encuentros nunca suceden de forma esporádica, siempre es una cuenta regresiva a saber quién será esa vez el que no resista la distancia que los mantiene separados. no se sorprendió ni siquiera la primera vez, marrones entornados hacía arriba, en busca de los impropios y diestra que posa en abdomen contrario y traza su camino hacia arriba, se queda anclada en su pecho, ahí donde puede sentir el palpitar de sus adentros. sabe lo que quiere y el ponche que corre por torrente sanguíneo lo hace recordar lo mucho que lo extraña ella también, el problema está en que esa propensa a las venganzas y su cerebro envuelto bruma olvida que debe morderse la lengua, así que la risa se escapa en lo que las disculpas le ahogan los tímpanos. “que lindo eres, que lindo eres cuando suplicas” y la otra mano se reúne con compañera, ambas que terminar en su rostro, encerrando falanges una sobre otra, y acerca los labios al rostro, embriagándose de la fragancia masculina y el calor que irradia su piel, propina un beso donde cree que ha visto el brillo de una lagrima, la realidad y la ilusión demasiado compenetradas para que su cerebro embobado lograra decidir “pero no tienes que hacerlo, esto no es lo que tu eres” de cualquier forma no iba a perdonar ni olvidar, también supone que es lo que ha hecho con las demás, las interminables suplicas, le parece ridículo que ignore o no sepa que lo mismo no funcionara con ella, al igual que el día de la venta de los pasteles, aun en ese instante consciente de que no existiría más que un final a herida abierta. son esas tres palabras que aparecen esas, tres palabras al final, razonando en conjunto con memorias, solían decirlo todo el tiempo, instante de claridad entre el caos de su mente, estremecimiento en su columna vertebral, como el faz de luz iluminando al navegante perdido, y entre otro risa, ahora amortiguada, le responde: “yo sé, yo sé, también te amo, émi y no lamento lo que te hice” y por esa noche se ahorra el complemente de que no existía manera, que probablemente nunca más serían ellos, y el hermosos desastre que habían creado, ese que les pisa los talones, quedan sin mencionarse. en su lugar le sonríe, gesto que provoca que aparezcan los hoyuelos y se le achispe la mirada y con la certeza que tienen aquellos que ha consumido sustancias echa a hablar otra vez “creo que deberíamos ir a la playa” como si en serio fueran a encontrar algo majestuoso en la periferia, a ella le parece que sí, igual que en una revelación cósmica, la fiesta es demasiado aburrida de cualquier forma, entre el bullicio y holgorios de su compañeros, las canapés y tartaletas insípidas de siempre, y ellos que han buscado la soledad y quietud desde el inicio, encerrados en su pequeño mundo armado y destruido a voluntad “me gustaría mucho ver la luna en el océano” que es lo mismo que dijo alguna vez acerca del sol de la tarde y el jardín de rosas japonesas.
no sabe si reacción ajena a miseria propia es la que debería esperar, pero no le molesta. de hecho, encuentra cierta calidez en sus palabras, que son seguidas por sus actos. frente a su roce, émile podría perder la cabeza y no le importaría demasiado. seguro que la mayoría piensa que ya la perdió. tampoco le interesa qué puedan pensar de verlos ahí, juntos, con alguna versión distorsionada de lo que pudo haber pasado, porque lo que pasó permanece únicamente entre ellos dos. y aunque ademán triste va desapareciendo, reemplazado por una sonrisa bobalicona y enamorada, en su rostro aún se pueden vislumbrar sus párpados humedecidos, producto de todas las emociones que ha tenido que reprimir en su ausencia, en sus desencuentros. cuando ella consigue leerlo con más claridad que cualquiera, por fin lo entiende. por fin comprende de qué hablan los poetas, y cómo parece que todo cobra el mayor de los sentidos teniéndola solo a centímetros de él, limpiando sus lágrimas con sus labios. la abraza, inevitablemente, y recuesta su cabeza sobre la de ella, diferencia en sus tamaños jugándole como la mejor de las cartas. “ dione, te amo. ” repite, y si fuera por él, se lo diría toda la noche. hasta que se canse o se duerma. “ te amo, y no me importa— no me importa lo que pasó. ” lo que hiciste, lo que me hiciste. “ solo quiero estar contigo. ” y si es patético, entonces que lo sea — por lo menos es sincero. por lo menos, si no resultan, si al final del día ella decide que no lo quiere, que no lo perdona, entonces lo habrá intentado y puede dormir con la consciencia limpia, si es que acaso algún día podrá volver a dormir sin ella en sus brazos. “ ¿me puedes perdonar? ” suplica en cambio, porque no le interesa que sea ella quién clavó la primera daga, ni lo de jack, ni lo de nadie, ni lo de nada. separa sus fisonomías solo un momento, para observarla y que sepa que lo dice de corazón. que todo aquello puede quedar en el pasado si así lo quiere. no se le ocurre si se trata de un subidón producto de algo, bebida o quién sabe qué. en ese instante, son ellos dos y nada más. en su distancia, la mira. la observa de verdad, la estudia. y, sin más, toma su rostro por el mentón, inclinándolo hacia sí, e inicia un beso sobre sus labios. no es prolongado, o por lo menos no lo suficiente para lo mucho que la ha extrañado, pero tampoco es del todo fugaz. casi siente que recupera el aliento cuando se mezcla con el de ella. a su propuesta, una sonrisa dulzona lo acompaña. “ vamos. ” concuerda, dejando un último beso sonoro sobre su frente antes de posarse a su lado, entrelazando su brazo con el de ella. ya no le interesa guardar apariencias, ni pretender que no son nada. después de todo lo sucedido, cree que lo mejor es ir con la frente en alto, dejar que el resto especule y no permitir que ninguna conjetura los toque. por un momento, el francés genuinamente cree que todo entre ellos solo irá para mejor. que, a partir de este instante, ya no son el uno contra el otro, sino más bien uno solo contra el resto. es feliz. en su expresión lo evidencia: es verdadera y plenamente feliz. conforme abandonan el salón y se aproximan al pasillo, con los ojos de algunos de sus compañeros siguiéndolos, puede asegurar que es ahí donde tiene que estar, con ella, para siempre.