Antes de convertirse en sangre
Mi alarma sonó justo a la hora, la apagué rápido, aún no entendía porque seguía manteniendo la alarma si siempre despertaba antes de que sonará. Mi despertador interno era más puntual, horas más puntuales. O más bien el echo de mi insomnio era el culpable de nunca despertar por la ruidosa alarma.
Me levanté con pesadez, el clima frío rogaba que me quedará en cama y disfrutar de una tarde películas, sin embargo, mi hermano decidió aceptar un nuevo trabajo y esa tarde deberíamos asistir a nuestra cita para los detalles de este. Arrastré mis pies fuera de mi habitación y me paré justo enfrente de la puerta negra de mi querido hermano seguramente dormido. Si yo tenía insomnio, él dormía todo lo que yo no podía dormir y lo odiaba por ello.
Giré la manija y me adentré en la desastrosa habitación, un delgado rayo de sol se colaba entre las cortinas oscuras dejando ver la espalda desnuda del cuerpo inerte sobre la cama. Más que dormido parecía muerto. Encendía la luz, dejando a relucir el desorden que era aquella habitación, ropa amontonada en un rincón, y otra poca regada por el suelo, zapatos aventados al azar. Supongo que éramos lo contrario el uno del otro.
Me acerqué a la orilla de la cama y me incliné para mover el cuerpo de mi hermano y esperar que esta vez no me hiciera ir por agua para echársela encima y despertará. Sin embargo, recibí su tan típico gruñido, y giró su rostro al otro lado, dedicándome su despeinada nuca.
—¿Por qué siempre quieres hacerlo complicado, JiWon? —dije más para mí, que para el bello durmiente. —Kim JiWon, sino despiertas te juro que te castro —hablé esta vez un tono más fuerte, obteniendo el efecto que quería.
Se removió entre las sabanas y rodó hasta quedar bocarriba, se cubrió sus ojos con su antebrazo e impedir que la luz lastimará sus ojos: —¿Por qué siempre quieres dejarme sin herencia? ¿Acaso no quieres un sobrino?
—No —sentencié rápidamente, por el rabillo del ojo me observó y le dediqué una sonrisa burlona—tu cita es dentro de dos horas.
—Nuestra cita —corrigió y salí de la habitación.
Puse la cafería y me dispuse a cocinar huevos revueltos, mi única especialidad, y sino existiera la comida a domicilio solo viviría de huevo en sus diferentes presentaciones. Escuché el sonido de la ducha, y mientras yo acaba de poner dos platos y dos tazas sobre la barra de la cocina, y terminaba de preparar el desayuno, mi hermano se preparaba para nuestra cita. Él siempre era el que dirigía nuestras reuniones, el rostro de nuestra pequeña empresa, por lo que trataba de estar lo mejor vestido, y más en esta ocasión. Donde el lugar y nuestro contratista eran sujetos un tanto especiales.
Serví los platos, y ya que mi hermano aún se preparaba, yo me dispuse a desayunar, y avisar a los chicos sobre nuestra reunión por la noche. Ninguno sabía sobre los detalles, estábamos tan expectantes como preocupados por la solicitud. Fue inusual que pidieran este trabajo disfrazado de un favor, lo que más me inquietaba es que quería dar los detalles en persona, cuando nuestra especialidad era que siempre trabajábamos bajo el anonimato.
—¿Por qué nunca me esperas? —dijo mientras se sentaba en el banco alto frente a mí, me limite a encogerme de hombros como respuesta— ¿Averiguaste algo sobre nuestro hombre?
—Si quiera déjame comer mi desayuno en paz —me quejé. Su mirada seria me indicó que este trabajo le preocupaba demasiado, quería cubrir todos los detalles posibles, di un largo suspiró antes de decir: —Kang DaeSung, 31 años, viudo y con un hijo de tres años, dueño de Diamond Company, mantiene una relación cercana con Taeyang, del que sabemos lo que todo mundo sabe, trabaja en el lavado de dinero, entre otros negocios, maneja el norte de la ciudad. DaeSung fundó su compañía sobre montones de sangre, sobre todo de la familia Nam, tiene infinitos contactos, algunos están relacionados con el gobierno, un pex gordo ¿eh? Toda una joyita.
