Genshin Impact
Capitano
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Capitulo 7
Estimado señor Capitano
El internado es lindo, he aprendido mucho esta última semana, creo que estoy lista para irme. La superiora repite que soy una buena chica, aunque no le creo mucho. ¿Está sucia la finca? Sabe que puede venir a buscarme cuando quiera, para volver a trabajar para usted. Se me olvidó dejar mi receta de galletas, lamento no haberlo hecho, se la puedo dar en persona si quiere"
Capitulo 6
Las semanas pasaron, y te volvías cada vez más imprudente. Cosas como los baños de tina cuando él llegaba herido... Se repetían constantemente. Y el cosquilleo en tu vientre comenzaba a ser molesto; necesitabas aliviar esa sensación después de cada encuentro, solamente te calmaba volver a tu cama a arrullarte en el abrigo de Capitano, quedándote rápidamente dormida al entrar en contacto con la cálida prenda.
Capítulo 5
Al otro día, te despertaste de tu letargo, dándote cuenta de que Capitano, anoche, había puesto un manto extra sobre ti antes de que te quedaras dormida. Tocaste el manto, te percataste de que seguía tibio… posiblemente tenía algún mecanismo o energía elemental que lo mantenía así, aunque desconocías su funcionamiento. Después de darte un baño y cambiarte de ropa a tu otra muda de uniforme de sirvienta, bajaste las escaleras para preparar el desayuno de tu amo. Vivir sola te había hecho aprender gran cantidad de platillos, solamente experimentando y por como habías visto que tu amo cocinaba. Ahora, te las arreglaste para hacer pan horneado, algunos huevos revueltos, su café, y una jarra de jugo natural. Esperaste media hora, y después de eso fuiste directamente a si habitación para tocar la puerta, a lo que no recibiste respuesta. Te diste cuenta de que él se había ido.
Capítulo 4
Asustada, te respingaste en el suelo, lentamente levantaste la mirada hacia él, tu mirada vagaba desde el gran hombre parado frente a ti y la estufa que emanaba calidez, no sabías muy bien qué hacer frente a aquella situación tan vergonzosa.
"Yo... Eh... Señor... Yo tenía frío" tartamudeas, tratando de justificar tus acciones, que ahora mismo te parecían muy tontas. Te quedaste mirándolo, y en tu mente algo se activó, haciendo que te pusieras de pie para arreglar la manta que habías traído para formar tu improvisado lecho.

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Capítulo 3
Capitano no se disgustó al verte devorar la comida como un animal, podía entender tu hambre, y no se atravía a quitarte el plato de comida, que para él, se veía muy desabrido. Después de mandarte a cambiar a la habitación, se quedó pensando en lo que había hecho. Tal vez no habia sido una buena idea recoger a una de las ratas de laboratorio de Dottore para sacarla de su habitat. Pero la verdad, era que tu historia había tocado en lo poco que le quedaba de humanidad, le recordaste que, antes de ser un fatui, un guerrero y un luchador, era un humano, o bien lo fue hace bastante tiempo, la carne podrida de su cuerpo evidenciaba lo contrario. A pesar de la máscara de indiferencia que mostraba su casco en toda ocasión, sintió que algo en él se agitaba cuando le pediste piedad, cuando le pediste un descanso de todo el sufrimiento de tu vida, además de que no podía creer que una chica estuviera en tales condiciones en un laboratorio. Antes de muchas cosas, también era un caballero, no estaba acostumbrado a ver mujeres en tal estado. Además de aquellas excusas que utilizó para raptar a un sujeto experimental, tenía otra muy buena, que además, era la más importante; cabrear a Dottore. Odiaba tanto a ese adefesio que con solo joderle el día, podía alegrar su maldita existencia. Se recordó a si mismo que tendría que mantener a la chica en secreto para más intriga.
Segundo Capítulo
Lo primero que hiciste al despertar de tu letargo, fue observar donde te encontrabas. Aquella habitación no tenía nada parecido a lo que conocías antes. Era una habitación bastante espaciosa, te levantaste para sentarte en la cama, aunque aquello te dolió un poco. Moviste tus sucias ropas para ver el estado de tus heridas, las que seguían igual a la última vez. Le diste vueltas a aquello en tu mente, "la última vez", lo último que recordabas era al primer heraldo, que, parece, te había dejado abandonada, gracias a los cielos, no querías pensar en las horribles cosas que te podría hacer el primer heraldo fatui.
Escapar nunca fue una opción para ella. Encadenada a un pasado lleno de sufrimiento, la protagonista vivía en un lugar donde la crueldad era la norma. Hasta que él llegó. Capitano, un hombre envuelto en sombras, la arranca de ese infierno con métodos tan cuestionables como su aura intimidante. Para ella, no es más que un villano que ha cambiado una prisión por otra.
