Luego de la fiesta de San Valentín, y los consumos desmedidos que la fiesta trajo consigo, su cuerpo le jugó una mala pasada que acabó en una visita a sus padres, el médico y tres días de reposo. Frente a los sucesos que no ha podido visibilizar con sus propios ojos, al llegar a su habitación y ver el desorden que ni su compañero ni él han provocado desata en él una furia que no muchas veces le habita. Pero no es ese el problema, cuando con el día restante de descanso puede dedicarse a reacomodar los interiores y limpiar con el líquido pertinente, sino el caos que atesta los corredores de la universidad en contra de los suyos los días siguientes. Con lo confrontativo que es, al primer susurro que oye sobre sí lo hace dar media vuelta y encarar al dueño de la voz poco estable. “¿Serás tan audaz de repetir lo que dijiste o la falta de agallas para enfrentar a la dirección tampoco te deja ser frontal conmigo?”
No pretendía discutir. Como alumno becado, debía comportarse: seguir arrastrando los pies sin apuro como lo ha hecho toda la mañana. Sin embargo, una palabrita se le escapa al cruzar a un integrante de la squad número dos. Apenas conoce nombre (porque es su primer año en Vanzei), pero su poca noción sobre el conflicto ha sido suficiente para tomar partido (más que apoyar un sector, opta por oponerse a los populares). Lentamente detiene su andar, se da la vuelta: “Si alguien tiene algún poder sobre la dirección, ese eres tú.” habla, habla porque hacerlo no cuesta dinero, y qué le importa desconocer si el contrario ya se ha comunicado con directivos (o ha solicitado hacerlo) cuando simplemente pretende desquitar su disconformidad. “Así que será más conveniente que uses toda esa falta de agallas que dices que me faltan y seas quien se ocupe del tema, ¿no? Después de todo tú debes tener de sobra, de otra forma no podrías pasearte por la universidad como si no hubieras robado el presupuesto de otros talleres.”













