styofa doing anything

Origami Around
Alisa U Zemlji Chuda

I'd rather be in outer space 🛸
TVSTRANGERTHINGS

PR's Tumblrdome
almost home
Not today Justin

titsay
"I'm Dorothy Gale from Kansas"
Three Goblin Art
Lint Roller? I Barely Know Her

oozey mess
art blog(derogatory)

❣ Chile in a Photography ❣
sheepfilms
Stranger Things

@theartofmadeline
RMH

seen from United States
seen from France

seen from Norway

seen from Canada

seen from Malaysia

seen from South Africa

seen from United Kingdom
seen from Türkiye

seen from Australia

seen from United Kingdom

seen from United States
seen from Malaysia

seen from United Kingdom
seen from United States

seen from Norway
seen from Colombia

seen from United States

seen from Malaysia

seen from United Kingdom

seen from United States
@ikermartinezss

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Instagram : @ikermartinezss
“The Bathroom Hero”
By Iker
That night, the city was breathing through its mouth.
Panting lights, smoke, desire.
A frenzy of bodies dancing like the end of the world had been scheduled for dawn.
And I was orbiting through it all, a satellite with a radar for beautiful men and dangerous encounters.
The boys were loose, drunk on alcohol, pulse and promise.
Glowing torsos under wet t-shirts, lips stained from laughter and beer, eyes like sharpened blades.
Everything was on the verge of happening.
But it was beer that led me to my destiny:
the bathroom.
The line was a silent chaos.
Crossed arms, accidental nudges, glances that sparked like frayed wires.
And there he was.
Leaning against the wall like he owned the night.
White briefs peeking from low-slung jeans, three-day stubble drawn on like charcoal, and a clean, fresh scent — like he had just stepped out of the shower and into a beautifully-directed porno.
“Long line, huh?” he said.
But what he really meant was: I’ve chosen you.
He kept licking his lips, slow and deliberate, like he was rehearsing the kiss in real time.
His eyes didn’t flinch.
He looked at me like I was already naked.
And when I walked into the bathroom, I could still feel his gaze clinging to my back like an invisible hand.
When I came out, he was still there.
He didn’t leave.
He slipped into my group like he belonged, talking little, watching a lot, his presence a magnet I couldn’t ignore.
Later, when we left the club, I saw him again.
Standing under a weak streetlight, waiting.
“Hey, sexy!” he shouted, voice rough with lust and tequila.
He crossed the street and kissed me.
No introduction.
No hesitation.
His lips were confident, hungry, and soft where it mattered.
And as he kissed me, I felt him — hard, insistent, pressing against my thigh like a truth that couldn’t be denied.
“Wanna come back to mine?” he whispered.
Foreign accent. Salt and ocean and somewhere far from here.
I nodded. Of course I did.
He was staying in a BnB — white sheets, clean towels, a slow-turning ceiling fan.
Poor room.
It had no idea what was coming.
He pinned me against the wall like he needed to make sure I was real.
He kissed me with his mouth and his body.
While my fingers slid down to peel off his jeans and those now-iconic white briefs, he stripped me like I was something urgent, something he’d waited weeks to touch.
His skin was warm. His chest, firm.
His hands knew exactly what they were doing.
He devoured me with the hunger of someone who hadn’t tasted joy in far too long.
Bit my thighs. Kissed my hips.
Held the back of my neck like he was afraid I’d disappear.
And then it happened.
We surrendered.
To skin, to sweat, to instinct.
No names.
No past.
No future.
Just now.
That now that smells like fresh cologne, clean sweat, and brand-new sin.
And that night, we didn’t sleep —
but we rested.
Our bodies only separated by two inches of heat and a fan spinning like the only witness to our holy carnage.
⸻
Título: “El sabor de lo prohibido”
