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Forestar: el placer de la forma
Que Rosario es un epicentro musical no es ninguna novedad. La ciudad vio nacer referentes que ya forman parte de nuestra música y posee una historia rica en géneros y propuestas musicales. Hoy, la movida indie vibra con más fuerza que nunca, sobre todo entre les más jóvenes, que habiendo nacido y crecido en un mundo globalizado, apuestan a crear con influencias de lo más dispares, provenientes de distintos puntos del planeta.
Forestar es precisamente un ejemplo de esto. La banda, conformada por Genaro Carranza (guitarra), Gabriel Schubert (guitarra) y Jonathan Gómez, es uno de los referentes más recientes de la ciudad y del país de un género conocido como Math Rock. Originario de Estados Unidos, el math rock nació como una vertiente del rock progresivo, que recibió influencias de otros géneros como el post-hardcore, el emo-core y el post-rock.
La imagen más estereotipada del género lo define como música experimental, difícil de escuchar y que requiere de mucha habilidad tanto compositiva como técnica. En efecto, se cree que el nombre nació con intenciones despectivas a partir del comentario de un amigo del guitarrista Matt Sweeney que decía que “él escuchaba una canción y no reaccionaba de ninguna manera; y después sacaba su calculadora para darse cuenta qué tanto buena había sido”.
Sin embargo, el math rock es mucho más que virtuosidad y show off, y la variedad de bandas y proyectos musicales que componen su escena así lo demuestra. Aunque tuvo origen en tierras norteamericanas, hoy tienen exponentes en todo el mundo, incluida Latino América; y, en algún casos como el de Japón, se ha consolidado una escuela propia, con una estética y estilo distintivos. “Si vos te fijás hoy, EE.UU. tienen súper bandas pero Europa también. Todas al mismo nivel. La banda más importante un festival puede ser de cualquiera de esos países” dice Gabriel Schubert, al respecto.
A nivel local, forestar es una de las pocas bandas que asume la etiqueta de math rock pero se apoya en una comunidad mayor, de musiques relacionades con el indie en general y que comparten un mismo impulso por generar cosas diferentes. “Dentro del indie todos están buscando sonidos nuevos. Nosotros de repente nos encontramos compartiendo escenario con bandas indies que hacen canciones pero que enganchamos perfectamente. Porque escuchás math rock y decís “este género no lo puedo poner a tocar con cualquier otra banda” y, sin embargo, se dan cruces que están buenos” explica Jonathan Gómez. Los tres señalan en particular el caso de Lucas Roma y su sello discográfico Remedio Casero Discos, que nuclea a artistas de la ciudad como los Bubis Vayins, Rosedal, Jimmy Club, entre otres. Por más disímiles que puedan parecer estos proyectos, hay un hilo conductor que los reúne y los convoca, generando un ambiente colectivo muy productivo.
Estos vínculos fueron, en efecto, los que dieron origen a forestar como tal: Gabriel y Jonathan se conocieron cuando tocaban en otras bandas (Risotragia y Cisne, respectivamente) que compartían escenarios e incluso proyectos, mientras que Genaro tuvo su primer acercamiento a partir de encontrarse en los shows. Esta dinámica, en las que los límites entre bandas y entre público y artistas son muy flexibles, dio origen a un colectivo musical que lleva el nombre de El ruido exterior: «siempre tuvimos nuestro círculo de gente más freak que no tenía ningún problema en encerrarse en un lugar a escuchar una música que era atípica y que no suena en ningún lugar más que en ese lugar. Con el paso del tiempo, fuimos siendo más y más y nos fuimos conociendo entre todos. El colectivo está bueno en el sentido de que acá, a nivel local, no puedo decir que hay una movida de math rock y, por eso, viene bien un colectivo de música experimental porque lo que sí es seguro, es que cualquiera de las personas que ve una banda, el resto de las bandas también le agradan, les encuentra un hilo conductor.» explica Gabriel.
Pero los lazos de amistad y de estética van más allá de los límites de la ciudad: forestar también forma parte del sello discográfico Anomalía, radicado en Buenos Aires, que reúne proyectos vinculados al math rock y géneros similares. “Con Anomalía había un acercamiento previo, por Cisne, porque habíamos hecho intercambio con bandas del sello, con bandas como Mal Viaje que vino a tocar acá cuando tocamos con Cisne y después nosotros fuimos a tocar allá. Ya nos conocíamos las caras. Cuando sacamos el disco con forestar, lo escucharon los chicos allá y flashearon. Ahora el vínculo es constante. Se generó una hermandad ahí re zarpada» cuenta Jonathan.
El sello fue central para la banda. No sólo porque incluyó en su catálogo el primer disco del trío, forestar, sino porque los empuja constantemente a generar cosas nuevas y los alienta en sus impulsos creativos, haciéndolos sentir parte de algo más grande que ellos tres: «cuando vino a tocar Puerto Austral, cayó la banda pero también cayeron personas del sello, que vinieron a agitar nomás, que se te clavaron todo el recital adelante de todo. Son un colectivo que te re agita un espectáculo, te lo levantan» afirma Jonathan. Y Genaro agrega: «también te cebás. Vas proponiendo cosas y cuando ves que hay más gente que vibra con la misma onda, que te re impulsa, a nosotros nos está re empujando. Desde allá todo el tiempo nos tiran buena onda y nos agitan».
El proceso de creación del disco refleja no sólo las particularidades de forestar sino también las características que hacen del math rock un género con mucha potencialidad y espacio para empujar las barreras de lo creativo. La idea nació como algo de dos guitarras, a las que potencialmente se le podía sumar una batería; el bajo nunca estuvo en los planes de la banda. La intención fue romper con los roles tradicionales y nivelar a los instrumentos, incluso a la voz, que si une escucha el único tema cantado del disco, puede notar que no resalta sino que ocupa su lugar dentro de un entramado mayor. Esta intención puede verse sobre todo en el trabajo minucioso que realizaron sobre la batería: «yo siempre digo que es anti intuitivo. En la mayoría de las bandas, el baterista, en general, se sienta, escucha el tema y ya la agarró el beat, ya sabe qué base funciona y ya lo hace caminar al tema. En este caso, era diferente porque no tenía puntos de referencia de dónde agarrarte, entonces necesariamente tenías que plasmarlo en un papel, por lo menos, para empezar a hablar de armar un poco la forma de las canciones y empezar a pensar bases que funcionen a partir de lo que tocaban los chicos. Hay una cuestión más compositiva de la bata, en la que nos sentamos a ver golpe por golpe. Lo cual en general no pasa: el baterista se pone a hacer una base e improvisa dentro de esa base. Ya si agarrás una base, la desarmás, buscás golpe por golpe, sabés en qué lugar tenés que acentuar y ahí armás la bata y hacés que el riff de ellos de repente tenga todo el sentido, está bueno» explica Jonathan.
Esta minuciosidad está presente en todos los niveles. Desde el comienzo, ya tenían una idea de cómo tenía que sonar que funcionó como guía y que los sostuvo en un nivel de trabajo a través de las diferentes etapas: composición, grabación, mezcla, producción pero también a la hora de llevarlo al vivo: «trabajamos las dinámicas. Tocamos en lugares muy diferentes el uno del otro y trabajamos la capacidad de tocar en un volumen muy bajo o de tocar con toda. Eso en el vivo te da una libertad y una liviandad a la hora de tocar porque ya lo practicaste. Sabemos que siempre con las bandas vos armás los temas, salís a tocar, gastás esos temas y en un momento te decidís a grabar. Y por lo general cuando sale, después de la mezcla, que son tiempos muy largos, ya estás haciendo otra cosa. Nosotros terminamos de componer el último tema y ya estábamos listos para grabar. En cierto punto, hace que uno crea más en el proyecto, porque si vos componés algo y lo escuchás al poco tiempo, todavía estás vibrando con eso» sostiene el baterista.
Esta libertad viene dada, para ellos, por el género mismo, que se ha caracterizado por una puesta en valor de todas las aristas involucradas en el quehacer musical, abriendo nuevos caminos para la expresión y, sobre todo, la experimentación. Este término circula muchísimo para definir a la música contemporánea pero forestar se pregunta si acaso ese experimentalismo no se ha convertido en una fórmula más de las que circulan: «vos podés tener algo muy complejo pero que, cuando lo alejás, a nivel global, sea muy repetitivo o todo dure lo mismo. La música a la que le dicen experimental, le terminan poniendo la etiqueta por el sonido, por el compás u otra, más que por esa cuestión formal de la que sí te cuesta despegarte, lo que más cuesta desentramar, la forma. Se puede considerar a la forma como un elemento para decir cosas« sostiene Gabriel.
Y, en efecto, la apuesta de forestar viene por un nuevo lenguaje, ligada a la forma pero también al deseo de expandir las maneras del decir, de expresar y de sentir. No se trata de limitarse sino de abrirse a las posibilidades creativas y de desafiarse a imaginar lo nuevo. Así lo explica Gabriel Schubert: «es como si uno pudiera poner cualquier cosa, si uno se imagina cómo implementarlo. Si vos lo podés implementar y entendés la estética, yo creo que eso te da libertad de que el estilo termina siendo(te) un lugar en el que realmente podés depositar las cosas que realmente querés hacer».
Publicado el 31/10/2019 en Corriendo La Voz [Web caída/rota]
La Descarga de gira por España: el fuego de la salsa argentina
La Descarga es una big band de salsa integrada por 14 músicos que tiene 10 años de trayectoria. Mejor conocidos como «los creadores de la salsa argentina», ya cuentan con tres discos de estudio en su haber y hace poco realizaron su segunda gira por España, con un derrotero que los llevó por diferentes ciudades como Madrid, Barcelona y Zaragoza. Corriendo La Voz tuvo la oportunidad de entrevistar a Gustavo «Tano» Martelli, cantante y director musical de la banda, para preguntarle más sobre la gira española, el género y lo que se viene para el grupo.
La relación de La Descarga con España ya tiene su propia historia: viajaron por territorio español por primera vez el año pasado y en palabras de Martelli, «sembraron tanto que ya este año se armó una gira por muy importante, 8 conciertos en 12 días». La gira los llevó por bares salseros como Idea Bar y Café Berlín pero también por otros escenarios más masivos. En efecto, en Barcelona participaron de «la Salsaloneta», un evento que se realiza en la Barceloneta, al aire libre: «es como la fiesta patronal de Barcelona. Había muchas compañías de baile que mostraban sus coreografías y nosotros cerramos el evento, tocando ante mucha gente, varios miles. Un evento increíble, con un sonido, una infraestructura, un escenario con todo y bueno, arrancamos a tocar y la gente realmente no sabía ni un tema. El show fue de abajo para arriba y en un momento estaba toda la gente bailando y aplaudiendo cada tema, y cantando algunos coros. No lo podíamos creer. Fue una fiesta increíble. Fue como un golazo de media cancha.»
La gira no sólo fue una cosecha de nuevos públicos sino también una oportunidad de generar vínculos más cercanos con otros artistas: «en la Barceloneta se subió a cantar con nosotros el cantante de Tromboranga, el grupo más importante de salsa de Barcelona. Y él conocía nuestras canciones, por medio de Facebook, de Instagram se hizo amigo nuestro y ya hablamos de hacer un tema con él». También estuvieron grabando material audiovisual con la cantante pop Georgina, con quien esperan poder seguir colaborando y reversionar un tema de ella con un arreglo «a la Descarga».
Este paso triunfal por España llegó en un año muy especial para el grupo. En Julio celebraron sus primeros 10 años de carrera con un gran show en Uniclub, en el que el apoyo del público fue tal que tocaron con localidades agotadas y dejando gente afuera. Martelli recalcó que no podrían haberlo hecho en otro lado porque allí nació el germen de lo que hoy es la Descarga: «es el lugar que nos vio nacer. Crecimos y nacimos ahí como orquesta. Pasamos de ser una jam latina a ser una orquesta que se llama La Descarga. Tuvimos 10 años de proyección, tres discos encima. Los 10 años los teníamos que cumplir ahí mismo. El Uniclub tiene una técnica, un sonido y unas luces que están buenísimos entonces tocar ahí para nosotros es una tranquilidad; sabemos que nos vamos a montar en ese escenario y que vamos a sonar bien porque lo conocemos. Y tiene cada vez mejores cosas».
El paso de ser una jam latina a una orquesta de salsa significó también una evolución en el sonido. Comenzaron haciendo covers de artistas reconocidos pero progresivamente fueron incorporando material propio y con éste, fueron abriéndole la puerta a «la salsa argentina» como tal: «Es algo que nosotros nos vivimos cuestionando. Porque, por momentos, uno haciendo salsa en la Argentina es como un género que no es de ahí. Pero si nos remontamos a otros géneros como el reggae, que es algo que suena mucho en Argentina, o el rock, tampoco son argentinos. Los géneros argentinos serían el tango, una chacarera, lo más tradicional. Pero nosotros, a la hora de componer, no nos sale eso. Nos sale música latina, salsa. Porque es lo que nos gusta, lo que vibramos día a día. Es la música que escuchamos.»