Sin embargo, detrás de su imponente máscara y su fría autoridad, Capitano comienza a descubrir los fragmentos rotos de su vida. Cada secreto desenterrado despierta en él un deseo inesperado: ayudarla, a su manera, aunque ella lo rechace una y otra vez.
Atrapados entre el pasado que ella teme y el presente que no comprende, ambos deberán aprender a enfrentar sus propios demonios. Porque a veces, incluso en la oscuridad, puede nacer una chispa de redención... y algo mucho más profundo.
Capítulo 1
James Liam Figueroa - Columbina Lullaby Il Capitano rara vez hablaba con los otros 10 fatui. No era porque los subestimaba, claro que no, r
Capítulo 2
Lo primero que hiciste al despertar de tu letargo, fue observar donde te encontrabas. Aquella habitación no tenía nada parecido a lo que con
Capítulo 3
HOYO-MiX - Ondulations du rythme Capitano no se disgustó al verte devorar la comida como un animal, podía entender tu hambre, y no se atrav
Capítulo 4
Yu-Peng Chen - Fragile Fantasy Asustada, te respingaste en el suelo, lentamente levantaste la mirada hacia él, tu mirada vagaba desde el gr
Il Capitano rara vez hablaba con los otros 10 fatui. No era porque los subestimaba, claro que no, respetaba a cada uno de diferente forma por las cosas que habían hecho, pero había cierto heraldo en específico al cual no soportaba; El doctor.
La nieve caía con más intensidad gracias al pasar de las horas, pero la buena noticia era que, de igual manera, el cuerpo de la joven soldado iba recuperando calor, y parecía estar despertando justo como a las 4 de la madrugada.
"¿Los maté a... todos?"

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Fanfic donde Capitano te recluta como su mano derecha, una mujer frívola y sanguinaria que parece no tener sentimientos, y que jamás ha sido tratada como una chica. Poco a poco, vas despertando deseos dentro de él, él desea protegerte de todo peligro y cuidar de ti con su propia vida, a pesar de que eso es algo que a ti te desagrada.
Parte 1
Il Capitano era reconocido por ser el primer heraldo de los Fatui, lo que muchos pensarían que esto lo llevaría a ser, más que el más fuerte
Parte 2
Capítulo 2 Capitano disfrutaba que sus subordinados fueran obedientes, adoraba la obediencia y disciplina más que muchas cosas en el mundo,
Parte 3
Yu-Peng Chen - Once-Colored Memories La nieve caía con más intensidad gracias al pasar de las horas, pero la buena noticia era que, de igua
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Fanfic donde Capitano te recluta como su mano derecha, una mujer frívola y sanguinaria que parece no tener sentimientos, y que jamás ha sido
Capitano, en uno de los laboratorios de Dottore, se encuentra con una joven chica, la que decide cuidar y darle una vida estable. Capítulo
Capítulo 2
Capitano disfrutaba que sus subordinados fueran obedientes, adoraba la obediencia y disciplina más que muchas cosas en el mundo, pero esto ya era el colmo. Sí, él estaba acostumbrado a que sus subordinados obedecieran sus órdenes al pie de la letra, sin chistar y así, pero su nueva soldado era el colmo. No entendía por qué le molestaba tanto, era una soldado perfecta, obediente, y hasta a veces, parecía solo una maquina de matar sin emociones, no comprendía lo malo de aquello. Curioso, se sorprendió al encontrarse mirando detenidamente a la joven en sus tiempos libres, percatándose de que más allá de obedecer órdenes y pelear para la asociación, ella no hacía nada. No tenía idea de donde vivía la chiquilla, ni de si tenía familia, o amigos, y a todas las preguntas que se formulaba, se le venía un rotundo "no" a la cabeza. Ella no tenía amigos, ni familia, así que mucho menos un hogar.
Pasó poco tiempo para que el desempeño de la chica destacara tanto, que Capitano decidió mantenerla a su lado por más tiempo, pero claro, solo por la utilidad. Después de darse cuenta de que ella no era más que una soldado leal a la que no le interesaban cosas banales, no le dió más importancia, así que tampoco iba a esforzarse en entenderla más.
