Después determinar su pequeño discurso, miró a la chica aún con la preocupación reflejada en su rostro y al ver el intento de sonrisa de la morena, le regaló una pequeña sonrisa, para tratar de darle ánimos.— No hay nada que agradecer.—comentó, su sonrisa desvaneciendo al instante en que vio una lágrima caer por la mejilla de la chica. Se levantó del sillón del que estaba sentado y se acercó a darle un abrazo.— No, nada en la vida es justo, pero hay que aprender a lidiar con ello. ¿Ya has pedido a los productores que te dejen ir a verlo? —preguntó sin soltarla.
—Abracé al muchacho fuertemente, lo único que necesitaba en ese momento era contención. Un par de lagrimas se derramaron sobre la campera del muchacho y deseé no sollozar. Sabía que lo que me decía era cierto y quería poder hacer algo para cambiarlo, pero sería inútil. Negué levemente y me separé para verle a la cara. —Aún no, prefiero esperar por el llamado de mis padres, ni bien sepa como está él decidiré. —Dije secándome las lagrimas.

