«En un momento dijimos “como en el rock nacional” que se hizo “nacional” después de mucho tiempo, es un sello que se puso y ya hoy en día suena diferente al de otros países. En la salsa, es lo mismo. Es una cuestión de tiempo. Hace 10 años por ahí la salsa no se escuchaba tanto, no había tantas orquestas. En 2008, 2009 cuando nosotros arrancamos, no digo que fuimos los precursores porque siempre hubo orquestas pero sí fue una llamita que se prendió y duró 5 años tocando en el Uniclub, todos los miércoles. De ahí salieron muchas orquestas de salsa que hoy en día están sonando. A nosotros nos pone hasta orgullosos. No digo que seamos los únicos responsables, lo único que hicimos fue encender un fueguito. Y después cada uno le fue poniendo leña».
Lo construido hasta ahora por la orquesta ha dado sus frutos pero ellos no paran. En España presentaron nuevo material, la canción Todos nacemos locos, que será lanzada pronto en formato audiovisual pero, además, Martelli le anticipó a CLV que se vienen dos covers, con el toque especial de La Descarga, de dos clásicos del rock nacional: Demasiada presión de Los Fabulosos Cadillacs (banda de la que Martelli formó parte) y Confesiones de Invierno de Sui Generis. La iniciativa vino de parte del DJ Pablo Bat, amigo del grupo, quien los invitó a participar de su proyecto discográfico que reúne colaboraciones con orquestas de todo el mundo.
La primera década de vida de La Descarga tiene un saldo más que reconfortante si se piensa en todo lo aprendido y lo logrado pero quizás el mayor motivo de celebración sea el camino hacia una identidad musical propia, no sólo del conjunto en sí, si no de la salsa argentina, que, lejos de encasillar, parece ser un espacio de creatividad y libertad: «es un orgullo que en un momento haya empezado a sonar la salsa argentina, con nuestro vocabulario. Nosotros no tenemos palmeras o el Caribe, no comemos ajiaco; comemos asado, tomamos mate. Entonces nuestras canciones hablan de eso, de lo cotidiano que nos pasa a nosotros. Si uno como orquesta hace temas de Rubén Blades y Oscar D’León, a la gente le va a ser más fácil escucharlo pero no es nuestro camino. Eso tiene un techo muy corto y a nosotros nos gusta tenerlo “descapotado”. No tener límites arriba: que la música fluya>>.
Publicado el 29/10/2019 en Corriendo La Voz [Web caída/rota]
Conocé REGODEO, un newsletter musical dedicado a las mujeres
La lucha de los feminismos en Latinoamérica hace rato que llegó a la esfera musical, tanto del lado de les artistas como de quienes hacen periodismo o crítica musical. Generar nuevas alternativas que buscan responder a las demandas y a los interrogantes feministas no es sencillo pero existen periodistas como Juana Giaimo que se animan a intentarlo. Corriendo La Voz tuvo la oportunidad de hablar con ella para conocer más acerca de su nuevo proyecto, REGODEO, un newsletter dedicado a difundir la obra de artistas mujeres.
Combatir la estructura patriarcal en el mundo de la música no es tarea sencilla. No lo es para les artistas que tienen que esforzarse el doble que sus compañeros hombres hetero cis para lograr siquiera un lugar arriba de los escenarios. No lo es para les consumidores que se ven limitades por un algoritmo que parece ofrecer siempre lo mismo. Y tampoco lo es para aquelles periodistas dedicades a la música que deciden escribir desde un punto de vista de género o simplemente desafiar el canon establecido.
Aún así, las cosas están cambiando y hay personas con ganas de crear contenido diferente. Juana Giaimo es una de ellas. Ella es periodista musical, escribe para medios como BEBA y Rolling Stone y hace unos meses decidió crear REGODEO, un newsletter dedicado a los nuevos lanzamientos musicales de artistas mujeres y disidencias.
Para quienes no saben, un newsletter es una publicación que se envía vía mail con una determinada regularidad de entrega. Es un formato que está en auge, sobre todo por su versatilidad pero también porque permite construir una audiencia verdaderamente interesada en el contenido del newsletter y facilita a les suscriptores el acceso directo al contenido que buscan, evitando la cantidad descomunal de información que abunda hoy en día en las redes sociales. Además, muchas veces, resultan tener cierta exclusividad.
REGODEO, en este sentido, implica una apuesta a una manera distinta de acercarse a las novedades de la industria de la música. En cada entrega, Juana nos ofrece una selección de materiales nuevos con textos breves, a través de los cuales busca brindarle a quienes leen una alternativa a la rueda de difusión hegemónica, tanto de redes sociales como de los gigantes del streaming como Spotify o Itunes. Pero la innovación también viene por el lado del criterio de elección. Lejos de posicionarse como jueza o catadora musical, Juana deja bien en claro que lo que mueve su tarea no es más que el disfrute personal: “este newsletter refleja mi gusto musical y por nada en el mundo creo que es objetivo, sino todo lo contrario: representa la música con la que yo me regodeo”, dice en la presentación.
Corriendo La Voz tuvo la oportunidad de entrevistar a Juana y preguntarle más acerca del origen y las motivaciones de REGODEO, así como también de cómo piensa ella su labor como periodista musical.
– ¿Cómo surgió la idea de REGODEO? ¿Por qué la elección del formato newsletter?
Juana Giaimo: REGODEO surgió de un día para otro, la verdad es que no lo pensé mucho. Me acuerdo que era un viernes cuando se me ocurrió y el lunes ya estaba mandando la primera entrega. A principio de año, yo estaba muy frustrada porque no encontraba publicaciones en las cuales podía escribir, así que REGODEO surgió como ese espacio que me faltaba. El formato del newsletter me gustó porque es más simple para hacerlo una misma a la vez que da mucha intimidad con los lectores.
– Además de la cuestión de género, ¿qué otros criterios mantenés para elegir a les artistas? ¿Cómo es el proceso de búsqueda? Sobre todo teniendo en cuenta que las redes últimamente ante su apego al algoritmo suelen mostrarnos más de lo mismo.
JG: La idea del newsletter también tiene que ver con una curaduría subjetiva. Hay tanta información dando vueltas con tantos nombres que muchas veces cuesta escuchar todo lo que vemos. Por eso, yo quería hacer algo más enfocado. Sólo elijo unos pocos lanzamientos de la semana en vez de hacer listas interminables. Estoy convencida de que la crítica es subjetiva y por lo tanto, yo escribo de las artistas que me interesan; para mí es realmente una cuestión de gustos. El proceso de búsqueda lo hago constantemente. Hoy podés llegar a conocer a una artista porque alguien subió una historia en Instagram y creo que eso está buenísimo pero hace que sea muy fácil pasarla de largo. Yo tomo esa historia de Instagram que es tan instantánea y que está rodeada de miles de historias, y le doy a esa artista un espacio propio.
– ¿Sentís a veces que puede haber un efecto segregatorio en la intención de difundir particularmente artistas femeninas o disidentes? ¿O que a veces la discusión se centra más en la cuestión de género y no tanto en el trabajo artístico en sí?
JG: La verdad es que eso es algo que pienso mucho. Yo no creo que REGODEO sea una idea terminada sino que creo que muta constantemente. Lamentablemente, estamos en una época en la que es necesario visibilizar a las mujeres, pero ¡ojalá en el futuro no sea así!
– ¿Qué creés que tiene para aportar el periodismo musical? He leído en tus redes que sostenés que tu escritura está más motivada por el deseo y el gusto que por clasificar o puntuar, como suele ser el caso del periodismo musical más tradicional. ¿Fue una decisión consciente o simplemente nació? ¿Cómo pensás vos tu lugar como periodista musical?
JG: Creo que hay una realidad y es que la crítica de música no es tenida en cuenta por la sociedad de hoy en día. Somos pocos los que leemos reseñas. Entonces en vez de caer en «la gente es ignorante y no lee», es mejor preguntarse por qué ya no les interesa leer reseñas y cómo podemos transformar el periodismo para que tenga interés. Creo que en eso BEBA hace un muy buen trabajo y tengo la suerte de escribir para ese medio. Una de las cosas que cambiaron en los últimos tiempos es que ya a nadie le interesa que sus gustos musicales sean avalados por los medios. Además, seamos honestos con nosotros mismos: ¿Por qué creemos que nuestro gusto musical es superior solamente por escribir reseñas? Yo no tengo formación musical y tampoco sé tanto de la historia de la música, así que no puedo ni quiero ser jueza de nadie. Me parece una actitud mucho más valorable decir: «esto me gusta a mí» que decir: «Esto es bueno». A partir de eso, cambia mi relación con la música y también con la escritura, porque ahora se trata de articular en palabras mi percepción subjetiva de lo que escucho y que, en el mejor de los casos, mediante esa escritura me pueda conectar más con los lectores.
Publicado el 05/07/2019 en Corriendo La Voz [Web caída/rota]
#NiUnaMenos en Rosario: paren de matarnos
Como desde hace 4 años, el 3 de junio representa un día de lucha. Como ese 3 de junio de 2015, en el que por primera vez, salimos masivamente a las calles a gritar #NiUnaMenos, este año nos volvimos a encontrar, en Rosario y otros puntos del país, para pedir que no nos sigan matando.
La previa de la marcha tuvo su lugar de encuentro, como siempre, en la Plaza San Martín. Esa plaza cargada de historia, rodeada por el Museo de la Memoria, la Ex Jefatura, lugar de detención clandestina durante la última dictadura, y por la Facultad de Derecho. Punto neurálgico del centro rosarino, con esas cuadras que transpiran el espíritu argentino de lucha por los derechos humanos.
La marea feminista comenzó a llegar desde temprano. Sobre el pasto, aparecieron las mantas de feriantes, artistas, emprendedores que desplegaron un abanico de posibilidades: pañuelos verdes, violetas, rosas; libros, copas menstruales y toallitas de tela, stickers, pines, ropa interior, comida casera, glitter. Las marchas son lugar de encuentro y lugar de circulación de toda una resistencia popular que no sólo le busca la vuelta a la crisis sino que defiende lo alternativo, lo autogestivo y lo artesanal como valores feministas.
Más cerca de la hora de la convocatoria, empezó el despliegue artístico. El más pequeño pero no menos relevante de los grupos de amigas que se maquillaban entre sí, con el verde y el violeta como los colores preferidos. Risas y glitter, en una conjunción maravillosa. Y a mayor escala, las perfomance de colectivos feministas que sacan a relucir los entramados artísticos que alberga Rosario, siempre creadora y vibrante. Los infaltables grupos de percusionistas que aportan siempre la nota musical y ponen en movimiento lxs cuerpxs; las puestas en escena que buscan visibilizar la violencia, vestidxs de negro y con los nombres de aquellxs que nos arrebató la violencia.
Alrededor de las seis de la tarde, los pies se pusieron en movimiento y la marcha comenzó a vibrar en toda su diversidad. Adelante de todo, iba la bandera de Ni Una Menos, portada por referentes feministas locales y, en especial, por Alberto Perassi, padre de Paula, quien fue desaparecida y asesinada, presuntamente luego de haber sido obligada a abortar. El 2 de mayo, luego de un juicio que duró varios días, todos los imputados por la desaparición y femicidio de Paula fueron absueltos. El grito por la (in)justicia patriarcal fue más fuerte que nunca.
Otro de los nombres que aparecieron entre innumerable carteles, pidiendo justicia, fue el de Johanna Ramallo, cuyo cuerpo fue encontrado hace algunas semanas, recordándonos la peor de la realidades: la trata nos sigue explotando y asesinando, con el apoyo policial. En una provincia que sabe de complicidad policial, las feministas no la olvidamos y Johanna caminó entre nosotras por las calles rosarinas.
La multiplicidad de consignas que nutren y conforman la lucha feminista no sólo recordó femicidios sino que pidió por la aplicación efectiva de la Educación Sexual Integral en las escuelas, por las jubilaciones de amas de casa, por el cupo laboral trans, por el acceso al sistema de salud, por políticas de gobierno que dejen de precarizarnos y ajustarnos.
La columna que más se hizo escuchar fue la de los centros de estudiantes secundarias. Las pibas están organizadas y dejaron en claro que hace rato que le declararon jaque mate al patriarcado: «señor, señora, no sea indiferente/nos matan a las pibas en la cara de la gente» cantaban a coro. Cabe destacar que fueron el grupo que menos varones cis tenía, dato que resulta relevante si se compara con gremios integrados por personas de mayor edad, en los que la presencia de hombres llegaba a veces a superar a las de mujeres o disidencias.
