Si dejamos de hablar nos morimos
–Si dejamos de hablar nos morimos ¿verdad?
—Pero yo no quiero morirme.
—En serio que no quiero. Y a ti ¿no te da miedo?
—No sé… Creo que estoy en paz.
—No digas tonterĂas. Nadie está nunca en paz y nadie vive sin tener algo que hacer para mañana. Estas cosas no se aceptan asĂ porque sĂ.
—Entonces sĂ, tengo miedo de morir.
Afuera desde hace rato se habĂa violado el silencio que aquĂ dentro daba peso a las palabras.
—No voy a dejar que nos muramos, asà que háblame, cuéntame algo o yo te pregunto.
—Pregunta, no se me ocurre nada que decir.
—Mmmh, deberĂas tener más iniciativa. Pero bueno ÂżcĂłmo estás?
En algĂşn lugar del mundo se presionaba el botĂłn de un control remoto.
—¿Cuáles son tus sueños?
—Quisiera alguna vez ganar un concurso de comer jotdogs. Tampoco me quejarĂa si encontrara el amor, pero eso no me importa tanto ahorita. ÂżY los tuyos?
—¿Un concurso de comida? ¿En serio?
—Qué… divertido. Lo del amor es más bonito. Yo tambiĂ©n quisiera encontrarlo algĂşn dĂa. Pero mi verdadera pasiĂłn es la mĂşsica, voy a ser una gran violinista. En este momento, detrás de tus palabras, suena la primavera de Vivaldi. Yo la toco en el aire con mis dedos. ÂżVerdad que te lo imaginas? Tan tan tan tan tararáaaaaaa tarará tan tan tararáaaaa…
Los paramédicos, entre gritos y sangre, se abrieron paso en la sala de urgencias del hospital.
—Y a ti Âżte gustarĂa tener hijos?
—¿A pesar de la situación en el mundo? La pobreza, la violencia, la sobrepoblación, el calentamiento global…
—SĂ, a pesar de todo eso.
—Es una locura cĂłmo hemos llegado a este punto. Pero yo creo que las dichas de la humanidad corren paralelas a sus desconsuelos. Hay gente que se muere de hambre y se mata por todas partes. Y tambiĂ©n hay gente que sĂłlo hace el bien, personas que alimentan a los perros de la calle, lloran y luchan ante la injusticia ajena, se conmueven con la mĂşsica. Nos quedan cosas asĂ, por eso voy a ser violinista.
—Y tú ¿no quieres tener hijos?
Un resplandor de cuarenta pulgadas iluminĂł por completo la habitaciĂłn.
—Aún no he dado mi primer beso.
—No es la gran cosa, pero tampoco es fácil. Te comprendo.
—Y he tenido la oportunidad, sabes. Con un chico de la escuela.
—No sĂ©, me da pena. Es que no es mi novio, pero es como si lo fuera. Luego nos abrazamos y reĂmos con nuestros labios muy cerca de los del otro. Pero me volteo antes. Creo que, más que pena, es miedo. ÂżDe quĂ©? QuiĂ©n sabe...
Las manos diligentes cruzaban sin cesar por encima de la camilla, los pasos chillaban sobre el azulejo blanco.
—La vida es complicada hasta en sus cosas más pequeñas. SĂłlo que cuando las recordamos, en el futuro, ya se nos ha olvidado lo difĂciles que fueron al principio. Atarse las agujetas no requiere pensar en ello, tampoco andar en bici una vez que te han enseñado… Con el violĂn es parecido, sĂłlo que siempre se puede y se debe ser mejor.
—Por eso creo que estoy de acuerdo con eso de que el primer beso no es la gran cosa. O no sĂ©. De seguro habrá otros despuĂ©s, mejores, más lindos, más cálidos. No podrĂa decĂrtelo, no sĂ© cĂłmo se siente... Pero confĂo en que, cuando llegue, no me voy a arrepentir; y, si me arrepiento, tendrĂ© más oportunidades para olvidarlo Âżno crees?
—Siempre se tienen más oportunidades de hacer las cosas, sobre todo cuando se es joven. La siguiente semana podrĂa ocurrir con este chico del que te platico, la siguiente semana…
En algún lugar del mundo una mano trémula no pudo presionar nuevamente el botón del control remoto. Luego se oyó un llanto.
—Oye, en serio, no estoy jugando.
—Si te molestaste por algo, perdóname, aunque no te entiendo. Pero háblame…
—AĂşn quisiera contarte cĂłmo se llama este chico, cuándo lo conocĂ… Tengo que decirte que a Ă©l tambiĂ©n le gusta Vivaldi. El martes que viene tendrĂ© mi primer concierto, estoy nerviosa. Ya fui con mi madre a probarme vestidos para ese dĂa, pero ninguno me quedĂł muy bien. El fin de semana iremos a buscar más. Y lo que me pone nerviosa, más que la pieza y el teatro, es que lo invitĂ© y dijo que iba a ir. Y he estado imaginando que, al terminar de tocar, Ă©l corre hacia mĂ y me da un beso sin que yo pueda voltearme, como si no me hubiera dado tiempo de reaccionar, pero yo ya lo habrĂa tenido planeado. Será el dĂa del primer concierto y del primer beso. Nada podrĂa salir mal Âżverdad? Subirá los escalones y me dará un beso frente a medio mundo y despuĂ©s no dejaremos de reĂr y sonreĂr…
 -Alejandro Flores Ramirez