» Encontré todos sus almacenes, propiedades bajos nombres falsos, y hay un pequeño bufet contable TfM de la que no hay mucho, pero esta involucrada en negocios con otras grandes empresas. Es todo lo que logré encontrar en una semana.
Mi hermano solo asintió, su plato estaba casi vacío el igual que su taza, dijo nada, solo se paró y levantó los trastes de la barra, indicándome que debía prepararme. Supongo que toda la información le parecía un historial increíble como para contactarnos a nosotros. Yo no encontraba ni el más mínimo sentido. Me duché y arreglé lo más rápido pude en el poco tiempo que quedaba antes de que saliéramos de casa.
Ambos llevábamos pantalones oscuros, él a diferencia de mí vistió con una camisa negra y botas, yo con una blusa y tenis blancos, y ambos con abrigos largos y negros. Salimos del edificio, un auto negro nos esperaba sobre la avenida. Nos subimos, mi hermano en el asiento del copiloto y yo en el asiento trasero, en cuento cerramos las puertas dio marcha.
—Bobby, pequeña Kim —dijo como saludo Donghyuk al volante, me dedico una fugaz mirada por el retrovisor y le dedique una pequeña sonrisa como respuesta.
—¿Están seguros de que es buena idea aceptar este trabajo? —cuestionó Mino, sentado a lado mío.
Ni yo ni JiWon estábamos seguros de nada, aunque nunca lo estábamos, era mejor nunca esperar que algo saliera bien, los planes terminaban corrompiéndose y terminábamos improvisando, tampoco confiábamos en que nuestros contratistas, nuestros socios fueran leales a sus palabras y cumplieran sus papeles, siempre estábamos alerta.
Los dos negamos con la cabeza, y sin otro comentario por parte de alguien, el camino fue en silencio durante la hora que nos tomó llegar a las locaciones de Diamond Company en el centro de la colonia empresarial, las grandes empresas tenían por lo menos una de sus propiedades en ese lujoso barrio. Donghyuk detuvo el automóvil frente a un edificio de unos cincuenta pisos, con ventanales monocromáticos de color negro. JiWon y yo bajamos el automóvil, caminamos por la explanada de loza negra por cinco metros por lo menos, dos pequeñas islas con un árbol en medio y bancas rodeándolos eran los guardianes del camino.
El interior del edificio era lujoso, pulcro y elegante, era más parecido a un hotel que oficinas de negocios, llegamos hasta la recepción, tres jóvenes vestidas casi iguales, tecleaban con rapidez, mientras dos atendían teléfonos, una atendía a las personas que llegaban a pedir información o querían una cita, o lo que sea de lo que hablaran.
JiWon llamó su atención golpeando dos veces el mueble del mostrador, las tres nos dedicaron una fugaz mirada, para volver a su tarea, menos una, la que atendía a la gente. Son mostro una sonrisa amablemente actuada, mostrando sus perfectos dientes blancos.
—¿Tienen cita o quieren una? —habló con rapidez, en un tono monótono, como si de una maquina contestadora se tratará.
—Venimos a ver Kang DaeSung —habló mi hermano, un par de risillas inconscientes nos fueron dedicadas por las otras dos recepcionistas. Alcé una ceja mostrando mi sorpresa e indignación. Sin embargo, mi hermano tenía puesta su mascará seria. Una mascará que utilizaba únicamente cuando se trataba de negocios.
—El señor Kang, no se encuentra por el momento —contestó la joven que nos estaba atendiendo.