Uno de los momentos más poderosos se dio cuando la bandera de la Campaña Nacional por el Aborto Seguro, Legal y Gratuito, acompañada por uno de los grupos más grandes, llegó a las cercanías de la Catedral de Nuestra Señora del Rosario. Allí los cantos se hicieron más fuertes, recordando la complicidad histórica de la Iglesia Católica en las distintas dictaduras («Iglesia, basura/vos sos la dictadura»), el rol que ocupa como adoctrinador de las camas ajenas, impidiendo que la Educación Sexual Integral llegue a las escuelas («A la Iglesia/Católica Apostólico Romana/que se quiere meter en nuestras camas/le decimos que se nos da la gana/de ser putas, travestis y lesbianas») y, por supuesto, la participación central que tiene en el lobby antiderecho que se mete en los hospitales e impide que las mujeres y los cuerpos gestantes ejerzamos nuestro derechos a decidir sobre nuestros cuerpos («aborto libre y legal ya/ y que los curas se vayan a laburar»).
La violencia machista no da tregua. Según el Registro Nacional de Femicidios realizado por el Observatorio de las Violencias de Género “Ahora que sí nos ven”, el número de femicidios desde el primer #NiUnaMenos, aquel 3 de junio de 2015, hasta hoy es 1193. Nos faltan 1193. Y seguramente muchxs más que no llegan a las noticias, como suele suceder con los transfemicidios y otros crímenes de odio a la disidencias. La falta, la bronca, el enojo, la angustia y el dolor nos llevan a las calles, a reunirnos, a encontrarnos, a unirnos en un mismo pedido: paren de matarnos. Con un gobierno que se vanagloria, con la complicidad de quienes dicen representar a las mujeres, de tener como presidente «al feminista menos pensado» pero que asigna sólo 11 pesos por mujer para presupuesto de género, con políticas de ajuste que repercuten con más fuerzas en las vidas de mujeres y disidencias, las razones para salir a marcha sobran. Pero #NiUnaMenos, así como otras efemérides feministas, no es sólo una día de protesta. Poner el cuerpo, refugiarnos en lo colectivo es la manera que encontramos para recordarnos y recordarles a quienes nos hambrean, nos insultan, nos violan, nos golpean y nos matan que el fuego no se apaga. Estamos y seguiremos estando, luchando por lo que es nuestro y honrando la memoria de las que ya no están, de la mejor manera que sabemos: juntas. Vivas nos queremos.
Publicado el 05/06/2019 en Corriendo La Voz [Web caída/rota]

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Premios Gardel 2019: prender el fuego de la libertad
Publicado el 10/08/2019 en Corriendo La Voz [Web caída/rota] Como todos los años, se realizó una nueva entrega de los Premios Gardel, esta vez en la ciudad de Mendoza. La ceremonia, organizada por CAPIF (Cámara Argentina de Productores e Industriales de Fonogramas), distingue, según declara la web de la organización, “a lo más destacado de la música nacional, premiando el talento de los artistas argentinos en diversos géneros y categorías”. ¿Qué fue “lo más destacado” del 2018 según los Gardel? ¿Qué panorama nos muestra de la industria musical argentina? Y sobre todo, ¿qué refleja de las relaciones de poder en la industria?
En la primera parte de la ceremonia, aquella que no se transmite en directo, se entregaron las estatuillas a las categorías menos “televisivas” como Mejor Álbum Infantil o Mejor Álbum Grupo de Folclore, entre otras; marcando, sin dudas, una decisión institucional sobre qué mostrar al público masivo y qué no. En la categoría de Mejor Álbum Infantil es significativo que, a pesar de contar con casi mayoría de mujeres entre les nominades, el ganador fue no sólo un artista masculino, Luis María Pescetti, sino alguien más que consagrado en esa categoría.
En la terna Mejor Album Grupo Pop, la estatuilla fue para Bándalos Chinos, quienes competían con casi todos hombres, excepto el dúo Salvapantallas, integrado por Zoe Gotusso y Santi Celli. Esta desigualdad se repitió en categorías como Mejor Grupo de Cuarteto, Mejor Álbum Grupo de Folklore y Mejor Álbum Reggae Ska.
Es importante señalar que, en todas las categorías relacionadas con la parte técnica y audiovisual de la música, la presencia femenina entre les nominades fue casi inexistente y directamente nula en la lista de ganadores.
Vamos a lo representativo y a destacar: los ganadores de la categoría Mejor Video Clip Corto fueron Daniel Ortega y Gabriel Nicoli por el vídeo clip Paren de Matarnos de la artista Miss Bolivia. En este marco, la cantante dio un sentido discurso refiriéndose a la temática de la canción y del vídeo el cual reúne a actrices, músicas o otras referentes feministas: “Esta canción que ya no es mía, es de todas, para todas, es un homenaje a todas las que ya no están. Porque no queremos ni una menos.” Sin despreciar el mérito político y artístico de Paren de matarnos, es interesante reflexionar acerca de cómo la brecha de género en los ámbitos ligados a la producción musical y audiovisual nos aleja quizás de poder ser quienes narremos nuestras propias luchas o, al menos, que lo hagamos con total libertad. No podemos hacer la vista gorda sobre la importancia que tiene una distinción institucional como un premio Gardel a la hora de perpetuar o desarmar el status quo; bien sabemos el arduo camino que tiene que transitar cualquier mujer o identidad disidente en algunos ámbitos creativos. Sin ir más lejos, en esa misma categoría estaba nominada Milagros Morsella por el videoclip de La Espesura, tema de Paula Maffía, en una producción íntegramente a cargo de mujeres. Por lo que romper con las lógicas establecidas, por más bien intencionadas que puedan ser, a veces terminan alimentando a las estructuras de poder instituidas.
El reclamo feminista durante la primera parte de la gala tuvo su lugar . Además de las palabras de Miss Bolivia, durante el discurso que dio Mariana Bianchini al recibir el galardón al Mejor Álbum de Rock Alternativo por su disco Matrioska. “ Este disco representa de alguna manera a todas las mujeres que fueron mi antecedente en el rock, mi presente y el futuro de todas las minas que están viniendo cada vez más y pisando más fuerte”, expresó Bianchini .
La segunda parte de la ceremonia comenzó con un homenaje a quien quizás sea no sólo la mayor referente femenina de la música argentina sino nuestra cantora más emblemática y embajadora musical de Argentina, Mercedes Sosa. Acto seguido, el conductor Iván de Pineda dio la bienvenida y, como reflejo de que ya no pueden hacer oídos sordos a lo que sucede socialmente en Argentina, celebró “un gran año para las mujeres” y brindó algunos números que aparentemente reflejan una mayor participación femenina en la escena.
Pero, ¿qué dicen realmente los números? Si pensamos en les nominades, en las ternas más importantes como Canción del Año y Álbum del año, la mayoría masculina se mantuvo con solo dos nominadas en la primera y una sola en la segunda. En Mejor Álbum Pop Alternativo, la brecha se amplió aún más, contando la misma sólo con una mujer, Esmeralda Escalante, quien junto a Yago Escrivá, conforma Ainda Dúo. Y como frutilla del postre, en la terna de Mejor Álbum Grupo de Rock , directamente no existió presencia femenina.
Por Mejor Canción de Dueto/Colaboración , el galardón se lo llevaron los Eruca Sativa junto a Abel Pintos por la canción Amor Ausente. Como en otras oportunidades, Brenda Martin (bajista de Eruca Sativa) aprovechó la velada para señalar la necesidad de superar la distinción en la mayoría de las categorías entre artista masculino y femenino. Por un lado, como puntualizó la bajista, porque el mundo no es binario y hay muchas identidades que no entran en ninguna de esas cajas y, por lo tanto, suelen quedar afuera de estos eventos. Pero, por otro lado, también porque esa distinción funciona en la mayoría de los casos como una manera de seguir perpetuando las diferencias de poder y de género en la música. Basta con ver cómo a pesar de existir categorías “femeninas” en casi todos los estilos, cuando dentro del mismo género, se pasa a una categoría general, la presencia femenina nunca es equitativa. ¿Será que para la industria la MÚSICA, así con mayúsculas, es «cosa de hombres» únicamente y que nosotras nos tenemos que contentar con nuestro espacios segregados, sin posibilidad de acceder nunca a las misma oportunidades?
Así parece ser el panorama si revisamos la lista de ganadores: de 45 premios, sólo 12 fueron recibidos por artistas mujeres solistas y 4 por bandas o dúos mixtos. Es decir, que las mujeres sólo representaron poco más del 35% del total de galardonades.
Sin embargo, este año parece que la tradición patriarcal está, poco a poco, resquebrajándose. En las dos categorías más importantes, las ganadoras fueron mujeres. En el caso de Canción del año, el Gardel fue para Lali, por Sin querer queriendo, que ya había recibido el premio a Mejor Álbum Artista Femenina Pop y al momento de hablar, recordó lo falta que hacen las mujeres en todos los ámbitos de la música y pidió por el aborto legal, seguro y gratuito manifestando que «se trata de libertad, de derechos y de que no mueran más mujeres.»
Pero la coronación de la noche llegó cuando, después de casi 20 años y por segunda vez, una mujer recibió del Gardel de Oro a Mejor Álbum del Año. Como no podía ser de otra manera, la ganadora fue Marilina Bertoldi por su increíble Prender un Fuego. Y, por supuesto, Marilina sabe la responsabilidad que implica estar parada en un escenario frente a toda la industria musical y no perdió oportunidad de dejar en claro desde donde sostiene su práctica artística. Al recibir el premio a Mejor Álbum Artista Femenina de Rock, recordó que el rock vive y se nutre desde los márgenes y que, aunque les pese a los viejos vinagres del ambiente como Andrés Calamaro, la ruptura y la resistencia hoy está encarnada por las mujeres, las lesbianas, las trans, las travas y les no binaries.
Al momento de subir a recibir el Gardel de Oro, Marilina recibió abrazos de su madre, de su hermana Lula Bertoldi, de Barbi Recanati, de Luludot Viento (cantante de Lxs Rusxs HDP), entre otros. Las mujeres sabemos lo importante que es tenernos las unas a las otras y lo que significa para todas que Marilina sea la segunda mujer, después de Mercedes Sosa, en ganar este premio: el patriarcado no se va a caer, lo vamos a tirar. Prender un fuego es, como Bertoldi dejó en claro, la libertad de contar lo que nos pasa, lo que amamos, lo que odiamos. La libertad de no dejar que el miedo nos acorrale nunca más. Porque, para aquelles que todavía no cayeron, este año el Gardel de Oro lo ganó una lesbiana, que lo dijo en la televisión, para todo el país y frente a les referentes más importantes de la industria musical. Porque el feminismo, aunque a algunes les haga ruido, no es una camiseta que uno se puede sacar y guardar en el armario. El feminismo es hacer carne nuestras luchas, nuestros deseos, nuestros amores, nuestras banderas y no hay lugar en el que no arda el fuego feminista. Y Marilina, así como tantas artistas que hoy en día se suben a las tablas, saben que el silencio ya no nos encierra y que vamos a usar nuestras voces para lograr lo que es justo. Nos quisieron quemar durante tanto siglos que aprendimos a prender un fuego y bailar entre las llamas.
Publicado el 15/05/2019 en Corriendo La Voz [Web caída/rota]
Festival GRL PWR Rosario: la revolución está en marcha
El viernes 19 de abril tuvo lugar la primera edición rosarina del Festival GRL PWR. Se trata de un evento dedicado a recordarle a quienes haga falta (ejem Palazzo ejem) que el problema no es que no exista talento femenino o disidente, sino que no haya productores dispuestes a generar los espacios para mostrarlo y celebrarlo. Corriendo La Voz te trae la crónica de un festival que, con un line up que incluyó artistas rosarinas, nacionales e internacionales, les demostró a todes que la música no es sólo cuestión de hombres y que las mujeres y las disidencias tenemos mucho para decir.
A partir de las cuatro y media de la tarde, la gente comenzó a llegar al Galpón de la Música. Afuera, se sucedían las postales propias de la costanera rosarina: mates, pescadores, ferias. Adentro, se empezaba a gestar lo que serían más de 8 horas de música feminista.
Apenas cruzar la puerta, te recibía toda el brillo, la diversidad y la alegría que caracterizan al movimiento feminista. Bastaba hechar una miradita a los puestitos de la feria para encontrar libros, ropa interior, accesorios, juguetes sexuales pero también maquillaje artístico y tatuajes a la carta para les más audaces. En las columnas del galpón se podían ver fotos de marchas feministas, movilizaciones por la Ley del aborto y un sin número de carteles que anunciaban que no estabas en un festival cualquiera sino es un festival feminista: “espacio libre de violencias”, “no es no”.
Alrededor de las cinco y media, subieron al escenario Gabriela Borrelli y Barbi Recanati. Como representantes del mundo de las letras y de la música, respectivamente, pero también de la radio, el podcast y la producción periodística, ambas hablaron de la importancia que tiene crear nuestros propios espacios, de manera colectiva. Desde su experiencia como música, Barbi aprendió que “si no nos hacemos lugar entre nosotras, no lo hace nadie” y que la mejor manera de dejar de “comernos el verso de que el rock es cosa de chabones” es apoyarnos entre nosotras y generamos más espacios, como el GRL PWR, en los que nos encontremos y mostremos lo que hacemos: “construyan su propio festival. Hagamos nuestro propio mundo”. Gabi Borrelli remarcó la importancia de unir lo individual con lo privado: “un festival de mujeres es un instrumento de lucha, para visibilizar, para que alla una paridad no impuesta sino natural. Nuestra visión del mundo tiene que estar.”
