Capítulo: Ritual (Cuarta Parte)
El agua caliente resbalaba por su piel y el jabón espumoso se perdía entre su cabello cuando un golpe violento sacudió la puerta.
Abel se sobresaltó; pensó que era una emergencia. Salió corriendo, desnudo y goteando, pero no encontró a nadie.
Solo había una caja con un muñeco de aspecto extraño. Sin darle importancia, lo metió a la casa y volvió a la ducha.
Esa madrugada, mientras Abel cabeceaba frente al televisor tras horas de videojuegos, una sombra se desprendió de la esquina.
—Vaya, vaya... así que tú serás mi nuevo yo —susurró el muñeco, cuya mirada de plástico ahora brillaba con una inteligencia malévola.
El juguete se acercó con movimientos erráticos. Con sus manos de plástico, bajó el bóxer de Abel, revelando sus genitales.
—Alto, atractivo y bien dotado. ¡Wow! —celebró la voz ronca. —Comencemos, que los demás me esperan.
El muñeco estaba poseído por el alma de un criminal que, antes de morir, usó el vudú para transferir su alma. Ahora necesitaba un cuerpo, y Abel era el recipiente perfecto. El ritual comenzó.
El asesino recitó cánticos ancestrales mientras ponía su mano sobre la frente del chico. En segundos, dos almas empezaron a desgarrarse mutuamente por el control de un solo cuerpo.
Al día siguiente, Abel despertó creyendo que todo había sido un sueño pesado. Tiró el muñeco a la basura ,fue a la tienda departamental por un traje nuevo y puso rumbo a la universidad.
Sin embargo, al caer la noche y mostrarse la luna, la pesadilla cobró vida. El espíritu del asesino se retorció dentro de él, doblegando su voluntad con un dolor espiritual que lo hizo caer de rodillas.
El impostor tomó el mando y, con una sonrisa que no era la de Abel y a través de una aplicación de citas, el "Abel impostor" sedujo a un hombre para verse en un motel. El plan era simple: sexo y luego sangre. Pero el destino le tenía preparada una sorpresa.
Al entrar a la habitación, la atmósfera se volvió densa. La cita era una auténtica montaña de músculos, un hombre de rostro refinado pero de una masculinidad imponente que desprendía un aroma a testosterona y perfume caro.
El asesino, en el cuerpo de Abel, sintió una mezcla de excitación y duda, pero no tuvo tiempo de reaccionar.
El extraño no perdió ni un segundo. Lo acorraló contra la pared y le arrancó la ropa con una fuerza bruta que hizo saltar los botones. Dejó al falso Abel solo en ropa interior, exponiendo su cuerpo. Lo besó con una voracidad animal, mordiendo sus labios y devorando su boca como si quisiera arrancarle el alma.
Lo arrojó a la cama con violencia. El extraño bajó por su cuerpo, pasando su lengua caliente por la planta de sus pies y subiendo por sus piernas hasta lamer sus axilas, saboreando el sudor de Abel con un hambre insaciable. El asesino intentó tomar el control, pero la fuerza física del otro lo mantenía sometido.
Entonces, el hombre liberó su miembro: grueso, largo y cubierto de vello en la base. Sin ceremonias, lo hundió profundamente en la boca del asesino encubierto.
—Mierda, esto no era parte del plan... me está usando como quiere —pensó el criminal, asfixiándose con la presencia masiva del otro entre sus labios.
La cita no tuvo piedad. Empezó un ritmo frenético, entrando y saliendo de la garganta de Abel hasta que, tras un gemido ronco, se corrió con una carga abundante y amarga que inundó la boca del chico. Pero no terminó ahí. El encuentro se extendió por tres horas de sudor, embestidas y jadeos en la oscuridad, dejando el cuerpo de Abel usado, exhausto y al asesino sin fuerzas para ejecutar su crimen.
Cerca de la madrugada, mientras el hombre musculoso dormía abrazando el cuerpo que acababa de reclamar, el espíritu del asesino se debilitó. El control se resbaló de sus manos y la conciencia original de Abel regresó de golpe.
Antes de que saliera el sol, el verdadero Abel abrió los ojos, desorientado. Sintió el peso de un brazo enorme rodeando su cintura. Tenía el cuerpo dolorido, la ropa rota por el suelo y el sabor viscoso del semen todavía fresco en las comisuras de su boca.
El pánico lo invadió, sin despertar al gigante que roncaba a su lado, se vistió con lo que pudo y huyó hacia su casa, temblando, sin sospechar que el monstruo no estaba en esa cama, sino dentro de él.
Aviso de Responsabilidad (Disclaimer)
Este contenido es una obra de ficción. Los nombres, personajes, lugares e incidentes son producto de la imaginación del autor o se utilizan de manera ficticia.
Imágenes: Los rostros y visuales mostrados han sido generados mediante herramientas sintéticas, a mano con técnicas tradicionales; no corresponden a personas reales.
Veracidad: Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos reales, es pura coincidencia. El contenido no debe ser interpretado como información factual o educativa.














