Me gusta pensar que Jaime Sabines tuvo la idea mas acertada al imaginar a Dios como si en algún lugar existiese un niño pequeño jugando torpemente con sus marionetas mas preciadas, los hilos de la vida, tirando tan fuertemente que a veces una tropieza enredando a la otra hasta que somnoliento se da cuenta que ha ocurrido un caos, sin maldad... Un error humano que mañana solucionaría, porque si el se equivoca ¿Por que yo no? … Mañana pudiese cansarse & jugar con otro niño que tiraría los hilos de diferente forma... así como yo mañana dejar de creer en eso, & darme cuenta que tal vez solo existe el camino que recorro & no el destino.













