.

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Lito Sosa, operador de Sueños Se nos fue Lito Sosa a buscar películas eternas. En años remotos fue el operador del cine Giat y su figura quedara para muchos vinculada a los viejos noticiarios del momento.
Detrás de la fotografía A esta fotografía. No le esta bien el color porque los matices están escritos en las caras, en la mesa, en los vestidos que vestimos.