Tenía 20. Recién salido de casa, recién llegado al deseo.
Él, 43. La barba espesa, oscura, con vetas plateadas que no intentaba esconder.
Su cuerpo era el de un hombre que no va al gimnasio: va a la vida.
Fornido, ancho, con ese pecho cubierto de vello que huele a hombre de verdad.
Nos conocimos en un bar, pero no hubo conversación larga.
Hubo miradas. Hubo esa tensión que aprieta la base del vientre.
Y su voz, grave, ronca, como si el deseo le raspase la garganta.
Cuando entramos en su piso, el olor me golpeó como un puñetazo dulce:
una mezcla de cuero envejecido, sábanas recién usadas, y un perfume masculino y profundo… como de iglesia profana.
Mi polla ya estaba palpitando antes de tocar nada.
Me apoyó contra la pared, sin prisa.
Sus manos grandes, con los dedos ligeramente ásperos, me tomaron de la mandíbula. Me olió. Literalmente. Aspiró desde mi cuello hasta mi pelo.
—Hueles a deseo —dijo con una media sonrisa, y sus labios me rozaron la oreja.
Yo cerré los ojos.
Sentí su barba rasparme la piel.
Sentí su aliento caliente, húmedo, bajar por mi nuca.
Y entonces me lamió.
Una lengua ancha, firme, lenta. Me lamió como si me catara.
Como si quisiera memorizarme con la boca.
Me quitó la camiseta, despacio, como desnudando una ofrenda.
Sus dedos descendieron por mi espalda, bajaron por la línea de mi columna, y llegaron al borde de mis calzoncillos.
Allí se detuvo. Apretó. Fuerte.
Yo gemí.
Ya no era dueño de mi cuerpo.
Me bajó el pantalón, me olió de nuevo.
Metió la nariz en el hueco entre mis piernas y suspiró.
—Estás húmedo.
—Sí…
—¿Para mí?
—Sí, joder.
Entonces me mordió el muslo. Me agarró las nalgas con ambas manos. Me masajeó como si fueran pan recién hecho.
Y luego, sin aviso, me escupió el agujero y me lo lamió.
Despacito. Metódico. Como quien escribe una carta con la lengua.
Yo me aferré al borde de la cama.
Gemía como un animal en celo.
Él jadeaba. Me olía como si me estuviera esnifando. Me decía cosas sucias al oído, pero con ese tono bajo, de hombre que lo ha hecho mil veces y aún lo goza como la primera.
Cuando me penetró, lo hizo sin palabras.
Un solo empuje largo, cálido, húmedo, que me desfondó el alma.
Y cuando ya estaba dentro, me abrazó el pecho por detrás, hundió la cara en mi cuello, y me susurró:
—Así… así se folla a un veinteañero.
Yo me vine sin tocarme.
Solo con su voz. Solo con su olor. Solo con su cuerpo contra el mío.
Fue la mejor noche de mi vida.
Y todavía, cuando huelo madera, cuero o esa colonia ambarina de hombres maduros…
me corro un poco por dentro.
El metro llegó tarde. Yo más. Abril comenzaba a quitarse el abrigo y a desnudarse de invierno. El andén olía a impaciencia, a cuerpos apiñados y a perfume matutino. Yo llevaba el mío, como siempre. Un rocío leve tras la ducha: notas de incienso, bergamota y ese fondo amaderado que dice “acércate”. Nadie lo huele y sigue igual.
Me empujaron dentro del vagón. Hora punta. Línea roja. Diagonal estaba a siete estaciones. Respiré hondo. Me agarré a la barra. Entonces lo vi.
Altísimo. Rubio. Rostro afilado, mandíbula nórdica, mirada cansada y húmeda. Sudaba ligeramente, y eso en él era una bendición. Era el tipo de chico que parece que siempre ha venido a arruinarte la estabilidad emocional… o al menos la mañana.
Él también me vio. No con descaro, sino con esa curiosidad masculina que tantea el terreno con las pupilas. Se situó justo detrás de mí, demasiado cerca. Las puertas se cerraron. El traqueteo nos obligó a pegarnos. Y él no se movió. Ni yo.
En el vaivén, sentí cómo su torso se acoplaba a mi espalda. La presión era leve, pero constante. Sus caderas, altas, delineadas. Su respiración en mi nuca. La fricción era casi imperceptible… hasta que dejó de serlo.
En una de esas curvas agresivas de la línea 3, su cuerpo cayó ligeramente sobre el mío. Algo firme y tibio, escondido tras un pantalón de lino claro, se apoyó entre mis glúteos. No se disculpó. No se apartó. Solo murmuró un “sorry…”, que no sonó para nada arrepentido.
