Lo conocà en 2011, un año antes de terminar el colegio. Éramos casi dos chicos, sin demasiadas certezas, pero con esa conexión que no necesita explicación.
Al principio Ă©ramos amigos, de esos que se entienden sin hablar demasiado. Pero una noche, en una salida de boliche, nos dimos un beso… y ese beso lo cambiĂł todo por dentro para mĂ.
Aun asĂ, seguimos siendo amigos, aunque yo ya sabĂa que algo dentro mĂo habĂa cambiado para siempre.
Recuerdo que un tiempo después me invitó a una joda. Él estaba de novio, pero esa noche nos quedamos abrazados hasta quedarnos dormidos. No pasó nada más, y aun asà yo fui tremendamente feliz. Era como si, por unas horas, el mundo se acomodara.
Él venĂa a casa a tomar mates, se llevaba bien con mi familia, y cada vez que lo veĂa sentĂa esa mezcla de calma y revoluciĂłn que solo Ă©l podĂa generarme.
Con el tiempo, la vida nos llevĂł por caminos distintos. A los 21 —yo— y 22 —él—, un dĂa simplemente se alejĂł. Nunca entendĂ por quĂ©. Yo soñaba que hablábamos, que todo volvĂa a ser como antes, pero no pasĂł. El silencio se volviĂł costumbre.
DespuĂ©s conocĂ a Daniel, me puse de novia, convivimos, construimos una vida. Mientras tanto, Ezequiel tambiĂ©n siguiĂł la suya. Los años pasaron, y aunque todo parecĂa cerrado, en el fondo siempre habĂa algo de Ă©l guardado en mĂ.
En 2021 me separĂ©. Y dos años despuĂ©s, en 2023, fue Ă©l quien se separĂł. Entonces me llamĂł y, por un instante, el tiempo pareciĂł no haber pasado. Me dijo cosas que dolĂan y alegraban a la vez: “¿por quĂ© nunca me dijiste que te gustaba cuando Ă©ramos chicos?” Yo le dije que no querĂa perder la amistad que tenĂamos.
Fueron dos semanas donde volvà a sentirme viva, feliz, convencida de que era él. Pero otra vez los mambos mentales, los problemas, nos separaron.
En 2024 el silencio volvió, distinto esta vez: más real, más definitivo.
En 2025 me llamĂł ebrio. Me dijo: “Mel, te amo. Quiero que formes parte de mi vida. Mañana es mi cumpleaños, quiero que estĂ©s acá.” Y yo no supe quĂ© decirle. Al dĂa siguiente, dijo no recordar nada. Aun asĂ, nos volvimos a ver.
Esta vez fui yo quien se mostrĂł decidida, quien le demostrĂł que lo querĂa. Pero Ă©l no pudo corresponder, su amor estaba lleno de egoĂsmo y miedo, y entendĂ que no podĂa quedarse de la forma que yo necesitaba.
Y entonces comprendĂ algo que tanto me doliĂł y que, hoy, me da fuerza: aunque siempre va a ser importante para mĂ, Ă©l nunca podrá darme lo que necesito. Nunca podrá amarme como yo lo amĂ©.
Hoy me despido de esta historia con lágrimas y con gratitud. Me duele, porque lo amĂ© de verdad y porque tantos recuerdos vuelven a mĂ cada dĂa. Pero tambiĂ©n me abrazo a mĂ misma, a mi corazĂłn que sigue latiendo y que merece alguien que elija quedarse, que sepa corresponder, que no se quede a medias.
Ezequiel fue un capĂtulo enorme, intenso y hermoso de mi vida, pero mi historia no termina con Ă©l. Ahora me toca a mĂ, seguir adelante, con amor, con fuerza y con la certeza de que merezco plenitud, claridad y reciprocidad.
Y aunque Ă©l siempre tendrá un lugar en mi corazĂłn, hoy me permito soltarlo, llorarlo, recordarlo con ternura, y caminar hacia lo que realmente puedo construir para mĂ.