Antes del primer acto musical, hubo lectura de poesía de la mano y voz de poetas como Valentina Lo Picolo, Martina Sierra, Julia Enríquez, Alejandra Benz, Anabel Martín, Marianela Luna, Rocío Muñoz Vergara y Dalia Desamor.
Luego, subió a las tablas la encargada de abrir la pata musical del festival, la cantautora rosarina Evelina Sanzo. Armada sólo con su guitarra y su poderosa voz, Evelina nos trajó sus canciones sentidas, pobladas de mujeres, de deseos, de amores disidentes y en algunos de sus temas, contó con la compañía de la poeta, actriz y amiga, Dorita Do, que mientras Evelina cantaba Tabú, recitaba, con una fuerza arrolladora y emocionante, cifras referidas a la violencia sexista, los femicidios y el abuso infantil.
El segundo acto también fue rosarino: el trío Aguaviva integrado por Clara Sabetta en voz y sintetizador, Barbara Ranzuglia en bajo y Maia Basso en ritmos, sintetizadores y voz. Las chicas, entre juegos de luz hipnóticos, trajeron todo el flash de su música electrónica que explora sonoridades, texturas y matices experimentales que crearon un clima hipnótico entre el público. Como si hiciera falta más, contaron con la presencia de Filomena, une bailarine que con un body negro y plataformas agitó la fiesta y nos deleitó con sus movimientos al ritmo de la música.
Luego fue el turno de las Fémina. Provenientes de nuestra Patagonia, la banda integrada por Clara Trucco, Sofia Trucco y Clara Miglioli trajo una fusión de sonidos increíble. Mientras la pantalla a sus espaldas nos mostraba imágenes de un bosque reverdecido, ellas nos obnubilaban con sus armonía vocales en canciones como Arriba (“Mil voces llenas de espíritu llenando el vacío”) perteneciente al flamento nuevo disco Perlas y Conchas, que vinieron a presentar. “Queremos vivir el experimiento con ustedes”, aseguraron. La delicadeza descarnada de sus melodías culminó en emoción durante Los senos, canción que reinvidica la experiencia vital de ser mujer sin perder de vista que acarrea mucho dolor: “Duelen los senos de tanto doler/duele el ser de tanto ser/habrá que ceder exigirse existir/y extinguir el ser que duele/y ser sin doler”. Sin dudas, mientras Fémina estaba arriba de las tablas, todas éramos sin doler.
Antes de la siguiente artista, la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito de Rosario tuvo su momento sobre el escenario. Recordaron lo que todes les militantes del aborto legal sabemos: que no dejamos de pelear por nuestros derechos nunca y menos que menos en un año electoral. Como es tradición, sacamos a relucir los pañuelos verdes en un pañuelazo masivo y emocionante.
Acto seguido, se vinieron las rimas, el flow y el feminismo desde Chile: Ana Tijoux trajo a Rosario toda su fuerza y su contudencia. Desde el inicio bien arriba con Shock, canción más que apropiada para los tiempos neoliberales que corren, el show recorrió muchas emociones. Con Antipatriarca, tal vez su canción más difundida, el acompañamiento del público fue tan impresionante que llegaba, por momentos, a tapar la voz de la artista. Pero, sin dudas, la canción más emotiva fue Sacar la voz. “Esta canción se trata sobre empoderamiento y de eso se trata el festival que nos reúne. Estamos en un momento álgido del fascismo latinoamericano y mundial y tenemos que organizarnos. A sacar la voz” dijo la cantante antes de entonar los versos de un tema que defiende el espíritu mismo detrás del Festival GRL PWR.
La grandes figuras rosarinas fueron las Alto Guiso, una de las bandas más convocantes, innovadoras e interesantes que nos ha dado la escena musical actual de la ciudad. El cuarteto, formado por Ani Books en voz y loops, Sofia Pasquinelli en guitarra, Flor Crocci en bajo y voz y Melina Spizzirri Sinte en trombón y voz, hizo bailar a todo festival de manera increíble. Incluyeron muchos temas de su LP, Psicoguiso, como Mierda y Birra Fría, pero también presentaron un tema nuevo que contó con la presencia y los versos de una colaboradora habitual de la banda, Paola Santi Kremer, que nos regaló frases hermosas como “son así las pibas/altas bichas de luz/prenden fuego almas con sus propios fuegos”.
La penúltima artista fue nada más y nada menos que Marilina Bertoldi, bautizada por Barbi Recanati unas horas antes como “la reina del rock”. Su setlist recorrió la mayor parte de su último disco, Prender un fuego: con la explosiva O no, que tiene uno de los versos más representativos del poder del feminismo (“Quiero avisarles algo/Estaba enojada/ y ahora estoy preparada/ ¿o no?”), la locura fue total y el pogo multitudinario. Antes de tocar Correte, Marilina hizo una pregunta que trajo a la luz lo que muches habíamos sentido a lo largo del día: “se sienten seguras? Cómo que caminas distinto”. Y así fue: todo el día la fiesta fue de la música y el feminismo porque no teníamos que pensar en otra cosa que no fuera disfrutar de canciones como Sexo con Modelos, Tito Volvé o Y deshacer. Antes de cerrar con la increíble Racat, Marilina recordó la significancia de lo que estábamos viviendo en el festival: “es empezar a hacer realidad lo que venimos pensando, lo que venimos soñando”.
Cuando parecía que no podíamos estar más manija, subió al escenario Ofelia Fernández que, con su fuerza, su emoción y también su enojo, hizo una perfomance poética cargada de reinvidicaciones, luchas y reclamos feministas, que transmitió un pulso eléctrico entre les presentes. “El feminismo es nuestro única opción” concluyó, con una ovación de la gente que no se hizo esperar.
Finalmente, la increíble Sara Hebe cerró un festival surreal. Con su pelo organizado en dos largos mechones, su ropa amplia y su potencia sin igual, llevó la energía que se fue acumulando durante el festival a un nuevo plano. Recorrió distintos puntos de su discografía con clásicos como El que mejor ría, Jeni y la imprescindible Historika (que, por supuesto, fue cantada a gritos por el público) pertenecientes a su disco La hija del loco; al igual que hitazos como El Marginal y Ho! Pero también estrenó novedades recién salidas del horno como La Noche en la que hizo subir a cuatro bailarinas que presentó como “sus amigas de Santa Fe” y en la que el baile, la joda y la fiesta fueron totales. El cierra vino de la mano de :·:A.C.A.B. un tema potente y filoso, que forma de su nuevo disco Politicalpari, y tienen perlitas como “Nadie se suicida en una comisaría/Yo abortaría por si se hace policía”.
Bajar a la realidad nunca fue tan difícil como cuando se apagaron las luces del escenario del Festival GRL PWR. Resulta difícil resumir todas las emociones, las sensaciones y los viajes por los que pasamos aquelles que fuimos testigues de un hecho sin precedentes en la ciudad de Rosario. Durante tantos años nos hicieron creer que los festivales no eran cosas de chicas y que nuestro único rol es ser espectadoras o adoradoras que haber presenciado la sucesión de estilos, ideas, proyectos y géneros que tuvieron lugar en el Galpón de la Música parece un sueño. Pero no lo es. Es el cambio, es la revolución. Es la marea feminista que no descansa y que sigue apostando a un presente y un futuro más diverso, más inclusivo. Y, ¿saben qué? Ya no hay vuelta atrás.
Publicado el 25/04/2019 en Corriendo La Voz [Web caída/rota]
Especial GoT (2/6): la incertidumbre del mañana
Publicado el 10/08/2019 en Corriendo La Voz [Web caída/rota] Pasó otro domingo de abril y con él, un nuevo capítulo de la última temporada de la serie más convocante de los últimos años, Game of Thrones. Por eso, hoy te traemos la segunda parte de las seis que componen el Especial #LadoNerd de GoT para que repasemos y repensemos todo lo acontecido en el episodio titulado A Knight of the Seven Kingdoms. Postdata: si no estás al día, guardate la nota para después porque se viene un ejército de SPOILERS.
Si el capítulo anterior tuvo el sabor de una seguidilla de (re)encuentros, guiños a los fans y de “último primer día”, el s08e02 se sintió casi como una despedida. El escenario fue sólo Winterfell: no supimos nada de lo que está pasando con Cersei en King’s Landing. Y la sensación de estar juntxs detrás de los muros del Norte, esperando la inminente llegada del fin del mundo, nos mostró el lado más humano de estos personajes que venimos siguiendo desde hace 8 años.
La llegada de Jaime Lannister a Winterfell les recordó a todxs lo que Samwell Tarly enunció tan sintéticamente durante la escena en la sala de guerra: “Eso es la muerte, ¿no es así? Olvidar. Ser olvidados. Si olvidamos donde hemos estado y qué hemos hecho, ya no somos hombres. Sólo animales.”. El episodio enfrentó a los personajes con sus propios fantasmas, con las consecuencias de sus decisiones y con su propio pasado. En especial, en el caso del “Matarreyes” que apenas puso un pie en la residencia Stark, se encontró con Bran Stark, mejor conocido como el Cuervo de Tres Ojos (o el pibito en silla de ruedas que te mira fijo y te canta la posta) y tuvo que hacerle frente no sólo a los reclamos de Daenerys y de Sansa sino también al error de haberle creído a su hermana, quien engañó a todxs, incluidxs lxs dos últimxs miembrxs de su familia. Pero Jaime parece estar dispuesto a redimirse y a revalorizar su palabra al asegurar: “Prometí luchar por los vivos. Pretendo mantener esa promesa.”
Y si hay alguien que sabe de honor y promesas cumplidas, es Brienne of Tarth, quien sale en defensa de Lannister y asegura que se trata de un hombre de honor. Jaime medio que no lo cree pero a lo largo del capítulo sigue demostrando que su interés es dejar en claro que “ya no es el guerrero que solía ser”: su escena con Bran junto al árbol de Godswood, en la que le pide perdón por sus acciones, se vuelve simbólica cuando él le asegura que las decisiones que Jaime tomó fueron lo que lo convirtieron en lo que es hoy.
Hay algo de este espíritu en la escena de la ronda junto al fuego que reúne a Tyrion, Jaime,
Brienne, Podrick, Ser Davos y Tormund. Todxs saben que se trata de, tal vez, la última noche antes de que el mundo que conocen cambie por completo y, sobre todo, que puede ser la última noche que pasen con vida. Y esa sensación del fin inminente los reúne y les recuerda que, más allá de las diferencias, todxs están ahí, dispuestxs a enfrentarse al enemigo que amenaza con destruir todo aquello que la vida representa. Un momento melancólico y emotivo, sin dudas; pero también, como Tyrion muy bien sabe, un momento que no deja de ser maravillosamente irónico: “Casi todos peleamos contra los Starks y aquí estamos, en su castillo, listos para defenderlo. Juntos”.
Durante esa ronda, tienen lugar dos de los momentos más emotivos y relevantes. Primero, el de la canción de Podrick, Jenny of Oldstones, que refuerza la sensación de espera e incerditumbre de los personajes. Pueden escuchar, además de la versión dentro de la serie, la versión oficial hecha por Florence and The Machine.
Pero, sobre todo, uno de los gran momentos del capítulo es, sin dudas, el nombramiento de Brienne de Tarth como “a Knight of the Seven Kingdoms” (una Caballero de los Siete Reinos). Cuando Tyrion la llama “Ser”, todxs caen en la cuenta de que, aunque sus logros, sus virtudes y su valentía son iguales o mayores a los de los hombres que la rodean, Lady Brienne no es una “Knight”. ¿La razón? Tradición, dice ella. Patriarcado, digo yo. O como dice Tormund: “al carajo la tradición”. Y sin dudas, el gesto de Jaime de nombrarla “caballero” tiene mucho de desafiante. Se trata de alguien que, a pesar de demostrar todas las cualidades esperadas en un caballero, sufrió burlas, escarnios y desdén por no ser del género correcto o, mejor dicho, por escaparse del rol asignado a las mujeres. Sentirse valorada por aquellos que parecen ser sus pares significa un reconocimiento increíble para ella, como lo deja ver su emoción y la enorme sonrisa que se dibuja en su cara.
Y, aún así, la escena tiene un sabor agridulce. La importancia del personaje de Brienne radica, principalmente, en su rol incómodo para las estructuras de género del mundo de GoT. Su fisonomía, su actitud, sus decisiones, su manera de vivir la vida desentonan con los lugares permitidos para las mujeres y el nombramiento, en un contexto de hombres, suena un poco a asumirla como “uno más de los hombres” y a quitarle algo de su potencial disruptivo como mujer que vive bajo sus propios términos.