Giré un poco la cabeza. Lo suficiente para que pudiera aspirar el perfume que aún vibraba en mi cuello. Y lo hizo. Lo noté. Se inclinó como un sabueso elegante y me olisqueó con descaro disfrazado de cortesía. Su nariz rozó mi oreja.
El vagón estaba repleto. Nadie nos veía. Pero yo sentía su erección tímida, creciente, indiscutible. Me tensé. Él también. Volvimos a bailar con el traqueteo. No fue más que un roce constante, milimetrado, pero eso bastó para incendiarme. Se le escapó un suspiro. No fue por el calor.
Yo tenía que bajarme en Diagonal. Él no lo sabía. O tal vez sí.
Cuando se encendió la luz de estación, me giré. Él sonrió apenas, sin abrir los labios. Yo bajé sin mirar atrás, pero me llevé su olor en la ropa. Y su forma. Y el fantasma de su miembro insinuándose como un secreto extranjero.
Llegué al hotel con el corazón a galope. El turno me esperaba, la recepción lucía vacía, pero mi cuerpo… mi cuerpo aún seguía en el vagón.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Título: “Olor a Tormenta”
Por Iker
La habitación olía a sudor limpio y a colonia barata. A hombre recién llegado.
A testosterona sin disimulo.
Él se quitó la camiseta con la tranquilidad de quien sabe que está siendo observado.
Sus pezones marcaban el compás del silencio.
Yo respiraba hondo, como si su aroma pudiera atravesarme.
No hablábamos. Solo se la quitó y la dejó caer.
Luego bajó la cremallera de su pantalón, muy despacio.
No como un stripper: como un animal que se desnuda solo cuando confía.
Lo que apareció debajo era una pieza de algodón gris, apretada, húmeda en la entrepierna.
Y ahí, sin quererlo, se me escapó un gemido bajito.
El bulto era generoso, pero lo que me atrapó fue el olor:
ese aroma entre tela usada y cuerpo caliente, como si sus testículos contaran historias.
La ropa interior estaba impregnada de una mezcla perfecta entre feromonas y urgencia.
Me acerqué sin pedir permiso.
Metí la nariz en el pliegue de la ingle.
La tela ya no era tela: era un altar.
Su pene, aún prisionero, palpitaba.
Rozaba la costura con violencia dulce.
Se marcaba entero. La cabeza, gruesa y asomada.
Tenía forma de castigo.
Cuando al fin bajé la tela, salió como si hubiera estado esperando la libertad toda la vida.
Brillante, pesado, tibio.
Lo miré. No dije nada.
Solo lo agarré con la boca como si fuera la última lluvia del verano.
La stanza odorava di sudore pulito e colonia a buon mercato.
Di uomo appena arrivato.
Di testosterone senza filtri.
Lui si tolse la maglietta con la calma di chi sa di essere osservato.
I suoi capezzoli battevano il ritmo del silenzio.
Io respiravo a fondo, come se il suo odore potesse attraversarmi.
Non parlavamo. L’ha solo tolta e lasciata cadere.
Poi abbassò la zip dei pantaloni, molto lentamente.
Non come uno spogliarellista: come un animale che si spoglia solo quando si fida.
Quello che apparve sotto era un pezzo di cotone grigio, aderente, umido sull’inguine.
E lì, senza volerlo, mi sfuggì un gemito leggero.
Il rigonfiamento era generoso, ma ciò che mi catturò fu l’odore:
quell’aroma tra tessuto usato e corpo caldo, come se i suoi testicoli raccontassero storie.
La biancheria intima era intrisa di un mix perfetto tra feromoni e urgenza.
Mi avvicinai senza chiedere il permesso.
Infilai il naso nella piega dell’inguine.
Il tessuto non era più tessuto: era un altare.
Il suo cazzo, ancora prigioniero, pulsava.
Sfiorava la cucitura con dolce violenza.
Si vedeva tutto. La testa, grossa e sporgente.
Aveva forma di punizione.
Quando finalmente abbassai la stoffa, uscì come se avesse aspettato la libertà per tutta la vita.
Lucido, pesante, tiepido.
Lo guardai. Non dissi nulla.
Lo presi in bocca come se fosse l’ultima pioggia dell’estate.
🙈

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
@ikermartinezss ig
Vete de mi
Como esta fruta

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming