—¿Y qué coño es, por cierto? —Preguntó, observando como el chico guardaba el folio en la mochila y terminaba por volverla a su lugar original. Le sonaba la cara del moreno, pero debía admitir que el 99,99% de los habitantes de ese barrio le sonaban, por lo que el dato no servía para mucho. Sí, sin duda lo parecía, aunque también había que tener en cuenta que era muy temprano para alguien que se había acostado a las ocho de la mañana. —La resaca. No soy de los de hacerle un feo a las copas gratis. —Se encogió de hombros. —Ha sido una fiesta. —Comentó. El no solía calificar a fiestas como esas, porque todas las fiestas eran como esa. Cuando vives en un barrio como este, con prácticamente nada, aprendes otras maneras de divertirte que con lo material.
—Es mi examen de bioquímica por el cual no asistí a la fiesta anoche —informó con el ceño fruncido. ¿Acaso el chico no sabía leer? Pero bueno, quizás no se había puesto a leer el papel y se limitó a devolvérselo. Asintió cuando habló sobre las bebidas gratis y sonrió—. Bueno, dudo que alguien se niegue a bebidas gratis. Yo no lo haría, menos si estás en una fiesta —era otra mentira, ya que no aceptaría bebidas desconocidas en un bar al que nunca había asistido. A saber qué les echaban. Una fiesta... bueno, ahora el momento era oficialmente incómodo. Esa era la razón por la cual Kellan no solía relacionarse con la gente del barrio. Siempre terminaba sin tema de conversación. Se aclaró la garganta y lo miró entrecerrando los ojos—. Eres uno de los chicos Zafiris, ¿verdad? —preguntó con atrevimiento.















