inevitable sonrisa se curva en sus labios ante planteamiento contrario, ternura plasmada en aquel gesto y un curioso brillo acentuándose en su mirada. era tan agradable, por un momento, dejar de pensar en el lugar donde se encontraban. “toda la fruta del bosque que quieras.” fue un tono afable el que empleó, porque lo cierto es que para él las bromas habían sido puestas a un lado. de encontrar chocolate, lo primero que haría sería cumplir su promesa, quizá solo por darle un momento de tranquilidad a su contrario, pero tampoco existía algún argumento válido para hacerlo, simplemente quería. “con chocolate, claro. —me muero por algo dulce ahora mismo, la verdad.” dio a conocer ese pequeño antojo, un detalle simple en su vida que pasaba como una constante. pasteles, golosinas y azúcares en general se habían marcado en su día a día como debilidad, en especial en momentos donde eran alimentos imposibles de conseguir. “tranquilo, me voy a encargar de que eso no pase.” una media sonrisa le dedicó, hablando en serio. a juzgar por expresión del jaram no pudo captar broma entre palabras, por lo que asumió riesgo importante. sus labios se fruncieron, respuesta esperada ante su imprudente cuestionamiento. asintió con lentitud, escuchando atento a los argumentos que, claramente, zheung no tenía considerados. “supongo que tienes razón.” confesó, su vista viajando desde orbes contrarias hacia algún punto incierto del paisaje, cine mental encendiéndose con recuerdos que hubiese esperado borrar cuanto antes. “haces bien en no confiar en nadie. a mí me cuesta mucho hacer eso. soy un poco ingenuo, creo, y no estoy seguro del por qué.” había presenciado la maldad desde que soltó el primer llanto, sabía lo crueles y despiadados que podían ser los humanos, pero aún así, el corazón se le ablandaba cuando conocía a una persona nueva, incluso se atrevería a poner las manos al fuego por wenning sin pensarlo dos veces por el simple hecho de tenderle una mano con ingesta de alimentos. recordarlo le hacía sentir un agradable calor en el centro de su pecho; ¿cómo podría desconfiar de ese sentimiento? un suspiro corto, pero cansado, fue su propia respuesta, sus iris nuevamente capturando facciones ajenas. “entonces. —tal vez debería probarlas antes de que las llevemos. si los profesores quieren perjudicarnos, no dudarán en engañarnos al decir que algunas bayas son buenas cuando no lo son. además si estás pidiéndome que te ayude a subir al árbol, es porque confías en mí más de lo que yo confío en mí mismo, así que…” la última frase tuvo tintes bromistas, reforzando su intención con la curvatura entre las comisuras de sus labios. “¿promesas? no, no. no estoy prometiendo nada, solo estoy diciendo que voy a complacerte.” y aquello fue mencionado en tono que irradiaba seguridad, pero también la entretención barnizaba sus intenciones. le resultaba divertido, de alguna manera, toda esa conversación. “sí, tengo un buen manejo. tú tranquilo, estás en buenas manos.” y apuntó entonces hacia cuerpo contrario, concentrado, pronunció un hechizo simple para obsequiarle el empujón que se necesitaba para llegar a la rama alcanzada.
se descoloca, por un momento, cuando nota como el contrario parece tomar en serio la iniciativa de darle ese obsequio como compensación a la ayuda prestada. la sensación es inevitable, quizás porque ha pasado tiempo desde la última vez que una persona ha sido tan sinceramente amable con él, a tal punto de tener una disposición tan grande por cumplir sus demandas (incluso si solo eran fingidas y no una necesidad que le hiciese sentirse desesperado). la última vez que experimentó algo similar había sido hace un par de años atrás, y el vestigio de ese débil recuerdo le deja un sabor menos agradable en el paladar, llevándolo a bajar la mirada cuando nota como se está entregando libremente a las comparaciones. ciertamente, las personas más afables y dispuestas terminaban siendo, de alguna forma, las que más intranquilidad le causaban. “ entonces puede que acabes comiéndolo todo tu mismo, ” agrega, mientras se prepara para efectuar su tarea de bajar las bayas del árbol. “ ¿como podrías no hacerlo pasar? no tienes control sobre eso, ” señala casi automáticamente, de una forma bastante puntual. lo cierto es que siente curiosidad genuina porque, de ser ese caso, si hay una forma de evitarse todos los posibles malestares wenning estaría encantado por conocer el método. es en afirmación ligada directamente a la confianza que lo observa en silencio por unos segundos, contemplando las palabras que le ofrece antes de entreabrir los labios, no muy seguro de las palabras que quiere ofrecer. le gustaría sonar un poco más genial, pero no sabe como ordenar sus ideas en primer lugar. “ quizás eres el tipo de persona que quiere creer en la gente. yo pienso que eso no está mal. ” puntualiza, estudiando sus propias sentencias. “ hace falta de esa gente en el mundo, digo... alguien que quiera creer en lugar de dudar. ” es seguido de eso que su ceño se frunce un poco, alarmas activándose en su cabeza cuando oye la resolución a la cual llega el mayor, de inmediato enseriándose. “ claro que no. ¿como vas a probarlas? hacerlo creyendo que confío en ti es aun peor. lo hago, pero no voy a ponerte en peligro por algo así. ” y por un segundo se sorprende de lo severa que suena su voz, como si el ofrecimiento ajeno estuviese realmente muy fuera de discusión. así mismo, también hay impresión y leve atisbo de verguenza que se asoma como calor en sus orejas cuando el otro señala que quiere complacerlo, llevándolo a ladear el rostro con confusión --una vez más. “ ¿...por qué querrías hacerlo? tampoco es que haya hecho algo por ti que fuese de vida o muerte. ” comenta, y seguido de ello, olvida la sensación extraña que ha quedado bailando en su pecho luego de oír tal afirmativa, concentrándose en el asunto de las bayas. inspira profundo y se recuerda a sí mismo no mirar hacia el sueño, de un impulso levitando hasta alcanzar las bayas que necesita. todavía con un gesto sereno (incluso si por dentro es un manojo de nervios), saca todo lo que necesita y luego vuelve a ver en dirección al otro, aun tranquilo. “ ya está. bájame. ” le dice, tragando pesado cuando ve hacia el suelo.