He visto más de mil atardeceres. Siempre creà que esperaba con ansias el brillo de la noche… pero, en el fondo, cuánto anhelaba el calor del sol. Ese que cada dÃa se despedÃa de una forma distinta, el que, inevitablemente, siempre terminaba por dejarme. Aun asÃ, cuánto frÃo hacÃa cada dÃa… &, sin embargo, me sentÃa más abrigada cuando llegaba mi noche. Esa que nunca se despidió. Apenas me quedaba dormida, se marchaba para no asustarme, pero siempre volvÃa a mÃ, a pesar de su oscuridad. Después de todo, ¿Qué tiene de malo estar sola, en el frÃo & a oscuras? Si yo no me siento asÃ.