Pero el caso de Brienne no fue el único momento en que la división de géneros estuvo bajo la lupa. El capítulo tuvo muchas escenas importantes para las mujeres de Game of Thrones porque cuando se viene el apocalipsis zombie, las estructuras patriarcales parecen tambalear más fácilmente.
La charla a solas entre Daenerys Targaryen y Sansa Stark dejó mucha tela para cortar. Mostró un intento de la Reina de los Dragones de acercarse a su ¿cuñada? a partir de las cosas que las unen: las familias complicadas y el sexismo. “Sabemos lo que es dirigir a personas que no aceptan el liderazgo de una mujer” enunció Dany, buscando una complicidad sorora. Pero la cercanía duró poco. Sansa tiene muy en claro cuáles son las prioridades de la reina Targaryen y no se dejó obnubilar por sus palabras; el Norte tiene derecho a ser libre y Sansa no se olvida, mostrando las dotes de líder que fue adquiriendo a lo largo de las temporadas. Dos maneras de pensar el poder encarnadas por dos mujeres que sufrieron violencias similares pero que las transformaron de maneras a veces opuestas.
Y el otro gran momento femenino (y me animaría a decir, feminista) lo protagonizó Arya. Luego de todo lo sufrido, la joven Stark parece no tenerle miedo a nada, ni siquiera a su propio deseo. Al contrario, sabiendo que todo se puede terminar, decidió buscarlo a Gendry y tener relaciones con él, en una de las escenas sexuales más reales y, tal vez, más sanas de toda la serie, que no involucró abusos, incestos o gente revivida.
La última gran escena del capítulo tuvo lugar, como en el capítulo anterior, en las Criptas de Winterfell. Parado enfrente de la estatua de su madre, Lyanna Stark, Jon Snow le confiesa a Daenerys su verdadera identidad. Como era sabido, Dany no lo toma de la mejor manera y le cuestiona el origen de esa información (su hermano Bran y su mejor amigo Sam) pero el sonido de un cuerno deja la charla en suspenso. El tiempo se acabó y los White Walkers están por tocar la puerta de Winterfell. Dentro de las paredes del castillo, aún viven las alianzas, los deseos de poder, las historias de amor y odio, las diferencias y las uniones entre familias. Pero afuera, está el enemigo que amenaza con no dejar rastro de nada. Nos resta saber qué pasará. En palabras de Bran, “¿cómo sabemos que hay un después?”.
Publicado el 24/04/2019 en Corriendo La Voz [Web caída/rota]
Musicalizando el #8M: las mujeres paramos el mundo
Publicado el 10/08/2019 en Corriendo La Voz [Web caída/rota] El 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, siguiendo la tradición de las mujeres socialistas que desde 1909 pelearon por la igualdad de condiciones políticas, civiles y laborales entre hombres y mujeres. Aunque durante años, el Día de la Mujer funcionó como un «festejo» comercial, en el que se recibían bombones, flores o regalos, la lucha feminista y el movimiento de mujeres se apropió nuevamente del 8 de marzo, convirtiéndolo en lo que originalmente fue: un día de lucha y reivindicación.
Desde 2017, cada 8M tiene lugar un Paro Internacional de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis e Identidades No Binarias que busca, a través de un paro activo, movilizaciones y eventos internacionales, poner sobre la mesa lo que significa vivir en este mundo patriarcal que nos expone a la violencia, la discriminación e incluso a la muerte. Por eso, este viernes 8 de marzo de 2019 las mujeres, lesbianas, trans, travestis y no binaries paramos y salimos a las calles y ¿qué mejor banda sonora para acompañar la jornada que esas canciones que encarnan nuestra lucha, poniéndole letra y música? Este 8M subile el volumen a esta playlist y decí: si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotres.
¿O no? – Marilina Bertoldi
No podía empezar la playlist de otra manera que no sea con esta canción de una de las músicas más imprescindibles de nuestro rock nacional. Ganadora de la categoría de Mejor Disco Argentino del año del Suplemento NO de Página 12, Marilina no tiene miedo de decir lo que hay que decir ni de decir orgullosamente que «este año ganó una lesbiana». Esta canción encarna precisamente ese espíritu de lucha y le pone voz: «quiero avisarles algo/estaba enojada y ahora estoy preparada.» Para salir a marchar con la frente bien alta.
Autodefensa – Las Ex
Si te gusta el punk y sos feminista, no podés dejar de escuchar a la banda mendocina, Las ex. Autodefensa es su último single y el adelanto del disco homónimo que verá la luz próximamente a través de Goza Records. La canción refleja la actitud de libertad pero también de hartazgo que vivimos muches. Sabemos que queremos andar tranquiles por la calle y no vamos a dejar que nos frenen: «y si me tocás/te mato», como dicen las chicas.
Smile More – Deap Vally
Este dúo de chicas norteamericanas, que fueron soporte de bandas como Garbage y Blondie, nos regalaron esta maravilla llamada Smile More, que pertenece a su último disco de estudio, Femejism. El título de canción recupera el comentario, que la mayoría de las mujeres ha escuchado más de una vez, de que «deberíamos sonreír más» y lo transforma en un potente himno a esta cuarta ola del feminismo, reinvidicando la libertad de vivir nuestras vidas como queramos sin tener que pedir perdón ni permiso: «no quiero ser un reflejo/estoy tan aburrida de este rechazo/no quiero ser un reflejo/no necesito que me dirijas».
Voy – Femigangsta
Nacida al calor de la lucha por la legalización del aborto, esta canción de Femigangsta refleja la multiplicidad que compone la lucha feminista: «feminismo es libertad, revolución, es ser conscientes/Ya no nos callamos más, viva la voz y alta la frente». Al fraseo contudente y pegadizo de la cantante, se le suma, como broche de oro, un fragmento de la intervención de Ofelia Fernández durante el debate en el Congreso.
Furiosa – BIFE feat. Reptilian Commander
Este power dúo que desafía los límites musicales y de género no podía faltar en esta lista. Furiosa es una canción bien #NiUnaMenos, que refleja la desesperación, el miedo y la incertidumbre que genera la violencia machista pero también el calor, la protección y la fuerza imparable de la furia feminista, que transforma el dolor en una lucha colectiva: «Y ahora estoy acá furiosa/bailando cumbia con las pibas/no me olvido de nada/no me olvido de vos, no».
Antipatriarca – Ana Tijoux
El clásico de la artista francesa, bautizada latinoamericana no pierde potencia sino que en este contexto, adquiere aún más fuerza. La canción es, al mismo tiempo, una defensa frente a la violencia patriarcal pero también un grito de fuerza y celebración de nuestros derechos y nuestras luchas: «No sumisa ni obediente/mujer fuerte insurgente/independiente y valiente/romper las cadenas de lo indiferente».
Nameless, Faceless – Courtney Barnett
La artista australiana Courtney Barnett estuvo hace unos días en nuestro país y no perdió oportunidad de colgar el pañuelo verde a su micrófono. No es casual: tanto su obra musical como su tarea al frente de la disquera Milk! Records, compartida con su compañera Jen Cloher, reflejaron siempre su defensa y compromiso con la lucha de las mujeres. En esta canción, que forma parte de su último disco, Tell Me How You Really Feel, les habla directamente a todos los hombres que se sienten amenazados por el movimiento feminista y les dice verdades como esta: «Quiero caminar por el parque de noche/los hombres tienen miedo que las mujeres se les rían/quiero caminar por el parque de noche/las mujeres tienen miedo que los hombres las maten».
Que no, que no – Las Taradas
Una de las cosas que el feminismo dejo claras es que el amor romántico no va más. No queremos seguir atadas por estereotipos y relaciones que idealizan vinculos tóxicos y que limitan nuestras libertades. Queremos una revolución del goce, como diría Luciana Peker y esta canción de Las Taradas lo refleja perfectamente: «Si tú me pides sinceridad/Debo con pena contestarte Que no, no, no, no, no/Estoy feliz de mi libertad/Quiero placer para mañana».
Rebel Girl – Bikini Kill
Y para cerrar la playlist, el himno. Bikini Kill fue la banda que le abrió las puertas de la música a miles de mujeres y esta canción es el ícono de la mujer empoderada, que ya no le tiene miedo a su deseo y a sus ganas de cambiar las cosas. Inundaremos las calles de lucha porque sabemos, como Bikini Kill lo dice, que la revolución será feminista o no será: «cuando ella habla, escucho la revolución/en sus caderas, hay revolución/cuando ella camina, la revolución está llegando/en sus besos, siento la revolución».
Publicado el 08/03/2019 en Corriendo La Voz [Web caída/rota]
Ley de Cupo Femenino en festivales: acá estamos, hagan lugar
El 9 y 10 de febrero tuvo lugar una nueva edición de uno de los festivales más convocantes de la industria musical argentina y latinoamericana: el Cosquín Rock. Días antes, su organizador, José Palazzo brindó una entrevista a Martín Castillo del diario Los Andes, en la que dejó entrever su opinión acerca de la ley de cupo femenino en festivales: “lo que planteo es que si yo tuviera que poner el 30%, tal vez no lo podría llenar con artistas talentosas y tendría que llenarlo por cumplir ese cupo. Esas artistas no estarían a la altura del festival y tendría que dejar afuera otro tipo de talentos. Lo único que considero es que la ley tiene que reforzar que la mujer tenga más posibilidades, porque el rock nuestro es muy joven todavía y desgraciadamente la mujer ha tenido un papel distinto”.
En las palabras de Palazzo resaltan dos ideas que sería productivo analizar. La primera es la relación entre las mujeres y el talento. El productor parece estar convencido que no existen artistas mujeres que estén “a la altura del festival”, es decir, que cree que en los aproximadamente 60 años que el rock existe como género, Argentina no produjo ni produce músicas que estén al nivel de sus pares varones. Frente a esto, una podría preguntarse: ¿cuál es el criterio con el que se mide ese talento? ¿Es el talento algo medible, algo que todes podemos distinguir fácilmente? ¿Es algo de sentido común? ¿O es la idea de talento una forma eufemística de nombrar al prejuicio patriarcal o a la incapacidad de ver que lo que entendemos por “rock argentino” o “talento” son construcciones sociales que tienen género, orientación sexual y raza?
No es casual que este año haya sido la primera vez en 30 años, que la ganadora de la categoría de mejor disco del año argentino de la encuesta que realiza el Suplemento NO De Página 12 haya sido una mujer, Marilina Bertoldi. Ella lo dijo en su descargo: es una encuesta donde se vota entre pares, sin presiones de productoras o disqueras y durante 30 años los hombres se votaron entre ellos porque no ven a las mujeres como iguales, de la misma manera que Palazzo no cree que pueda conseguir artistas talentosas para su festival. “Hasta ahora, la historia del rock argentino es la historia del hombre en el rock argentino” dijo Marilina, exponiendo lo que tantas artistas replicaron en estos días en las redes a partir de los dichos de Palazzo: nosotras estamos acá, el problema es que ustedes no nos quieren ver.
Pero Marilina está lejos de pretender un lugar pasivo y lo dejó bien en claro: “es el momento en en que nos empezamos a hacer ese lugar.” Y justamente de eso se trata el proyecto de Ley de Cupo Femenino y Acceso de Artistas Mujeres a Eventos Musicales, de darnos el lugar que merecemos, que nos corresponde y que nos siguen quitando. Porque en este punto, es imposible no acordar con Palazzo. Las mujeres han tenido “un papel distinto” en la historia del rock y de la música no sólo argentina sino también internacional. Pero ese rol no tiene nada que ver con una falta de “talento”, de artistas o de producción musical femenina. Se trata de años de exclusión, de discriminación y de violencia hacia aquellas mujeres que han intentado e intentan hacerse un espacio en el mundo de la música.
Basta mirar los line ups de los festivales de rock para darse cuenta de que el acceso a la difusión y los escenarios es restringido para las mujeres y artistas disidentes. Dentro de la grilla del Cosquín Rock, sólo formaron parte de los escenarios principales Miss Bolivia y Eruca Sativa. Es importante notar que la banda encabezada por Lula Bertoldi, utilizó su tiempo arriba de las tablas para sumar a más mujeres, como la Bruja Salguero, Sonia Álvarez y Kris Analiz. Otro tanto se repite en el caso de Rock en Baradero, que incluye menos de media docena de artistas mujeres o de bandas integradas por al menos una mujer.
