sus hombros se encogieron, intentando despreocuparse de los colores en cuestión. “bueno, cuando descubras quien soy, entonces no le digas a nadie que no me gusta el rojo.” broma evidente, su sonrisa permanece intacta entre sus comisuras. “nunca dije nada sobre tu cabello. creo que de cualquier color o de cualquier forma te quedaría bonito.” la ignorancia hablaba, no era una persona que se fijase en ese tipo de detalles, así como tampoco el estilo de ropa que las personas usaran, consciente estaba de que en algún momento le jugaría en contra. negó con suavidad, ahora la confusión se apoderó de sus pensamientos, revolviéndolos con todo el alcohol ingerido en su sistema. ¿qué estaba buscando obtener? no sabía, pero sabía que le agradaba la compañía. no buscaba saber su identidad, pero en cuanto lo hiciera lo agradecería. “me refería a que en modo de agradecimiento me dejaría atrapar por— eso. que aún no entiendo bien la mecánica, pero no importa.” debió acotar, intentando explicar de la mejor manera su punto de vista, quizá con palabras algo trémulas debido a su retocada sobriedad. ni cuenta se había dado del tacto que aún continuaba entre ambos, dejó ir a su interlocutora cuando su desliz fue mencionado. el hangil no gustaba de mucho contacto físico, sin embargo, asumía que el alcohol estaba adormeciendo sus sentidos. “perdón, perdón.” se disculpó, curvatura entre sus comisuras decoró su rostro, entretenido, una forma de restar importancia a su indiscreción. “delicioso de dulce o cítrico. el sabor a alcohol tampoco me agrada demasiado— a no ser que ya esté demasiado ebrio como para sentirlo.” una risa suave huyó de sus pulmones, creyendo que pronto estaría cercano a tal punto descrito. su ceño se frunce, un mohín en sus labios aparece al escuchar tantas opciones, jamás había sido un experto en tragos, básicamente su acompañante le estaba hablando en algún idioma extraño. “una vez probé algo que era— whisky con… ¿miel? ¿puede ser?“ sin esperar una respuesta, su mirada recorrió la mesa, deteniéndose en el destilado mencionado, fue ahí donde observó la existencia de un color ambarino, asumiendo que se trataba de uno de los sabores que más le gustaba. “mira, ese puede ser.” indicó, y aunque la espera sería corta, decidió tomarlo por su propia cuenta, llevándoselo a los labios casi de inmediato. el dulce proveniente de las abejas le dejó una agradable sensación en la garganta, apaciguando un poco el ardor que nacía desde el alcohol. “sí, sí. este es.” le informó, una sonrisa contenta ahora surcó sus facciones. “bueno, lo lograste. ahora dejo que me atrapas. por cierto: ¿cómo planeas atraparme?” cuestionó con tintes burlones, tal vez empleando un pizca de coquetería en cada sílaba. o no. “porque con esa cosa no vas a poder.” indicó con su barbilla el popular objeto que atrapaba a las diminutas criaturas, y dio otro sorbo más al vaso que guardaba su ponzoñoso elixir.
“no puedo prometer nada” miente, no le interesaba demasiado, sin embargo ella realmente sentía más energías cuando utilizaba el color de su casa, quizás era algo tonto de pensar pero era una sensación extraña, como una conexión astrológica directa. observa entonces las dudas que desecha para tomar un trago y a la espera del permiso, se queda en silencio, son la manos sosteniéndose en la espalda, como quien oculta intenciones secretas. no que llegaba tiempo de hacerlo, más las formas de hablarse le daban a entender que había una forma entretenida de sellar el encuentro. “esa es una buena opción” era el favorito de algunos amigos suyos, del mundo mágico al menos, porque del mundo muggle bebían cerveza y soju sin parar. pensar en los sin-magia le dio un tirón de nostalgia, pensando en lo bonito que sería el reencuentro al final del curso. aprovecha el momento, y vacía un corto vaso pequeño de soju, seco, directo y lo suficientemente fuerte para despertar sus sentidos, avivar una temperatura que no es la que coincidiría con la etapa del año, mucho menos con la poca ropa que lleva. tose dos veces, como si tuviese un poco de dignidad, sutilmente respira hondo, fingiendo como si nada hubiera pasado. maldecía su propio orgullo que no la dejaba exponer ni un vértice de lo que podría tomar como debilidad, siempre pulcra, entera, una imposibilidad a doblegarse ante una fracción de segundo. “claro, nunca fallo” peligroso admitir algo tan falaz como si fuese realmente una tautología, los errores podrían acumularse pero normalmente era del tipo de persona que intentaba controlar hasta lo incontrolable porque asumía que de ella, no serían las fallas. algo extraño para trabajar con king, la persona más impredecible en sus predecibles formas. “¿no lo has notado aún?” inquiere dejando de lado el vaso entre sus falanges, observando sus acciones de no dejarlo caer y da un paso al contrario “pensé que había sido obvio” asiente con confianza, seguridad, no deja de lado la subyacente forma en la que dejó claro que podría ser una invitación. los ojos se fijan en los ajenos, oscuros, cubiertos por aquella máscara negra. los zapatos ayudan a que las diferencias de altura no sean demasiado amplias, ladea el rostro, en su acorte de distancia. presentando la acción próxima a realizar, deja una corta distancia, sintiendo el aroma del licor entrando por sus fosas nasales “te atrapé” susurra sobre los labios ajenos antes de consumar la distancia en la unión de ambos labios, permitiendo que la mano derecha se acomodara sobre la mejilla ajena y la izquierda reposara sobre el pecho ajeno.