Scars.
Montclair, Virginia.
Julio 12, 2015.
20:30 horas
La negrura de la noche se cierne sobre él. Erlik acaba de abandonar la fábrica tras la petición imperativa de Viklet. La adrenalina sigue fluyendo en sus venas a pesar de que todo ha quedado atrás. Su mano se aferra a su muslo izquierdo, la sangre fluye de la herida manchando sus dedos.
Los recientes acontecimientos siguen golpeando su mente uno tras otro. La incredulidad y la furia se arremolinan en su interior con la misma rapidez y torpeza con la que él avanza hasta su auto. Unos metros más allá divisa el coche-patrulla de Stewart, Erlik gruñe una maldición al mismo tiempo que sube al vehículo frente a él.
A pesar del dolor que se extiende desde su pierna hasta las demás extremidades de su cuerpo, Shatrov se pone en marcha. Una breve mirada a la mancha rojiza de su pantalón lo hace soltar un siseo.
21:25 horas
Los orbes azules del castaño están fijos en la herida de su muslo, con dedos expertos hace que la punta de la aguja penetre su piel de manera vertical sobre la herida, uniendo así los extremos de piel que han sido separados por la hoja de una navaja. Shatrov hace caso omiso del dolor que esa acción le provoca, ignora también la hinchazón de sus nudillos y las constantes punzadas en sus sienes así como en la espalda.
Seis puntadas adornan ahora su muslo izquierdo. Erlik mira su trabajo en el espejo de cuerpo completo frente a él, su mirada recorre las demás zonas afectadas de su corpulenta anatomía y no puede hacer más que gritar, colérico.
Jodida la hora en que Richard Stewart llegó a la fábrica.
23:00 horas
Shatrov se mantiene de pie frente a la chimenea encendida del salón, en su diestra sostiene un vaso de whisky y bebe del mismo con lentitud.
Ahora que se ha serenado revive los hechos de horas atrás. Su mente trabaja analizando cada acción, cada palabra…
— Las manos arriba, donde pueda verlas.
Erlik desvió su mirada de Davery sólo para ver a Richard Stewart, el superior de Jean, apuntándoles con un arma. Se veía molesto, más que eso,colérico. La vena resaltando en su frente lo demostraba.
— Sabía que no deberían confiar en ti, pero Jean no me hizo caso —Richard negó frenético—, ¡que tonto fui! Si yo mismo le ordené que fuera a buscarte de nuevo.
— Será mejor que bajes el arma, Richard… —la pelirroja trató de acercarse, pero Richard le hizo un gesto para que se detuviera, sacudiendo el arma frente a ella—. Estás alterado, confundido.
— ¡Y una mierda! Escuché perfectamente lo que decían, y ahora sé que este joven —señaló a Erlik, quien no se había movido desde que habían sido descubiertos—, es el maldito asesino que hemos buscado desde hace un año y tú, su cómplice.
Tanta labia aburrió a Shatrov. Stewart pronunció las tan famosas palabras de un arresto y justo cuando el agente se acercó a la pelirroja para esposarla Erlik actuó.
El puño del asesino fue a parar al estómago de Richard. Ese simple gesto lo descolocó, sin embargo no dudó en responder el ataque. Si bien Erlik no era un agente entrenado como lo era su oponente, sí sabía defenderse. Sus manos hechas puños golpeaban a Stewart, ambos estaban involucrados en una pelea de fuerza.
Cegados por la rabia ninguno media acciones, sin embargo el sonido de un metal impactar en el suelo captó su atención. Shatrov desvió la mirada del rostro colerizado del agente sólo para ver los pies de Davery alejarse del lugar.
Esa amarga sensación de traición se abrió paso en las entrañas del asesino justo cuando un punzante dolor se extendió a lo largo de su pierna y él, en un acto reflejo, gritó de dolor.
Shatrov cubrió la herida con su mano y presionó para evitar que el flujo de sangre fuese mayor. Se olvidó de que Richard seguía ahí, y cuando lo tuvo de pie frente a él supo que todo había acabado. Estaba desarmado y herido, en completa desventaja ante el agente que lo apuntaba con un arma. Sin dudarlo, Erlik le sonrió a Stewart con superioridad.
El sonido de un disparo rompió entonces el silencio del lugar.
El lejano sonido de unos puños impactando contra la madera de la puerta llega a él. Shatrov frunce el ceño y parpadea un par de veces sólo para percatarse de que unos sollozos acompañan el desesperado llamar. El moreno deja el vaso de whisky sobre la mesa de centro y camina deprisa hasta la entrada de su residencia, abre sin dudarlo y la imagen frente a él lo deja anonadado.
Jean Howstick está llorando. Frases incoherentes salen de sus labios, Erlik sabe la razón de que ella esté así. Sin meditarlo demasiado los brazos del moreno atraen a la agente en un abrazo.
— ¿Qué sucedió, Jean? — le pregunta él a Jean una vez que ambos están sentados en el largo sofá del salón.
— Richard… — la frase queda inconclusa pues la fémina toma aire antes de continuar. — Richard fue asesinado.
Un nuevo sollozo rompe la voz de la agente. Le sigue pareciendo increíble que un hombre como Richard Stewart fuese asesinado.
Howstick había colaborado con él desde que había sido aceptada en la academia del FBI, en él encontró esa figura paterna que tanta falta le hizo. Y ahora ya no lo tendría más con ella, porque a pesar de la relación laboral que llevaban siempre había estado presente ese lazo entre ambos. ¿Lo peor? Erlik lo sabía.
— Lo siento tanto, Jean — trata de darle palabras de aliento, sin embargo sabe que eso no la ayudará en ese momento.
— Todo va a estar bien — Erlik alza su diestra hasta el rostro de la agente. Por primera vez ella no rechaza el contacto. Sus ojos acuosos se posan en los de él y le regala un intento de sonrisa.
A pesar del momento crítico Jean nota la ligera hinchazón en el pómulo izquierdo del moreno, así como unas ligeras marcas en su cuello. El ceño de la fémina se frunce.
— ¿Qué te ha pasado, Erlik? ¿Por qué cojeabas?
La preocupación es clara en el tono de voz que utiliza la castaña. Erlik se tensa por unos segundos en su lugar, Howstick lo nota pero no dice nada.
— Tuve un accidente. Resbalé al bajar las escaleras en el hospital. «Una emergencia provocó mi accidente». — se burla él dándole énfasis a su frase con una sonrisa un tanto divertida. Aceptando con eso su error en su área laboral.
El ceño fruncido de la castaña se relaja así como su postura. Niega ligeramente con su cabeza y ahora es ella quien posa su delicada mano sobre la mejilla afectada del varón.
— Debes tener cuidado, Shatrov. — Jean chasquea su lengua y deja caer su mano, suspirando.
Erlik toma la mano de Jean entre las suyas y le da un ligero apretón. No hacen falta más palabras. La relación entre ambos se iba forjando cada vez con mayor seguridad, a base de mentiras por parte de él y credibilidad por parte de ella.
Porque por primera vez Jean Howstick estaba dejando que alguien ajeno a su vida laboral se acercara a ella. Y debía admitir que la compañía de Erlik Shatrov le agradaba… Inclusive más de lo necesario.