Lejos de ser un problema único del rock argentino, la falta de representación de las mujeres en la música es un síntoma de una estructura patriarcal presente en otros países de Latinoamérica. El equipo de Ruidosa, un medio chileno dedicado a la difusión de artistas mujeres y disidentes, realizó por segunda vez un análisis de los principales festivales de Argentina, Chile, Colombia y México para medir la brecha de género en la industria musical y los números son contundentes: en ningún caso, la presencia femenina supera el 24% y este número se obtiene si se tiene en cuenta las banda mixtas, es decir, aquellas que cuentan con al menos una mujer en su conformación; si nos limitamos a las artistas solistas o grupos compuestos sólo por mujeres, el número desciende al 10%. Y falta un dato más, particularmente relevante: el país con mayor desigualdad es Argentina. Sabiendo esto, es negligencia no ver la urgencia de una Ley de Cupo que busca llevar ese porcentaje a un 30% (que queda humilde y benévolo si pensamos que las mujeres somos más del 50% de la población mundial).
¿Qué podemos hacer ahora que sabemos cómo son las cosas? En primer lugar, cambiar la manera en que elegimos, apoyamos y difundimos la música que escuchamos. Uno de los mayores argumentos que se leen por las redes en contra del cupo es la falta de convocatoria de las artistas mujeres. Basta mirar a músicas como Marilina Bertoldi, Sara Hebe o Miss Bolivia para saber que no es siempre así pero también hay que admitir que es necesario replantearnos dónde elegimos poner nuestra atención y nuestro dinero y empezar a asumir un rol más activo y, sobre todo, más crítico con nuestras elecciones musicales. Desde buscar un equilibrio de género en nuestra biblioteca musical hasta exigir que los festivales realmente se hagan eco de este reclamo y dejar de bancar a gente como Palazzo que parecen olvidarse que hay una revolución feminista en marcha y que ya no es posible mirar nuestro contexto, nuestras experiencias y nuestra cultura con los ojos del pasado.
Pero, por otro lado, es vital que los medios dedicados a la música asumamos la responsabilidad no sólo de dar voz a la lucha de las músicas argentinas por la igualdad de oportunidades sino también de generar contenido que refleje la diversidad que conforma nuestra escena musical. Las mujeres y las disidencias estuvieron siempre creando, innovando y marcando el camino para lxs que vienen y vendrán. Tendremos que revisionar la idea de que sólo hay «padres» de nuestra música y reivindicar a las pioneras como Mercedes Sosa, Gabriela Epumer, Fabiana Cantilo y tantas otras que forman parte de la historia de nuestra música, mal que le pese a los Palazzos y a los Calamaros.
Y, sobre todo, tenemos que difundir, reseñar y escuchar a las que están creando acá y ahora, a las que están empujando día a día los límites musicales, de género, de raza, de identidad sexual. Se lo debemos a ellas, a las que vinieron antes y a todas las nenas que pasan por una tienda de música y sienten que un instrumento no tiene nada que hacer en sus manos. Merecemos crear, merecemos jugar y merecemos soñar. Los escenarios fueron, son y serán nuestros. ¡Hagan lugar!
Publicado el 14/02/2019 en Corriendo La Voz [Web caída/rota]

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Sin un Estado presente, no hay #NiUnaMenos
Durante el 2018 se registraron, según el Observatorio de Femicidios de Mujeres de la Matria Latinoamericana (Mulalá), al menos 259 femicidios. Desafortundamente, el nuevo año parece no querer quedarse atrás: van poco más de 20 días del 2019 y el número de femicidios ya asciende a al menos 15. La violencia machista no da tregua y lxs responsables de tomar medidas acordes a la situación que vivimos parecen no escuchar.
Entre los femicidios de este año, hay dos que reflejan particularmente la desidia estatal que nos condena a morir a manos de femicidas. El primero es el caso de Gisel Romina Varela de 33 años de edad, quien fue asesinada en Mar del Plata por Sergio Alejandro Cejas. Cejas tenía ya una orden de restricción por violencia de género pero, como suele suceder en estos casos, la persona restringida no es el victimario sino la víctima. Se dieron a conocer chats entre Gisel y el portero de su edificio en los que ella relata su enojo frente a la situación y, sobre todo, frente a la inoperancia del Estado. “No me puedo ir del país por un enfermo. No es justo” escribió Gisel días antes de su asesinato. Y tenía razón. No es justo que las mujeres no podamos vivir tranquilas, mientras nos golpean, nos persiguen y nos matan.
El segundo caso tuvo también mucha repercusión porque repite los patrones del caso de Gisel pero con el agregado de que la víctima, Carla Soggiu, padecía de hidrocefalia y, por lo tanto, se encontraba en una situación aún más vulnerable frente a la violencia. El cuerpo de Carla apareció el 19 de enero en el Riachuelo, cuatro días después de haber presionado su botón antipánico, el cual tenía a raíz de las denuncias por violencia de género contra su esposo, Sergio Fuentes. Quienes debían protegerla volvieron a fallar: a pesar de que tuvieron comunicación con Carla, no pudieron encontrarla hasta que fue tarde.
Lejos de ser datos aislados, la falta de respuesta del Estado frente a la situación de violencia contra las mujeres se encuadra en una situación global. Nos encontramos frente a un gobierno que está muy lejos de hacer cumplir lo que determina la Ley 26.485 de Protección Integral de las Mujeres sancionada en 2009. En efecto, la política de ajuste del gobierno nacional nos golpea doblemente a las mujeres: no sólo porque somos quienes más sufrimos la pobreza y la precarización laboral sino también porque los organismos encargados de liderar la lucha contra la violencia de género sufrieron un desfinancimiento brutal en el presupuesto 2019.
El Instituto Nacional de Mujeres (INAM) recibirá un 18% menos de fondos que el año anterior, los fondos para la implementación del Plan Nacional de Acción para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia (PNA) se reducirán en un 55% y las líneas telefónicas de asistencia a las víctimas contarán con un 24% menos de financimiento.
Si dividimos el monto total asignado al INAM por la cantidad de mujeres argentinas, el resultado es desolador: la vida de una mujer argentina, para el gobierno nacional, vale menos de 12 pesos. Cambiemos podrá intentar pintarse la cara color violeta, pero los números hablan por sí solos. Desde 2015 nos movilizamos bajo la consigna #NiUnaMenos porque sabemos que mientras quienes nos gobiernan no tomen medidas efectivas, reales y sustentadas con fondos, las mujeres seguiremos viviendo y muriendo como ciudadanas de segunda, menospreciadas y tiradas a un río o descampados. Es hora de que escuchen: ¡Emergencia Nacional en violencia de género YA!.
Publicado el 24/01/2019 en Corriendo La Voz [Web caída/rota]
Levantado por ANRED el 28/01/2019 [Link]
Ahora que sí nos ven, Baby Etchecopar se va a caer
Ángel Pedro Etchecopar, mejor conocido como “Baby” Etchecopar tiene una larga trayectoria machista. El periodista, quien conduce el programa El Ángel del Mediodía por Radio 10, no tiene ningún reparo en sacar a relucir su retórica violenta y misógina en cada oportunidad. En su historial patriarcal, tiene frases como «Si tu hija de doce años sale mostrando las tetas y haciendo trompita, hay una provocación, porque no es casual que de golpe aparezcan tantos violadores», y agresiones profundamente sexistas como las que le dedicó a Catherine Fulop cuando ella se posicionó a favor de la legalización del aborto: «Ayer Catherine Fulop, que ahora es actriz de carácter no deja de decir pelotudeces, era mejor cuando mostraba el culo».
Sin embargo, no siempre “Baby” puede salirse con la suya. Este jueves 20 de diciembre la justicia porteña falló contra el periodista, quien estaba imputado por discriminación y violencia de género y lo obligó, como parte de la probation, a ceder durante 5 meses, 10 minutos semanales de su programa de radio a referentes feministas.
El ideólogo fue el fiscal Federico Villalba Díaz de la Fiscalía en lo Penal, Contravencional y de Faltas N°18 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y su propuesta fue ratificada por la jueza Susana Prada, al frente del Juzgado en lo Penal, Contravencional y de Faltas N°31. Villalba declaró a Clarín que el objetivo de este acuerdo fue que “la audiencia de Baby Etchecopar pudiera escuchar otras voces y otras explicaciones distintas de lo que están acostumbrados a escuchar.” Se trata, en definitiva, de otorgarle a las voces de las mujeres y del movimiento feminista la oportunidad de ingresar a aquellos medios de comunicación que funcionan como espacios de poder y de construcción de sentidos simbólicos, culturales y políticos.
La denuncia fue realizada por Claudia Barcia, luego de que Etchecopar agrediera de manera violenta, sexista y misógina a una dirigente del Movimiento Evita durante una entrevista y dijera, unos días después, al encontrarse con un escrache contra él, que se trataban de “negras vagas” y “planeras”.
El fallo contra Etchecopar cobra una revelación importantísima en el contexto actual. En primer lugar, porque se trata de poner en funcionamiento lo que se encuentra estipulado desde hace casi 10 años en la ley 26.485, de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los Ámbitos en que Desarrollen sus Relaciones Interpersonales. Dicho texto garantiza el derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencia, que no es sólo física o sexual sino también psicológica y simbólica. La presencia de voces feministas en el programa de “Baby” es un paso en favor de construir un periodismo que se encuadre en los marcos legales vigentes y que deje de alimentar la violencia machista.
Pero también, implica un avance en la lucha por revalorizar y empoderar la palabras de las mujeres. En un país que se encuentra sacudido por la acción colectiva de actrices argentinas que decidieron levantar la capa de silencio que encubrió durante tantos años la violencia patriarcal y machista que las mujeres venimos sufriendo desde siempre, la sanción que esta probation implica para alguien como Etchecopar, que desde su lugar de poder, se encarga de desacreditar, menospreciar y ridiculizar las voces de las mujeres y las disidencias, no es menor. Cuando las mujeres decimos “ya no nos callamos más” no sólo estamos denunciando abusos, violaciones y violencias sino que también estamos reivindicando nuestro lugar en esta sociedad y nuestro derecho a poner en práctica nuestra palabra y nuestros discursos en toda su potencia política y en igualdad de condiciones.
Publicado el 21/12/2018 en Corriendo La Voz [Web caída/rota]
Lxs Rusxs Hijxs de puta+ Helena Nav en Rosario: cierta forma del futuro
El viernes por la noche, Rosario contó con la visita de una de las bandas más innovadoras de la escena indie argentina, Los Rusxs Hijxs de puta, que junto a les invitades locales de Helena Nav, le regalaron a su público una experiencia fuera de lo común. En esta crónica te contamos todo sobre un recital de lujo.
Afuera, la noche era casi primaveral. Adentro, en Mono, sonaban los Ramones y la gente estaba ansiosa. La apertura de la noche estuvo a cargo de la banda rosarina, Helena Nav, integrada por Kia San en bajo y voz, Valerio J en guitarras, Rocco della Rosa en guitarras y sintes y Jesús Ra en batería, que generó un clima enrarecido, con sus distorsiones, su bajo profundo y demoledor y las irrupciones intranquilizantes de los sintetizadores. En Hablando con Woody Allen, el riff contagioso de la guitarra junto al pulso incansable de la batería, se veían atravesados por la poderosa voz de la cantante: “Sabés qué pasa?/ que estamos cansados”. La vibra se tornó por momentos más sensual y seductora, en canciones como Miss Lilith, en la que el bajo se vuelve primordial para crear un ambiente apocalíptico y desconcertante pero igualmente irresistible.
Unos momentos más tarde, llegaron Los Rusxs Hijxs de puta. La banda integrada por Luludot Viento en voz, teclado y nylon, Florencia Mazzone en batería y coros, Santiago Mazzanti en bajo y coros y Julián Desbats en guitarra y voz, arrancó su set con Cascada, una canción perteneciente a su último disco. Es que la gira que los trajo a Rosario se dio en el marco de la presentación de NOS VAMOS A MORIR DE HACER ESTRATEGIAS DE AMOR, editado en 2017.
En efecto, recorrieron el nuevo LP en casi toda su extensión, pero tampoco se privaron de tocar viejos temas como Nubarrón, del EP Hola de 2013 que nos recordó a todes que el tono irónico pero a la vez personal de las canciones estuvo presente desde el comienzo: “Siempre estoy donde quiero estar/Pero me persigue un nubarrón/que garrón, qué garrón”. Le siguieron Snowball y Halloween, ambos temas del primer LP de la banda, LA RABIA QUE SENTIMOS ES EL AMOR QUE NOS QUITAN. En el primero, el espíritu de denuncia está encarnado en la voz demoledora de Luludot diciendo “estoy cansada de morirme/de lunes a viernes/de trabajar para que a otro/le vaya bien y a mi me va mal” para volverse lúdico en el segundo pero sin perder el filo ni el dejo de violencia contenida.
Le siguieron Insistencia, El sabor de lo nuevo y Horrible. El primero exploró con su impronta bien punk, con voces estridentes y contestatarias, la pobreza de nuestra manera de relacionarnos con les otres: “lo cierto es que alguien solidario/en este mundo despiadado/ es más bien revolucionario”. Con el segundo, la vibra se tornó romántica sin perder la fuerza y Julián Desbats tomó la posta del canto; en el tercero, la ironía se convirtió en la herramienta para desafiar los estereotipos de belleza y defender lo no hegemónico, lo diferente: “Vivo ilusionada con problemas/llena de granos con pus/siempre con poca luz/y con ideas que me queman”.