—Su jefe esta en su oficina, esperándonos —repuso JiWon al tiempo que recargaba sus antebrazos sobre el mostrador y se acercaba al rostro de la joven, en el que apareció un repentino tono razado en sus mejillas y orejas. ¡El efecto Bobby, señores y señoras! —¿quiere que lo llamé y le diga que nuestra cita queda cancelada? Yo no tengo ni el más mínimo problema, pero seguro él sí, y al saber que su trabajadora fue la que estropeó todo, ¿pregunto que le hará?
Todo rastro de rubor fue suplido por un tono pálido y unos ojos llenos de sorpresa y temor, su labio empezó a temblar, sacó dos gafetes de un cajón y los puso sobre la mesa y cuestionó: — ¿Sus nombres por favor?
—Los hermanos Kim —dijimos al unisonó. La joven tecleo con rapidez y alzó la mirada para enfrentarnos.
—Piso 45, deben volver a registrarse en la recepción —dijo rápido y con nervios.
Ambos asentimos y nos dirigimos a las puertas automatizadas. Un guardia de seguridad verifico nuestros gafetes, nos paso un detector de metales y al comprobar que todo estaba bien nos permitió el paso. Otra persona de seguridad nos pidió seguirle y nos llevó hasta un ascensor en el fondo donde al parecer nadie más que los autorizados podían tomar, por lo cual no muchos de los empleados tenían acceso.
Las puertas se abrieron y el señor de unos cuarenta años nos pidió entrar primero, nos colocamos en el fondo, el señor subió con nosotros y oprimió el botón con la letra C, había otros tres botones, uno con la letra S y otro con la letra H; tal vez uno fuera del sótano y otro del helipuerto, si es que había uno, lo que no me sonaba extraño dada la pinta del edificio.
El elevador se detuvo, las puertas se abrieron, y cuando estuvimos afuera, se volvieron a cerrar, esta vez el guardia no nos acompañó. Nos encontramos con un pasillo, con paredes de mármol carmesí, y al fondo una recepción con una joven castaña en medio que tecleaba, y el sonido del golpeo de las teclas era lo único que se escuchaba. El piso era de alfombra negra, por lo que nuestros pasos no se escucharon.
—Bienvenidos, el señor Kang los espera en su oficina, la oficina del fondo. ¿Gustan agua o café? —su tono amable sonaba como las otras recepcionistas, cercanas a un robot. Demasiado amables para creerles que lo eran.
—Nada —se limitó a decir JiWon.
Caminamos despacio a la dirección que nos indicó la joven, las oficinas de los costados tenían paredes de vidrio translucido lo que no permitía ver más que solo la silueta de los muebles y de la persona dentro. Se podían escuchar las voces de las personas atendiendo llamadas o en pequeñas discusiones. La puerta de la oficina del fondo se encontraba medio abierta, JiWon tocó dos veces y sin esperar respuesta o permiso de entrar nos adentramos a la lujosa oficina.
Era amplia, con dos ventanales de techo a piso, dejando ver una preciosa vista, un hombre alto y de espalda esbelta, vestía un traje negro, que se pegaba perfectamente a su figura, dejando relucir los músculos de sus brazos. Su cabello estaba algo largo, pero bien peinado hacía atrás. Había un librero cubriendo toda la pared contraria a una de las ventanas, lleno por completo de libros, algunos trofeos, fotografías acompañaban las gruesas pastas. Una mini sala negra con una mesa de vidrio negro en el centro estaba junto al enorme librero.
Cerca de la ventana, estaba un escritorio igual negro, con una pantalla curva, una placa con el nombre del CEO Kang DaeSung, un teclado y mouse inalámbrico y unos cuantos papeles. Y nada más, demasiado minimalista.
—Los hermanos Kim en persona —dijo el hombre con una sonrisa en su rostro, camino hasta nos nosotros, nos dedicó una fugaz reverencia en lo que estrechaba nuestras manos, su agarre era firme y seguro, su mano gruesa casi cubre mi mano por completo. —Es un placer tenerlos aquí. Vamos tomen asiento —señalo los sillones, y los tres tomamos asiento, él frente a nosotros.