Los meses pasaban, lo que no hacia mucho cambio en la fría nación de hielo, allí siempre nevaba, y los lagos siempre se mantenían congelados y majestuosos cubiertos de un manto blanco y helado. Capitano, cuando estaba en Snezhnaya, la pasaba la mayor parte del tiempo en su despacho, haciendo el papeleo que, a pesar de que él creía innecesario, la Zarina y sus subordinados necesitaban, y eso era más que suficiente. No tuvieron que pasar tantos siglos para que Capitano pudiera adaptarse al frío de la nación, para nada, sintió que después de aquella gran guerra que le quitó todo, ya nada podría ser más frío. Por ello, Capitano apenas tenía estufas en su gran finca, la que estaba día y noche vigilada por algunos de sus subordinados y criadas, las que mantenían la ordenanza y la limpieza. Era una casa bastante grande para una sola persona, pero no podía llamarlo hogar. Desganado, dejó los papeles descansando sobre el escritorio unos minutos mientras su vista navegaba por el cuarto, haciendo su mente divagar, quería un descanso, ya eran 500 años de lo mismo.
Aclaró la mente sacudiendo un poco su cabeza para volver a agarrar los documentos y poner atención en ellos, la chiquilla era buena redactando y en el papeleo, varias veces la mandaba a hacer papeleo del sencillo, cosas que ella podía hacer sin ningún problema, aunque, solo hacía esto para ver si su subordinada tenía al menos el mínimo carácter para alegar y negarse a hacer un trabajo que, además de no ser pagado, no le correspondía. A Capitano ni siquiera le sorprendió que la chica solo recibiera órdenes sin chistar, recibía los papeles, y hacía el papeleo sin refutar. Abrió otra carpeta, donde se encontraban algunos papeles en los que se especificaba otra misión, una misión de reconocimiento en otra nación. Liyue no era su nación favorita por muchas cosas, y no específicamente por el clima.
Una misión de reconocimiento, claro, sería fácil, podría ir solo, o bien, llevar a su mano derecha como acompañante.
Durante este tiempo, Capitano dejó de pensar en aquella chica con curiosidad, y solo la vió como lo que realmente era ella; su mano derecha, una soldado, un arma. Así que por dos años, fue lo único que hizo, y aquella mujer tampoco pedía más, estaba cómoda en su puesto. Ella nunca fallaba, ni una sola vez, cumplía sus misiones con rapidez y perfección, y solo por aquello, era respetada ante los ojos de Capitano.
La chica, apodada solo por su apellido, no tenía mayores inconvenientes con las tareas más complicadas, se destacaba por su desempeño perfecto en todo aquello en lo que le pedía su capitán, o eso se mantuvo así hasta una batalla, una en la que ella no pudo ganar.
"Vete por el sur y mátalos a todos por las espaldas. Nos encontraremos frente a frente en 30 minutos" la voz demandante de Capitano se dirigió a ella, la que siempre mantenía la mirada gacha, formando una leve reverencia cuando le iban a dar órdenes "Y no te demores".
"SI, mi capitán" murmuró ella, levantando el rostro. el uniforme de la soldado era característico en sus colores, solo un poco, era un uniforme gris de dos piezas que constaba de una chaqueta y un pantalón, cómodos, además de abrigadores, porque la nevada no cesaba aún en medio de una batalla. La soldado se fue, después de montar uno de los caballos, y desapareció tras los majestuosos bosques nevados.
Pero, pasado el tiempo, Capitano no la encontró en el lugar propuesto. Todo era un mar de sangre y soldados muertos, era más que obvio que su soldado había estado allí, pero ahora ya no. "Ella jamás desobedece" se recordó a sí mismo Capitano, alejando la idea de que ella podría haber escapado o traicionado a los Fatui, aunque, también admitió que no sería tarde para una primera vez.
"Busquen a la soldado Chissan, no nos iremos de aquí sin ella, viva o muerta" demandó el capitán, subiendo a su corcel, cabalgando, buscando.
Él estaba tan acostumbrado a matar gente, a ver gente muerta, que no se conmovió al tener que mover los cuerpos de los fallecidos en batalla, los que, al morir, tenían una expresión de horror en el rostro. Movía los cuerpos de aquellas personas, sin pensar demasiado en aquellas vidas perdidas, buscando a la única vida que le importaba en aquel momento; la de su soldado. Con cada minuto que pasaba la intriga y desesperación se hacían incontenibles, estaba oscureciendo y la nevada no hacía más que complicar la situación. Sus otros soldados, vivos, se estaban congelando mientras buscaban el cuerpo de Chissan, así que los mandó a armar el campamento para descansar, mientras él buscaba. Afortunadamente, la encontró, pero en las condiciones que imaginó. Bajo un árbol, cubierta de nieve y sangre, encontró a la chica. Rápido, la tomó entre sus brazos, para comprobar si estaba viva, lo que era, sin lugar a dudas, una bendición. Sus latidos eran casi imperceptibles, al igual que su respiración, la que apenas podía formar una nube de vapor gracias al frío, ella estaba mojada, totalmente congelada por la nieve, pálida y con sus labios azules. Sus pestañas y su cabello estaban cubiertos por finos copos de nieve. Capitano, sin pensarlo mucho, se quitó su abrigo de piel para envolverla en él. Volvió en caballo al campamento.
