Capítulo: Inquilinos (Primera Parte)
Hace meses que Ren vivía acorralado. Las deudas por apuestas y gastos inútiles lo habían puesto en la mira de cobradores peligrosos. En su desesperación, encontró un anuncio en internet: “Astra Corp presenta el programa Inquilinos. Conviértete en anfitrión y gana una fortuna”. El texto legal era eterno, pero Ren solo leyó la palabra "dinero".
Pensó que sería algo parecido a Neuralink o una actualización tecnológica simple. Llenó el formulario y acudió a la cita al día siguiente.
En los laboratorios de Astra Corp, el proceso fue quirúrgico y frío. En menos de diez minutos, le incrustaron un micro chip en la nuca. Esa tarde, Ren regresó a su departamento y comió algo, sintiéndose extrañamente aliviado.
Sin embargo, al caer la noche, la realidad lo golpeó con una voz metálica que resonó dentro de su cráneo.
—Solicitud procesada. Pago aceptado. Inquilino número 77. Se recomienda al anfitrión suspender actividades y buscar un lugar cómodo. Proceso de instalación en 10 minutos.
—¿Qué carajos pasa? ¿De dónde salió esa voz? —gritó Ren, mientras un sudor frío le recorría la espalda.
Con el corazón galopando, buscó los documentos que había firmado. Al leer las cláusulas, sintió náuseas. El proyecto "Inquilinos" era una aberración: multimillonarios pagaban por tomar el control total del cuerpo del anfitrión por tiempo limitado. La única regla era no poner en riesgo la vida del anfitrión; cualquier otro daño físico o moral sería compensado con una indemnización económica.
Ren lloró de impotencia. Pensó en arrancarse el chip, pero una advertencia en letras rojas lo detuvo: Cualquier intento de remoción manual resultará en coma o muerte cerebral. El reloj en su mente marcaba los segundos finales. Con manos temblorosas, escribió en un papel la palabra: "CUÍDAME". Apenas soltó la pluma, sintió cómo sus sentidos se apagaban, como si alguien apagara las luces de una habitación.
—Vaya, cada vez es más lento tomar el control de estos idiotas —exclamó Ren, pero con una voz que no era la suya. Tenía un tono refinado, frío y arrogante.
El Inquilino 77 desbloqueó el celular con su rostro y comenzó a grabarse. Miró la nota sobre la mesa y soltó una carcajada burlona.
—¿"Cuídame"? Pobre diablo.
El extraño comenzó a explorar el cuerpo de Ren como quien inspecciona un auto alquilado. Se desvistió lentamente, pasando sus manos por el torso y las piernas del anfitrión.
—Nada mal. Eres bastante sexy, veamos de qué eres capaz.
Bajo el control del Inquilino 77, comenzó una sesión de autoerotismo vulgar y agresivo, explorando cada rincón de la anatomía de Ren con una curiosidad depravada.
Al terminar, el Inquilino se lamió los dedos, saboreando los liquidos seminales de aquel cuerpo ajeno.
—Tienes buen sabor, anfitrión. ¿Alguna vez habías probado tu propio semen? Ja ja ja—preguntó a la nada, mientras se tomaba mas y mas fotos.
Esa noche, el huésped llevó el cuerpo de Ren a un bar.
Bailó con extraños, besó a cuantos mas y aceptó asistir a la fiesta de un desconocido ,Para el número 77, no había límites; él pagaba por el uso y el abuso.
En medio de la música y el humo de la fiesta , tuvo encuentros sexuales sin protección con desconocidos y consumió sustancias que Ren jamás habría probado. Antes de que el tiempo de alquiler expirara, programó la desconexión, dejando todo el rastro de su libertinaje grabado en el teléfono del anfitrión.
A la tarde siguiente, Ren despertó en el suelo de un lugar que no reconocía. El dolor era insoportable. Le dolía la cabeza, los músculos y sentía un ardor punzante en sus genitales que lo hacía querer gritar.
—Carajo... ¿dónde estoy? ¿Por qué me duele ahí abajo? —sollozó.
Revisó su celular y vio las fotos y los videos. El horror de ver su propio rostro disfrutando de cosas quea el le desagradaba lo hizo vomitar. Se sentía usado, invadido, como si su propia piel ya no le perteneciera.
—Quítenme esto de la cabeza... por favor, que alguien termine con esto —suplicó, quebrado por la angustia.
Pero la pesadilla apenas comenzaba. Una notificación vibró en su nuca, resonando en su cerebro con la misma frialdad mecánica:
—Solicitud procesada. Pago aceptado. Inquilino número 10. Proceso de instalación en 2 minutos. El inquilino solicita que el anfitrión se encuentre sin ropa.
—No, por favor... necesito recuperarme... ¡Ayuda! —gritó Ren, pero su voz se apagó a mitad de la frase mientras sus ojos se ponían en blanco y su cuerpo, una vez más, dejaba de ser suyo.
Aviso de Responsabilidad (Disclaimer)
Este contenido es una obra de ficción. Los nombres, personajes, lugares e incidentes son producto de la imaginación del autor o se utilizan de manera ficticia.
Imágenes: Los rostros y visuales mostrados han sido generados mediante herramientas sintéticas, a mano con técnicas tradicionales; no corresponden a personas reales.
Veracidad: Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos reales, es pura coincidencia. El contenido no debe ser interpretado como información factual o educativa.


