—Disculpen —la voz de la recepcionista sonó a nuestras espaldas, cargaba una bandeja con tres tazas blancas humeantes. La dejo sobre la mesa y colocó una taza frente a cada uno.
De la mía salía un delicioso aroma a frutos rojos, debía ser un té de este sabor, mi favorito, elevé una ceja con este pensamiento, en la taza de mi hermano, salía un té que parecía ser negro, igual su favorito, sino fuera una paranoica diría que nos investigó.
—Lo siento, ¿pero esto tiene fresas? Soy alérgica —dije con la voz más amable que podía imitar. La joven abrió los ojos, y buscó los de su jefe, que lo miraba con seriedad y furia. Lastima por la joven, pero debía comprobar mis sospechas.
—Solo intercambiemos —soltó mi hermano con una delicada sonrisa mientras cambiaba las tazas. La joven se disculpó y salió rápido de la oficina.
Mantuve mis ojos sobre los del hombre frente a nosotros, observó con cierta furia la figura de la joven, que borró por una más tranquila cuando nos observó.
—Lamentó esto —se inclinó y tomó la taza, bebiendo un poco del contenido negro. —Continuemos con nuestra reunió. Los contacte por que necesito que encuentren todo sobre esta persona— sacó del bolsillo interior de su sacó un papel, no, era una fotografía, se la tendió a mi hermano quien la tomó y analizó para luego tendérmela.
—¿Por qué no lo investigas tú? Estoy seguro de que tienes alguien para eso —soltó mi hermano.
En la fotografía estaba un joven, que por la que estaba haciendo, no dio permiso para ser fotografía, vestía un uniforme, una playera beige y pantalones negros con un delantal igual negro, mientras dedicaba una amable sonrisa a un cliente, era un mesero. Un joven alto, cabello castaño, y ojos tranquilos y cafés. ¿Qué hizo para que un tipo como DaeSung lo quisiera investigar? Le tomé una foto y se la envié de inmediato a Mino para que empezará a investigar.
—Por supuesto que lo hice —refutó— pero no encontré nada más que nombre, dirección, teléfono y una red social con dos fotografías de hace un año, demasiado común, como si…
—Fuera un robo de identidad —terminó la frase JiWon.
—¿Aun así porque nos quieres en un simple trabajo de investigación? —cuestionó JiWon mientras cruzaba los brazos y se recargaba en el respaldo.
—Porque no solo quiero investigar superficialmente al chico, necesito todo sobre él. Y comprobar si es conocido de cierta persona. Además, cuando llegué el momento, interrogarlo. Si uno de mis hombres lo investiga, lo descubriría de inmediato. Ustedes son más sutiles.
—Bien —soltó mi hermano— pero no será barato. Ya que no sabemos nada, quien sabe que sorpresa nos encontremos, además el secuestro, bueno no es barato.
—Lo supuse. Pagaré lo que sea, sin embargo, necesito toda la información antes de abril del próximo año.
—¿Antes de la alianza entre Yugyeom y ChanWoo? —cuestione sorprendida—¿este chico que tiene que ver entre dos monstruos de los negocios?
—Veo que esta bien informada, señorita Kim —dijo, metió su mano de nuevo a uno de los bolsillos del saco, esta vez sacó una cajetilla de cigarros, y encendió uno— pero no le concierne, solo limítese al trabajo y no curiosee demás.
Sonreí fugazmente y asentí, si fuera por mí le hubiera dicho varias cosas, pero JiWon siempre me reprendía que no debía atacar, y controlar mi voluble genio. Difícil, y más ante este hombre, todo él daba la sensación de ser una serpiente, que muy bien podía cambiar a un león y atacar si se lo proponía. Demasiado dinero, demasiado poder, y siempre quieren más, este hombre parecía ser de esa especie, pero a la vez no.
—Cada que consigamos algo nuevo, le informaremos —mi hermano cortó el repentino ambiente tenso, le haremos llegar el número de cuenta para depositar la primera parte, así como el monto. Cualquier enfrentamiento con alguna familia, será un costo extra.