Unos de los momentos cúlmines de la noche llegó de la mano del hitazo La Federal. Apenas sonaron las primeras notas, un murmullo de excitación recorrió al público que no tuvo ningún pudor en entregarse y saltar al ritmo de la música. De allí en más, el ambiente de goce fue colectivo y entre un juego de luces increíble, que hacía resaltar los dibujos hechos con pintura flúor que les integrantes de la banda tenían en sus caras y sus ropas, nos regalaron una seguidilla de temas increíbles: Tu mami, Fancy, Capilla del monte, Porquería, Parawita, Poca cosa.
El cierre del show vino de la mano de tres de las mejores canciones en el repertorio de Los rusos: Los pibe, con su descripción perfecta de eses jóvenes que lejos de desafiar al status quo, lo perpetúan; Carmelo, con su imaginería surrealista y su deseo de ser libres; y, por último, Luna, con el ímpetu por huir de nosotres mismes que siempre se vuelve inútil porque “puedo decirle a todos que me sigan/pero loco adónde iríamos?/si aún así la luna es más grande que yo”.
Tal vez, escaparle a la propia subjetividad sea imposible, tal vez, nos amemos de maneras dolorosas y, tal vez, la federal venga a darnos palazos ahora más que nunca, pero todavía nos queda la música de Lxs Rusxs para perdernos por un rato entre las luces y el punk.
Publicado el 13/09/2018 en Corriendo La Voz [Web caída/rota]
Lisandro Aristimuño en Rosario: comida para el alma
La noche de sábado rosarina contó con un invitado de lujo: Lisandro Aristimuño. En un Teatro El Círculo repleto de gente, el cantautor patagónico recorrió su discografía con un setlist cargado de emoción, nostalgia y sonidos sureños. Te invitamos a revivir un show increíble.
El Teatro El Círculo es, sin lugar a dudas, uno de los teatros más hermosos e increíbles de nuestro país. Aunque lo hayamos visitado mil veces, cada vez que volvemos a entrar nos maravillamos como la primera vez. Y esa maravilla se convierte en una suerte de magia cuando arriba de las tablas aparece un artista de la talla de Lisandro Aristimuño.
Abrió el show con Me hice cargo de tu luz, canción perteneciente a su disco 39 grados: entre un juego de luces alucinante, la fuerza instrumental envolvente de la música de Aristimuño llenó por completo la sala. Le siguió How Long, con su tono desesperado y sus letras casi agónicas (“Pedirle a mi corazón/ que no se detenga ahora”) que culminó con una sorpresa: Rocío Aristimuño participó de un dueto con su hermano; él con su guitarra, ella con un zapateo energizante.
“Es un honor estar en este teatro hermoso. Vamos a hacer mucha música”, lanzó Lisandro, ante el aplauso arrollador del público rosarino. Acto seguido, cumplió su promesa. Con Una Flor, de su último disco Constelaciones, la vibra se tornó desgarradora para luego volverse completamente inquietante con En Mí: “pisando el sol/ pensando en vos/ es igual para mí al fin/ tu amor se secó en mí”.
Los vientos patagónicos llegaron para quedarse con El plug del sur, durante la cual, Aristimuño dirigió al público haciéndole cantar la melodía conmovedora de los violines, en lo que sería el primero de varios momentos de conexión entre el músico y su gente.
La nota acústica e íntima de la noche llegó con Tu nombre y el mío y con un precioso cover de Av. Alcorta, canción de Gustavo Cerati. En este momento, la banda descansó por un ratito y Aristimuño demostró que no necesita orquestación para encantar a su audiencia; basta con escucharlo a su guitarra y a él.
A esta altura, el clima ya era de puro goce musical pero, sin dudas, el hechizo se hizo carne con dos canciones de su exitoso disco, El asunto de la ventana. Con La última prosa, Aristimuño sacó a relucir no sólo lo mejor de su capacidad como letrista sino también de su habilidad incomparable para hallar un reducto de luz incluso en la oscuridad más absoluta: “el jugo en mi sombra es ardiente/ la buena noticia sos vos/ sos vos”. La luminosidad se volvió colectiva con Anochecer, cuando el músico bajó del escenario, guitarra en mano, y recorrió los pasillos del teatro. El ritmo de carnavalito nos hizo bailar a todes, como si en el bailar mismo se fueran todos los males. Cuando Aristimuño estaba por subir de nuevo a las tablas, una persona del público le colocó un pañuelo verde sobre el hombro. Con una sonrisa, el músico lo anudó en el pie de su micrófono y, por supuesto, apenas terminó la canción, el público empezó a cantar “aborto legal/ en el hospital”.
La realidad político-social de país asomó otra vez con Azúcar del estero, una de las canciones más esperadas de la noche. “Quiero dedicar esta canción y me parece muy importante, a las universidades públicas”, destacó el músico antes de tocarla. La reacción de la gente no se hizo esperar: luego de un aplauso arrollador, la canción se convirtió en un dueto entre el público y Aristimuño. El coro de voces generó un clima de fiesta pero también de resistencia colectiva al cantar, con sonrisas compartidas, “no te dejes más vencer/ al alma hay que darle de comer/ un poco de azúcar del estero/ un poco de risa y caramelos”.
De allí en adelante, todo fue celebración. La positividad contagiosa de Hoy, hoy, hoy convirtió nuevamente al teatro en un lugar de baile y festejo. Tal vez afuera nos esperaban los problemas, los dolores, las angustias, pero allí adentro tuvimos un descanso, un momento de resguardo frente a las inclemencias de nuestros tiempos: “hoy, hoy, hoy/ yo voy a ser feliz/ hoy, hoy, hoy/ yo quiero estar así” cantaba Aristimuño y era imposible no sonreír y no entregarse a la energía renovadora de su música.
La sensibilidad social del músico del sur se dejó ver nuevamente, cuando antes de tocar Green lover, mencinó: “Esta canción siempre se la dedico a las Abuelas de Plaza de Mayo, a los derechos humanos, a la verdad y a la justicia”. ¿Qué mejor recordatorio del poder transformador de la esperanza que la lucha de nuestras abuelas del pañuelo blanco?
El show terminó como había empezado: con la magia irresistible de un estilo musical que, con raíces folklóricas pero también con influencias de lo mejor de nuestro rock nacional, logra iluminar y colorear cualquier sentimiento gris. Con Es todo lo que tengo, es todo lo que hay, Vos, Pozo y Elefantes, Lisandro Aristimuño, nos despidió distintes. Algo había sucedido en esas más de dos horas de recital y todes lo sabíamos. El disfrute colectivo nos había recordado que aún cuando la oscuridad acecha, todavía nos queda el transformador más fuerte: la música.
Publicado el 01/09/2018 en Corriendo La Voz [Web caída/rota]
Ligia Piro en Rosario: una canción desde el alma
Ligia Piro llegó a la ciudad de Rosario para presentar su última producción discográfica, Love, y deleitó al público con la belleza de su voz. En una noche llena de la calidez resplandeciente del jazz, el soul y la bossa nova, regaló a los asistentes una selección de sus mejores covers, tanto del último disco como de sus clásicos. Te invitamos a revivir el concierto en esta crónica.
El reloj marcaba que habían pasado unos minutos después de las nueve de la noche. La sala del Teatro La Comedia estaba repleta y arriba del escenario estaba todo listo para recibir a la estrella de la noche. Primero, apareció su banda: Nahuel Bailo en piano y teclados, Miguel Tarzia en guitarra, Javier Martínez Vallejos en batería, Magdalena Barla en coros y Fernando “Fefe” Botti en bajo, contrabajo y dirección musical. Con sus músicos en acción, apareció Ligia Piro, vestida íntegramente de negro.
Sin preámbulos, se sumergió en las primeras tres canciones del setlist de esa noche: I’m beginning to see the light, They can’t take that away from me y Love me or leave. La destreza vocal y el carisma irresistible de Ligia empezaron a brillar desde el comienzo. Era imposible no dejarse llevar por la cadencia jazzera de una cantante que se sabía cómoda en el escenario y segura del repertorio elegido. No eran sus canciones, pero había algo en la naturalidad con las que las interpretaba que nos hacía sentir que se las había apropiado, para revitalizarlas y demostrar que la buena música es inmune al paso del tiempo.
Acto seguido, agradeció al público por su presencia y habló de su alegría de estar de vuelta en Rosario. “Yo me siento como en casa acá” dijo entre sonrisas. La visita se daba en el marco de la presentación de su último disco, Love, el cual, en sus palabras, representa un triunfo después de tanto años alejada de los estudios de grabación.
Las dos canciones que siguieron representan a dos de sus mayores influencias musicales: The man I love de Billie Holiday y Love is a losing game de Amy Winehouse. Dos cantantes emblemáticas, cuyas vidas fueron trágicas y difíciles, unidas en la potencia y la delicadeza de la voz de Piro.
Consciente de que estaba en suelo hispanoparlante, la artista dejó el repertorio en inglés de lado por un rato y le hizo honor a dos de las figuras más representativas de la música argentina. Primero cantó Durazno Sangrando, obra de Luis Alberto Spinetta, con quien, según confesó, compartió algunos de los mejores momentos de su vida. La maestría de Piro nos recordó a todes la profunda vulnerabilidad y belleza que se esconde en la poesía del Flaco. Luego, nos regaló su versión del tema Carabelas Nada del rosarino Fito Páez. La tensión in crescendo de la letra, la melodía que se vuelve agónica y la potencia arrasadora de Ligia, nos sacudió a todes cuando nos recordó que “esto no deja de ser una canción desde el alma”.
Con la canción siguiente, el español dio paso al portugués: se trataba de Berimbau de Vinicius de Moraes. Esta obra está dedicada, como su nombre lo indica, al instrumento musical heredado de los esclavos angoleños que cantaban por su libertad. Pero los aires del Brasil iban a quedarse un rato más. Las luces del escenario se apagaron y cuando se volvieron a encender, Piro y su banda estaban sentades sobre el borde del escenario, con instrumentos y todo. “Todo porque yo quiero jugar al café concert” explicó la cantante. La cercanía inusual entre los músicos y el público, creó el efecto buscado y todes nos sentimos transportades a una de esas noches sobre las que habló ella, cuando era chica, en el café que regenteaba su familia. El ritmo contagioso del medley de bossa nova que nos regalaron no sólo nos hizo bailar en nuestros asientos sino que nos inundó de un poco de esa alegría brasilera que parece nunca apagarse.
A esa altura, resultaba difícil imaginar qué podía venir. Los aplausos al concluir cada tema eran cada vez más ensordecedores y la emoción crecía en intensidad. Pero todavía no habíamos visto todo.
Las dos canciones que siguieron alcanzaron una honestidad y una belleza conmovedoras. En palabras de Ligia, se trataban de dos obras que la marcaron y que la van a acompañar siempre a lo largo de su carrera. En primer lugar, Barro tal vez, de su queridísimo Spinetta. “Si quiero me toco el alma / pues mi carne ya no es nada” cantaba Piro y todes pudimos entender de qué hablaba, porque era imposible escucharla y no sentir que nos escapábamos por un instante de la prisión del cuerpo. Luego, hizo suya Oración del remanso, de Jorge Fandermole. El tono de denuncia de la canción sumado a su apuesta desesperada por la esperanza, se hizo puro disfrute y emoción en la voz de Ligia, y más de une tuvo que secarse las lágrimas: “Agua del río viejo / llévate pronto este canto lejos / que está aclarando / y vamos pescando para vivir”.
El cierre del show fue un viaje por algunos clásicos como Spooky de Dusty Springfield y la bellísima y espacial Fly me to the moon, popularizadora por el enorme Frank Sinatra. El resplandor del jazz se volvió grave y estremecedor con Love for sale y Cry me a river, pero el momento de mayor fuerza llegó con la esperadísima Construcción, que dejó al público extasiado. “Gracias por disfrutar y compartir la música que es lo que nos une” dijo la cantante, frente al rabioso aplauso de la gente, que no pudo contenerse y la aplaudió del pie.
El bis fue un joya inesperada. Su banda ya había abandonado el escenario y Ligia estaba parada, con lágrimas en los ojos, sonriéndole al público que le pedía «¡otra, otra!» a viva voz. Sin micrófono y a cappella, nos regaló la más hermosa versión posible de Te abracé en la noche. La dulzura de la melodía, cercana a una canción de cuna, atravesó el silencio de sala y nos recorrió el cuerpo con una fuerza desconcertante. “Te abracé en la noche / era un abrazo de despedida” cantaba ella, pero nosotres sabíamos que era sólo un hasta luego.
Publicado el 13/08/2018 en Corriendo La Voz [Web caída/rota]

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#8A De Rosario a Capital, un solo grito por el aborto legal
El 8A fue un día histórico para Argentina. Millones de personas poblaron la zona alrededor del Congreso Nacional y se movilizaron en distintos lugares del país para pedir que el aborto sea ley. En esta crónica y fotogalería te contamos cómo fue el viaje y el día de lucha desde la perspectiva de una rosarina.
