Espíritu de un estudiante
Un niño de Curacautín, leía poemas de Teillier cada tarde que estuvo en la pensión universitaria, cada tarde, como un religioso del poeta. Memorizaba sus favoritos. Para las fiestas universitarias, se alejaba de la masa con una cerveza, y mirándolos recitaba para sí "Botella al mar". Teniendo 20 años, supo que sería papá, y desde ese día, cada mañana despertaba con un poema de Teillier en su cabeza, con sus ojos llenos de gordas lágrimas, como de goterones que caían sobre su casa en Curacautín. Al siguiente año, su tristeza se trasladó a sus estudios, reprobó el semestre, congeló, y volvió al sur.