"Calienten agua para un barril, ahora" demandó.
Menos mal sus subordinados eran solo un poco menos obedientes que ella, mientras ellos calentaban agua rápidamente en barriles grandes, él entró a su tienda de campaña, la que era lo bastante espaciosa, y comenzó a desnudar sin escrúpulos a la joven. Le quitó casi toda la ropa mojada de su cuerpo con rapidez y delicadeza, porque su cuerpo helado ya tenía suficientes heridas, las que gracias al frío habían detenido su hemorragia. No se permitió a sí mismo abusar de las libertades que le estaba dando la situación, así que mantuvo el brasier de las chicas, además de sus bragas. Rápido, entraron algunos soldados trayendo el barril humeante con agua caliente, admiraron la desnudez de aquella soldado tan fría, y por ello Capitano los echó casi a patadas. Con prisa, metió a Chissan dentro del barril, y la tuvo ahí por horas, esperando que la calidez del agua pudiera hacerla volver a la vida.
Il Capitano era reconocido por ser el primer heraldo de los Fatui, lo que muchos pensarían que esto lo llevaría a ser, más que el más fuerte de ellos, el más cruel. No podrían estar más equivocados.
Con el peso de una maldición encima, un ejército que liderar, y una misión, Capitano siempre trataba de mantenerse al margen de las cosas, bloqueando sus emociones y actuando de manera deliberada por sus intereses personales. Era sabido que los heraldos eran los que estaban a cargo de recolectar las Gnosis de los arcontes para dárselas a la Zarina, y aunque Capitano no estaba totalmente de acuerdo con ayudar a una arconte, se limitaba a callar y obedecer.
Por ello, solo calló y obedeció cuando la Zarina le envió una carta con órdenes bien dictadas
Capitano, hay una fracción del ejército que se ha revelado ante mi propósito divino. Necesito que acaben con ella. Sé que es difícil, por eso, y de ahora en adelante, dejaré a tu mandado a uno de los mejores soldados del palacio. Espero buenos resultados.
Capitano dejó la carta sobre su escritorio, claro, si es que a aquello se le podía llamar carta, parecía más un telegrama. Sentado frente al escritorio de madera de roble, dentro de su despacho, cerró los ojos y lanzó un suspiro pesado. La idea de matar, a estos puntos de la vida, ya no era una gran molestia para él, se había bañado en sangre más veces de las que quisiera admitir en los 500 años que tenía de vida.
Rara vez recordaba aquello, que era un ser maldito con la inmortalidad, a veces estaba tan repleto de trabajo que sentía la dicha de ser una persona normal al olvidar su derecho de morir. Morir. Era tan lejano para él. Una guerra le había quitado todo, su familia, su hogar, sus amigos, su tierra, y su derecho a poder dejar todo en la mierda y morir en paz, no podía morir, y oh... Claro que lo había pensado, pero el peso de las almas de sus amigos era demasiado grande. Si ellos no descansan en paz, el tampoco lo haría. El descanso eterno para él y sus amigos, era su objetivo, por ello seguía la fachada de robar gnosis para la diosa del amor.
Decidió eliminar aquellos pensamientos de su cabeza, y seguir trabajando en algo de papeleo que quería adelantar. A veces, su trabajo era una bendición dentro de tanto sobrepensar. Hizo los mandados necesarios para arreglar un pelotón, armado, para dirigirse a cumplir las obligaciones de la diosa. Ignoró el hecho de que el supuesto "mejor soldado del palacio" nunca se presentó. O eso creía, jamás pensó que una escuincla tuviera ese rango.
En dos horas tenían planeado el ataque, era de madrugada, y mientras todos preparaban sus armas y municiones, Capitano estaba dentro de su carpa, dónde más bien se encargaba de lo administrativo, de repasar el plan en su mente y de regañar severamente a quien no lo recordase.
De pronto, oyó pasos acercarse a la carpa, venía un subordinado suyo, con una mocosa agarrada del brazo, le pidió permiso para hablar, a lo que Capitano, intrigado y curioso, permitió.
—Esta niña estaba vagando dentro del campamento. Dice ser la enviada de la Zarina, aunque... No creemos que...
La chica se quedó quieta mirando a su capitán, y dió una reverencia.
—Su majestad la Zarina me encargó obedecer, señor —la chica hablaba con mucha frialdad, casi como un muñeco viviente—. Por favor, deme órdenes.