No importa cuantas veces la vida me ponga de rodillas o cuantos parches lleve en el pecho, porque soy feliz amando lo que hago y dando lo mejor de mi, día a día. Soy dichoso porque a mi corta edad conocí el amor, un amor que con solo sonreír avivaba la llama de mi corazón, que con su solo mirar y un par de palabras, me incitaba a ser el más fuerte del mundo, como si no existiesen los límites. A su lado no había marea que me tumbara ni tornado que me detuviera, era tanto lo que despertaba en mí que me permitió derrotar a mi peor enemigo…la ansiedad.
En ella conocí el desapego, por primera vez me importaba alguien que no fuera yo, sus llamadas se volvieron mi despertar favorito. Sus audios tan llenos de sueños, de esperanza y amor, mis melodías preferidas. Créanme cuando digo que yo conocí el amor, porque sin tocarnos, ambos nos llevábamos al cielo y construimos castillos en las nubes, estábamos deseosos de un futuro, uno lleno de amor y bendiciones. Por primera vez sentía querer quedarme, yo había encontrado mi hogar.
Si alguien la ve, dígale que a pesar de la distancia, su recuerdo arde en mi pecho, que la llevo bien clavada en el alma, que estoy feliz sabiendo que fui afortunado por que ella me amó. Diganle que estaré agradecido con Dios por ella, que rezaré por su bienestar, porque ella encuentre lo que necesité para ser feliz, lo que sea que la haga sentir plena, díganle que a pesar de todo el dolor que cargo en mi pecho…yo estaré bien
Javier Espinosa