—Entiendo —chasqueó la lengua. Los tres nos levantamos, la reunión había finalizado— tengan buena tarde.
—Igualmente —dijimos al unísono mi hermano y yo.
Recorrimos el mismo pasillo, el mismo elevador, la misma recepción y el mismo camino hasta nuestro automóvil. Subimos a este y ahora era Mino el que estaba al volante, arrancó rápido adentrándose en el bullicio del tráfico.
—Así que alérgica a las fresas ¿eh? —bromeó Donghyuk a mi lado.
—Ya que nos investigaron quería alterar un poco lo que daban por hecho —sentencie— odio que me investiguen. La privacidad por dios. —Todos en el auto reímos ante mi ironía.
—Bueno, Kang tiene razón, no hay mucho del chico, aunque no es robo de identidad, más bien, es que esta muerto desde hace un año. Al menos en papel —empezó Donghyuk con la narración de su rápida investigación— Kim HanBin 23 años, antes Lee HanBin dos padres y una hermana menor, los tres muertos, su padre pertenecía o más bien trabajaba para Wang, el padre de Jackson Wang. Tras la muerte de su familia, se mudo a Japón por tres años, y regreso hace dos años, después de medio año de su regreso, un video llegó hasta la policía, un video de su suicidio. Fue cuando nació Kim HanBin.
—¿Por qué un video suicidándose? —cuestionó JiWon.
—Por lo que leí de la investigación, lo acusaban de hackear una de las compañías de Taeyang, supongo que buscaba información sobre la muerte de su familia, un asesinato disfrazado de accidente, sello Kang esta por todo el accidente.
—Ahí el porqué lo quiere Kang —sentencie— sigo diciendo que es muy extraño que nos contratará.
—No quiere ensuciarse las manos —replicó Mino.
Habíamos llegado hasta nuestro escondite, una pequeña cafetería escondida en uno de los suburbios conocidos por ser tranquilos y familiares. En el sótano de esta, un billar privado. En uno de los sillones viejos y desgastados, Yunhyeong platicaba animadamente con SeungYoon quienes fueron interrumpidos por Mino al caer en las piernas de este último y rodearlo por la cintura.
—¿Cómo estuvo la reunión? —preguntó Yoyo a quien contestará.
—Tan mal como todas —me jacté al tiempo que tomaba asiento en el sofá junto al otro, estiré mis piernas en el asiento libre, acomodándome mejor.
—¿Quién es la victima? —cuestionó Yoon.
—Kim HanBin —contestó JiWon al acercarse, tomó lugar en una de las sillas. —¿Ideas de como acercársele?
—Si —conteste de inmediato con una enorme sonrisa en mi rostro, todos giraron a verme, la mirada de casi todos era expectante, menos la de mi querido hermano quien tenía el entrecejo serio— El Gran Bobby lo seducirá.
—¿Por qué me cuentas todo esto? —cuestiona con voz temblorosa, sus ojos cafés brillaban bajo la luz amarilla del foco parpadeante a punto de quedar sin vida.
—Todo fuego tiene el un inicio, alguien empezó el fuego —sentencie mientras lo miraba tranquila, analizando cada gesto que hace.
Sin embargo, se quedó quiero, con el rostro serio, sin ninguna emoción o es lo que él quiere pensar, sus ojos son demasiados honestos para su propio bien. Bebo un trago más de la taza con líquido ya frío, pero no me importaba, café frío o caliente, ambos son de mi agrado.
—Ese fuego se convirtió en cenizas —me lanza una mirada ahora enfadada, pero también con un atisbo de tristeza.
—Tienes razón —le dedico una media sonrisa, la melancolía gobernaba en nuestra pequeña reunión. Pero le había prometido que le contaría todo primero y después le entregaría las cartas que escribió antes de desaparecer. —Solo estoy cumpliendo su capricho.