Como venimos diciendo, en esa eterna repetición de definiciones entre caligrafía, tipografía y lettering, la tipografía es un conjunto de símbolos con una determinada coherencia interna que funcionan por combinación para formar sentido.
Aquí reside nuestro interés en relacionarla con el lettering:
nuestro consejo es empezar copiando tipografías que sabemos que funcionan, para empezar a reconocer estructuras, aprender método y después hacer con él lo que se quiera.
En este enorme mundo digital las tipografías a nuestro alcance son innumerables y podemos agruparlas rápidamente en un pequeño grupo de buenas tipografías, un grupo un poco más poblado de tipografías pasables y un gigante grupo de tipografías malas-pegame un tiro en los ojos.
Este acercamiento es el primero de una serie de categorizaciones arbitrarías que vamos a proponer en este post, con la intención de colaborar en la práctica del letrista aficionado y de hacer enojar a más de un diseñador.
Volviendo a la multiplicidad de tipografías a nuestro alcance: las muy buenas son pocas y las buenas son muchas más, pero porque se basaron o se parecen a las muy buenas. Lo cierto es que estas tipografías que tenemos en el Olimpo tienen características concretas que pedantemente podríamos enumerar (y un poco lo vamos a hacer), pero también, además de esas cuestiones intrínsecas, están impuestas culturalmente como un modelo a seguir, considerando factores como legibilidad, lecturabilidad, versatilidad, etcéterilidad, perdón, etcétera.
En este afán de simplificar categorías vamos a esbozar una clasificación amplísima que nos costará la destitución del gremio de los diseñadores, pero capaz nos permite que algún letteringuero buena onda nos invite un asado, por haberle evitado hacer una carrera para dibujarle una carta al/la novio/a.
Son las más usuales (ampliamente, esto no es una definición exhaustiva) en libros, diarios, revistas (éstas cada vez menos).
La clasificación más utilizada las nombra como antiguas, de transición y modernas, en una evidente referencia temporal en la que progresivamente fue cambiando el eje de la estructura pasando de cuarenta y cinco a noventa grados en el ángulo de la mano, se fue ampliando el contraste entre los trazos finos y los gruesos, y endureciendo la unión de los serif con los bastones, como características esenciales.
Como ejemplos concretos, podemos ver las diferencias de la Jenson (antigua) con la Bodoni o la Didot (modernas).
- Pequeña comparación basada en el libro “Pensar con Tipos” de Ellen Lupton
¿Qué tienen que ver con nuestro lettering?
Podemos aprender con mucha claridad la relación finos-gruesos (igual siempre sube fino baja grueso) en diferentes ángulos de la mano, la utilización del serif como elemento expresivo, y la anatomía completa de la letra.
- Tipografías “Lingerie” de Moshik Nadav, y “Giaza” de Anthony James, basadas en tipografías romanas que aportan vuelo artístico
También conocidas como egipcias, mecanas, futuras o slab serif. Su característica principal es que el grosor del serif es igual o más pesado que el del bastón. Suelen utilizarse en mayúscula y fueron diseñadas con la intención de generar mensajes con mucha presencia y fáciles de leer para los obreros de las fábricas de la época de la revolución industrial. Es común verlas en carteles o películas western.
Algunos ejemplos cásicos son la Rockwell, bien geométrica; o la Clarendon, de rasgos más irregulares.
- Las egipcias utilizadas en títulos de westerns.
¿Qué aportan a nuestro lettering?
Cómo trabajar el peso, son prácticas para ocupar espacios regulares sin incómodas contraformas y nos permiten un contenedor amplio y útil para trabajar calados.
Tipografías Sans serif (o palo seco para los malhablados)
Tipografías netamente modernas, surgidas a fines del S. XIX y sistematizadas en el S.XX. Dejan de tener serif y pasan a ser más regulares, aunque también admiten subcategorías: humanísticas, las más irregulares y cercanas al imperfecto trazo manual, como la Gill Sans; de transición, como la Helvética; y geométricas, las más estructuradas, como la Futura o la Avant Garde.
¿Cómo las empleamos en lettering?
Si bien a primera vista son las menos ricas para explotar dibujando, son versátiles, rápidas de realizar, estéticas, y nos proveen las estructuras mínimas para reconocer cada signo.
- Lettering en base a una tipografía Sans Serif, de la mano de Alexis Tyrsa
De estas sí que hay pocas buenas, pero hay muchas adaptaciones o híbridos con otras familias, y mucho por descubrir, dado que la estructura es la más libre de entre las categorías que hemos mencionado. Se basan en el trazo manual de la letra cursiva y suele ser bastante difícil utilizarlas con buena legibilidad.
- Lettering en base a una estructura script, por Marco Pavka, de Lettering Mar del Plata
Esa poca legibilidad de base nos invita a buscar métodos (grosores, tamaños, modificaciones) para que participen de nuestros lettering, ya que son muy vistosas y agregan sutileza y distinción a las obras.
Fantasía o experimentales
La bolsa en la que metemos a todas las demás. En general, se podrían alinear a alguna de las categorías que mencionamos antes, pero suelen tener algún toque más: chorrean sangre, están rotas, caladas, sucias, tienen un tratamiento de textura o anamórfico, etc.
- Algunos ejemplos de tipografías de fantasía por Artist Mike
Para ver, para sacar ideas, pero sería bueno que nosotros generemos las propias basándonos en todas las que nombramos antes y aplicándole nuestro toque personal de ilustración, color o demás recursos que exploremos.
En fin, esta fue una brevísima, arbitraria y condensada distinción de algunas tipografías, que busca generar una noción básica de cuáles son y cómo y por qué pueden relacionarse con nuestro lettering para enriquecerlo.