Arrancamos temprano. Entre las sombras de los árboles que pueblan el parque Independencia, una fila interminable de colectivos y cientos de personas que, entre el frío y el sueño, esperaban el momento de subir y emprender viaje.
La emoción era palpable. Nadie lo decía pero todes sabíamos que estábamos vislumbrando el comienzo de un día histórico, de esos que deberían figurar en los diarios y los libros de historia. Risas, mates, abrazos y, por supuesto, cientos de pañuelos verdes que asomaban en los cuellos, mochilas, muñecas o cabezas.
Lentamente, los colectivos se fueron llenando y pronto la marea feminista de Rosario comenzó su ruta hacia Capital. Afuera hacía mucho frío y la lluvia azotaba de a ratos, pero adentro el calor de la lucha brillaba y se iba acrecentando a medida que la distancia se hacía menor.
Cuando entramos a la Av. General Paz, la emoción se hizo palpable y de a poco nos fuimos sacudiendo la modorra del viaje para prepararnos para lo que se venía. El cielo se pintaba gris sobre la 9 de Julio pero nosotres queríamos inundar Buenos Aires de verde, con pañuelos, bufandas, glitter, pintura, carteles y banderas.
Apenas pusimos un pie en terreno porteño pudimos sentir que estaba sucediendo algo de dimensiones descomunales y con cada cuadra que hacíamos el aire de lucha se hacía más intenso. El ruido de los bombos, de los parlantes y de los cantos se iba haciendo más fuerte y los pañuelos verdes se multiplicaban por doquier. Era imposible no sonreír.
Llegar a la plaza del Congreso y verlo rodeado de vallas fue una sensación agridulce. Sabíamos que ahí dentro estaba teniendo lugar una sesión histórica, que por primera vez el Senado Nacional estaba tratando el Proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Pero también sabíamos la opereta increíble que la Iglesia, con la complicidad del Estado, estaba llevando a cabo: bastaba con mirar hacia donde se agolpaban las banderas azules de los anti-derechos para recordarnos que todavía faltaba mucho.
Y, sin embargo, había algo adentro nuestro que nos decía que, más allá del resultado, estábamos viviendo un momento revolucionario. A nuestro alrededor, todo era futuro. Adentro, había senadores que decían cosas medievales como “hay algunos casos donde la violación no tiene esa configuración clásica de la violencia sobre la mujer”. Afuera, las pibas con sus rostros llenos de brillantina cantaban, con toda la fuerza de sus pulmones, en un círculo de sororidad “el patriarcado y el aborto clandestino se van a caer”. Afuera, amigas se encontraban y se decían “llegamos a este día”, con sonrisas enormes y los ojos llenos de lágrimas. Afuera, nadie se saludaba diciendo adiós sino “que sea ley”.
Con la llegada de la tarde también llegaron la lluvia y el frío, pero nada impidió que las calles se llenaran de pueblo. En el escenario Lohana Berkins, An Espil, antes de deleitarnos con su voz increíble, hablaba de las mentiras que nos dicen sobre ser mujer. “Me querían hacer creer que por ser mujer la tenía fácil, cuando era precisamente al revés”. Un murmullo de afirmación recorrió al público. Todas sabíamos de qué hablaba y por eso estábamos ahí, poniéndole el cuerpo a la lucha.
La lluvia se intensificó a medida que caía la noche pero el aguante no aflojaba. Frente a la pantalla gigante de Mitre y Cerrito, miles de personas se amuchaban para ver la transmisión de la sesión. El viento hacía volar todos los paraguas pero nada se comparaba con compartir la euforia cada vez que un o una legislador/a hacía honor a la lucha feminista y defendía el derecho de las mujeres y las personas gestantes a decidir sobre su propio cuerpo. También era colectiva la bronca frente a las atrocidades que dijeron aquelles que votaban en contra y frente a la actitud chicanera y sobradora de la vicepresidenta de la Nación, Gabriela Michetti. Cuando Michetti interrumpió a la senadora Pamela Veresay argumentando que se había extendido del tiempo permitido, los silbidos y los insultos se multiplicaron. “Le importa más respetar las reglas del debate que los derechos de las mujeres”, gritó alguien entre la muchedumbre.
Cerca de la medianoche, las esperanzas de lograr la mayoría se iban achicando cada vez más y todes lo sabíamos pero nada apagaba el clima de fiesta. Ni la lluvia, ni el viento, ni el frío ni los senadores prehistóricos. Bastaba caminar por avenida Corrientes y ver las manchas verdes que inundaban las esquinas y bares para entender que el feminismo puso algo en marcha que nada puede parar. Aunque te alejaras de la zona del Congreso, siempre te cruzabas con el canto de “aborto legal/en el hospital” como un himno inclaudicable de la lucha. Tal vez nuestres legisladores no estén a la altura del momento histórico que vivimos y haya que esperar otro año para que salga la ley, pero si hay algo que todes aquelles que vivimos el 8A sabemos es que el aborto ya es legal en las calles y que fueron, como dijo Pino Solanas en su discurso, las pibas quienes lo lograron.
Con el resultado adverso, puede ser sencillo dejarse invadir por un sentimiento de derrota. Sin embargo, la revolución es imparable. Al sacar los pañuelos verdes a la calle, sacamos al aborto del closet. Ya no tenemos miedo de decir «yo aborté» porque sabemos que la clandestinidad nos mata y que el silencio y la hipocresía nos condenan. Ya no tenemos vergüenza de defender nuestro derecho al goce y nuestro derecho a decidir cómo, cuándo, con quién y si queremos ser madres. Ya sabemos que no estamos solas porque no sólo nos encontramos y nos seguiremos encontrando en las plazas del todo el país, sino que también sabemos que hay un red de mujeres que hacen todo lo posible por garatizarnos el acceso de un aborto seguro.
Las sesiones de Diputados y Senadores dejaron ver lo peor de nuestra clase dirigente, que utilizó mentiras, provocaciones y presiones para impedir que la ley salga. Pero ya no somos ingenues. El paradigma cambió y los políticos tendrán que poder verlo o pagar el costo político. Entre la marea de pañuelos verdes también asomaban los pañuelos naranjas de la separación de la Iglesia y el Estado, sobre todo entre les más jovenes. Por ahí nos lleva el camino y hacia ahí iremos, sin miedo y sin pudores porque ya no estamos dispuestes a resignar lo que es nuestro: el futuro.
Publicado el 10/08/2018 en Corriendo La Voz [Web caída/rota]
Mi Nave + Pyramides en Rosario: la infinitud del indie
La noche del sábado los planetas se alinearon en Rosario y el indie estuvo de fiesta con el recital de la banda local, Mi Nave. Los rosarinos presentaron su nueva producción discográfica junto a Pyramides, invitados de honor provenientes de Buenos Aires. En esta crónica te contamos todos los detalles de una fecha que fue imperdible.
Si algún despistado todavía cree que la industria musical del indie nacional no tiene nada para ofrecer, bastaría con invitarlo a disfrutar un recital como el del sábado a la noche en La Sala de las Artes, en la city rosarina, para hacerle cambiar de opinión. Afuera caía una lluvia pegajosa. Adentro, dos bandas daban cátedra de indie explícito.
La primera de ellas fue Pyramides. Oriunda de Buenos Aires y conformada por Facundo Romeo en guitarra y voces, Alonso Romeo en bajo y voces, Andrés Centrone en batería, Jonathan Chendo en guitarras y Hernán Molinari en teclados. Abrieron la noche con Santuario, canción en la que la cautivante introducción instrumental prepara el terreno para la entrada de la voz de Facundo, que con sus graves envolventes recuerda a lo mejor de Gustavo Cerati. “Incendio en el mar / algo nuevo / un instante / intacto” cantaba Romeo, anticipando el viaje que nos tenían preparado. El clima se enrareció con el segundo tema: la combinación de un sonido electro con disonancias más propias del punk hacen de Lluvia una experiencia que va desde lo desestabilizante a lo escalofriante. La vibra se tornó más apaciguadora con Sol de Invierno, con sus melodías de guitarra más resplandecientes, pero sin perder la característica excepcional de la propuesta de Pyramides: la capacidad de construir musicalmente un ambiente preciso y una imagen particular que nos envolvía sin que podamos evitarlo.
En Contraluz, el bajo se volvió frenético, marcando un pulso acelerado que invitaba a dejarnos llevar por esa oscuridad incipiente que transmitía la voz del cantante que nos decía “con la mirada baja vas a caminar / sin preguntarte dónde terminarás”. Las ganas de perderse por un rato se hicieron aún más carnales en Desaparecer en el gris, que con unas vibras que recordaban a The Cure, nos fue envolviendo con el reverb de sus guitarras y el sonido lunar del teclado, como cuando nos dejamos llevar por el torrente de nuestras ideas para “sumergido / pensar en mi / pensar en más”.
Y es que la música de Pyramides logra captar las emociones oscuras, esas que queremos patear hasta lo más profundo de nuestra mente porque sabemos que son tan difíciles de explicar como de soltar. En Afuera, la desesperación que causa no poder escaparle a lo que uno siente se vuelve imagen: “Es solo una habitación hecha de cemento / hecha de cristal.” Y en Caoscalma, la última canción del set del sábado, Pyramides nos demostró su poder de transformar esa melancolía a veces inefable que nos produce ver como cae la lluvia, en una oportunidad de entregarnos a la música y bailar con el ritmo contagioso de la batería, el bajo y el brillo reconfortante de los teclados: “Cae la lluvia, es una postal / nos traerá la nueva era / Así es, así es, así es”.
La banda oriunda de Avellaneda dejó el escenario encendido, pero la espera para el próximo acto no fue demasiado larga. Pronto Mi Nave estaba sobre el escenario. El conjunto, que jugó de local, está integrado por Pablo Alejandro Boffelli en voz, sintetizadores y guitarra, Andrés Boffelli en guitarra, sintetizadores, voz y programaciones, Martín Salvador Greco en bajo, sintetizadores y programaciones, Josefina Maidagan en voz y sintetizadores, y Alejandro Francisco Gomara en batería y percusión. La noche del sábado fue tanto la presentación, como la celebración de su último disco, Ojos cuadrados, que fue lanzado el 26 de junio de este año.
Mi Nave tiene varios discos editados en su haber, pero las canciones de Ojos Cuadrados no pierden su frescura. Entre luces cegadoras que recorrieron todos los colores del arcoiris, los rosarinos construyeron una realidad paralela. Con Hélice, el reino de los synthes entró en vigencia y se tornó imposible no moverse al ritmo de la batería: “Cuántas melodías desata imaginar”. El contagioso riff de guitarra de Barranca, canción perteneciente al álbum Tristeza (2016), imprimió unas vibras más rockeras a una noche que rápidamente se entregó a la fuerza arrasadora del pop, cuando Mi Nave se metió de lleno de los temas de su nuevo disco. Con Confite y Ojos Cuadrados, dos temas del más bellísimo dream pop, la banda nos transportó a un paraíso de sensaciones, con sus armonías vocales y melodías pegadizas que parecían no querer despegarse de nuestros oídos: “Noches de cristales / paisajes frutales / ángeles convidan / milagros especiales”.
En Amuleto, el segundo corte difusión de Ojos Cuadrados, la resplandeciente voz de Josefina Maidagan pasó al frente, haciendo juego con los coros de sus compañeros, cambiando un poco la nota de un estilo musical que tiende a lo instrumental. Precisamente, una de las características más interesantes de esta nuevo producción discográfica es una apuesta mayor por el disfrute puramente musical, sin sobrecarga de letras o, al menos, con una propuesta en la que el juego vocal es una más de las capas sonoras que se ponen en juego, al mejor estilo post rock.
Entre las canciones del nuevo disco, como Happening y Azul Klein, se colaron dos temas de discos anteriores: Trinchera, del disco Tristeza (2016), y Esfera, de Brillante (2012), el primer LP de la banda. El viraje hacia una estética más pop es palpable pero la esencia de Mi Nave no cambió: nos siguen haciendo dejar nuestros problemas atrás en la pista de baile.
La nota de la noche que ya se terminaba la dio Redondel, el primer single del nuevo álbum, que se vuelve frenético con un riff inolvidable, al mismo tiempo que genera una nostalgia inevitable al remitirnos al estilo de bandas como Virus, y que nos invita a reflexionar sobre nuestro lugar en el universo, mientras nos dejamos llevar por el vaivén musical.
Efectivamente, si algo demostraron las dos bandas que hicieron bailar al público rosarino es que la música sigue teniendo el poder de convocar y de trascender la propia individualidad para hacernos sentir, al menos mientras dure el recital, que “nunca empiezo ni termino / soy un punto infinito”.
Publicada el 12/07/2018 en Corriendo La Voz [Web caída/rota]